3 comentarios en “Qué imagen tan dura”

  1. OMS A TERAPIA

    La Organización Mundial de la Salud navegó en un mar de contradicciones prácticamente desde que el coronavirus se presentó en sociedad y planteó formidables desafíos en materia de salud pública y políticas de prevención y combate. Frente a los US$ 4.500 millones largos que cuesta mantenerla cada año, su papel en esta crisis fue de pobre a directamente ineficaz.

    Es cierto que los líderes mundiales de peso pesado no la ayudaron mucho a mejorar su desempeño. Desde Boris Johnson que aconsejó confiar en la “inmunidad del rebaño”, pasando por Jair Bolsonaro que bromeó desde un comienzo hablando de una “gripesinha” hasta Donald Trump que aconsejó inyecciones de desinfectantes e irradiaciones internas (método solo conocido por él) para “matar el virus”, la máxima autoridad mundial en salud sufrió golpe tras golpe, cayó rápidamente en el descrédito y pende sobre ella la amenaza de que su principal aportante, EE.UU., formalice su retiro de apoyo presupuestario.

    Pero influencias externas aparte, la OMS no se fijó en gastos para producir sus propias contradicciones. Desde el día 1 de la pandemia aseguró que no había indicios firmes de que el virus se propagara de persona a persona. Primer error garrafal. Luego se enredó en un laberinto de definiciones sobre los viajes, incluida China, cuna del coronavirus. Un día consideraba ineficaz su restricción para frenar la pandemia pero a continuación la estimaba «temporalmente útil».

    Segundo error grave. Nadie le hizo caso. Los aeropuertos cerraron y las aerolíneas quiebran en masa. Respecto al papel de los tapabocas, recomendó su uso sólo a enfermos o personal médico. “No ofrece un nivel adecuado de protección” aseguró. Otro derrape. Hoy el tapabocas es de uso universal y obligatorio.

    Hacia fines de marzo la OMS anunció que la pandemia “se estaba acelerando”, cuando Italia registraba récord de casos y España se hundía bajo su impacto. Su última “predicción” fue que el eje del virus se trasladaría a Latinoamérica. Para entonces, los sistemas de salud continentales estaban rebasados por una ola creciente de contagios y muertes. Brasil, con EE.UU., lidera ya las tablas mundiales de casos.

    El papel de la OMS deberá ser revisado. Se ha convertido en un gigante con alzheimer y de dudosa utilidad.

    Y demasiado caro para tan pobres resultados.

    Me gusta

  2. LUCHA DESINTEGRADA

    Mientras Paraguay infla el pecho por lograr hasta el momento la contención del Covid-19, sin olvidar que las medidas sanitarias arrastran en su camino una serie de violaciones de derechos humanos, la amenaza de un colapso del sistema público sigue latente en medio de decisiones dispares de las naciones vecinas.

    En nuestro territorio ocurrieron hasta el momento 11 muertes y hay 884 casos por la pandemia, mucho menos que otros países como Brasil, con el que compartimos una incontrolable frontera seca de más de 400 kilómetros. Nos separan solo unos pasos de los más de 24.500 decesos y casi 400.000 infectados. Le siguen Argentina y Bolivia, donde hay más de 13.000 y 7.000 casos confirmados, respectivamente.

    Todos establecieron su propio plan para encarar el virus, tanto desde el aspecto sanitario como el económico, a pesar de intentos históricos de integración, estos países no logran acordar soluciones para necesidades comunes.

    En otros aspectos Paraguay tiene poco o nada de motivos para celebrar. De acuerdo con los datos de desarrollo humano de las Naciones Unidas, los años esperados de escolaridad en el 2018 eran de 12,7 años, por debajo de los demás países de la región, que superan los 14 años, en tanto que la desigualdad en educación asciende a más del 18%. En cuanto al presupuesto en gastos corrientes para salud, en el 2016 representaba solo el 8%, participación ampliamente superada por Argentina y Brasil.

    Son solo algunos ejemplos de desigualdad entre países que son socios comerciales, pero si nos remontamos a algunos acontecimientos se pueden observar varios avances hacia la integración hasta que frenaron su marcha hace unos cinco años.

    ALGUNOS HECHOS. El sociólogo y lingüística estadounidense Noam Chomsky es una de las mentes que interpretan estas relaciones con la intervención de agentes externos.

    Durante el Foro Internacional por la Emancipación y la Igualdad, en el 2015, explicó cómo en la Conferencia de Chapultepec, realizada en la pos Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos declaró la guerra al nacionalismo económico que en Latinoamérica pretendía distribuir la riqueza entre los habitantes, mientras que los norteamericanos priorizaban las ganancias para los inversores. En los años siguientes se instauraron las más crueles dictaduras en la región, y que en Paraguay culminó con más de 20.000 víctimas y 400 desaparecidos.

    Sin embargo, el poder de EEUU fue decayendo y muestra de ello es que sus propios aliados empezaron a cuestionarlo. En la Cumbre de las Américas realizada en Cartagena, Colombia, en el 2012, cuando varios partidos de derecha habían perdido poder, el propio anfitrión de la cumbre, el presidente colombiano Juan Manuel Santos, rechazó la posición yanqui de excluir a Cuba de la organización, pero también pidió reconsiderar su política antinarcóticos. Opinó lo mismo el mandatario guatemalteco de entonces, Otto Pérez Molina, quien también tenía un lazo de amistad con el Gobierno norteamericano.

    NUEVOS HECHOS. Estos indicios invitaban a leer una Latinoamérica que pasaría del nacionalismo individual a una región integrada que podría pelear contra la dominación, pero cuando Chomsky hizo este recuento en un repleto Teatro Cervantes, en Buenos Aires, en un espacio de acceso gratuito y compartido con otros intelectuales de América Latina y Europa, aun se desconocía que la derecha volvería con fuerza en el poder. Una derecha (digna de Trump) que dejó la Unión de Naciones Suramericanas para el olvido y que en algunos casos busca hacer lo mismo con el Mercosur.

    Cinco años después, la integración sigue siendo un sueño, entre la prepotencia e ignorancia de los gobernantes y una sociedad que con razón teme más al hambre que al coronavirus.

    Por Lida Duarte

    Me gusta

  3. Los latidos de la guerra que viene
    Por Augusto Dos Santos

    Rodolfo Vidal González murió en un accidente de tránsito en los Estados Unidos en el 2004, tras realizar una interesante tesis de doctorado para la Universidad de Salamanca sobre la acción propagandística de Walt Disney durante la Segunda Guerra Mundial. Dos años después, la universidad publica su obra que contiene un recorrido interesante sobre el rol de la comunicación en los procesos más conmovedores de la civilización.

    Con la misma tinta china con la que dibujaban a Mickey Mouse, o el Pato Donald o Blanca Nieves, Walt Disney trabajó para los intereses políticos y militares de los Estados Unidos durante y después de la Segunda Guerra Mundial.

    Pero no solo la mano que trazaba al Pato Donald se puso a dibujar aviones de guerra enseñando a las tropas cómo usar las innovaciones aeronáuticas o al gran público sobre los riesgos del nazismo, sino llegó aun más lejos, incluyó –invirtió se diría– el prestigio de sus personajes como el inefable Pato para que forme parte de las más de 1.400 producciones vinculadas a tales fines en menos de un lustro.

    Así por ejemplo, en The New Spirit pone a todos sus personajes a enseñar al pueblo norteamericano cómo pagar sus impuestos para sostener la defensa de la nación; en Der Fuehrer Faces, Donald sueña que trabaja en una fábrica de armas de Alemania hasta que despierta feliz sintiendo que aquello fue una pesadilla; no importa, el mensaje sobre la escalada armamentística en el Eje, ya estaba instalado en los americanos con mucha más precisión y sentimiento que en una película documental.

    No era fácil contraponerse al genio de Joseph Goebbels que había desplegado, ya bastante antes, una portentosa maquinaria propagandística destinada a visibilizar la preeminencia de la raza aria y los riesgos del sionismo que situaban, tanto en el terreno de la propaganda como la acción, como los enemigos de adentro con los que se debía empezar la tarea.

    En rigor, la propaganda nazi era más amplia, estaba basada también en el anticomunismo, en la prédica sobre un estado social mucho más benefactor que el resto de las naciones, en la exaltación del poder militar y en el cuestionamiento al imperio británico.

    Para contrarrestar a Disney, cuenta Rodolfo Vidal González, Goebbels visibiliza claramente que la animación norteamericana no tiene competencia posible en el campo de la producción de sentidos. Que así como los nazis se reconocían como los mejores propagandistas cívicos desde el discurso político y otras artes, en materia de animación el modelo Disney era insuperable.

    El líder propagandista de Hitler buscó el camino más sencillo: reclutó a cien dibujantes y animadores publicitarios de aquel tiempo en Alemania, los encerró bajo las órdenes de un comisario artístico Karl Neumann y los puso a producir “El Pobre Hansi”. ¿Quién era Hansi? Pues, era un canario alemán que era perseguido por aves rapaces judías con idéntica estética Disney.

    He releído el librito de Vidal González por estos días, porque se me ocurre que los que nos animemos a mirar la comunicación de las potencias desde el microscopio, así, con la misma pasión de los que buscan el nuevo meteorito desde el telescopio, veremos movimientos muy interesantes de cara al futuro.

    China y los Estados Unidos aparecen como los jugadores nítidos, pero son muchos más y el ruido de la alineación sonará fuerte desde diferentes factores, esencialmente los económicos y financieros.

    Afirmando esta teoría en una fuente confiable: el sábado último, la BBC de Londres publica un artículo que describe la tarea global de China por instalar “su verdad” de la mano del gurú del propagandismo oriental, Lijian Zhao, el joven portavoz de Asuntos Exteriores de China, a quien conocen como “El lobo”, refiriendo a una serie bélica popular en la potencia asiática que emula la ferocidad y el sentido patriótico de Rambo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52671311#.

    Se alinean las potencias para un futuro inmediato en el que unas y otras saldrán a pelear la hegemonía que les permita liderar en un mundo convaleciente y con los huesos doloridos por el encierro. Esa guerra sorda ya empezó, y es estruendosa y en uno y otro rincón ya empezaron a operar para vendernos su propia historia, porque de lo que no se duda es que la gran arma será la guerra comunicacional.

    Será tiempo para leer el mundo con perspectiva crítica que no impedirá la pasión de ver cómo desde la comunicación –hace ya muchas décadas– se reemplazó el viejo rol de ablande que tenían la aviación y la artillería. Empezaremos a ver una película de lucha por la preeminencia. No es cualquier cosa. Será mucho más potente que el covid. Es seguro que sí.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s