“El ruiseñor”, de Kristin Hannah

“En el amor descubrimos quienes queremos ser; en la guerra descubrimos quienes somos”. Los “novelones” históricos son una de mis grandes debilidades. Si encima son durante períodos que me interesan en particular, como la Segunda Guerra Mundial, pues el libro me tiene ganada. Algo así me pasó con “El ruiseñor”, de Kristin Hannah, la clase de libraco gordo que me hace extrañar a mi abuela Kolo. Cuentan las malas lenguas que, si veían ese tipo de ejemplar dando vueltas por la casa, era cantado que esa noche se cenaban sándwiches. Espero que el cielo sea, en efecto y como imaginaba Borges, “una especie de biblioteca”. Leer más ““El ruiseñor”, de Kristin Hannah”

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Ortega, Marías y la historia de la filosofía

De las ideas que José Ortega y Gasset tenía sobre la filosofía, había una en que dos célebres discípulos y amigos, Xavier Zubiri y Julián Marías, adherían: “La filosofía es así historia de la filosofía y viceversa”. Muchos colegas suyos no estaban de acuerdo. Una cosa diferente es historiar la filosofía y otra filosofar, pero lo que interesa aquí es mostrar las coincidencias con aquellos dos maestros. Leer más “Ortega, Marías y la historia de la filosofía”

Brutos con objetivos

La tóxica proliferación de abortos del lenguaje inclusivo

Para expresar la belleza, a veces alcanza con el talento. Para crearla, se necesita genio. No sé si Antoine de Saint-Exupéry fue un genio, pero que le sobraba talento se evidencia en El Principito, la obra que los grotescos heraldos del lenguaje inclusivo profanaron con su estólida versión rotulada La Principesa. ¿Qué sigue? ¿Reemplazar al Adán de la Capilla Sixtina por un súcubo transgénero? ¿La saga de las tres mosqueteras? ¿Mutar al Juan López y al John Ward del poema malvinense de Borges en un par de Juanas con uniforme militar? Cuando la lucha por una causa, por justa que parezca, se sale del marco de la racionalidad, su devaluación es inevitable.
No se hace ingeniería lingüística fabricando palabras de la nada. Un idioma es un código universalmente aceptado. En él, la literatura, la historia, la geografía, el derecho, la ciencia, el conocimiento en suma, adquieren significado. Y belleza. Alterarlo por mero capricho ofende a la razón; es un acto nulo que vuelve innecesaria toda instancia probatoria. Somos 559 millones de personas que nos entendemos en castellano, lengua que estudiamos desde la infancia y que aprendemos a usar respetando sus reglas. Evoluciona con el paso del tiempo, quizá con demasiada mora para el gusto de algunos, pero enriqueciendo en el proceso su patrimonio intrínseco. Ese es uno de sus mayores valores. Como el buen vino, que se malogra si no se lo cuida pero que siempre entrega su invaluable tesoro.
Si aspiran a trascender, quienes desnaturalizaron a El Principito deberían empezar por respetar la obra de otros e intentar luego la aventura de crear una propia. Por ahí, si hay talento y los planetas se alinean, hasta podrían lograrlo.
Y de paso, honrarían la causa que propalan con tanto desprecio por la razón como vocación por el ridículo.

Por Cristian Nielsen

“La abuela civil española “de Andrea Stefanoni

Consuelo es de Baeza, León. Rogelio también. Consuelo huye de una madrastra de cuento, aunque Consuelo nunca ha leído un cuento. Rogelio huye de los vencedores en una guerra que sigue perdiendo cada día, al levantarse y sentir que nunca será libre. Junto a su pequeña hija se suben a un bus, a un tren, y finalmente a una cubierta de tercera clase en el “Cabo de Hornos”, que, luego de veinte interminables días, los lleva a Buenos Aires. De allí a una Isla en El Tigre, donde consiguen un trabajo de caseros, y eventualmente logran comprar su propia casa, su propia isla, su propio lugar seguro en el mundo. Donde pueden dejar de huir de sus fantasmas. Leer más ““La abuela civil española “de Andrea Stefanoni”