“La cara norte del corazón”, de Dolores Redondo

“Hay dos clases de seres que nunca abandonarán Nueva Orleans, los músicos y los fantasmas”.

El 2018 fue el año que me devoré de un mordisco los tres libros de “La trilogía del Baztán”, de Dolores Redondo, antes me había leído “Todo esto te daré”, y fue amor a primera letra. Redondo es una maestra de la literatura policial, y una de mis preferidas. Así que cuando me enteré que se lanzaba la “precuela” de “La trilogía del Baztán”, y que volvía la Inspectora Amaya Salazar, sentí que los dioses del Olimpo me sonreían.

Vuelve Amaya, sí; pero no al Valle del Baztán. Sí hay referencias, más bien recuerdos de su tortuosa infancia en Elizondo y esa madre que en esa época aún rayaba los límites de la maldad extrema; presintiendo ya los síntomas de la esquizofrenia feroz que desarrollaría con los años. La protección de la tía Engrasi y la cobardía de su padre. Esa niña de 12 años que una noche se perdió en el bosque durante una tormenta, y fue protegida de las fuerzas del mal que se materializaban en seres reales, por el que luego la protegería de por vida, el Basajaún, el mitológico protector de los bosques y la inocencia en las creencias vazcas y navarras.

Ahora estamos en el 2005, Amaya es la inspectora más joven de su brigada en Pamplona, y con mucho mérito e instinto, se destaca a leguas. Tanto que el FBI la invita a un curso de especialización en su sede de Quantico, Virginia. Allí conocerá a quien luego será su mentor y amigo: el excéntrico Agente Especial Aloisius Dupree, un auténtico “creole” de Nueva Orleans, que comparte con Amaya ese inexplicable instinto para descubrir y atrapar criminales.

Justo entonces se desatan dos desastres: el primero, el huracán Katrina, que terminó destrozando Nueva Orleans, y fue una vergüenza por la desidia gubernamental. El segundo, un asesino en serie: “El compositor”. En diferentes áreas del país donde hubo desastres naturales, los cuales parece casi “predecir”; una vez que una familia ha perdido todo, ya sea por un huracán o un tornado, se presenta exactamente después, quizás fingiendo ser de una unidad de socorro, y asesina a toda la familia. Siempre el mismo núcleo: padre, madre, abuela, tres hijos, siempre una niña y dos niños. Los coloca en composición perfecta: unidos, con las cabezas apuntando al Norte.

El equipo, en el cual incluyen a Amaya, trabaja contrarreloj sabiendo que Nueva Orleans es su próximo objetivo, aunque no será el último hasta que descubran su identidad y su objetivo final: su propia familia. Pero podemos presentir que esto es solo el principio de una nueva saga, una que apunta al Norte y que nos llevará mucho tiempo por los pantanos y manglares de Luisiana, por el Bayou, donde una organización criminal con elementos de vudú, encabezada por un legendario personaje que se hace llamar “Samedi”, rapta a niñas y las somete a rituales de magia negra, robándoles no solo la vida, sino el alma. Esta es la obsesión de Aloisius Dupree, y espero que le dure varios libros. Y, de ser posible, que le pida ayuda a la Agente Salazar.

Julio Rojas

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