“Default técnico”. Argentina lo hizo de nuevo

La Argentina, una vez más, hace el “paga Dios” de una buena parte de su deuda pública. Lo dispuso el presidente Alberto Fernández, a través del Decreto 346/2020. En ese instrumento administrativo legal y legítimo, posterga unilateralmente hasta el 31 de diciembre próximo el pago de hasta US$10.000 millones adeudados a través de bonos emitidos bajo las leyes locales.

En el mundo de las finanzas la decisión gubernamental tipifica un “default técnico” porque modifica lo que oportunamente y por escrito se había pactado con quienes prestaron sus dineros a este país. El fundamento para hacerlo, en esta oportunidad, es “la crisis sanitaria mundial generada por la pandemia del coronavirus COVID-19 (que) ha alterado los plazos previstos oportunamente en el ‘Cronograma de acciones para la gestión del Proceso de Restauración de la Sostenibilidad de la Deuda Pública Externa’”.

Alberto Fernández justifica que no intervenga el Parlamento en la decisión adoptada en que “la dinámica de la pandemia del COVID-19 y su impacto sobre la salud pública sumado a la situación económica y social imperante” lo impide. Destaca también que “a este contexto de deterioro de la situación económica y social, producto de la emergencia sanitaria, se le adiciona la inminencia de próximos vencimientos de los servicios de la deuda pública” nacional “emitida bajo ley” argentina y denominada en dólares estadounidenses”.

La información oficial disponible da cuenta que este país, hasta el último día de este año, dejará de pagar cerca de US$ 6.000 millones y, aunque el decreto publicado nada indica, el interrogante que emerge es qué habrá de suceder con poco menos de US$ 3.500 millones que deberá abonar a bonistas que tienen en su poder títulos del Tesoro local emitidos bajo legislación extranjera. Aunque nada indica formalmente, hasta ahora, que esa maléfica profecía vaya a suceder.

Sin embargo, las dudas de los que dudan no se fundan en operación alguna para construir una situación de pánico generalizado o en animadversión con las políticas del presidente Fernández, sino en la historia de este país al que no le faltan defaults desde los inicios del siglo XIX.

Según Miguel Ángel Boggiano lo consigna en el diario El Cronista “han sido cinco los eventos que efectivamente representaron un default/reestructuración” de la deuda pública argentina.

El primero de ellos lo ubica en 1827, luego que el Banco de Inglaterra elevara su tasa de descuento “para frenar su caída de reservas” lo que provocó “un crash bursátil, problemas bancarios y recesión en Inglaterra y Europa Continental” que “en pocos meses se expandió a América latina”. Aquel default, se mantuvo hasta 1857. Treinta años.

El segundo impago lo ubica en 1888 luego de la quiebra del local Banco Constructor de La Plata. Por entonces, Argentina “llegó a ser el quinto país más endeudado del mundo”. La cesación se extendió hasta 1892. Cuatro años.

El tercero se produjo en 1982 en el contexto de una crisis bancaria y financiera generalizada de alto impacto en Latinoamérica y África. De hecho, en 1976, cuando la última dictadura cívico-militar derrocó a la primera mujer presidente en la historia argentina, María Estela Martínez de Perón, “Isabelita”, la deuda externa alcanzaba a unos US$7.000 millones mientras que en 1983, cuando se restableció el sistema institucional, ese indicador daba cuenta que Argentina debía US$ 45.000 millones. La cesación de pagos se extendió hasta 1992. Diez años.

El cuarto fue en 2002. El 23 de diciembre de 2001, luego de la caída del presidente Fernando de la Rúa tres días antes, Adolfo Rodríguez Saá, que fue primer mandatario por unos pocos días, ante la Asamblea Legislativa, declaró que “no” pagaría la deuda externa. Fue ovacionado y aplaudido de pie por los legisladores.

El quinto default – que como una suerte de continuidad política se mantiene hasta la actualidad y fue ratificada con la decisión que hoy dio a conocer el gobierno de Alberto F- comenzó en agosto 2019 cuando el presidente Mauricio Macri –en el país de los eslóganes eufemísticos- decidió “reperfilar” los compromisos asumidos por su administración y el ministro de Economía de entonces, Hernán Lacunza, como hoy lo hace su sucesor, Martín Guzmán, unilateralmente modificó la fecha de pago del capital de la deuda de corto plazo en dólares.

El 29 de ese mes, S&P Global Ratings, calificó a la deuda de corto plazo argentina en “default” en tanto que a la de largo plazo la consideró en “default selectivo”. Como en una enorme y poco más que bicentenaria Banda de Möbius, lo más reciente, en la Argentina, es lo que nunca deja de suceder.

por Ricardo Rivas

11 comentarios en ““Default técnico”. Argentina lo hizo de nuevo”

  1. Agobio social, economía en baja y política en cuarentena en la Argentina incierta
    Por Ricardo Rivas

    El presidente Alberto Fernández, ante la posibilidad de alcanzar un acuerdo con los tenedores de bonos argentinos en default desde setiembre del 2019 –lo que no pocos analistas de los mercados financieros aún ponen en duda– comenzó a esbozar cuál podría ser el programa económico después de la emergencia sanitaria. Fernández sostuvo que, para “poner en orden todo lo que se ha desordenado”, habrá que “encerrar las economías”, para “dejar de depender del resto del mundo” y “enfocarse en el consumo interno”. El mandatario asegura que trabaja en el día después de la pandemia.

    Sin embargo, algunas emergencias, como las protestas sociales con banderazos y cacerolazos –sin llamadas previas, inesperadas para las autoridades que con ciberpatrullaje procuran conocer el “humor social”, como lo informó semanas atrás la ministra de Seguridad, Sabina Frederic– crece. La espontaneidad de la ciudadanía –impensada para los que se encuentran urgidos de impunidad para no ser encarcelados o dejar las prisiones en las que se encuentran por presuntos hechos de corrupción estructural– se pone en evidencia para decir claramente “no” y exigir de la justicia, que debiera probar a cada instante ser independiente, transparencia en sus decisiones para que se haga evidente el principio republicano de igualdad ante la ley. No es una exigencia para dejar pasar. Tiene, además, enorme simbolismo, porque se produjo en el día de la independencia cuando valores tales como igualdad, libertad y fraternidad se corporizan en el espíritu ciudadano.

    Pandemia y humor social
    Covid-19, hasta pocas horas atrás, provocó 1.749 muertes y, 90.963 infectados, de los cuales 38.984 se recuperaron. El 38,6% de la sociedad “no aprueba” extender por más tiempo el aislamiento social que rige desde el 20 de marzo. Según el consultor Jorge Giacobbe, el presidente Fernández, “de aquellos 30 puntos adicionales de crecimiento que alcanzó a partir de gestionar la emergencia sanitaria, sólo conserva aún 5 y la tendencia es a la baja”. Coincide con colegas como Federico Aurelio (Aresco), Mariel Fornoni (Management & Fit) o Ricardo Rouvier (R. Rouvier y Asociados). Este último reporta que “la prolongación de la cuarentena hasta el 17 de julio continuó erosionando la imagen del presidente y del gobierno. Se mantiene la tendencia descendente”. También decrecen los indicadores de “optimismo económico” y “optimismo político” que mensura Fornoni. “En la primera semana de julio” el económico “llegó a los 28.3 puntos luego de una caída de 1.1”. El político “se mantuvo en 39.8 con una variación no significativa de 0.6 puntos. El subíndice de ‘expectativas económicas’ se ubica en 29.7 y el de ‘confianza sobre la economía actual’ es de 27.0, con una variación negativa ambos de -1.1 y -1.2, respectivamente. La política, en los subíndices ‘expectativa’ y ‘clima’ cayeron levemente, en los dos casos, hasta ubicarse en 35.1 punto, el primero, -0,7, respecto de la semana anterior; y, en 44.6 el segundo, -0.4”.

    Datos económicos desalentadores
    La economía cayó 26,4%. La Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) reporta que, desde enero, hay 16.889 empresas de servicios menos; que se cayeron 4.810 productores de bienes; que 1.548 establecimientos industriales cerraron; que ya no existen 4.254 comercios; que en el sector de la construcción 2.131 empresas se derrumbaron. Sumados los datos mencionados explican la desaparición de 21.699 empresas. En enero había 542.206 firmas; febrero, 541.357; marzo, 539.053; abril, 526.434; y, mayo, el último período mensurado, 520.207. En ese mes, había 7.595.704 empleados formales. Aquellas caídas destruyeron 284.821 puestos de trabajo. Con indicadores preocupantes el mandatario intensifica el uso de la palabra. El presidente Fernández asegura saber “cuál es el horizonte” argentino cuando SARS-COV-2 –que “está en su momento más intenso”– llegue a su fin. Será entonces cuando pondrá “en orden todo lo que se ha desordenado”. Sostiene saber “por qué la pandemia fue capaz de desmoronar imperios económicos”. Ante la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) dijo que “llegó la hora de poner al capitalismo en su verdadera dimensión”, porque “se degradó” dado que “muchos de esos imperios olvidaron lo mejor del capitalismo y se aferraron a lo peor, que es la lógica financiera”. Afirmó que, “uno ve una vuelta atrás con el libre comercio que la globalización proponía” y exhortó a alcanzar “un mejor capitalismo”. Destacó que “todos los gobiernos se están encerrando en sus economías”, para “dejar de depender del resto del mundo y enfocarse en el consumo interno”. Sin embargo, aparece como sustancial, para la recuperación económica, resolver la deuda pública en situación de default. Grupo Ad Hoc y Grupo Exchange, en los que convergen algunos de los tenedores de títulos del Tesoro argentino no aceptan la última propuesta del ministro de Hacienda, Martín Guzmán. Quieren “cambios” pero la destacan como “un paso en la dirección correcta” para una “reestructuración consensuada”. Por su parte, los grupos Monarch, Pimco, T. Rowe, Ashmore, Fidelity y BlackRock –con el mayor volumen de bonos defaulteados– rechazan la oferta. Afirman que “no” pueden respaldarla por insuficiente y puntualizan que “no” fueron consultados. “No aceptamos la última propuesta de la Argentina”, informan en un comunicado. Mientras, este país ni las empresas privadas que lo necesiten pueden fondearse en los mercados voluntarios. Con 9 defaults en la historia –3 de ellos en los últimos 20 años– Argentina no es confiable para el mundo de las finanzas ni para millones de sus habitantes. Según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), argentinas y argentinos se resguardan en dólares a la hora de ahorrar: 222.807 millones los atesoran en bancos, aquí o en el exterior; en cajas de seguridad o, sencillamente, debajo del colchón.

    Política exterior. Las añoranzas de Alberto F.
    La gestión externa argentina no exhibe –al igual que en el campo de la economía– líneas de trabajo definidas más allá de las acciones y expresiones del canciller Felipe Solá o del propio jefe de Estado. Alberto F., no solo no habla con sus homólogos –como lo admitió semanas atrás– sino que ocasionalmente los destrata. En el transcurso de un diálogo en ZOOM con el ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, después de responsabilizar a Estados Unidos de la desaparición de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), de destruir el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (Celac), aseguró que “extraña” los tiempos de Evo (Morales Ayma, en Bolivia); de Michelle (Bachelet, en Chile); de Lugo (Fernando, en Paraguay); de Correa (Rafael, en Ecuador); de Chávez (Hugo, en Venezuela); de Tabaré (Vázquez) y Mujica (“Pepe”, en Uruguay). Solo destaca al gobernante de México, Manuel López Obrador, de buena relación y confianza también para la Casa Blanca, aún en tiempos de Donald “El Pato Rengo” Trump. “El corazón tiene razones que la razón no entiende”, sostiene Blaise Pascal. Durante la cumbre virtual del Mercosur, en la que el presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, entregó la presidencia del bloque a Luis Lacalle Pou, jefe de Estado de Uruguay, antes de que la mandataria de Bolivia –Estado asociado– Jeanine Áñez hiciera uso de la palabra, Alberto Fernández dejó la reunión sin explicaciones. Voceros gubernamentales explicaron que “el presidente abandonó el plenario por considerar que el de Bolivia es un gobierno de facto”.

    La economía
    “El gobierno argentino genera tensión internacional. Es parte de la confusión que se verifica en la política doméstica que se proyecta hacia el mundo”, afirma el embajador Juan Pablo Lohlé.
    “El gobierno argentino genera tensión internacional. Es parte de la confusión que se verifica en la política doméstica que se proyecta hacia el mundo”, afirma el embajador Juan Pablo Lohlé.
    Sergio Fares –académico y consultor para inversores extranjeros– confirma que “el primer trimestre del 2020 la economía argentina mostró un desempeño negativo en sus principales variables”. Agrega que “la variación interanual del PBI fue -5,3%, y las proyecciones señalan que para fin de año ese indicador, per cápita, será similar al del 2010. El desempleo crece, la inflación, pese a que tiende a la baja, no cede y crece el déficit fiscal en ese período”. Añade que “el riesgo de default, a la vez que el avance de una economía más dirigista, con una coalición de gobierno heterogénea, impulsaron el deterioro de los indicadores que desde el 2018 caían”. En tiempo de pandemia, “como sucede con casi todos los gobiernos de los países afectados, la política fiscal expansiva es la característica principal”. El analista detalla que “en la Argentina, con fuertes desequilibrios, sin recursos propios, sin financiamiento interno y sin poder recurrir al externo, se recurre a la emisión monetaria para cubrir el incremento del déficit fiscal y la marcada caída de los ingresos”. Advierte que “en tiempos recesivos, con violento descenso en el nivel de actividad, los efectos inflacionarios de la emisión monetaria no representan un problema presente pero sí lo será a futuro”. Apunta que “con las restricciones impuestas y el temor social no solo aumentó la demanda de pesos, sino que se redujo la velocidad de la circulación monetaria, pero –advierte– esto en el corto plazo se revertirá y habrá dificultades”. Al fin de la emergencia sanitaria, Fares señala que “se llegará con retraso en las tarifas de los servicios públicos que, el algunos casos, no se ajustan desde hace 18 meses; con el precio de los combustibles congelados, con atrasos en los precios máximos de algunos productos de consumo, con un tipo de cambio oficial no competitivo, con un déficit fiscal primario altísimo, con desocupación en alza, con deterioro en el nivel de reservas, con la tasa de inversión sobre PBI en los menores niveles de la historia y, por sobre todo, con un altísimo nivel de desconfianza en el sector privado” cree que “el gobierno podría ir hacia una economía centralizada. El panorama podría agravarse si no hay acuerdo con los acreedores de la deuda pública y si no recuperan la confianza el sector privado y todos los agentes económicos”.

    La política exterior
    “El panorama podría agravarse si no recuperan la confianza de todos los agentes económicos”, sostiene Sergio Fares.
    “El panorama podría agravarse si no recuperan la confianza de todos los agentes económicos”, sostiene Sergio Fares.
    Juan Pablo Lohlé, peronista, ex embajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y ante el Reino de España durante las presidencias de Carlos Menem, y en Brasil en las administraciones de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, señala “como problema” que en la Argentina “hay una pirámide de poder con características muy particulares, porque el Presidente fue designado por la Vicepresidenta. Esto, crea algún grado de disfuncionalidad. Alberto depende de Cristina, en términos de poder real. A la inversa –explica–, el mandatario, poseedor del poder administrativo, lo ejerce a través de decretos de necesidad y urgencia (DNU). Esta política dual, en algunos casos, puede ser complementaria, pero, en otros, definitivamente no. Mucho más cuando el Poder Judicial está ausente y el Poder Legislativo en “cuarentena”. El diplomático, cofundador del Grupo Calafate, un think tank peronista junto –entre otros– con Alberto F. sostiene que “esa situación interna se replica en la política internacional y tensiona las relaciones exteriores”. Ejemplifica: “Estamos junto a China en la rivalidad que tiene con los Estados Unidos mientras que necesitamos de la Casa Blanca para negociar la deuda pública, para acordar con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con los bonistas. Sobre Venezuela, el Presidente entiende que hay una democracia y no una dictadura. Estamos con Cuba. A Europa le pedimos inversiones y cuestionamos sus políticas. Con Rusia abrimos una segunda puerta de competencia con Estados Unidos y con el Reino Unido, proponiéndole ser aliados en el Atlántico Sur y en la Antártida. Con Brasil, la mayor aspiración de la Cancillería es que vuelva el Partido de los Trabajadores (PT) al poder para continuar con el Mercosur”. Lohlé considera que “la tensión internacional generada por las acciones del gobierno argentino es parte de la confusión que se verifica en la política doméstica que se proyecta hacia el mundo”.

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  2. Pandemia en Argentina. Volver a fase 1, aunque “el mundo nos elogia”
    Ricardo Rivas

    La semana argentina se iniciará el miércoles cuando comience el mes de julio. Ese día, en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se volverá a la fase 1 en la desigual operación contra el covid-19.

    “Hasta ahora, (el aislamiento) es el único remedio que conozco”, sostiene el presidente Alberto Fernández. Es verdad. No hay tratamiento ni vacuna. El mandatario cada dos días se expone ante la sociedad a través de entrevistas radiales y televisivas. También algún diario. Se lo percibe cansado. Es comprensible.

    El primero de sus ocho semestres de mandato solo es SARS-CoV-2. El mandato popular –revertir la recesión que comenzó durante la administración anterior, contener la inflación, ordenar la deuda pública sin caer en default, atraer inversiones, generar puestos de trabajo, mejorar la situación de jubiladas y jubilados, facilitar el cierre de la grieta, entre las más urgentes–, para “poner a la Argentina de pie”, como él mismo lo expresó hasta el cansancio durante la campaña electoral, no ha comenzado a cumplirlo.

    Es más, los indicadores con los que se mensuran esas variables, le son adversos. Lo que dos semanas atrás revelara la analista Mariel Fornoni, directora de la consultora Management & Fit, cuando afirmó que “Alberto está en caída” en las encuestas, por estas horas, coinciden en comunicarlo casi todos sus colegas. La pandemia no ayuda. Es cierto. El endurecimiento del aislamiento en el AMBA obligará al cierre de poco más de 300 mil comercios. Tampoco la sociedad quiere continuar encerrada. Hay claro agotamiento. Niños y niñas quieren que mamá y papá los lleven a pasear. Los adultos también lo desean.

    El neuropsiquiatra Pablo Bagnatti, médico especializado en neurología cognitiva y neuropsicología, en diálogo con este corresponsal, precisa que “el distanciamiento social, el confinamiento, las preocupaciones económicas y laborales, al igual que la incertidumbre personal, sobre nuestros seres queridos y acerca de las decisiones de quienes nos gobiernan, son factores que pueden generar momentos de ansiedad y angustia difíciles de manejar”.

    Las estadísticas muestran que solo el 20% de la población no tiene síntomas de “ansiedad”. El 32%, da cuenta de “pánico” en distintas graduaciones. El 19%, “depresión” en diversas escalas; y, el 24%, tiene síntomas de “pérdida del sentido de la vida”. El 48%, cuando concurre a la consulta médica, admite tener “demasiada y bastante incertidumbre”. En ese contexto, los consultantes también manifiestan padecer “trastornos del sueño, en la sexualidad y vinculares”. Bagnatti señala que “la pandemia nos saca de la llamada zona de confort”.

    La licenciada en Trabajo Social, María Cristina Álvarez, consultada acerca de los datos consignados, confirma que “son preocupantes” y puntualiza que “esas estadísticas dan cuenta de esas patologías en el segmento poblacional, que dispone de atención médica”, lo que sugiere que tales porcentajes pueden ser más altos en aquellos que solo pueden recurrir a la atención primaria de la salud, sin acceso a servicios especializados. El más reciente reporte oficial da cuenta de un total de 57.774 casos confirmados; 20.134 pacientes dados de alta; y, 1.217 fallecidos. De los casos declarados, 27.760 se verifican en la provincia de Buenos Aires, y 24.563, en la capital argentina. El informe incluye “13 casos existentes en las Islas Malvinas”.

    Al momento de la lectura de esta información, las cifras habrán cambiado. Para el ministro de Salud, Ginés González García, la estrategia para contener el covid-19 va por el camino correcto. El alto funcionario sostiene que, por esa gestión, “el mundo nos elogia”. Resalta que eso “habitualmente no sucede”, asegura que “somos uno de los países líderes en el mundo en cuanto a las políticas de lucha contra la pandemia” y, en términos comparativos, afirma que “Brasil, tuvo el primer caso un día antes que nosotros, no tomaron esas medidas y ahora están como están”.

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  3. Uno en burro, otro a caballo, pero atados. Alberto y Cristina pueden desbarrancarse

    Por Ricardo Rivas

    Con fondo musical de cacerolas e imágenes de banderas agitándose en las puertas mismas de la Residencia Presidencial de Olivos, unos 20 Km al norte de esta capital en territorio bonaerense, Alberto Fernández inicia esta semana que, seguramente, será más complicada que la anterior. Con más de mil muertos por la pandemia de SARS-COV-2 y la prolongación del confinamiento que de la mal llamada cuarentena devenida en noventena, sabe –en carne propia– que el sentir aprobatorio de la calle muta en desaprobación y se aleja de su figura. Que “Alberto Fernández está en caída”, el anuncio que el viernes pasado, en exclusiva, recibió este corresponsal de boca de la analista Mariel Fornoni, directora de la consultora Management & Fit, se verificó en el terreno.

    Pero, aunque no es irreversible, no deja de preocupar a los transitorios habitantes del poder que vieron una vez más, con el “banderazo” del sábado en las últimas horas de la tarde, que un segmento importante de la ciudadanía rechaza el avance del Poder Ejecutivo sobre la propiedad privada. La expropiación del complejo agro industrial Vicentin y el rechazo del presidente Alberto F –quien reiteradamente destaca su condición de abogado y hombre de derecho– a las decisiones judiciales sobre esa empresa familiar que se encuentra en convocatoria de acreedores, son señales muy claras a las que el mandatario debería dedicar sus próximas horas para retomar el liderazgo que había construido y consolidó durante la pandemia. Propios y extraños lo perciben.

    De hecho, Ricardo Rouvier, un prestigioso académico y analista que con frecuencia es consultado por el kirchnerismo, cuando algunas banderas aún se agitaban y cientos de cacerolas todavía hacían ruido, lo expresó sin anestesia en las redes: “Sería un error no leerlo (el acto de protesta) como un hecho político significativo, siendo la primera pronunciación masiva opositora al gobierno”. Categorizó lo sucedido como “un claro pronunciamiento contra la injerencia del Estado en la economía, y en la defensa de la propiedad privada que es el corazón del sistema”.

    En ese contexto y aunque desde una perspectiva crítica, Rouvier –en tono militante y cercano al Frente de Todos– interpela a la coalición de gobierno. Sostiene que lo sucedido “habla de nuestra desventaja en la construcción de pensamiento, y nos obliga a reflexionar sobre la importancia de la batalla cultural” en procura de superar “la subordinación, a principios y valores que no preservan lo comunitario, sino que reiteran la vieja opción liberal de Estado vs. el Individuo”.

    El cuadro de la situación no es el mejor. Las tensiones crecen. En el sector del peronismo alejado de la coalición de gobierno las reuniones, los encuentros de dirigentes no tienen pausa. Especialmente en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Se buscan salidas para esta nueva crisis que muchos piensan que podría profundizar el derrumbe del partido que fundó Juan Domingo Perón. La dirigencia sindical, especialmente la de los gremios poderosos conocidos como “los gordos”, también está inquieta.

    Con reserva estricta de sus identidades los unos y los otros aseguran que quieren “ayudar al Presidente”, que desean que “el gobierno tenga éxito”, pero metafóricamente justifican la prudencia que exhiben porque entienden que “uno va en burro, otro a caballo, pero atados. Alberto y Cristina pueden desbarrancarse”. En la última semana, aseguran todos los consultados, “empezamos a hablar con las oposiciones y con los gobernadores para buscar alternativas. Así, no podemos seguir. Es el camino equivocado”.

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  4. “Alberto Fernández está en caída”, revela Mariel Fornoni, destacada analista argentina
    POR RICARDO RIVAS

    La valoración pública de la gestión del presidente argentino Alberto Fernández “está en caída” porque “se lo valora, específicamente, por la gestión de la pandemia y la de la deuda pública”, sostiene Mariel Fornoni, directora de Management & Fit, una de las más relevantes consultoras de opinión pública en este país. Sugiere, en tono de prognosis, que como “tanto la pandemia como la negociación de la deuda tienen resultados inciertos la valoración podría ser más negativa”.

    La interna del Partido Justicialista (PJ) se complica. En lo que se conoce como “Peronismo Federal”, las reuniones en ZOOM “o presenciales para sortear el eventual ciberpatrullaje” anunciado por la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, el debate es ardiente. Todos los consultados lo admiten, cuentan pero, para hacerlo, exigen preservar sus identidades. Consultas con dirigentes, provinciales de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, dan cuenta de las preocupaciones. “No hay nadie que piense en el futuro inmediato para salir de la pandemia ni sobre cómo seguirá la economía si fracasa la negociación por la deuda pública”, señalan.

    “Cristina tiene el poder y Alberto, que tenía el liderazgo, está a punto de perderlo”, reflexionan. “¿Qué hará Sergio Massa, se alineará con el país del pasado que es el que tiene en su cabeza Cristina?, preguntan. Con nutridos contactos incrustados en las estructuras de gobierno que aportan informaciones sensibles, se preocupan porque “los que están en el poder, incluso, piensan adelantar las elecciones parlamentarias del año que viene y eliminar las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) para neutralizar posibles caídas en la consideración pública”. Grave.

    Finalizó el semestre de gracia que se le otorga a cada nuevo Presidente en la Argentina. Alberto Fernández lo sabe. Terminó la fase de miel. Comenzó la de hiel. Sus principales preocupaciones y angustias no se resuelven. Preocupación social. El mandato que recibió de las urnas fue resolver “el desastre y la recesión que dejó Mauricio Macri”. Un semestre atrás no había SARS-COV-2 en la Argentina. Tampoco la noventena que, desde el pasado 20 de marzo –por decreto de necesidad y urgencia (DNU)– confina a todas y todos y comienza a evidenciar hartazgo. El contador de la tragedia indica que casi mil personas fallecieron.

    La desolación presidencial se completa con otras oscuridades. La aerolínea LATAM deja de operar aquí después de 15 años. Alberto F. cae en las encuestas. Fornoni reseña que “en el inicio de la gestión tenía 38,6% de valoración positiva”. Luego, “durante la cuarentena, creció hasta los 58 puntos. Valor muy alto y mayor al de Mauricio Macri cuando la Cumbre del G20, que fue su mejor momento”. Precisa que crecer 20 puntos “se explica porque quienes no lo había votado le reconocían un cierto liderazgo. Luego, se amesetó y baja hasta 52%, pero en caída”. La declinación explica, “en parte, tiene que ver con Cristina (Fernández, vicepresidenta) que si bien desde el inicio tuvo el poder, no estaba tan presente. Parecía que no tomaba ni influía en las decisiones frente al liderazgo que Alberto evidenció cuando rápidamente dispuso la cuarentena en conjunto con el opositor Horacio Rodríguez Larreta”.

    Con números en la mano (ver cuadros) sostiene que “lo que empieza a pasar ahora, con el caso (de la expropiación de) Vicentin, antes con las liberaciones de presos presuntamente políticos, cuando comienzan a caer las causas judiciales por presuntos hechos de corrupción, cuando se ve que el Poder Judicial no trabaja, que el Congreso lo hace a medias, el Presidente comienza a perder aprobación, aunque aún tiene números altos”. Respecto de la continuidad del confinamiento, cree que “no hay espacio para seguir renovándolo. De hecho la mayor parte de la gente ya no lo cumple” y porque “en este punto, al gobierno se lo percibe como un poco perdido”. ¿Afecta en el descenso el caso Vicentin? “Las respuestas (sociales) sobre la posible expropiación son bastante desfavorables. El 58% cree que se expropiarán otras empresas privadas que se encuentren como Vicentin”.

    En ese contexto perceptual, con una justicia casi paralizada, un Congreso que funciona a medias, con el ejecutivo que avanza sobre la propiedad privada, en un segmento social aparece una preocupación porque “es una cuestión ideológica que genera mucho miedo”. ¿Perdió valor la pandemia? “Comienza a perder valor”, responde Fornoni. “Una cosa es plantear que la recesión y el endeudamiento son por el desastre del gobierno de Macri con un mes y medio de cuarentena, pero el tiempo pasa. Si se mantiene el confinamiento, la cuestión económica también será vista como responsabilidad de Alberto”. Concluye: “Debilitada la oposición. Con tres líderes coaligados en el gobierno (Alberto, Cristina y Sergio Massa) de perfiles tan diferentes. Si se mantiene el descenso del Presidente en la consideración pública. Habrá fuertes tensiones al interior de la coalición de gobierno”. Preocupante.

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  5. ¿Dónde está el piloto en Argentina?
    Ricardo Rivas

    En el día 88 de la ochentena –“aislamiento social preventivo y obligatorio”– comienza una semana en la que, cuando aún no se acallaron los ecos de las tensiones de los siete días anteriores, un nuevo conflicto se añade a la negociación de la deuda pública, inconclusa; y, a la pandemia de SARS-COV-2: la idea social de que el Estado avanza sobre la propiedad privada con la intervención e intención declarada por el presidente Alberto Fernández de estatizar la empresa Vicentin. El clima económico y político para hacer pública la decisión gubernamental no fue el mejor. La consultora Management & Fit, que dirige Mariel Fornoni, en su informe semanal sobre la marcha del “optimismo político y económico”, reportó –casi simultáneamente con el anuncio sobre Vicentin– que la percepción social de lo político cayó nuevamente hasta ubicarse en 43,2 puntos en tanto que en lo económico, se clavó en 29,3.

    “El subíndice de expectativas económicas se ubicó en 32,5 y el de confianza sobre la economía en 26,1 con una variación de +1,3 y -0.6, respectivamente”, agregó la analista. Detalló después que “por el lado de la situación política, el subíndice de expectativas se ubicó en 37,8 puntos y el de clima en 48,5; ambos con caídas de 1,1 y 1.3, respectivamente”. El gobierno conocía esos números. El viernes, ya con el debate instalado en la calle, Fornoni midió la valoración social del anuncio. Sobre una muestra de 1.200 casos, con un margen de error calculado en +/-2,8%, el 21,4% respondió que “aprueba” la medida adoptada por el gobierno; el 32% no tiene opinión a favor ni en contra; en tanto que el 46,6% “desaprueba”.

    Ante los cuestionamientos y las críticas el presidente Fernández, sin que nadie se lo preguntara, explicó que la decisión de intervenir y expropiar Vicentin “fue solo mía. No de Cristina”. El anuncio aparece, por lo menos, como insuficiente. En el mismo trabajo de análisis de opinión pública, el 22,6% de la sociedad cree que efectivamente lo decidió Alberto F.; el 21,1% cree que lo hicieron ambos; pero, el 47,2% responde que fue la vicepresidente Cristina Fernández. “Es muy probable que, en esas percepciones negativas que casi todos las y los colegas consultores coincidimos, se vincule con los 12 años de la familia Kirchner en el poder y la confiscación de Ciccone (la empresa que imprimía el papel moneda argentino) o el enfrentamiento con el sector agropecuario”, interpretó un analista que, prefirió mantener su identidad en reserva, “por ahora”.

    La encuesta de Management & Fit, agrega que un 58% de los consultados cree que el gobierno “intentará confiscar más empresas”, mientras que el 19,8% no considera que será así. Pero, más allá de las compulsas, tanto en esta ciudad como en las principales capitales en todo el país, durante dos noches, las cacerolas rechazaron la medida. Sin embargo, por el lado de los actores públicos, por ahora, prefieren expresar sus rechazos y preocupaciones sin ser identificados. Pese a ello, este corresponsal pudo constatar que “hay profunda preocupación” entre los gobernadores aliados a la coalición gubernamental “porque no fuimos siquiera advertidos de lo que iba a suceder con Vicentin”. Grave. Los gobernadores de Santa Fe, Omar Perotti –donde se localiza el complejo agroindustrial afectado- y de Córdoba, Juan Schiaretti, tampoco sabían nada, se oponen a ese tipo de políticas y cuentan con votos claves en el Parlamento cuando el proyecto confiscatorio tenga que debatirse en procura de aprobación.

    No menos de tres ministros del gabinete nacional, entre ellos el de Hacienda, Martín Guzmán, aseguran tres fuentes confiables, “tampoco tenían idea” sobre el tema. Meses atrás esta columna advirtió sobre las dificultades que presenta cualquier coalición de gobierno bifronte. El debate sobre las fortalezas y/o debilidades de la economía planificada por el Estado o la de libre decisión de los privados, ganó la calle. Las contradicciones se hicieron públicas. No son pocos los que aquí piensan que comenzó a gobernar Cristina F., ni los que sostienen que “el conflicto recién empieza”.

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  6. Ochentena en la Argentina umplugged
    Por Ricardo Rivas

    Ochentena en la Argentina. Y así continuará hasta el 28 de junio por decisión del presidente Alberto Fernández. La pandemia por SARS-COV-2 avanza en la región. La emergencia sanitaria, en consecuencia, permanece. La economía, entonces, se enmarca en dos flagelos: el coronavirus y las negociaciones por la deuda pública que se extiende más de lo previsto. Mientras, y quizás como consecuencia del aislamiento y el miedo al que induce el covid-19, la sociedad comienza a dar muestras de agotamiento y, sobre esos síntomas, quieren apoyarse las oposiciones para esmerilar al gobierno y para que la sociedad descubra que están allí, al alcance de su mano, aunque –inexplicablemente– no hacen nada.

    El Parlamento está casi totalmente paralizado desde el minuto cero del decretado “aislamiento social, preventivo y obligatorio”. Para Alberto F. –hasta hoy– van ochenta días de soledad. Tanto en el frente interno como en el externo. Patético. De hecho, el jefe de Estado admitió en la semana que se fue que “no” habla con sus homólogos regionales y reveló que, por lo menos hasta el momento en que fue consultado, había recibido una llamada del presidente de Uruguay, Luis Alberto Aparicio Lacalle Pou y, “todavía no se la devolví”.

    Preocupante. Se desconoce, además, que haya sostenido diálogos recientes con Sebastián Piñera, de Chile; Jeanine Áñez, de Bolivia; Mario Abdo Benítez, de Paraguay; o, Jair Messias Bolsonaro, de Brasil. Comparte con ellos un total de 9.377 kilómetros de fronteras comunes. Increíble y hasta quizás peligroso si se mira con atención que Brasil y Chile aparecen como los dos países de la región con mayor vulnerabilidad ante la pandemia. Estremece. Como la sociedad argentina en su conjunto, el gobierno de este país también está “aislado” y acechado por un virus que desconoce de fronteras, de límites, de territorios nacionales o de ideologías.

    Surgen los interrogantes. ¿No existen mecanismos de consultas en el más alto nivel para coordinar las acciones contra covid-19? ¿No se comparten experiencias de salud pública con los países vecinos? ¿Es suficiente con el cierre de fronteras y la suspensión de los traslados internacionales? ¿Se desarrollan tareas de investigación conjuntas en procura de controlar la circulación regional del SARS-COV-2? ¿Se ha dejado de lado la idea fuerza de la cooperación regional y latinoamericana? ¿No existe una salud pública mercosureña? Incomprensible.

    La pandemia también obliga a la reflexión política y, desde esa perspectiva, es necesario plantear interrogantes. ¿Quedó atrás, ya no es prioridad, el Mercosur, ese bloque regional que parecería cada día que pasa estar más fragmentado? ¿Con sus fracasos y sus éxitos, que los hay, se desatiende que fue el resultado de las miradas estratégicas coincidentes de los jefes de Estado de la región cuando comenzó a quedar atrás la era de la crueldad de lesa humanidad que comandaron dictadores genocidas en la última treintena de años del siglo pasado? ¿La idea de un bloque común con Estados partes y Estados asociados ya no va? Argentina umplugged.

    Cuando promediaba el 2015, de cara al proceso electoral presidencial que se iniciaba en este país por entonces, un conjunto de notables especialistas en política exterior de corte pluripartidario, constituidos como Grupo Consenso, reunidos en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), emitió un documento en el que taxativamente señalaban: “Seremos afuera lo que seamos adentro”. La verificación de aquella verdad que un quinquenio atrás sonó como advertencia, parece haber llegado en tiempos de tragedia.

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  7. Enfrentar al covid-19 también exige la mejor comunicación
    Ricardo Rivas

    En las últimas 48 horas en el centro de Buenos Aires algunos grupos de ciudadanas y ciudadanos argentinos se manifestaron –hicieron uso del derecho constitucional de “peticionar a las autoridades” y de la libertad de expresión de la que disponen como uno de los derechos humanos esenciales– para pedir que se ponga fin a los impedimentos para circular y trabajar libremente.

    El encierro hace mella en todas y todos. No son pocas ni pocos los que categorizan la gestión gubernamental como una “infectocracia”. Incluso, ese neologismo –ingeniosa creación para interpelar a los líderes de la nada con más nada– es parte de una publicación rubricada por más de un centenar de intelectuales que, como muchas y muchos, reclaman poner fin al encierro. Un alto funcionario, luego de criticar a los que rompieron la cuarentena y a los que firmaron el documento mencionado por ejercer “cómodamente” el derecho a protestar fue más allá: “Queremos que se sepa que el coronavirus es democrático para infectarse, para expandirse, pero clasista cuando hay que contar los muertos” porque, argumentó, los fallecidos “en su gran mayoría son trabajadores de barrios populares” y, sugirió que así es más allá de las fronteras argentina porque “cuando vemos dónde están los muertos en Estados Unidos, Brasil y Europa vemos que están en barrios trabajadores y populares”. Sin comentarios.

    El gobierno del presidente Alberto Fernández no encuentra la salida del “aislamiento social preventivo y obligatorio”, la pretensiosa forma oficial de llamar aquí –en el país de los eslóganes eufemísticos– a esta cuarentena que dejó de ser porque lleva 74 días y nada indica, en lo inmediato, que finalizará el 7 de junio próximo, como se anunció y como una buena parte del conjunto social lo desea. ¿Tiene sentido explicar que se extrañan los abrazos y los encuentros con los seres queridos, los amigos, las amigas? Seguramente, no. Pero, a la par de esas lejanías, también crecen las incertidumbres, las angustias y, sin dudas, las preocupaciones profundas por las nuevas carencias que se suponen transitorias y las de siempre que será preciso comenzar a resolver más allá de los discursos de campaña permanente que polucionan la gestión política, para que cada una de esas palabras salvíficas sirvan de paliativo y cambios reales para los sectores vulnerables.

    El qué será de trabajos y salarios, en los casos de los que lo tienen formalmente; la duda sobre volver a vender alguna cosa en cada jornada en trenes, subtes, colectivos, en la vía pública de aquellos que así consiguen unos pesos para sobrevivir en la más absoluta informalidad; los interrogantes sobre la salud futura y la de hoy, por mencionar solo algunas de las nuevas incertidumbres que se incorporaron a las siempre inquietantes incertidumbres basales, como las categorizan desde la psicología. En los últimos días el epicentro de la pandemia en el orden local se localiza en el AMBA (Área Metropolitana Buenos Aires), territorio en el que se integran la capital argentina y los 19 municipios bonaerenses que la circundan. En ese megaespacio urbano donde se estima habitan cerca de 15 millones de personas, con enormes carencias y déficits ambientales de todo tipo, ha devenido en área crítica en el que los más y menos favorecidos por igual reclaman la apertura porque “ya no se aguanta el encierro”. La comunicación gubernamental tampoco está preparada para dar respuestas adecuadas y en línea con las angustias sociales que demanda la pandemia.

    Daniel Prieto Castillo, un grande latinoamericano de la comunicación para el desarrollo en Latinoamérica, integrante del claustro docente de la Universidad Nacional de Cuyo, con sabiduría de vida, enfáticamente advertía que “la comunicación no es una política en sí misma. Antes de ella, tiene que haber políticas”.

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  8. Lucky Argentina
    La gobiernan dos filósofos que prometen un mundo nuevo

    Por Cristian Nielsen

    El gobernador de la provincia de Buenos Aires, el filósofo Axel Kicillof, decretó días atrás que “la normalidad no existe más, que es un sueño y que volver a ella sería un suicidio”.

    Su audiencia, directivos y trabajadores de una planta automotriz, están todavía tratando de descubrir qué vendrá después de la normalidad cuya defunción decretó el ex ministro de Economía de Cristina Kirchner.

    En auxilio del gobernador fue el presidente Alberto Fernández quien acaba de revelar que ya tiene listo un nuevo “contrato social” que va a reemplazar el que actualmente rige a la Argentina. Pasamos por alto el “detalle” de si tal contrato fue debatido públicamente o es el producto de algún cerrado gabinete de pensadores de élite.

    Los argentinos tienen suerte. Están gobernados por una especie de discípulo de Erich Fromm, quien en su libro “Patología de la normalidad” psicoanaliza al “hombre normal y socialmente adaptado”, y por un clon de Jean-Jacques Rousseau, célebre por su obra “El contrato social” en la que resalta valores cardinales como la libertad y la igualdad, otorgando al Estado un papel central en la construcción de una nueva sociedad.

    En semejantes manos, nuestros vecinos pueden estar seguros de que ni bien el virus chino toque a retirada, un nuevo Estado, un nuevo contrato social (¿una nueva constitución?) y una nueva normalidad surgirán como un faro rutilante rompiendo las tinieblas de un mundo decadente y autodestructivo.

    Este nuevo amanecer era imprescindible para la Argentina. Algo tenían que hacer. No podían seguir con un Estado que cobra 374 impuestos, con 11 cotizaciones del dólar y en donde 8 millones de ciudadanos activos mantienen a 18 millones de pensionados, jubilados o subsidiados. Fernández; Kicillof prometen un mundo nuevo. ¿Normal? No, simplemente nuevo.

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  9. Pandemia, deuda y tensiones en el paisaje argentino

    Por Ricardo Rivas

    La pandemia por el covid-19 crece. La negociación de la deuda soberana en default desde septiembre del 2019 aún no termina. El gobierno argentino y los tenedores de bonos negocian con firmeza. Quieren perder lo menos posible. Las tensiones internas en la coalición de gobierno se tensan aún más. En las 46 palabras precedentes se comprimen los títulos más relevantes de la situación en este país en el que su presidente, Alberto Fernández, ha prolongado la cuarentena –“aislamiento social”– hasta el 7 de junio.

    Cov-Sars-2 es la única de las graves situaciones que transita esta sociedad que tiene evidencia pública de seguimiento constante para planificar y gestionar acciones gubernamentales para mitigar sus efectos que parecerían ir en inevitable aumento. En el momento de escribir esta columna, los números de la tragedia dan cuenta de 11.353 “afectados”, 7.173 “infectados activos”, 732 “recuperados”, y 448 “fallecidos”. Estos datos se incrementarán. El único debate de relevancia en esta verdadera amenaza para la salud pública que para resolverla carece de tratamiento o vacuna es, justamente, el confinamiento y sus características. Encierra, en sí mismo, un dilema que atenaza al jefe de Estado: vida vs economía. La sociedad, aunque con menos intensidad que al inicio de las acciones protectivas de la salud, apoya a Alberto F. y ese acompañamiento se traduce en el crecimiento hasta el 46,64% del indicador de “optimismo político” que mensura la consultora Management & Fit que dirige Mariel Fornoni. La evaluación social de la gestión gubernamental, según otro consultor, Ricardo Rouvier, arroja un “positivo consolidado” de 37,7% que emerge de restar al 67,9% de “positiva” el 29,3% de “negativa”. No le va mal.

    En lo que tiene que ver con la deuda pública, el ministro de Hacienda, Martín Guzmán, luego de largas semanas de palabras y actitudes de dureza devino en, por lo menos, posiciones semiblandas. Los bonistas, también, aunque desde el pasado viernes la Argentina se encuentra en “default selectivo”, un tecnicismo para que los que saben de economía vistan de seda el “paga Dios” que es el tercero del siglo XXI y el noveno desde 1827. Es probable que por esa razón, el indicador “optimismo económico” de Fornoni, se ubique en 32,1%; el de “expectativa económica” –el futuro de la economía– en 34,7%; aunque el 29,4% del universo al que sondea Management & Fit es “optimista” respecto de la “economía actual”.

    En lo que hace a las tensiones al interior de la coalición de gobierno la situación no deja de ser preocupante. Es necesario comprender, primero, y asumir, después, que no es el peronismo el que gobierna, sino que aquella coalición electoral exitosa, el Frente de Todos –integrada por algunos fragmentos del movimiento fundado por general Juan Perón y Unidad Ciudadana, un partido con raíces en el conurbano bonaerense, en algunas organizaciones sociales y de buena sintonía con el Movimiento de Curas Villeros –originado en la Iglesia católica allá por los años ’60 del siglo pasado– y es esa heterogeneidad ideológica la que genera desacuerdos inmovilizantes que también padeció el presidente Mauricio Macri (2015-2019), titular de un gobierno en el que aparecían coaligados la Unión Cívica Radical (UCR), integrante de la Internacional Socialista (IS), sectores del peronismo, liberales e independientes. La sociedad mira, analiza y se preocupa. Este más de lo mismo de siempre, frustra y paraliza. Palabras y expresiones concretas que en la historia reciente fueron vaciadas de contenido dejan de tener significado real. Proponer “Juntos” y “entre todos”, si los líderes no demuestran comprender que ceder no es conceder, sino que importa ceder-con frente a problemas que desvelan, paralizan y degradan a esta sociedad en crisis es demandar esfuerzos colectivos para ejercicios de suma cero.

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  10. Argentina prolonga la cuarentena e incrementa el control social

    Por Ricardo Rivas

    El presidente argentino, Alberto Fernández, prologó la cuarentena hasta el próximo 24 de mayo. Hasta la noche del pasado sábado, la estadística revela que, en éste país, había 5.776 casos “confirmados”; 1.757, casos “recuperados”; y, 300 fallecidos, como consecuencia del coronavirus. La mayoría de ellos en el Área Metropolitana Buenos Aires (AMBA) conformado por la capital argentina y una veintena de municipios que la rodean.

    En ese espacio urbano es donde se desarrollan en los últimos 30 años los asentamientos en los que se hacinan miles de familias pauperizadas con todo tipo de carencias. Por esas razones, la cuarentena que sigue, en casi nada cambia para los que allí residen mientras que, para el resto del país, la “cuarta fase”, como la categoriza Alberto F., tiene menos intensidad. Incluso, se habilitaron algunas actividades económicas. Las recreativas continúan suspendidas so pena de aplicar sobre las y los infractores todo el peso del Código Penal.

    En ese contexto, el jefe de Estado anunció que “todo el que vuelva a trabajar debe bajar una aplicación” a su celular llamada “Cuidar”. Al momento de buscarla, la APP, indica que se trata de una herramienta de monitoreo digital “del Ministerio de Salud de la República Argentina destinada a la prevención y al cuidado de la ciudadanía frente a la pandemia del Nuevo Coronavirus Covid-19”. En ella, el usuario, debe cargar todos sus datos personales para luego pasar a una instancia de “autoexamen” con el que las autoridades definirán si debe o no aislarse para prevenir que COVID-19 circule. Es obligatoria y ningún trabajador podrá circular sin estar registrado en ella y con ella. Nada nuevo en el mundo emergente de la pandemia.

    Desde esta misma columna se advirtió, semanas atrás, sobre la aplicación de sistemas de control social en varios países antes que en la Argentina y claramente se categorizó esas prácticas gestión estatal como un significativo retroceso para el Estado Democrático de Derecho. De hecho, luego que una decena de países nucleados en la Organización de Estados Americanos (OEA) –entre los que se encuentra la Argentina- notificaran formalmente a ese organismo multilateral la “suspensión de (algunas) garantías” individuales para enfrentar la pandemias, tanto la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) como la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) emitieron contundentes recomendaciones a los Estados parte del sistema.

    El más alto tribunal continental, el 9 de abril último, les advirtió que “los problemas y desafíos (que supone enfrentar la pandemia) deben ser abordados con perspectiva de derechos humanos y respetando las obligaciones internacionales”. Clarísimo y preciso. Pero mucho más aún cuando la Corte agrega que “todas aquellas medidas que los Estados adopten para hacer frente a esta pandemia y puedanafectar o restringir el goce y ejercicio de derechos humanos deben ser limitadas temporalmente, legales, ajustadas a los objetivos definidos conforme a criterios científicos, razonables, estrictamente necesarias y proporcionales, y acordes con los demás requisitos desarrollados en el derecho interamericano de los derechos humanos”.

    Los jueces interamericanos precisan además que “deben disponerselas medidas adecuadas para que el uso de tecnología de vigilancia para monitorear y rastrear la propagación del Coronavirus COVID-19, sea limitado y proporcional a las necesidades sanitarias y no implique una injerencia desmedida y lesiva para la privacidad, la protección de datos personales, y a la observancia del principio general de no discriminación”. Hasta el momento sólo algunos opositores liderados por la diputada Karina Banfi impulsan un “pedido de informes” en el Parlamento inactivo sobre la APP “Cuidar”. No se conocen aún cuestionamientos de las organizaciones de trabajadores ni de ningún otro organismo. Delgada línea roja.

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  11. Cuarentena en Argentina. La soledad de Alberto Fernández y la trágica tristeza social

    Por Ricardo Rivas

    No será una semana más la que se inicia en este país con casi medio centenar de muertes. El presidente Alberto Fernández realizó dos anuncios relevantes. A través de varias conversaciones radiales reveló que se estima que en el próximo mes de mayo será el pico de contagios de COVID 19 en este país. Luego, aseguró a radio Mitre que ya se trabaja en la salida de la cuarentena.

    No obstante, fue cauteloso para no parecer dicotómico. El “aislamiento social obligatorio”, así se llama éste encierro en el país de los eslóganes eufemísticos, “se abrirá muy paulatinamente y va a haber casos que van a seguir en cuarentena. Seguramente los chicos seguirán sin ir al colegio y la administración pública seguirá haciendo trabajo a distancia, (en) esto que se llama teletrabajo.

    Concurrirán los que necesitamos que concurran, la gente de seguridad, salud, personas elementales para poder movernos”. Prueba-error. Desconocimiento y tragedia. Lo que inevitablemente llegará, será una prueba difícil para Alberto F que, desde la tragedia –actor público al fin- intenta consolidar un liderazgo de mayor espesor que el que poseía.

    Preocupa, con esa intención no declarada a muchas y muchos de los adherentes a la colación de gobierno porque desde la especulación inconducente podría arropar al mandatario de autosuficiencia política. El mandatario sabe que tanto el coronavirus como las tensas relaciones internas en el Frente de Todos, la coalición de gobierno, le exige de la máxima prudencia y creatividad para evitar más dificultades que las que presenta la coyuntura que se extenderá por muchos meses.

    No son pocas las sospechas que anidan en la intimidad presidencial sobre qué sucedió el pasado viernes, cuando millones de adultos mayores fueron obligados a poner fin a la cuarentena y exponerse a contagio por irresponsables e insensibles burócratas que indiscriminadamente los aglomeraron en los bancos para cobrar sus miserables haberes.

    “Ridículo”, fue el título de la prensa mundial que hizo foco sobre tanta impericia que, hasta el momento, carece de responsables formales ya que nadie ha sido despedido ni tampoco ninguno presentó su renuncia. Las miradas de indignación y/o sospecha se posan sobre los titulares del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Miguel Pesce y, el de la Administración Nacional del Seguro de Salud (ANSES), Alejandro Vanoli.

    Jorge Giacobbe, consultor especializado en opinión pública, en su más reciente encuesta, asegura que “la imagen positiva de Alberto Fernández creció 30 puntos, de 37,7% a 67,8%” y que “su imagen negativa retrocedió de 45,5% a 12,5%”. Sostiene que “ante el riesgo, la ciudadanía argentina configuró un padre protector a quien defender, tanto en términos personales como en términos de las políticas de Estado que está implementando”.

    Destaca luego que “con los grandes ausentes del momento suceden cosas diferentes. La imagen positiva de Cristina Kirchner subió también, aunque sólo en 2 puntos (34,6%)”. Otro analista notable, Ricardo Rouvier, también detecta que crece la imagen positiva de Alberto F que la ubica en 68,6%, con una negativa de 29,3. No menciona a Cristina ni a ningún otro actor público conocido. Por su parte, Mariel Fornoni, directora de Management & Fit, en su reporte semanal sobre “optimismo político” y “optimismo económico”, sostiene que los dos dan muestras de crecimiento.

    En este esquema, que las dirigencias conocen, los desencuentros crecen en el seno de la coalición de gobierno aunque ninguna de las fuentes consultas aceptan expresar esa situación públicamente. La preocupación social también crece por cuanto hay consciencia de que la curva creciente de la pandemia aún no ha llegado y se estima que tendrá alto impacto en lo que en este país se denomina como AMBA (Área Metropolitana Buenos Aires) integrada por esta ciudad y una veintena de municipios que la circundan en territorio de la provincia de Buenos Aires, que gobierna Axel Kicillof, con poco conocimiento de las especificidades de esos territorios altamente pauperizados y vulnerables desde muchas décadas.

    De allí que Alberto F, ante esa realidad, dialoga en forma directa con los jefes comunales y con ellos –oficialistas y opositores- aborda la contingencia. Complejo para hacerlo en soledad. La vicepresidenta Fernández, no se hace ver y permanece en silencio público.

    Tal vez, sea consecuencia de la cuarentena a la que se ve obligada luego de regresar días atrás desde el exterior. Pero el caso es que el Jefe de Estado está solo y así lo percibe una buena parte de la sociedad.

    Y si esas son algunas de las situaciones más dramáticas de las que trascienden desde los más altos escalones del poder, no menos complicada es la vida de la comunidad enclaustrada, atemorizada y que, al menos en los grandes centros urbanos, pasa sus horas frente de los ordenadores y/o los Smartphone en procura de recrear en la realidad virtual las escenas de la vida cotidiana en la realidad real, por llamarla de alguna manera comprensible.

    Y es en esa realidad mixta, emergente de las dos anteriores, donde gana valor la projimidad que no pocos creen perdida o, al menos, en dificultades fagocitada por la individuación. Aquí, como cada uno y una en sus lugares de residencia, a través de la plataforma ZOOM, se organizan bailes, bailantas, se celebran cumpleaños, cenas, asados virtuales, encuentros veganos.

    Giacobbe revela que “el 2,8% de los argentinos siente mucho temor frente a la idea del Coronavirus, 46,3% siente algo de temor, y por último, solo el 10,3% siente nada de temor”. Todo se desarrolla en soledad total o con la mínima presencia de unos pocos. Mujeres pariendo en soledad. Hombres y mujeres muriendo en soledad. Triste y trágico.

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