Año bisiesto. Año sabático.

Un nuevo punto de encuentro nos puede ofrecer nuestra tradición judeocristiana para empezar a organizar el día después de Wuhan.

Este 2020, año bisiesto, nos ha puesto ante una encrucijada mundial. La lucha contra una enfermedad viral de alta circulación en la era de la globalización, precisa una respuesta lo más coordinada posible de las autoridades mundiales en su abordaje sanitario, y un alto grado de creatividad de las autoridades locales en su aspecto social y económico.

No es aconsejable que las estrategias económicas y jurídicas a implementarse queden únicamente a la espera de los planes de los países centrales y de los organismos multilaterales. En ese grupo de potencias mundiales, al menos para este artículo, no incluyo a aquellos que no tiene, o han cedido o “cooperativizado” su regulación monetaria.

Así, esperar o reproducir las recetas de Estados Unidos, Gran Bretaña, China, Rusia o la Europa del Euro, con sus astronómicas emisiones puede generar efectos negativos en la soberanía de los países de nuestra región. Los salvatajes estatales, remedio que aconsejamos mucho antes de las coléricas discusiones sobre las obligaciones que generan a futuro, deben fluir en el marco de una regulación económica local.

Las rarísimas excepciones que quedaron a salvo de la crisis económica por efecto de la pandemia no alcanzan para rescatar o transformarse en una locomotora que arrastre el tren de la vuelta a la normalidad. Una formación que tiene entre sus más pesados vagones al turismo, a la gastronomía, al comercio, a las profesiones, a los oficios y a la producción fabril. Una inercia cercada por protocolos necesarios, pero que impedirán una pronta recuperación.

La regulación local podrá bucear en alguna receta inspirada en la tradición judía del descanso semanal y de un año de cada siete, que era dedicado por los hebreos, después de otros seis de trabajo, a dejar descansar sus tierras, viñas y olivares. Como enseña el DRAE.

Este año bisiesto puede ser un año sabático. Hay que pensar en un ritmo diferente al acostumbrado AW, en el cual los contratos deberán sufrir un paréntesis, una suspensión que se extienda desde marzo 2020 hasta septiembre 2020. La primavera en el cono sur nos hará ver las cosas con otra óptica, menos pronósticos y más estadística. Las ayudas públicas deben enfocarse en lo macroeconómico, pero la microeconomía merece una atención especial pues en ella anida, además de su obvia influencia comercial, la paz social. Infinidad de contratos civiles, laborales, profesionales y comerciales pequeños se inscriben en la imposibilidad de honrar las obligaciones.

Habrá que observara caso por caso y sector por sector pero en la búsqueda de soluciones generales y desalentar el conflicto individual. Sería un absurdo inundar los tribunales de reclamos por incumplimientos que generen costas, tarden años en resolverse y concluyan con la lógica del caso fortuito o el daño compartido.

Es una responsabilidad del legislador fijar plazos de suspensión que modifiquen las actuales realidades contractuales. Lejos de la interrupción, la suspensión permitirá reordenar y proyectar los planes de cada uno como si esto se tratara de una pesadilla. La supervivencia de los contratos y su extensión, traerá previsibilidad a las partes. Al despertar, DW, será más fácil potenciar los ámbitos arbitrales y de mediación para trabajar sobre novaciones que ordenar el caos de las interrupciones y rupturas contractuales.

Entre el 4 de octubre de 1582 y el 15 de octubre de ese mismo año, se dice que nada ocurrió. Ni se conmemoró el 90 aniversario del descubrimiento de América, ni nadie reclamó un pago o una entrega de mercadería en esos 10 no-días. Los sabios de entonces, que ya se organizaban en torno a las Universidades mayoritariamente confesionales, ajustaron el calendario juliano al gregoriano. La realidad planetaria ordenó nuestro almanaque, salteó esos días y creó los bisiestos, mientras mantuvo la tradición sabática en los campus. Nació un derecho común público, con un acatamiento progresivo que hoy rige sin límite ni duda alguna. Ciencia y derecho, lógica, historia y sociedad aunados sin fisuras.

Estamos ante otro momento crucial. Ahora somos expertos en COVID, cada uno de nosotros está realizando un doctorado intensivo y laico en una materia que otras generaciones desconocieron. Somos los legisladores de nuestros protocolos privados, y estamos respetando las recomendaciones sanitarias mejor de lo que nos sometemos a las leyes obligatorias. Como nuestros antepasados españoles o italianos nos contaron y educaron con la experiencia que adquirieron en sus guerras, nosotros les hablaremos a nuestros nietos de la pandemia.

Tendremos las manos ásperas, visiones sesgadas de la libertad y los compromisos, por el impacto del aislamiento y las cuarentenas. Pero no podemos cruzarnos de brazos a la espera de un milagro. Trabajando en ello, dejo estas primeras líneas para abrir el debate regulatorio AW/DW.

Que la salud nos acompañe.

Alberto Biglieri 

2 comentarios en “Año bisiesto. Año sabático.”

  1. Socialmente responsables
    Por Claudia Cabrera

    Alejandro Magno afirmaba que “de la conducta de cada uno, depende el futuro de todos”. Esto está más vigente que nunca, ya que cada esfuerzo por mantener la distancia social nos ayuda a avanzar en este proceso, así como cada persona que infringe las reglas nos perjudica.

    Una persona responsable es capaz de reconocer y aceptar las consecuencias de sus actos. Trata de hacer lo correcto y cuando no lo logra, lo reconoce e intenta rectificar. Las marcas son parte activa de la comunidad, por lo que deberían cumplir con sus obligaciones y colaborar. Éstas tendrían que tener en cuenta que sin confianza no hay ventas. Los mensajes vacíos no llenan las expectativas. Necesitamos que las acciones hablen más que las palabras.

    La transparencia tiene un papel clave. En épocas de alta responsabilidad hay que estar a la altura. Lastimosamente algunas empresas disfrazan la filantropía y utilizan el Greenwashing (lavado de imagen); se aprovechan el prestigio de ser respetuosos con el medio ambiente o apoyar ciertas causas. Finalmente gastan más en la publicidad de sus acciones que en la obra social misma.

    Uno puede ayudar personalmente o desde la institución en la que se encuentre. Se puede fomentar la cultura mediante la colaboración. Acciones simples como el respeto a las normativas, la aceptación a las minorías o el desarrollo de la empatía, marcan la diferencia y nos posicionan ante la multitud. Existen organizaciones que contratan personas mayores, priorizan a sus funcionarios o donan recursos y su tiempo.

    Hoy ya no trabajamos como antes y utilizamos nuestro tiempo libre de manera totalmente diferente. También tenemos nuevos anhelos y preocupaciones. Nos toca hacer nuestra parte para ayudar a reducir las dificultades. Y las marcas, socialmente responsables, tienen la oportunidad de ser inspiradoras para el resto. La autenticidad, nos brinda un poder adicional.

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  2. Cinco principios para rediseñar las metas del 2020
    POR ISMAEL CALA

    Debemos admitirlo abiertamente: casi todas nuestras metas personales, familiares y profesionales se han visto aplazadas por el covid-19. Cuestiones tan urgentes como los Objetivos de Desarrollo Sostenibles de la ONU, los índices de pobreza y empleo y el crecimiento económico están ahora bajo revisión.

    Al empezar el 2020, diseñamos planes con la esperanza de cumplirlos, pero la pandemia nos sorprendió. Quizás, para algunos, esta sea la justificación perfecta para volver a procrastinar, pero quiero centrarme en la inmensa mayoría que sigue apostando por crecer, a pesar de…

    Perseverar en el enfoque nos permitirá priorizar los objetivos, con una valoración realista del entorno. Vivimos en un mundo interconectado. Hay soluciones individuales, y otras que requieren salidas colectivas. En los negocios, por ejemplo, solo nos irá bien si a los clientes les va bien.

    Al volver a establecer metas, hagámoslo en dos fases, porque la crisis aún está lejos de cerrarse. En la primera, determinada por el encierro, la adaptación a nuevos modelos laborales y por la crisis económica, lo mejor es fijar metas a corto plazo. Aceptamos la realidad, reflexionemos, adaptemos los planes, diseñemos salidas de diverso calibre… y cualquier otra cosa, excepto perder el tiempo.

    Las metas a largo plazo también se analizan en medio de la crisis, pero con luz larga y disposición a ajustarlas. Para reformular el período que viene, marcado por una incertidumbre que debemos abrazar sin miedo, propongo los principios del liderazgo bambú. En total son once, pero hoy te explico los cinco primeros:

    -Integridad: A través de la humildad, la simplicidad y la coherencia. No importan las tormentas a las que se someta el líder bambú. Siempre se mantendrá fiel a sus valores, gracias a sus raíces profundas.

    -Versatilidad: Es fuente de creatividad y capacidad de innovación al servicio de los desafíos; es útil y se adapta al entorno. Tiene visión, lo cual le permite anticiparse a los cambios.

    -Flexibilidad: Se adapta a las circunstancias. Muestra apertura hacia los cambios y hacia el aprendizaje. Acepta lo que no puede controlar y fluye con la incertidumbre.

    -Cooperación: Crece en equipo y en solidaridad. Crea comunidades, redes de apoyo, asistencia, coaching y mentoría con su tribu. Está consciente de que la inteligencia colectiva es clave para que cualquier grupo se consolide.

    -Espiritualidad: Descubre la sabiduría que existe en el vacío. El líder bambú se conecta con su propia divinidad y obtiene un estado mindfulness o de alta consciencia.

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