Un corazón resentido

Los amargados se contagian, son tanto o más peligrosos como cualquier virus.

Si estás en un momento de debilidad, recurrir o estar cerca de una persona así puede hundirte o sacar lo peor que llevas dentro. “Cuando consigas no sentirte vulnerable frente a tus personas toxicas abras ganado una importante batalla en la guerra de la felicidad”

Ellos, los tóxicos son expertos manipulares y saben detectar con precisión los puntos débiles de sus víctimas. El amargo es un toxico, y unas de sus características principales es que asfixian y andan con un alfiler en mano para pincharte el globo de optimismo y buena vibra que tengas. En ocasiones puede ser de forma voluntaria, otras en cambio no son conscientes del daño terrible que causa en su entorno, a la familia, el trabajo y comunidad.

Ojo; no confundamos con una persona que sencillamente puede estar pasando un mal momento de irascibilidad puntual, con otra que de forma constante y regular despliega toda toxicidad.

Siempre y de manera casi reiterativa leemos consejos, técnicas que hacer con ellos. Tal vez sea una linda época de accionar, la mayoría nos encontramos en un estado vulnerable, y en mayor o menor medida tenemos menos tolerancia con el estúpido, el malo y con el toxico.

Cuando se trata de relaciones de pareja o familiares a veces surge un fenómeno de enganche y dependencia que cuesta ver y reconocer. Querer autoconvencerte que no alteran tu equilibrio interior y podemos insistir en mantener en esa relación insana por miedo a la soledad o por dependencia al círculo vicioso, lo que puede llevar a tolerar y soportar situaciones extremas que no se deberían permitir.

Creo que todos en algún momento tuvimos o tenemos cerca a este tipo de personas. La clave para que nuestras personas toxicas no nos afecten, es la actitud que tomamos hacia ellas. Hay que conseguir que no invadan nuestro mundo interior, evitar en lo posible que se entrometan en nuestras vidas, y estar bien despiertos para no permitir que anulen nuestras capacidades. Ser Cuidosos en conservar siempre nuestra libertad para decidir, que puede verse recortada por obstáculos reales o imaginarios que nuestros “vampiros emocionales” utilizan para lograr en muchos casos quebrar nuestra voluntad.

En mi trabajo de asesora, cuando realizo las preguntas para entender por dónde puede venir el deterioro de la imagen y autoestima; a menudo la respuesta es más o menos así: fui “absorbida por la rutina, o por el toxico de mi jefe o el toxico de pareja”.

En el espacio laboral, nunca falta “el amargado/a” que tiene la santa habilidad deshidratar y volver anémico hasta al más robustecido. ¿Qué hacer con ellos? Yo soy amiga de oportunidades limitadas, si al cabo de un tiempo no existen cambios actitudinales reales, aunque duela, aunque lo aprecie, aunque su gestión operativa sea impecable, pero aplazado en su actitud aplico esta le ley de supervivencia: sacrificar a la minoría para salvar a la mayoría.

Si en el lugar o relación donde estas, te sentís poco apreciado, valorado; no pierdas brillo ni esperanza, no te envenenes envenenando al resto. Siempre que tengas valor, hay oportunidad de oxigenarte con aires nuevos.

Si tenes tóxicos con los que cortar relación es posible, te animo a que lo hagas, la vida es muy cortita para vivirla con alguien así.

En otro escenario; si no es viable sacar de tu vida al amargado, lo que te queda, es sacarle el único poder que tiene: la autoridad que le das a sus opiniones.

Y recordá:

“Los tóxicos tienen un corazón resentido, y un corazón así no puede ser feliz, ni hacer feliz a nadie”

Por Mariela Baez

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