Introspección

La epidemia del coronavirus ha supuesto una extraña mirada hacia el interior de cada uno. Hemos vuelto a conversar con nosotros, forzados a aislarnos hemos abandonado los espacios públicos masivos dominados por el grito, la euforia o la multitud. Los encuentros deportivos a puertas cerradas nos abrieron sin embargo relaciones olvidadas en la mesa de unos hogares vueltos en espacios públicos ignorados por sus ocupantes desde hace mucho tiempo. El miedo se apoderó de muchos y se encontraron sorpresivas fortalezas en la relación con el más próximo. Las instituciones educativas cerradas, los viajes reducidos, los bares limitados y el temor al otro nos están forzando a una extraña introspección. Nos miramos hacia adentro, conversamos más con nosotros mismos, disfrutamos de la soledad de una manera desconocida y redescubrimos en las relaciones cercanas virtudes alejadas por el apuro, el ruido y la prisa.

La pandemia del coronavirus es un grito del yo interior acallado por una urgencia social que resultó más artificial de lo que se suponía. Ni somos tan imprescindibles como lo creemos ni hay tantas urgencias como parece. Los espacios públicos han sido abandonados ante el temor de la propagación del virus y muestran en sus calles y edificios que nada ocurre demasiado trascendente si dejamos de transitar por esos lares. La supuesta fortaleza conseguida con el paso del tiempo no es real. Nuestra herencia genética nos recuerda epidemias mucho más mortales que la actual para la cual estamos mejor preparados, sin embargo no dejamos de temer lo que acontecía entre nosotros hace un siglo cuando la “fiebre española” se cobró 100 millones de muertos.

La introspección nos sorprende fuertes y débiles al mismo tiempo. Cercanos y lejanos. Ciertos y angustiados. Redescubre nuevas virtudes y sepulta antiguas certezas tomadas como dogmas. Hemos vuelto a ser en un todo despojados del egoísmo imperecedero. En guaraní –una de las lenguas nacionales del Paraguay– nosotros se dice de dos manera: ñande que incluye a todos los que participan de la conversación y ore que excluye. Hay una primera persona en plurar que incluye y otro lo opuesto. Esta pandemia reclama el ñande y desconfia profundamente del ore. La mirada hacia adentro puede favorecer la creación de un imaginario de mayores certezas en un tiempo dominado por lo precario, incierto y frágil. Es posible que salgamos más fuertes de esta prueba de aislamiento forzado en el que nos ponen gobiernos desbordados de dudas y llenos de incapacidad de gestión.

La introspección del coronavirus parece una llamada angustiosa para vernos de una manera distinta y para proyectar un destino más claro. Es tambien una prueba a la fortaleza de nuestra identidad y a los valores que la sostienen. Redescubrirnos tan frágiles, solitarios y ansiosos para buscar la propia compañía de uno mismo y del cercano probablemente sea un aporte no buscado de esta crisis sanitaria cuyo impacto global nos estimula a percibirnos tan cercanos y lejanos de todo. Somos finalmente lo que decidimos ser luego de una gran prueba a la que estamos sometidos. Conocernos es el principio de miradas creativas e innovadoras y esta crisis así nos interpela y proyecta.

Benjamín Fernández Bogado

108 comentarios en “Introspección”

  1. “Ijapúva mante itestigo”
    Por Ricardo Rivas

    Cuando por primera vez vi al Dr. (Gregory) House, allá por 2004, me conmovió. Su cinismo gol­peaba fuerte. Sus adicciones no. Me atrapaba. Sin embargo, cuando el atormentado Gre­gory sostenía enfáticamente que “todos mienten”, era el momento en que me entregaba la llave para que esa ficción me arrollara. Sin embargo, cuando veía a House, médico infec­tólogo, siempre recordé que frente de mis ojos estaba el actor británico Hugh Laurie, tam­bién pianista de jazz.

    Después de finalizar el episodio 177 de la temporada 8, nunca más supe de él hasta que la cuarentena por covid-19 nuevamente nos puso frente a frente. No fue lo mismo. “Todos mienten”, dejó de ser una provocativa frase de ficción. Es parte del ecosistema laboral en el que ejercemos el oficio de periodistas y comuni­cadores. Coronavirus, en lo que corre del 2020 es el eje de millo­nes de fakenews, bulos, noticias falsas o putas mentiras que cir­culan por todas partes. El pano­rama informativo no es alen­tador para quienes por oficio somos productores parciales o totales de contenidos y, a la vez, consumidores de medios.

    Dra. Gabriela Ramos Mejía: “Las noticias fal­sas gene­ralmente responden a intereses políticos”.Dra. Gabriela Ramos Mejía: “Las noticias fal­sas gene­ralmente responden a intereses políticos”.
    La tragedia también alcanza a las y los periodistas. Contar esta histórica historia nos expone como potenciales víctimas. Estremece. Reportar sobre lo desconocido, en cualquier caso, angustia. Pero, hay que asu­mirlo. Maryn McKenna, direc­tora del curso “Periodismo en la pandemia: cobertura de covid-19 ahora y en el futuro”, que poco más de 8 mil perio­distas en 151 países realizamos en línea con la Universidad de Texas, nos exhortó a “reconocer la zona de incertidumbre en la que todos vivimos”, destacó que “es especialmente importante (hacerlo) ahora” y enfatizó en que, justamente, lo incierto “es la puerta a través de la cual la información falsa y la desinfor­mación entran” en la cotidia­nidad laboral de periodistas y comunicadores. Otro riesgo. El de vida y el de la credibilidad que es la base más sólida sobre la que se apoya cada uno de noso­tros a la hora de vincularse con las audiencias. No es poca cosa. Informar covid-19 no es fácil.

    ¿Todos mienten? El director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, en el contexto de la actual pandemia categoriza la información falsa y la desin­formación como una “segunda enfermedad” a la que llama “infodemia”. Otros, la llaman “desinfodemia”. Las dos caras de una misma moneda falsa. McKenna plantea este pro­blema laboral como “especial­mente difícil porque parte de la información falsa y la des­información con la que pue­des toparte podría parecer bien intencionada” y “es muy posible que familiares y ami­gos compartan esas mentiras en las redes sociales con la idea de que ayudan. Pero, hay que decirlo, mucha de la informa­ción falsa, de las desinforma­ciones, son maliciosamente intencionadas y, con mucha fre­cuencia, políticamente inspira­das”. Arrellanado en un como­dísimo sillón con un copón de Noemia, un excelente Malbec, cosecha 2016 hecho en la Pata­gonia argentina, fui por más. Releí los apuntes de la semana.

    Cristina Tardáquila, compa­triota mercosureña nacida en Brasil –miembro activo de la “Coronavirus Fact-Checking Alliance”, un proyecto del Ins­tituto Poynter y de la Red Inter­nacional de Fact-Checking (IFCN, por su sigla en inglés)– revela que comenzaron con la tarea de verificar la veracidad de la información que circula sobre covid-19, “el 24 de enero (pasado) cuando este extraño el virus sólo había matado a 17 personas. Nos preocupó la can­tidad de engaños que ya se esta­ban desparramando en Asia.

    Cristina Tardáquila: “Con fact checking, desde enero, 88 organizaciones en 74 países, desacreditamos 4823 engaños en 43 idiomas diferentes”.Cristina Tardáquila: “Con fact checking, desde enero, 88 organizaciones en 74 países, desacreditamos 4823 engaños en 43 idiomas diferentes”.
    Desde entonces, 88 organiza­ciones colaboradoras en 74 paí­ses, desacreditamos 4823 enga­ños en 43 idiomas diferentes”. Enorme ayuda. Tardáquila advierte que “estamos viendo el monstruo” de la desinforma­ción, de las noticias falsas, de las fakenews sobre una pande­mia de la que “todo lo que sabe­mos en muy nuevo”, “la gente sabe muy poco”, “aún estamos aprendiendo”. Explica también que la noticia falsa “es muy dife­rente (en sus efectos) cuando se trata de desinformación de salud porque la gente la com­parte con buenas intenciones” porque hay miedo o “pánico”.

    Con vehemencia sentencia: “Cuando se trata de curas falsas y medidas preventivas falsas, la gente (sin saberlo) comparte eso para ayudar a los que aman y les importan”. Detalla que los veri­ficadores de noticias “hemos detectado, al menos, siete olas diferentes de desinformación”, desde que se inició la tragedia. “La primera es sobre el origen del virus, sobre los murciéla­gos, sobre algún laboratorio en China. La segunda, es una serie de videos editados en los que se ve gente desmayándose en el metro, en los supermercados. Eran víctimas reales, sí pero de ataques al corazón u otras cau­sas. La tercera, la más grande, es la de curas y falsas medidas preventivas con productos que no te matarán pero tampoco te ayudarán y otros que sí pueden matarte. La cuarta, comienza a difundir malas ideas en con­tra de los chinos. La quinta con ideas (y contenidos) suprema­cistas en las que se asegura que los afroamericanos son más fuertes contra el covid-19. Mientras que la sexta y la sép­tima politizan la pandemia y sus efectos. Eso lo vemos en Estados Unidos, en España, en Bra­sil, por poner algunos ejemplos, para distribuir información a favor o en contra del partido A o del partido B”. Náuseas.

    Gabriela Ramos Mejía, doctora en psicología y amiga, me res­cató. “Un mentiroso o menti­rosa es una persona que falta a la verdad o que no la dice, porque tiene información y no quiere compartirla o, porque quiere inventar o fabular algo. Miente por múltiples motivos. En casi todos los casos mienten para proteger a otros o a sí mismos de ciertas verdades. Mentir tiene rangos. Hay mentiras livianas y pesadas o graves como las que se dicen en las prácticas polí­ticas, las que dicen los gober­nantes para ocultar algo”. ¿Y las noticias falsas? “Generalmente responden a intereses políticos y creen, ese tipo de mentirosos, cuando mienten, que lo hacen por algún tipo de proselitismo de algún tipo y no les importa el costo. Sólo piensan en el bene­ficio ideológico, partidario o puramente económico”. La Unesco, el 3 de mayo último, entre otros datos, informó que la Fundación Bruno Kessler verificó que sobre un total de 112 millones de posteos públi­cos realizados en 64 idiomas en distintas redes sociales relacio­nados con covid-19, “un 40% de los mensajes provenían de fuentes poco fiables”. En otro reporte, en este caso de la Fun­dación Observatorio de Infode­mia covid-19, se informa que “el 42% de más de 178 millones de tweets fueron producidos por bots y, de ellos, el 40% fueron calificados como ‘no fiables’”. Agrega la publicación que “la xenofobia, el racismo y el dis­curso de odio constituyen una parte importante de esta ‘des­infodemia’”. El Dr. House fue un visionario. ¿Todos mienten? La verdad, muchos sí. Abruma y entristece. No alcanza con informar. Hay que verificar cada palabra que nos dicen. Esa es la verdad que, como canta el Nano Serrat, “nunca es triste, lo que no tiene es remedio”.

    “Ijapúva mante itestigo”, me dice Aldo Benítez, amigo y colega periodista desde mi querido Paraguay, a través de WhatsApp, y me explica su significado en español: “Sólo aquel que miente, siempre tiene testigos”. Le cuento que cuando niño, mi abuela, Doña Juanita, siem­pre me reconvenía en tono de advertencia: “En boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso”. Gracias, House.

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  2. Tips neuroeducativos para la educación en tiempos de covid (2da parte)

    POR DR. MIGUEL ÁNGEL VELÁZQUEZ (Dr Mime)
    Continuando con los tips que comenzáramos el sábado pasado, extraídos de mi nuevo libro “Cerebra la educación” (en las librerías muy pronto), no podemos dejar de saber que para el cerebro, descubrir es una consigna inconscientemente impregnada en su funcionamiento. En el proceso de aprendizaje, la novedad es un elemento fundamental, indispensable e irrenunciable, ya que facilita el aprendizaje de una manera brutal.

    El cerebro es muy curioso y lo nuevo siempre concita la atención y vuelca la voluntad hacia el deseo de saber. Los contenidos académicos abstractos, descontextualizados e irrelevantes hacen que la experiencia del aprendizaje sea aburrida y frustrante para el alumno, ya que la atención comienza una caída en picada violenta a los 10 minutos de clase y se pierde por completo luego de 15 minutos de vacío académico en forma y contenido, algo que mi gran amigo neurocirujano, neurocientífico y docente Roberto Rosler dio en llamar “una amplia desperdiciolandia cognitiva”.

    Los alumnos tienen una tendencia natural a no querer reflexionar, pero son todos y sin excepción curiosos por naturaleza, y esa curiosidad activa a las emociones que al final llevan a la búsqueda del conocimiento, y finalmente, al aprendizaje. Estimular la curiosidad es el camino a sus cortezas prefrontales, como docentes no desactivemos nuestro GPS educativo. Y uno de los hechos que debemos aprender de esto es que en el proceso educativo no importa la recompensa, sino la sorpresa que conlleve esta, lo que traiga aparejado de la mano de manera absolutamente imprevista.

    Yo soy enemigo de las estrellitas como premio al esfuerzo, soy más proclive a una recompensa inesperada, como el conferirle una responsabilidad diferente ante el grupo (liderar un grupo de lectura, sacar un chupetín del bolsillo, aunque no sean buenas las golosinas), o regalarle un pequeño libro o un presente sencillo hecho por el docente que signifique más que una distinción como una medalla, y sea algo más personal, como “una parte” del propio maestro. Y tomar en cuenta este tip: siempre es mejor aprovechar los primeros minutos de la clase, cuando la atención aún no ha entrado en picada, para transmitir los contenidos más relevantes, para luego dividir la clase en segmentos de 15 minutos, entre los cuales el docente pueda recurrir a elementos sensoriales, como el movimiento, una actuación que implique un remedo gestual, o algún recurso que estimule los sentidos, como el cambio del timbre de voz, el cual, está demostrado, actúa como un gancho de atracción muy poderoso para llamar la atención de los alumnos.

    Por otro lado, siempre se ha dicho que la práctica hace al maestro, aunque en realidad construye al alumno. Y es que el cerebro conecta la nueva información con la ya conocida, por lo que aprendemos mejor y más rápidamente cuando relacionamos la información novedosa con los conocimientos ya adquiridos, porque entrelaza los circuitos neuronales de la corteza en donde hubo almacenado el conocimiento, con otros circuitos que contienen información diferente, pero relacionada con la primera. De esta manera, se hace más sencilla la evocación del contenido posteriormente, y se refuerza la fijación del concepto que se desea aprender.

    Es la base funcional del llamado “aprendizaje por asociación”. Para optimizar el aprendizaje, el cerebro necesita la repetición de todo aquello que tiene que asimilar y lo realiza mediante la adquisición de toda una serie de automatismos, siendo esta la forma en la que memorizamos. Pero, esto necesariamente requiere tiempo. La automatización de los procesos mentales hace que se consuma poco espacio de la memoria de trabajo (asociada a la corteza prefrontal, sede de las funciones ejecutivas) y sabemos que los alumnos que tienen más espacio en la memoria de trabajo están más dotados para reflexionar. Sin embargo, es aquí donde nos encontramos con que la repetición o la memorización muchas veces puede ser aburrida, por lo que los docentes hemos de ayudar a adquirir y mejorar las competencias necesarias según la práctica.

    Por ejemplo, la práctica continua de cálculos aritméticos y la memorización de la tabla de multiplicar es imprescindible en la resolución de muchos problemas matemáticos o el conocer de memoria las reglas ortográficas es imprescindible para escribir con corrección. El problema reside en que muchas veces la práctica intensiva puede resultar aburrida, por lo que sería aconsejable espaciar la práctica en el tiempo y variarla con otras actividades. Esta es una de las razones por las que siempre estoy en contra de los contenidos programáticos, ya que en vez de ser lineales deberían ser “en espiral”, es decir, en forma progresiva en el tiempo, prolongado con un eje principal y subsidiarios cognitivos basados en el mismo con buen margen de tiempo para la práctica, no encajonados en una serie de objetivos cognitivos a conseguir entre dos fechas.

    Otra frase cliché en la enseñanza es la de “aprender jugando”. Y es más que eso, porque el juego constituye un mecanismo natural arraigado genéticamente que despierta la curiosidad, es placentero y permite descubrir destrezas útiles para desenvolvernos en el mundo. Los mecanismos cerebrales innatos del niño le permiten, a los pocos meses de edad, aprender jugando; que lo comentaremos en la próxima entrega.

    No les canso más por hoy, ¿se animan a seguir DE LA CABEZA un sábado más con tips neuroeducativos? ¡Nos vemos en una semana!

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  3. Dos noticias del Imperio
    Por Blas Brítez

    ALECCIONADORES. El campus más pequeño del sistema de la Universidad de California es el de Santa Cruz, a orillas del Pacífico. Desde diciembre pasado, estudiantes (student workers), investigadores y docentes desarrollan una huelga que, repentinamente, la pandemia no solo interrumpió en sus manifestaciones típicas, sino también invisibilizó en los Estados Unidos y, por consiguiente, en el resto del mundo.

    La misma exige, principalmente, un ajuste por costo de vida de poco más de 1.400 dólares mensuales. Como Santa Cruz es una de las ciudades más caras del país, los 19.000 dólares anuales que destina la universidad como paga por estudiar, enseñar e investigar allí, terminan esfumándose en alquileres acogotadores. Una investigación de la misma Universidad de California, pero en Berkeley, calcula en 16.5 millones de hogares norteamericanos habitados por personas que pagan renta. Se estima que por lo menos de sus miembros dejó de tener ingresos económicos a causa de la pandemia.

    En febrero pasado, mientras Donald Trump minimizaba la crisis sanitaria, los administradores de la UC Santa Cruz convocaron a policías de diversos condados para que penetraran en el campus, reprimieran a cientos y detuvieran a 17 huelguistas. Inmediatamente, la universidad despidió a 82 estudiantes. Los despojó de seguro médico en medio de una situación sanitaria crítica. Entre ellos había una embarazada de ocho meses. También inmigrantes con situaciones legales, repentinamente, dramáticas.

    De los orgullosos principios liberales y democráticos de las universidades públicas norteamericanas parece que va quedando poco: la fachada. En un artículo del periódico estadounidense Spectre Journal, un docente investigador llama la atención sobre la violencia inusitada y ejemplar, disciplinadora a la manera clásica, como respuesta a las demandas estudiantiles contra la precarización de la vida. El caso de la UC demuestra cuál era ya antes del Covid-19 (y será todavía más durante y después de él) la naturaleza de la reacción ideológica actual, la de las élites en la crisis sistémica. En Santa Cruz, un administrador deslizó que la universidad pagó 300 mil dólares por día para mantener en vigilancia a los huelguistas. Es decir, antes que impedir que los estudiantes se conviertan en homeless (sin techos), la Universidad de California prefiere controlarlos con fuerzas de seguridad y tecnología.

    El capital es aleccionador en las crisis, no solo en los Estados Unidos.

    XENOFOBIA Y TRAICIÓN. Casi 17 millones de estadounidenses viven en hogares mixtos en los que uno o más miembros son inmigrantes indocumentados que, a pesar de no tener autorización para trabajar, pagan impuestos al hacerlo con un número de identificación individual (ITIN). Esas ciudadanas y ciudadanos norteamericanos que, en muchos casos, dependen del salario de los inmigrantes, hoy están desamparados por su gobierno.

    En una medida prístinamente xenófoba, 4.5 millones de trabajadores indocumentados han sido excluidos de las ayudas monetarias por desempleo a raíz de la pandemia. Con esto, también se ha abandonado a su suerte a norteamericanos que habitan con ellos, pues nadie que viva bajo el mismo techo de un contribuyente individual (esto es, en la práctica, de un trabajador indocumentado) puede acceder a los paquetes de auxilio del gobierno de Donald Trump. .

    “Estamos siendo traicionados por nuestro gobierno”, denunció, en una crónica del New York Review of Books, Miriam, una mujer de San Diego que tiene tres hijos con ciudadanía estadounidense, pero un esposo con estatus migratorio irregular. Indirectamente, el inmigrante sin papeles es un apestado sin derechos que, sin embargo, tributa sin falta cuando trabaja en las ciudades o en la agricultura. Con la llegada de Trump habían cortado su cobertura médica. Ahora están expuestos (junto a sus seres queridos) al desempleo, la enfermedad, el hambre y la muerte.

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  4. Liderazgos en tiempos de epidemia
    Tomar decisiones con escenario rojo

    El virus chino mundializado y que terminó infiltrándose hasta en nuestros más reservados recintos, está obligando a la humanidad a tomar decisiones que de otra forma habría demorado o hubiera preferido evitar. Desde el jefe de familia hasta el más encumbrado gobernante, todos nos encontramos y cada vez en forma más acuciosa, ante dilemas que resolver. ¿Recorto gastos, aumento ingresos, uso los ahorros, pido créditos, empiezo a vender bienes? ¿Qué priorizo? ¿La salud, la educación, la alimentación…?

    Todas estas variables deben ser abordadas, además, en un escenario en cambio continuo. Hasta ahora tenemos que el aislamiento preventivo y la distancia social son las únicas armas eficientes contra el virus. Pero a medida que el tiempo avanza en el calendario lo que parecía seguro e inamovible tiende a no serlo.

    Es muy difícil planificar siquiera a corto plazo porque los diagnósticos tienen tanta variabilidad cómo cantidad de expertos hablan en nombre de la ciencia. Veamos algunas definiciones: “La vacuna no estará lista antes de 18 meses. Mientras tanto, aislamiento preventivo, higiene y distancia social”. Anthony S. Fauci, asesor del Presidente Trump.

    “Todos los modelos de diagnóstico del COVID19 están sesgados y tienen una fiabilidad mucho menor de la que dicen sus creadores. Lo malo es que muchos de esos equipos han transformado sus diagnósticos en aplicaciones online”. British Medical Journal. ¿Los esfuerzos tradicionales de predicción o pronóstico, cuyo propósito es hacer un pronóstico preciso, pueden resultar engañosos en condiciones de extrema incertidumbre;. Científicos de la Universidad de Tecnología y Diseño de Singapur.

    ¿Cómo tomar decisiones en medio de semejante caos de información contradictoria, de diagnósticos que cambian de polaridad de un día para el otro?.

    Uno dice que del Covid19 nos enfermaremos todos, en mayor o menor intensidad, por mucho que hagamos para evitarlo (Departamento de Estadística e Investigación Operativa de la Universitat de València). Otro agrega que el virus evolucionará hasta desaparecer en forma natural en un ciclo de tres meses y medio (neumólogo Alexánder Chuchalin, asesor de Vladimir Putin).

    ¿A quien creer, cómo se puede planificar algo, desde el recinto familiar hasta el Gobierno, en medio de semejante escenario? Nunca como ahora hicieron tanta falta los liderazgos auténticos.

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