Introspección

La epidemia del coronavirus ha supuesto una extraña mirada hacia el interior de cada uno. Hemos vuelto a conversar con nosotros, forzados a aislarnos hemos abandonado los espacios públicos masivos dominados por el grito, la euforia o la multitud. Los encuentros deportivos a puertas cerradas nos abrieron sin embargo relaciones olvidadas en la mesa de unos hogares vueltos en espacios públicos ignorados por sus ocupantes desde hace mucho tiempo. El miedo se apoderó de muchos y se encontraron sorpresivas fortalezas en la relación con el más próximo. Las instituciones educativas cerradas, los viajes reducidos, los bares limitados y el temor al otro nos están forzando a una extraña introspección. Nos miramos hacia adentro, conversamos más con nosotros mismos, disfrutamos de la soledad de una manera desconocida y redescubrimos en las relaciones cercanas virtudes alejadas por el apuro, el ruido y la prisa.

La pandemia del coronavirus es un grito del yo interior acallado por una urgencia social que resultó más artificial de lo que se suponía. Ni somos tan imprescindibles como lo creemos ni hay tantas urgencias como parece. Los espacios públicos han sido abandonados ante el temor de la propagación del virus y muestran en sus calles y edificios que nada ocurre demasiado trascendente si dejamos de transitar por esos lares. La supuesta fortaleza conseguida con el paso del tiempo no es real. Nuestra herencia genética nos recuerda epidemias mucho más mortales que la actual para la cual estamos mejor preparados, sin embargo no dejamos de temer lo que acontecía entre nosotros hace un siglo cuando la “fiebre española” se cobró 100 millones de muertos.

La introspección nos sorprende fuertes y débiles al mismo tiempo. Cercanos y lejanos. Ciertos y angustiados. Redescubre nuevas virtudes y sepulta antiguas certezas tomadas como dogmas. Hemos vuelto a ser en un todo despojados del egoísmo imperecedero. En guaraní –una de las lenguas nacionales del Paraguay– nosotros se dice de dos manera: ñande que incluye a todos los que participan de la conversación y ore que excluye. Hay una primera persona en plurar que incluye y otro lo opuesto. Esta pandemia reclama el ñande y desconfia profundamente del ore. La mirada hacia adentro puede favorecer la creación de un imaginario de mayores certezas en un tiempo dominado por lo precario, incierto y frágil. Es posible que salgamos más fuertes de esta prueba de aislamiento forzado en el que nos ponen gobiernos desbordados de dudas y llenos de incapacidad de gestión.

La introspección del coronavirus parece una llamada angustiosa para vernos de una manera distinta y para proyectar un destino más claro. Es tambien una prueba a la fortaleza de nuestra identidad y a los valores que la sostienen. Redescubrirnos tan frágiles, solitarios y ansiosos para buscar la propia compañía de uno mismo y del cercano probablemente sea un aporte no buscado de esta crisis sanitaria cuyo impacto global nos estimula a percibirnos tan cercanos y lejanos de todo. Somos finalmente lo que decidimos ser luego de una gran prueba a la que estamos sometidos. Conocernos es el principio de miradas creativas e innovadoras y esta crisis así nos interpela y proyecta.

Benjamín Fernández Bogado

108 comentarios en “Introspección”

  1. Las 10 Lecciones de la pandemia en 2 tuits.
    1. La vida es frágil.
    2. La libertad también.
    3. El sector privado responde siempre mejor que el público.
    4. Los gobiernos mienten.
    5. Los gobiernos se saltan la ley.
    6. Los gobiernos no los forman los más capaces, al revés.
    7. Los organismos internacionales no sirven.
    8. La hormiga tenía razón, la cigarra no.
    9. Los medios de comunicación mienten y manipulan.
    10. Sí se puede luchar contra una pandemia con previsión y medios.
    (jl_montesinos)

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  2. El milagro de la resiliencia

    POR ISMAEL CALA

    La crisis del COVID-19 deja imágenes de todo tipo, desde dolorosas hasta esperanzadoras. Cada jornada, entre el tsunami de malos datos, las predicciones y las supuestas enseñanzas para el día después, también aparecen hermosos signos de resiliencia humana.

    La generación de nuestros padres y abuelos es la que más sufre los horrores de la pandemia. Frente a las restricciones de las visitas hospitalarias o de la celebración de funerales, el mundo empieza a volcarse en la búsqueda de soluciones para acompañar o decir adiós a los más afectados.

    En estos días también hemos asistido a varios milagros. Entre ellos, el de la italiana Ada Zanusso, de 104 años de edad, considerada la persona más longeva del mundo en superar el coronavirus.

    Además de la edad, su intensa vida es una muestra de que casi todo es posible. Ada sobrevivió a las dos guerras mundiales y a la epidemia de “gripe española” de principios del siglo XX. Ahora acaba de salir ilesa de la que muchos denominan como “tercera guerra mundial”. Eso sí, muy diferente a las anteriores.

    En Oregón, Estados Unidos, un hombre de 104 años también se ha recuperado del coronavirus. Al igual que la italiana, Bill Lapschies venció a la “gripe española”, que dejó millones de muertos, y es veterano de la Segunda Guerra Mundial.

    “Esperamos que su mensaje llegue a todas las personas que estén enfermas. Si Bill pudo sobrevivir a esto, cualquiera puede. Adelante, puedes hacerlo”, deseó un familiar en televisión.

    Otras dos mujeres de 103 años integran la lista de las más longevas en superar el virus: Zhang Guangfen, de China, y una iraní de nombre desconocido.

    ¿Qué nos dice todo lo anterior sobre la resiliencia humana?

    Como recuerda el colega Jacques Giraud, autor del libro “Súper Resiliente: Transforma las crisis en oportunidades”, todos hemos atravesado crisis o situaciones desafiantes en nuestras vidas. Sin embargo, nos diferencia la capacidad de afrontar las adversidades. Esto es exactamente la resiliencia, una competencia que podemos desarrollar. Giraud ha creado un curso online sobre resiliencia, con claves para transformar las circunstancias difíciles en oportunidades de aprendizaje, e incluso salir fortalecidos.

    Son muchos los factores en juego. No todos dependen de nuestro control. Pero, mirémonos en el espejo de las personas que una y otra vez salen adelante, de esas que caen pero vuelven a ponerse en pie.

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  3. Nuevo contrato social
    Juan Pablo Fernandez

    Tantas incertidumbres nos trae el “Corona-Virus” no solo en lo económico, sino en lo social y por qué no, hasta en lo cultural. Nuevas formas de relacionamientos y hasta de conductas se establecerán con el distanciamiento entre las personas que ha generado esto en la dinámica de interactuar y que forzara obligatoriamente un nuevo contrato social, modificando a fuerza el régimen jurídico de todos los sistemas normativos del mundo, y por supuesto, incluyendo el nuestro.

    Un futuro incierto donde los acuerdos entre estados y las constituciones de los mismos podría ser literatura de fantasía ante las necesidades al interior de los propios países que hace un mes vivían la globalización en su máxima expresión y no nos dábamos cuenta de señales como los discursos de recomendación a los países de mirarse hacia adentro y el famoso “muro” de Trump, el Brexit de los Ingleses y el carácter de espectador silencioso de los Ruso al conflicto Chino – Americano. Como decía Hamlet… “Algo huele a podrido en Dinamarca”… y no nos dábamos cuenta o no queríamos darnos cuenta.

    Estos hechos nos pueden servir como ejemplos de que los tratos y acuerdos van a ser modificados según las nuevas necesidades que nos va a demandar esta pandemia, porque como la vida misma, el derecho es real, dinámico y debe estar acorde a las nuevas circunstancias.

    El estado nos pide que nos quedemos en nuestras casas para preservarnos del mal que se viene y por tal debe de proveer todos los recursos y mecanismos para que los habitantes de un territorio puedan obedecer, acatar y cumplir la orden. Si no se les brinda esto, ¿qué puede hacer el individuo?, yo dejo que usted responda.

    Termino con algunas líneas de reflexión de unos pensadores sociales que me parece interesante repasar para ver qué camino seguir de ahora en más, porque de que se viene una reforma a la fuerza, se viene!

    Jean-Jacques Rousseau, el del “El contrato social”, habla de la igualdad y la libertad de todos los ciudadanos dentro de un Estado. Según este, el ejercicio de esta voluntad es lo que se llama “soberanía” y debe ser reconocida por sobre los poderes reinantes.

    Para Hobbes, los individuos reconocen sus derechos al gobierno y en cambio, el único derecho que tiene el hombre es el derecho a la vida. No pueden rebelarse en ningún momento porque lo que hace el estado siempre es justo.

    Y por último, según John Locke, para vivir en paz y libre en una sociedad, los individuos deben renunciar a algunos de sus derechos naturales y en cambio de estos, tendrían derecho a la vida, la libertad y la protección de sus propiedades. Sin embargo, cuando las autoridades no respeten el contracto, los individuos pueden rebelarse para cambiarlo.

    Es tiempo de empezar a pensar, ya no en el pasado, sino en lo que debemos de ocuparnos entre todos de construir. El nuevo contrato social debe empezar a escribirse después de esta semana santa y lo debemos hacer TODOS, porque este estado NO DA MAS.

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  4. ¿Continuidad o ruptura?

    Jorge Segales

    Les doy mi punto de vista sobre dónde creo que debería estar, hoy, el debate político, económico y social.

    Creo que esta enorme crisis nos lleva a plantearnos la necesidad de una ruptura profunda de los sistemas políticos, sociales y económicos vigentes. No veo el debate inteligente como una lucha entre elegir opciones entre los partidos políticos existentes, o entre distintos candidatos del típico perfil de los políticos vigentes.

    El mundo está entrando en una fase muy distinta. Esta pandemia es solo un síntoma de enfermedades mucho más graves. Creo que las enfermedades más graves y que generaran problemas dramáticos son el cambio climático, el crecimiento de la población mundial, el desempleo creciente, etc.

    De estos derivarán las ciudades inundadas, las nuevas pandemias, la desertización, las revoluciones de enormes masas desempleadas, entre otros. Es por estos desafíos que ya no creo en la respuesta del modelo de los partidos y políticos vigentes.

    Esta pandemia del Covid-19 será una gran ayuda… si nos sirve para abrir los ojos y ver la necesidad de nuevos modelos políticos, económicos y sociales. Debemos buscar nuevos sistemas que empoderen a los ciudadanos, que hagan crecer su creatividad de forma exponencial y que los hagan mucho más responsables de sus obligaciones y decisiones diarias.

    Debemos lograr ciudadanos que sean plenamente conscientes de los riesgos a que se expone la humanidad si no se consigue romper el rumbo rectilíneo hacia los abismos arriba mencionados.

    Si consideramos absurdo postergar las decisiones personales, familiares y empresariales urgentes… ¿cómo podemos permitir postergar la creación de los nuevos modelos que nos exige el planeta y la humanidad?

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  5. ¿Qué pasa cuando parás de golpe?

    Por Patricia Nieto

    Imagináte que conducís a toda velocidad por una carretera, para ser más específicos, te estás acercando a los 120 kilómetros por hora. La carretera está despejada, parece segura. A lo lejos ves una pequeña mancha en el asfalto, no parece gran cosa. Pensás que es un obstáculo que podés sortear fácilmente. No bajás la velocidad, la mantenés o incluso apretás más el acelerador aprovechando que hay poco tráfico. Te acercás cada vez más, no estás muy atento a la mancha, parece lejana e inofensiva. Tu atención va hacia otras cosas más importantes en ese momento. Ya muy cerca de ella, te das cuenta que no era tan inocente…es una tremenda mancha de aceite. Buscás desacelerar, pero la velocidad que traés es muy alta. Aplicás los frenos de golpe y buscás maniobrar, pero una de las ruedas toca el aceite y el auto comienza a girar sobre sí mismo y salís bruscamente de la carretera. Hay un desnivel en la banquina y eso te lleva a una nueva maniobra forzosa. Luego de segundos de movimientos bruscos, ruidos de frenadas y mucha adrenalina en tu cuerpo. Llega la quietud. Ni tu cuerpo ni tu mente entienden qué pasó. Parecía que lo tenías todo controlado, pero no fue así.

    Pasás varios minutos aturdido/a, tu cerebro reacciona instintivamente tratando de protegerte, ya sea peleando o huyendo del lugar. Tu cuerpo se reactiva dentro de lo posible. Todo esto que te relato es muy similar a lo que nos ha pasado a todos en las últimas semanas con respecto a la pandemia de COVID-19.

    El problema estaba súper lejos, era muy improbable que nos alcance. Eso les pasa a los chinos nomás por comer cosas raras, jamás a nosotros. Y nos llegó. Lo que parecía inofensivo nos hizo patinar, hacer giros bruscos y, en algunos casos, hasta volcarnos. Estamos saliendo del aturdimiento y necesitamos reaccionar rápidamente. Si nos quedamos en la victimización, en la culpa, en el “cómo no lo vi venir”, en la negación de la situación, perdemos. Necesitamos avanzar hacia la aceptación del nuevo contexto y la acción lo más rápido posible.

    ¿Acción hacia dónde? Hacia nuestras nuevas necesidades como país, como comunidad, como familia e individualmente. Y para ello, necesitamos abrirnos y flexibilizarnos. Expandir nuestra mente, nuestro corazón, nuestra visión, nuestra capacidad de acción. Más que nunca es necesario. Y podemos… yo sé que somos capaces. Históricamente lo logramos anteriormente como pueblo y lo volveremos a hacer. Te invito a que asumas una actitud de protagonista en el rol que te tocó dentro de esta situación. No importa cuál sea ni a qué te dedicás. Esto solo será posible con la ayuda de todos.

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  6. Duro golpe a la contaminación
    Por Leo Rubin
    En un mundo dominado por la contaminación, donde a pesar de las evidencias existen grupos de poder que niegan el calentamiento global producto de la acción humana aparece un virus incoloro que logra frenar la contaminación sin proponerse. Esta parece ser una de las pocas buenas noticias de esta cuarentena obligatoria.

    Ciudadanos europeos están viendo un cielo azul que les llama la atención y les alegra el corazón entre tanto pesar. Lugares muy golpeados por la pandemia como Madrid o Milán al igual que París han notado este cambio. Imágenes satelitales demuestran un drástico descenso de la contaminación en buena parte de Europa, pues la concentración de dióxido de nitrógeno ha disminuido.

    Este gas tóxico irritante de color marrón amarillento que afecta principalmente al sistema respiratorio se forma como subproducto de la combustión a altas temperaturas, como el de los vehículos y plantas industriales.

    No solo Europa, esto también está pasando en el mayor contaminante del planeta, China, la fábrica del mundo. La concentración de dióxido de nitrógeno, uno de los contaminantes más frecuentes en zonas urbanas, disminuyó entre 30% y 50% en varias de las grandes ciudades chinas, en comparación al mismo período en 2019. Todos recordamos imágenes de ciudadanos chinos que aun antes del Covid-19 circulaban con tapabocas, pero por razones distintas.

    “Paradójicamente, el coronavirus ha cambiado radicalmente el aire que respiran los chinos, donde cada año mueren más de un millón de personas por problemas respiratorios a causa del esmog. Desde diciembre, los chinos consumen menos carbón, petróleo y acero, lo que ha tenido un impacto favorable en la reducción de las emisiones de gas con efecto invernadero”. Así informa radio Francia Internacional.

    En Estados Unidos también se ha notado. Investigadores en Nueva York dijeron a la BBC que sus primeros resultados mostraron que el monóxido de carbono, principalmente de los automóviles, se había reducido en casi un 50% en comparación con el año pasado. Me gustaría compartir datos de nuestra América Latina pero no he conseguido. De todas maneras sabemos que gigantes como Brasil y México también están con restricciones. Es muy claro en el tema del transporte en todos lados ya sea de automóviles, aéreos o marítimos. Imagino también en el agronegocio y esta también significa menos contaminación en nuestros suelos y ríos. La naturaleza lo siente como un bálsamo.

    Estos frenos gigantes que detienen las ruedas de la sociedad, como dice el filósofo alemán Hartmut Rosa, han generado efectos positivos. La reducción de turistas en Venecia ha limpiado los canales y traído peces. En la isla de Cerdeña han visto delfines en los puertos vacíos. Incluso han bajado las tensiones en el caos vehicular. Un país gigante como India, con más de mil trescientos millones de habitantes en confinamiento total y cierre de ciudades acostumbrados al sonar de bocinas para nosotros estridentes, se puso en modo silencio. En nuestro apacible Paraguay también tenemos ciudades ruidosas como Asunción y Ciudad del Este. Imagino que esta pausa obligatoria permite escuchar con más claridad el cantar de los pájaros, tal vez algún citadino escuche por primera vez el canto de un gallo al amanecer.

    Efectivamente, nos han impuesto la quietud. Esta pausa obligatoria tiene su lado positivo. Las noticias están llenas de informaciones que se repiten y llegan a saturar sobre la pandemia y al mismo tiempo aparece una buena. Menos contaminación comprobada. No hace falta ser científico para notarla.

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  7. El debate pos crisis
    Habrá mucha experiencia que capitalizar

    Cuando una sociedad se resiste cerrilmente a cambiar, la realidad termina por disciplinarla. Pasada la crisis del coronavirus y hechas las cuentas finales sobre muertes y otras pérdidas, tendremos que sentarnos a pensar un nuevo país. O no habremos aprendido nada.

    El virus está derribando a golpes un edificio fundado sobre falacias, sostenido con alfileres y justificado en su ineficacia con argumentos que no resisten el menor análisis. Cuando alguien muere por falta de un respirador artificial, o por no llegar a tiempo a un hospital desde un pueblito perdido en el mapa, o porque no se libraron a tiempo los fondos para comprar reactivos o por cualquier otro motivo similar, ¿qué explicación razonable encontraremos para el Estado ausente, ineficaz y derrochador?.

    Así que la pregunta clave que nos tendrá ocupados durante los próximos años será: ¿Qué Estado necesitamos a partir de ahora? Tendremos que empezar por analizar qué entendemos por Estado. Si es una “forma de organización política, dotada de poder soberano e independiente, que integra la población de un territorio”, un “conjunto de poderes y órganos de gobierno de un país soberano” o cualquiera de las otras definiciones reservadas para lo que hoy, en el Paraguay, se acerca mucho a una entelequia, de existencia poco probable si la evaluamos por la eficacia de su misión.

    Un Estado es un acuerdo colectivo, un pacto general según el cual, el ciudadano se compromete a aportar recursos para mantener su funcionamiento a cambio de que le preste servicios esenciales: salud, educación, seguridad, infraestructura, proyectos colectivos, relación con otras sociedades soberanas y demás actividades que serían inabordables sin la existencia del Estado.

    La crisis extrema del coronavirus ha dejado expuesta la entraña misma de un Estado con limitada capacidad de reacción y que hace lo que puede con los recursos que le sobran luego de pagar, con extrema generosidad, una desbordada planilla de personal y sus gastos concurrentes: comidas gratis, viáticos generosos, chóferes y seguridad personal, vacaciones de lujo, medicina prepaga, etc.

    De nuevo: cuando todo pase y hayamos guardado luto por pérdidas irreparables, tendremos que sentarnos a hablar. Habrá mucha experiencia que capitalizar o todo el sacrificio habrá sido inútil.

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  8. Humanidad

    POR CLAUDIA CABRERA

    La capacidad de sentir afecto, comprensión o solidaridad hacia otros es algo que hemos visto últimamente. También nos percatamos de la falta de humanidad de muchos en los confiábamos. Ahora nos conocemos mejor, sin máscaras.

    En el sondeo que hicimos del COVID-19, cuatro de cada diez consideraba que las políticas aplicadas por el Gobierno son efectivas y en esa misma proporción, 4 de 10 suponían que las mismas son irrelevantes. En esa línea, el 70% considera que las instituciones hacen lo que pueden. La sociedad está expectante, sensible y con miedo, por lo que los organismos más que discursos fastuosos, deberían aplicar acciones concretas.

    En el mismo sondeo, verificábamos que 9 de cada 10 personas esperan que las marcas se involucren. Hace unos días, Jordi Crespo, Director de Hamilton Global Intelligence, propuso apuntar a un “Triangulo de la Empatía” con tres aristas: Marca, Consumidor y Sociedad. Las marcas tienen que colocar al Ser Humano en el centro de sus estrategias.

    El COVID-19 ocasionó equidad ya que todos somos vulnerables y por otro lado, originó cambios. Hay marcas de perfumes que elaboran alcohol en gel, fabricantes de autos que producen respiradores, familias que invitan a comer a otras, restaurantes que llevan la cena a médicos, militares que cocinan para su comunidad, costureros que confeccionan mascarillas y muchas muestras de solidaridad tangibles.

    La imprevisibilidad está. Las empresas pueden emerger más fuertes y consolidar sus relaciones con los clientes. Con cada acción, demostrarán si son esenciales o no. El 85% de las noticias publicadas en los medios de comunicación se relacionan con el coronavirus según Dispitch.io, por lo que cabe involucrarnos. Lo que hagamos quedará tatuado en la memoria. Ya sea por humanidad, empatía, solidaridad o sentido común, urge que el Estado, las marcas y la sociedad, nos unamos por un bien mayor.

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  9. Mantener la seguridad del sistema bancario ante la crisis del COVID-19

    Por Tobias Adrian y Aditya Narain

    Nos enfrentamos a una turbulencia económica con el potencial de ser más grave que la vivida durante la crisis financiera mundial. La pandemia del coronavirus es un tipo de shock diferente. Nunca antes las economías modernas se habían paralizado de un momento a otro. De una semana a otra, muchos trabajadores han perdido sus empleos y sus salarios. Restaurantes, hoteles y aviones se han vaciado. Y los consumidores y las empresas se enfrentan a grandes pérdidas de ingresos y a posibles quiebras generalizadas.

    La presión sobre el sistema bancario está creciendo y es inminente el aumento de los incumplimientos de deuda. Y son muchos los que esperan un shock en el sector financiero de magnitud similar al de la crisis de 2008.

    La cuestión en la mente de las autoridades económicas es cómo prepararse para esto.

    Hace tan solo una década, las autoridades económicas aunaron esfuerzos a escala internacional en un ejercicio de coordinación sin precedentes para modernizar el marco regulatorio del sector financiero. Se elevaron de forma significativa las exigencias mínimas de calidad y cantidad de liquidez y capitalización bancarias y se consiguió crear un sistema bancario más resiliente, diseñado para mantener reservas por encima del mínimo que puede utilizarse de forma segura en condiciones de tensión.

    Las autoridades nacionales están adoptando un gran número de medidas de apoyo fiscal; los bancos centrales están abriendo nuevas líneas de liquidez. ¿Cómo deben responder los supervisores bancarios para que continúe la confianza y seguridad en el sistema bancario?

    Receta para el sistema bancario

    Al igual que los expertos en salud pública, los supervisores bancarios están respondiendo a una situación extraordinaria y que evoluciona con rapidez. Los supervisores deben combinar las herramientas con las que cuentan para hacer frente a desastres naturales, eventos de riesgo operativo y episodios de tensión bancaria. Desde su lugar estratégico internacional, y basándose en la experiencia acumulada, el FMI puede ofrecer orientación adicional sobre el camino a seguir:

    No cambiar las reglas. Hacerlo en medio de una crisis probablemente cause más confusión. De igual forma, posponer la implementación de nuevas iniciativas; los bancos deben centrarse en mantener las operaciones en curso, dadas las crecientes dificultades para realizar estas operaciones a distancia.

    Utilizar las reservas. Los reguladores deben comunicar con claridad que las reservas de liquidez y capital deben respaldar la continuidad de los préstamos bancarios, sin consecuencias adversas para la administración de los bancos. Los bancos acumularon estas reservas por encima de las normas mínimas de Basilea para gestionar las presiones sobre la liquidez y las pérdidas de ingresos derivadas del incumplimiento de reembolsos de préstamos.

    Fomentar la modificación de los préstamos. Los supervisores deben comunicar con claridad a los bancos que actúen de manera proactiva para reestructurar la cartera de préstamos de aquellos prestatarios y sectores que más están sufriendo por este duro shock temporal. También deben recordar a los bancos la gestión flexible del riesgo de crédito y las normas de contabilización del deterioro en estas situaciones. Los órganos contables han intervenido acertadamente para aclarar a los auditores cómo deben considerarse esas modificaciones una vez que la economía empiece a recuperarse.

    No esconder las pérdidas. Los bancos, los inversionistas, los accionistas e, incluso, los contribuyentes tienen que asumirlas. La transparencia contribuye a preparar a todas las partes interesadas; las sorpresas solo empeoran sus respuestas, como quedó demostrado durante la crisis de 2008.

    Aclarar el tratamiento regulatorio de las medidas de apoyo. Aclarar por adelantado cómo deben tratar los bancos y los reguladores las medidas fiscales, entre otras, las medidas dirigidas directamente a los prestatarios, las garantías de crédito, la suspensión de pagos, los subsidios y las transferencias directas más allá de las directrices actuales del marco de capital de Basilea contribuiría a la transparencia general.

    Fortalecer la comunicación. Fomentemos un diálogo continuo entre los supervisores y los bancos, sobre todo en esta situación sin precedentes de trabajo a distancia con compañeros, clientes y supervisores. Normalmente, las exigencias de información en ámbitos fundamentales, como el nivel de liquidez y los saldos acreedores, aumentan durante una crisis, pero dadas las dificultades operativas, podría tener sentido aplazar otras exigencias de información menos esenciales para el análisis de la salud financiera.

    Coordinarse a escala transfronteriza. El sector bancario es una actividad mundial. Es imperativa una amplia coordinación entre los reguladores nacionales a escala internacional. Esta crisis pasará tarde o temprano, y que sus efectos se disipen puede llevar un tiempo, pero conservar la integridad del marco internacional será fundamental para la credibilidad e integridad del sistema financiero mundial. Los organismos internacionales, como el Consejo de Estabilidad Financiera y el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea trabajan día y noche para que así sea.

    ¿Será suficiente?

    En pocas palabras, puede que sea demasiado pronto para decirlo. En este momento, las condiciones en muchos países son tan duras como las del escenario adverso de las pruebas de tensión que los reguladores bancarios suelen utilizar para evaluar la fortaleza de sus sistemas bancarios.

    Y pueden empeorar.

    Todo ello asume que la actividad económica puede recomenzar a finales de este año, aunque también tenemos que considerar escenarios más adversos. En circunstancias de presión más grave, tendremos que hacer un replanteamiento considerable de nuestro manual de estrategias. Podría ser necesario recapitalizar o incluso reestructurar algunos sistemas bancarios. El FMI cuenta con una amplia experiencia en brindar asistencia a los países en la reconstrucción de sistemas bancarios en dificultades mediante sus programas de asistencia técnica, y estará preparado para ayudar.

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  10. Covid-19: Reír sin intoxicar
    POR ISMAEL CALA

    ¿Podemos reírnos de todo, incluso en medio de una dolorosa pandemia? Sí, de casi todo, pero depende de cómo. Por una parte, el encierro por el Covid-19 comienza a pasar factura a los “constipados” —como llamo a los rígidos mentales—, cuya capacidad de supervivencia no les permite adaptarse a las nuevas condiciones. Aún no se han enterado de que el mundo cambió y que demoraremos en regresar a la “normalidad”, si es que tal cosa existe.

    Hay quienes critican la proliferación de memes u otras opciones divertidas, como los shows virtuales, las clases de ejercicios físicos a través de la red o los chistes relacionados con el aislamiento. Cada cual es un mundo y, por supuesto, tiene derecho a opiniones propias.

    Mi tesis va en sentido contrario. Resulta admirable nuestra capacidad para reinventarnos, y así lo demuestran las iniciativas por la crisis del coronavirus. Sin dudas, son experiencias que llegaron para quedarse, más allá de la provisionalidad de la catástrofe.

    ¿Por qué hay que incentivar la risa? Según el Dr. Michael Miller, director del Centro de Cardiología Preventiva de la Universidad de Maryland, se trata de la mejor medicina. Sus investigaciones han demostrado que una buena carcajada es tan efectiva para bajar la presión arterial como un medicamento. Otro estudio con imágenes de resonancia magnética funcional, publicado en la revista “Neurosicología”, añade un dato complementario: la sonrisa de otra persona nos hace sentir mejor.

    Es cierto que no siempre podemos (ni queremos) sonreír. Todas las emociones básicas —alegría, tristeza, miedo, ira— desempeñan papeles fundamentales para el equilibro. Pero, a veces, más vale forzar una sonrisa para evitar que el cielo se nos venga encima. Provocarla no es mentir ni practicar la hipocresía, sino acudir a la farmacia interior y tomar un remedio contra la adversidad, sin química artificial.

    Personalmente, me encantan los memes, sobre todo aquellos que apelan a un sentido del humor sano e inteligente. Lo que no soporto son los bulos virales, que tanto daño hacen a la credibilidad de internet. Contra esa “infodemia” debemos actuar todos, responsablemente. Compartir chistes relaja y salva, pero las noticias falsas, embrutecen y matan. Las redes sociales hacen actualmente un gran esfuerzo para detectar y desmontar las fake news sobre el coronavirus. ¿Qué haremos nosotros ante el próximo “santo remedio” que nos llegue por WhatsApp? Una cosa es reír, y otra intoxicar.

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  11. ¿Estás engordando en la cuarentena? ¡Culpale al cerebro!

    POR DR. MIGUEL ÁNGEL VELÁZQUEZ
    En estos tiempos de COVID-19 y grupos tóxicos de Whatsapp, un mensaje parece ser la constante en la mayoría y no tiene que ver directamente con el virus, el contagio o los malditos remedios caseros: “qué mucho estoy comiendo en esta cuarentena”. La queja universal. La preocupación global. Mucho gira en torno a cómo se va a terminar este episodio de nuestras vidas: rodando o a los tumbos rebotando con la panza.

    No. No mires con enojo a tu pobre barriguita. El problema está más arriba. Bien arriba. En el cerebro, que recibe constantemente mensajes de alerta, de peligro, de que todo se termina y se vienen tiempos de hambre y desolación (?). Por eso reacciona de manera instintiva, con esa porción reptiliana de encéfalo que te expliqué varias veces en esta columna semanal y en mi libro “Cerebra la vida”, que hace que luches por la subsistencia, por la comida, sin pensar cómo. Y disparas al súper a comprar… papel higiénico.

    ¿Te pareció absurdo eso? Pues bien, el cerebro actúa igual con la comida, en lo que yo di en llamar (como otros autores) el “comer emocional”, el “atracón compensador” que hace que el cerebro haga al cuerpo acopiar lo más posible porque el estrés le nubla la razón con un caudal inmenso de neurotransmisores y hormonas (donde la adrenalina y el cortisol son los reyes), y hace que coma todo lo que puede, como en esa música renacentista que la cantaba muy bien el cuarteto Zupay allá por los 80 (“…hoy comamos y bebamos y cantemos y holguemos que mañana ayunaremos…”).

    El cerebro interpreta el estrés como un aviso de que habrá carencia, entonces comienza el desenfreno por comer y, sobre todo, comer calorías para convertirlas en grasa… Por eso tenemos antojos dulces porque el cerebro nos dicta inconscientemente que debemos ahorrar energía porque mañana puede faltar… ¿y cómo ahorra el cuerpo de la mejor manera? ¡Con grasa…!

    Esta es la razón del porqué comemos cuando nos estresamos. El cerebro (más específicamente la amígdala cerebral, el timbre de alerta de nuestro sistema límbico) no distingue el por qué hay tanta adrenalina y cortisol tocándole a la puerta, entonces desencadena el mecanismo de la angustia para protegernos y uno de los mecanismos es el acopio. Se anula completamente la razón, predomina la emoción y comenzamos a descontrolarnos en todos los aspectos de la vida. Pasa igual con el frío: cuando hace frío nos estiran los dulces que forman más rápidamente grasa de reserva sobre todo en el abdomen y alrededor de los órganos viscerales, para que pueda quemarse en una temporada de frío que el cerebro interpreta cercana. Y sabemos bien que en nuestro país esto no es así.

    Gente querida: HAY VIDA DESPUÉS DEL COVID-19. No la vamos a pasar bien en las próximas semanas, pero de nosotros depende salir de la mejor manera de esto. Aprendiendo mucho sobre todo. Y una de las cosas que hay que aprender es a no dejarnos llevar por el límbico, por la emocionalidad, sino que nos llamemos a la razón, permitamos al lóbulo frontal tomar las riendas de todo y demostrarnos que a este virus se lo vence con inteligencia y con voluntad, y no a lo loco y con estrés. Porque el estrés mata… o por lo menos engorda. Nos vemos el sábado que viene para seguir estando DE LA CABEZA.

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  12. La soledad y los cisnes
    Por Alfredo Boccia Paz
    Las obligadas horas de confinamiento me llevaron a revisar fotos antiguas. Hoy ya no se hojean viejos álbumes familiares como lo hacíamos en las tardes aburridas de mi infancia. Ahora las imágenes están dispersas en frágiles pendrives, discos duros y otros efímeros soportes informáticos. Es curiosa la modernidad: Somos capaces de conservar papiros de 5.000 años de antigüedad, pero se nos pierden fotos de cinco años atrás.

    En los retratos que más estimamos, casi siempre estamos rodeados de gente, siendo parte de algo, de una comunidad, de una familia, de un barrio. Es una epidérmica sucesión de roces, caricias y besos a la que estamos acostumbrados. En los años que viví en Bélgica no dejaba de sorprenderme la profusión de “pardon” y “desolé” que se escuchaban en el vagón del metro cuando un movimiento brusco hacía que los pasajeros se toquen entre sí.

    Tardaremos en volver a tocarnos tanto. Aislamiento sanitario, le dicen. Mete un poco de miedo, pues uno afrontaría mejor estos tiempos sintiéndose rodeado por muchos. Al miedo a la muerte le sumamos la misma soledad que sentían en el Medioevo quienes se encerraban ante un enemigo misterioso e invisible. A aquellos ancestros de nuestros temores de hoy solo les restaba esconderse de la pesadilla de la peste y rezar, esperando que la maldición divina pasara sin llevarlos. La devastación solo podía ser medida en el entorno cercano; lo que sucedía un poco más lejos quedaba librado a la imaginación.

    Hoy lo sabemos casi todo, pero no nos sentimos mucho mejor. Tanta información solo le otorga universalidad a nuestra angustia. El más humilde poblador de Zanja Pytá se aflige con las escenas dantescas de las calles de Guayaquil como si ocurrieran ante sus ojos. Los diez mil muertos de España conmocionan a todos los paraguayos que tienen madres, hermanos y amigos que migraron a ese país. El dolor de Nueva York es también el de Caraguatay. Humanos todos. Juntos sí, pero solo para sentirnos habitantes comunes de la misma cáscara de nuez flotando a la deriva en el mar.

    Ya nada será igual cuando esto pase. Ha venido un cisne negro a cambiarlo todo. Los economistas llaman “cisne negro” a un evento inesperado que trastorna las predicciones. Usaron ese nombre porque en el siglo XVII el descubrimiento de cisnes de ese color en Australia revolucionó la clasificación zoológica, que se basaba en la idea de que todo cisne era, por definición, blanco. Una pandemia es algo tan inesperado como la revolución francesa o la disolución de la Unión Soviética.

    Lo increíble es que la humanidad sea destruida por un “cisne blanco”. Aquel que todos saben que llegará, tarde o temprano, sin que se tomen las medidas para evitarlo. Hablo, por supuesto, del calentamiento global y el cambio climático. ¿Será el coronavirus una advertencia suficiente?

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  13. Amor en tiempos de la cuarentena
    Por Paola Zapata

    Estamos en una situación donde, a muchas personas, esta crisis les genera incertidumbre y ansiedad. Dejando de lado todo eso, vemos que muchas parejas pasarán más tiempo juntos obligatoriamente en casa. Tal vez algunos felices, otros no tanto. ¿Qué puede surgir ante todo esto?

    Algunos trabajan igual en casa, otros no, lo cierto es que pasarán más tiempo juntos que de costumbre.

    Mucho suma si hay hijos de por medio, ya que las actividades escolares también son nulas, los niños también estarán en casa. Esto se suma a las tareas, a las exigencias y a la larga podría generar una crisis dentro de la relación, si no es controlada en el momento.

    Muchos están juntos físicamente, pero emocionalmente no. En otros casos, el distanciamiento puede enfriar las cosas y que algunas relaciones se rompan.

    A la larga, este encierro nos demostrará el amor que realmente sentimos por nuestra pareja o lo que la otra persona siente por nosotros. La solidez de la relación y la capacidad de buscar estrategias nuevas para que el vínculo funcione están en juego. Sobrellevar la cuarentena requiere de mucha empatía, lo importante es crecer y evolucionar juntos con mucho más amor, pese al aislamiento social.

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  14. Autoflagelantes, flagelo y flageladores
    Por Blas Brítez
    Hay una escena de la película británica Monthy Pyton y el Santo Grial (1975) en la que la Edad Media aparece como autoflagelo del cuerpo. Como miedo a la muerte súbita, al fin de los tiempos, a la ira suprema de Dios. Es una escena risible, porque la película se trata de reírse. En ella unos monjes golpean sus propias cabezas con una tabla, mientras caminan cantando el famoso dístico del Dies irae. Es un poema del siglo XIII al que, posiblemente, le agregaron más tarde esos versos que los monjes entonan, gravemente: Señor de piedad, Jesús/ concédeles el descanso.

    Aunque la escena no tenga pertinencia histórica, pues lo versos son bastante más jóvenes que la época de la fiebre del Grial y de la saga artúrica, la autoflagelación y el sentido apocalíptico de la composición musical tienen relación. El movimiento de los autoflagelantes propiamente dicho estaba compuesto esencialmente de pobres y locos, antes que clérigos como en la película de Terry Gilliam y Terry Jones. Aunque también los hubo. Nació y pululó un tiempo en el siglo XIII, en las colinas y montañas de la Umbría, en Italia. Una mezcla de profecías apocalípticas de Joaquín de Fiore, peste, pobreza extrema y necesidad de sufrimiento como redención, alentó las muestras de dolor público, centrados en torno a 1260, el año en que murió Tomás de Celano, a quien se atribuye el Dies irae. En procesiones que, a veces, juntaban 10 mil personas ululantes. Encontraron réplica en otras partes de Europa, como en lo que hoy son Alemania, República Checa y Polonia.

    Había en ese movimiento algo herético, sin dudas. No hacía falta más que sufrir y expiar culpas en un mundo despreciable, para merecer la gracia de Dios y habitar otro mejor, más cómodo, a la vuelta de la esquina. Como tal idea sugería, finalmente, la innecesaria mediación de la Iglesia entre Dios y la humanidad, y, como también se había extendido a otros lugares, el movimiento fue repelido.

    El miedo a la muerte en la Edad Media no era nuestro miedo a la muerte contemporáneo. Hoy somos demasiado inmortales hasta que llega. El problema para los coetáneos del Rey Arturo no era morir, pues se moría bastante, sino morir súbitamente. Sin expiar los pecados. Hay toda una imaginería sobre esto, todavía persistente en grabados de libros y relieves y vitrales de iglesias antiguas en Europa, además de los ritos del lecho agónico medieval, acerca de los cuales (y sobre la historia de la muerte en Occidente) escribió brillantes ensayos Philippe Ariès.

    Jacques Le Goff y Nicolas Truong, en Una historia del cuerpo en la Edad Media, explican que el control social eclesiástico, en el siglo XIII y todavía más, era esencialmente un control de abastecimiento alimenticio. Cuentan: “La iglesia mantiene su control ensanchando los periodos en los que la alimentación de los fieles está sometida a restricciones. A partir del Siglo XIII, el calendario alimentario comprende la abstinencia de carne 3 veces por semana, ayunos de Cuaresma, de Adviento, de témporas, de vísperas de fiestas y de los viernes”.

    La restricción alimentaria fomenta el cuerpo doliente y la iglesia, paradójicamente, lo promovía la herejía con sus medidas alimenticias y espirituales. La laceración del cuerpo es la mistificación en tiempos de crisis. Por eso, los autoflagelantes reaparecieron con la peste bubónica que describió Giovanni Boccaccio hacia 1350. En Brasil, las iglesias pentecostales no paran durante esta pandemia, herederas del calvinismo que gobierna la apocalíptica economía actual. Las derechas religiosas quieren orar y trabajar. Lacerarse el cuerpo haciendo eso y dando el diezmo. Todo lo pueden en Dios, incluso la inmunidad genética ahora que Mario Abdo titubeó unas horas con la papa en la boca y la gente ha vuelto a las calles, poco a poco pero implacablemente. Y si no hay inmunidad, hay muerte con los pecados expiados. En este caso, a base de dinero. Los autoflagelantes siempre reaparecen cuando hay flagelo. A quienes no habría que olvidar es a los flageladores.

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  15. Calamidad

    Benjamín Fernández Bogado

    Esta es una extraña palabra y muy apropiada para los tiempos que corren. Hace referencia a hechos y personas. Refleja pérdidas y consecuencias desastrosas como también define a personas inútiles, molestosas y que traen consecuencias negativas a su entorno. Viene del latín: calamitas que significa golpe o daño. Este es un momento de calamidad global por obra y desgracia de varias cosas que hemos venido haciendo mal y ahora tontamente nos preguntamos cuándo terminará toda esta pandemia para volver a los tiempos “normales” de antes, cuando en realidad esos eran los momentos de crisis que no habíamos podido notar. El nivel de polución bajó ostensiblemente en todo el planeta y la expresión de que el globo ha tenido un respiro parece ser suficientemente elocuente de lo que vivimos. También desnudó el nivel de miserabilidad de personas e instituciones. El abandono y la dejadez de los servicios públicos de salud que se han cobrado en vidas humanas un altísimo precio. La calamidad de tener líderes políticos que colocaron y colocan factores económicos por encima de la vida y otros tan egoístas que son incapaces de entender el momento que nos toca vivir fuera de su individualismo desesperanzador.

    La crisis no es esta, era la “normalidad” en la que vivíamos y que parecía imposible de parar a través de la racionalidad. Solo una pandemia nos puede despertar hacia hechos objetivos que no podían dejar de ser analizados. Los cínicos, los sinvergüenzas, los corruptos y los déspotas no pueden ante la muerte y su amenaza. El terror se apoderó de un mundo inequitativo, injusto y poluyente al que nadie había podido convencer de la urgencia de hacer los cambios y ahora sus líderes calamitosos se preguntan: ¿cuándo volveremos a esos tiempos?. Primero, negaron luego subestimaron para finalmente asumir este estado de calamidad que no parará hasta que una vacuna detenga la propagación del virus. Nadie se anima hoy a ponerle plazo. Los mas optimistas hablaban de un par de meses y ahora los cálculos son de un año y medio como mínimo. La sobrevivencia es la clave hoy para un mundo que soñó con la globalización y que hoy asiste a su entierro. El de los liderazgos mesiánicos y populistas que perdieron la oportunidad en los tiempos de bonanza para transformar nuestro rezago educativo y de salud en algo que tuviera que ver con la decencia de trato hacia los mandantes. Ya fue. Solo nos queda construir un mejor futuro con instituciones y personas que hayan sobrevivido de esta calamidad que dejará maltrecho a un mundo que ignoró todas las advertencias.

    Requerirá de patriotas, visionarios, innovadores y por sobre todo líderes con empatía que hayan dejado atrás la soberbia y el egoísmo que están claramente en el centro de esta calamidad mundial. El daño ya está hecho, la pandemia es el resultado de la crisis y la solución es un mundo nuevo reconciliado con la naturaleza y el ser humano los únicos fundamentos de cualquier acción política. Hasta aquí hemos llegado con los liderazgos que tenemos. El Estado calamitoso requiere una vigorosa reacción de la sociedad sobreviviente a esta gran tragedia global. Y hacia eso debemos marchar.

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  16. Nos sentimos como Benedetti Ya no nos sirven las mismas respuestas. Las preguntas han cambiado. Quizá ahora las respuestas sean más esperanzadoras. Ojalá esa sea la lectura positiva de esta situación. No somos distintos, nos necesitamos.
    A estas nuevas preguntas asustan más las repuestas que te dejarán más solo .
    Antes sonaba efímero ese tipo de palabras, hoy es una triste realidad que nos enfrenta con la capacidad de respuestas vacías que son repetidas a diario sin tener coherencia, en que momento la realidad se volvió una canción sin fondo ni tez!
    Que permita reflexionar sobre el mundo, sobre nosotros, sobre él otro y tomar conciencia de las formas de intervención que tenemos…

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  17. “Los problemas no son eternos, siempre tienen solución. Lo único que no se resuelve es la muerte.
    La vida es corta, por eso: ¡ámala!
    Vive intensamente y recuerda:
    Antes de hablar… ¡Escucha!
    Antes de escribir… ¡Piensa !
    Antes de criticar… ¡Examina!
    Antes de herir… ¡Siente !
    Antes de orar… ¡Perdona!
    Antes de gastar… ¡Gana!
    Antes de rendirte ¡Intenta!
    ANTES DE MORIR… VIVE !!”

    (Fragmento del discurso de despedida de Bryan Dyson, Presidente de Coca Cola)

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  18. Un eslabón determinante

    Por Marcelo A. Pedroza

    Siempre existen oportunidades para honrar la vida. La apreciación de lo finito embellece ese caudaloso e incesante proceso de ocasiones para valorar la existencia. Son los tiempos del dolor aquellos que enseñan lo impensado, lo inimaginable hasta su llegada. Es desde ese sentir que el ser se detiene, reflexiona, sufre, cuestiona, manifiesta su pesar, duda, acepta, asume y se transforma.

    Arthur Schopenhauer (1788-1860), filósofo alemán, escribe en el capítulo cuarto del libro “El mundo como voluntad y representación”: “Cuando llegamos a conocer de una vez para siempre no solo nuestras buenas cualidades y nuestras fuerzas, sino también nuestras faltas y debilidades, y podemos señalar el objetivo de nuestra vida de acuerdo con ellas, resignándonos ante lo inalcanzable, nos libramos con la mayor seguridad, hasta donde nuestra individualidad nos lo permite, del más amargo de todos los sufrimientos: la insatisfacción con nosotros mismos, consecuencia inevitable del desconocimiento de nuestra propia individualidad, de la falsa opinión sobre nosotros mismos y de la presunción que de ella nace”.

    Continuamente fluyen las posibilidades de crecer. Sus manifestaciones, a veces, en un principio, no se exponen claramente; en otras ocasiones, son distinguibles desde un primer momento, como también hay instancias en las que impactan inesperadamente, durante la sucesión de experiencias que se transitan. Hay, entre el dolor y el crecimiento, un contexto interno que vivir. Es este el que genera desafíos constantes, es allí donde se expresa el conjunto de emociones que repercuten en el día a día. Una a una hacen lo suyo, generando sentimientos y estados emotivos que libran sus propias lecciones.

    En las adversidades, son las cualidades las que se disponen a actuar. Conocerlas requiere decisión, atención y compromiso. En esas etapas no deseadas hay espacio para conocerse, para responderse muchas preguntas, para indagarse sin pesar, para comprenderse frágil y débil, para animarse a parar, para respetar lo que se vive, para simplemente respirar. Para tomar dimensión de lo que pasa, para valorar que se está vivo, para respetar la pérdida de una vida, para comprender que ante la muerte hay una identidad, un mundo de afectos, un ser querido por otros y que esos otros pueden ser uno.

    El objetivo de cuidarse a uno mismo es un eslabón determinante para afrontar la pandemia que acecha sin cesar. No hay que resignarse ante el dolor, hay que aceptarlo y abordarlo como una enseñanza de vida que fortalece, que alienta a dar un testimonio de solidaridad y responsabilidad ante la comunidad en donde se habita.

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  19. Pandemia empresarial
    Benito Barros Muñoz

    10 HERRAMIENTAS DE APOYO A LAS EMPRESAS Y ORGANIZACIONES

    Según han señalado los expertos de diversos países, la pandemia ocasionada por el COVID 19, representa la punta del iceberg, de los problemas económicos y sociales, que definitivamente nos orientan a una gran depresión universal. Es que han sido muchas las empresas y organizaciones que han debido cerrar sus puertas, ya sea incentivando el teletrabajo, como cerrando definitivamente sus puertas. Es que el temor al contagio y a la propagación ha motivado en diversos países, la restricción total de circulación, el confinamiento en sus casas, toques de queda, declaración de estados de catástrofe, entre otras medidas, han comenzado a provocar efectos incalculables en la economía y en la estabilidad de las personas y empresas. Cierre de comercios, cines, malls, restaurantes, caída en los viajes nacionales e internacionales, caída considerable en el nivel de ventas, la obligación de mantener pago de sueldos, alquileres, gastos generales, etc. Cómo lo hago si no tengo ingresos, para hacer frente a todas mis obligaciones, cómo enfrento mis compromisos financieros, y lo peor de todo, por cuanto tiempo tendré espalda financiera para mantenerme. Ya suenan campanadas de quiebra, con efectos nocivos para el empresario, los trabajadores y sus familias. Hasta cuando tendré fuerzas para seguir empujando. Si bien hay empresas que se fortalecen en épocas de crisis (siempre las hay), la tendencia general es enfrentar un presente y un horizonte demasiado pesimista. Si pudiera dar una palabra de apoyo, en este momento sería sobrevivir.

    Cómo sobrevivo en estas condiciones y qué lecciones puedo aprender de esta crisis. Les quiero entregar 10 herramientas sugeridas para hacer frente a la situación actual. Muchas de ellas me han dado buenos resultados en crisis económicas y sociales que me ha tocado enfrentar.

    Analizar la situación estratégica actual. Cuál es el valor de las prestaciones, cómo reaccionan los clientes, evaluación de ventas pre, durante y proyectadas a futuro, evaluación de egresos y clasificación de los mismos según su nivel de “obligatoriedad”. Analizar las capacidades de reacción para generar ingresos alternativos.
    Proyectar el flujo de caja para los siguientes seis meses, contemplando el peor de todos los escenarios. Sin ingresos, continuidad de pagos de sueldos, alquileres, gastos de servicios, contratos, gastos generales, créditos e impuestos. Con ello se tendrá el requerimiento financiero total, cuantificado para sobrevivir 6 meses. A partir de esta planilla, simular escenarios posibles y los efectos que tendrían en el resultado final.
    Gastos y Egresos. Comenzar a trabajar con las posibilidades de optimizar, racionalizar e incluso eliminar los costos, gastos y egresos variados, y ver sus efectos en el flujo estimado de caja.
    Negociar. Ponerse el uniforme de negociador, para iniciar el trabajo con los trabajadores, proveedores, bancos, empresas de servicios e incluso con el Estado. Esta negociación puede llevarnos a postergar, reducir y optimizar los compromisos presentes, y proyectar a futuro.
    Remuneraciones. La carga financiera laboral, afecta significativamente a las empresas, sobre todo si son empresas de servicios. En función de la legislación laboral vigente, ver formas de reducción de la jornada laboral, congelar los contratos, negociar reducciones de sueldo, eliminar bonos, beneficios, incentivos y por último despedir parte del personal.
    Comunicar a todos los grupos de interés, que debemos desarrollar una cultura de crisis. Con ello y con una comunicación efectiva, podremos lograr el compromiso de muchos de los colaboradores, y pueden surgir aportes significativos, e ideas de nuevas formas de hacer negocios. Las mejores propuestas de negocios, surgen en épocas de crisis.
    Después de trabajar los puntos anteriores, se tendrá definido el capital de trabajo necesario para enfrentar los próximos 6 meses. Pues ahora, a financiarlo. Alternativas siempre existen. Echar mano a las reservas disponibles; Aportes sociales; venta y liquidación de activos; endeudamiento a largo plazo; renegociaciones; nuevos socios; acudir al mercado de capitales, etc.
    Reducir a la exposición del riesgo crediticio. Cambiar la óptica de crédito y aumentar las exigencias para entregar créditos, restringir la entrega de nuestros fondos a terceros y acotar sólo a aquellos clientes de mayor valor para la empresa.
    Redefinición del modelo de negocio actual. Es el momento de ser eficientes, efectivos y de alcanzar economías en el uso de los recursos, para ello define tu cadena de valor y verificar aquellos procesos mejorables, áreas a tercerizar o simplemente áreas eliminables. La tecnología se hace más fuerte y sus herramientas están al servicio de todos nosotros.
    Desarrollar nuevos negocios. El principio financiero de la minimización de riesgos es la diversificación efectiva. Busca ideas creativas, de baja inversión y de gran liquidez. En esta época necesitamos generar ingresos y esa en la orientación del desarrollo de nuevas ideas de productos, mercados y tecnologías.
    Finalmente, quiero señalar que de esta situación debemos aprender. Aprender a prepararnos siempre para enfrentar todo tipo de amenazas, algunas tanto o más extremas que estas. El concepto empresarial debe cambiar, no se trata de maximizar mis ganancias en un período de tiempo, se trata de estar preparado económica, estratégica, organizacional y financieramente, para enfrentar las más terribles amenazas que podamos imaginar.

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  20. Comunicar esperanza
    Katy Guillen

    Con el miedo instalado en cada rincón, la economía casi paralizada, y mirando el mundo a través de las pantallas, los paraguayos enfrentamos un escenario de tiempos de guerra. Vivimos el presente enclaustrados,
    miramos un futuro incierto, circunstancias que inspiran acciones extraordinarias o inconcebibles en cada ser humano.

    Si alguna duda nos quedaba sobre el valor la comunicación, esta nueva era abierta por la pandemia la pulveriza. La comunicación nos sostiene y nos orienta, nos muestra el marcador mundial de casos en tiempo real desde una página de EE.UU. y del local a través de los medios en sus diversos formatos. Nos acerca información sobre suministros de productos y servicios esenciales. Nos relaciona con amigos y familias.

    ¿Y después de la pandemia, de la paralización, del miedo? De las decisiones globales de quienes manejan los hilos del mundo en esta inédita situación. ¿Cómo enfrentaremos ese después? Como sociedad estamos
    exigidos a analizar y proponer salidas, a mirar por encima de este presente que inmoviliza.

    Es este futuro de la sociedad el que debe estar presente también en los análisis de los medios y de las personas y en las decisiones de nuestras autoridades. La cuestión es, cómo lograr que este perverso presente no destruya más vidas después. El desafío es encontrar voces que nos muestren la salida. Al decir del maestro Javier Restrepo, el periodismo tiene el poder de transformar la realidad, de producir esperanza, dando el
    micrófono a quienes pueden mostrarnos el camino.

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  21. La tierra sin humanos
    La atmósfera está por ahora mucho más limpia

    La película “2012”, una de esas habituales pesadillas apocalípticas de Hollywood, finaliza con una escena muy impresionante. Dos astronautas de la estación espacial internacional observan por una ventana a la tierra próxima. Uno de ellos dice: “Mirá la atmósfera, nunca la ví tan limpia y transparente…”. El colapso climático que había arrasado al mundo y provocado una feroz era de hielo se había llevado toda la suciedad suspendida en el aire.

    Algo así parece estar ocurriendo ahora, cuando el coronavirus frenó brutalmente toda actividad humana. La atmósfera sobre China, habitualmente opacada por una especie de velo marrón provocado por las emisiones de gases de combustión producto de la quema de carbón y petróleo, está hoy prístina y azul. Tal como se teoriza en ese otro delirio cinematográfico llamado “La tierra sin humanos”, todo lo que tuvimos que hacer fue quitarnos de en medio y dejar trabajar a la naturaleza. El resultado, ficción o realidad, es el que estamos viendo.

    Claro que no faltan quienes se apuran a sacar conclusiones sobre los responsables de esta metamorfosis atmosférica. Científicos especializados en el cambio climático señalan que la paralización de los grandes núcleos industriales chinos ha generado un recorte de casi el 25% en la emisión de CO2, lo que ha determinado un aumento de la calidad del aire haciéndolo más transparente y respirable. Suena lógico pero el enfoque es erróneo, según otros científicos que reivindican el papel del CO2 en la vida en el planeta. Lo que ha disminuido, juntamente con el anhídrido carbónico, es la emisión de óxido nitroso y de azufre que, juntamente con la carbonilla producida por la combustión incompleta de hidrocarburos, son los principales factores de polución atmosférica.

    El CO2, por otro lado, es invisible y, además, el compuesto esencial para la fotosíntesis clorofiliana, origen mismo de la vida.

    Los científicos no se hacen grandes ilusiones sobre la duración de este fenómeno de transparencia. La atmósfera volverá a sus niveles de contaminación anteriores al coronavirus ni bien éste baje su agresividad y se convierta en una endemia más.

    Mientras tanto, disfrutemos de una de sus escasas virtudes, ya que sus efectos negativos nos tienen rodeados.

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  22. Un debate que hay que dar

    En los grandes claustros de opinión diseminados por el mundo comienza a darse un debate que transita todos los matices, desde el paroxismo rayano en el delirio hasta las reflexiones más sensatas. La polémica parece centrarse en tres ejes de análisis: detener la expansión del virus con aislamiento social, dar sostenibilidad a los sistemas de salud y evitar que la economía se derrumbe en el proceso. ¿Se hacer todo al mismo tiempo?

    Prácticamente todos los países afectados por el coronavirus –a excepción de unos pocos- han visto sus sistemas de salud pública completamente rebasados en su capacidad de respuesta. A Italia, España, Alemania y Estados Unidos la pandemia les explotó en las manos y ya sobre la hora adoptaron el método chino de cerrar todo y poner en cuarentena a millones de personas. Esto implica paralizar la economía e intentar reducir el daño con subsidios, reducciones impositivas y estímulos diversos para mantener el empleo. Como es fácil imaginar, este no es un camino totalmente transitable para la mayor parte de las economías –entre ellas, la nuestra- con limitada capacidad de auxilio ante una crisis del tamaño de la desatada por el virus chino.

    ¿Cómo responde el mundo? El Presidente mejicano López Obrador alentó a sus compatriotas a seguir la rutina y no bajar el ritmo de consumo, “que ya les voy a avisar yo cuando haya que parar”. Bolsonaro se mofó del coronavirus llamándolo “gripesiña” contra el cual los brasileños, “que se bañan en las cloacas”, son inmunes. “Brasil no puede parar” dice un corto institucional.

    Nosotros -como la mayor parte del mundo- elegimos parar todo, “desensillar hasta que aclare” como decía Raúl Alfonsín ante una crisis. Pero ya hay quienes se preguntan si esto no es como “tirar el bebé junto con el agua del baño”. ¿Quién tendrá la razón?

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  23. El diario de la guerra del cerdo

    Por Augusto dos Santos

    “Los jóvenes matan a los viejos que no quieren ser”. La expresión durísima corresponde a la obra de Adolfo Bioy Casares, un escritor fundamental del siglo pasado en la Argentina. El libro lleva como nombre el título del comentario: “El diario de la guerra del cerdo” y su lectura puede ayudar en estos días a la reflexión que va mas allá de la urgencia y nos incita a mirar el futuro, el legado que deja nuestra generación a hijos y nietos que estarán poblando lo que quede del espacio vital planetario.

    Bioy Casares escribe esta obra a los 55 años y coincidentemente describe la historia de Isidoro Morel, un jubilado de tal edad que transita esa delicada cornisa entre la adultez y la tercera edad. En su trama se describe la confrontación de odio sordo que existe entre jóvenes y viejos y de cómo la juventud tiende a cobrarse una suerte de venganza contra el futurible de su propia imagen en el espejo, por ello la emblemática frase con la que empezamos este comentario.

    Parado, en mi caso, en un par de años más que el jubilado, pero antes de la adultez mayor, percibo cómo la obra del Premio Cervantes 1990 es inquietantemente profética sobre un debate que por la falta de tiempo a la que imponen siempre las urgencias no tuvimos tiempo de dialogar, en todas estas semanas, desde que, como una nube negra que envuelve los caseríos (un efecto clásico con el que los filmes de los 40/50 resolvían el advenimiento de las pestes bíblicas a las vecindades), el coronavirus llegó a cambiarnos el eje de nuestra existencia social.

    Se trata de cómo en el discurso de los medios de comunicación y de varios líderes mundiales importantes se ha aludido a “los viejos”, condenados en esta coyuntura desde una perspectiva que no se compadece con las reservas de humanismo que creíamos haber aprendido en los años que venimos tomando el mate con esto que llaman civilización.

    Nadie, en ningún diario del mundo, en todas estas semanas tuvo tiempo de escribir que los viejitos, que imputan como condenados de esta nueva razia del virus apocalíptico, nacieron más o menos entre los 40 y 50, y fueron ellos, y no otros, los que desarrollaron toda la inmensa tecnología que permitió el prodigioso avance que en materia astronómica, física, química, informática, transporte, cultura, etc., etc., ha sido la base de lo que hoy llamamos el milagro del posmodernismo.

    Con mucho buen criterio hay muy buena letra clamando por evitar cualquier forma de apartheid contra el mundo oriental desde donde parece haber surgido el enfermo 0, tal como hubo mucho esfuerzo para combatir y desalojar parcialmente la discriminación contra el mundo gay tras el nacimiento de la epidemia del sida. Pero nadie escribió nada sobre cómo arrecia la semántica y la semiótica que intenta normalizar la hecatombe de la ancianidad.

    Nadie escribe nada para decir a tales generaciones que lo siente mucho, por lo menos. Lo más cariñoso que escriben los maestros de la literatura periodística son contenidos que giran a lo sumo en relación con la idea-fuerza: “Guardemos a los viejos”. Nadie está pensando que ellos necesitan afecto creativo, abrazos poéticos, memoria orgullosa, ahora.

    Estoy seguro que si mi abuelo vivía, estaría mucho más preocupado sobre mi suerte y la suerte de mis hijos que sobre su suerte misma. No alcancé los sesenta años aún, pero me pasa exactamente igual.

    Que la interpelación del libro de Bioy Casares, obra que estaría cumpliendo, justamente, 77 años, nos inspire a los dueños de la literatura periodística y a otras expresiones de la cultura a volcarnos un poco más en algo que se parezca a un homenaje, algo que tenga más palabras y más optimismo que la breve crónica lapidaria.

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  24. Ignorancia
    Benjamín Fernández Bogado

    Nada es más terrible en tiempos de conmoción, crisis o pandemia que estar gobernados por los ignorantes. Son absurdamente audaces, peligrosamente atrevidos y por sobre todo capaces de ir en contra de cualquier conocimiento que se le ponga enfrente. Este tiempo de pandemia global ha sacado las máscaras de varios de ellos a nivel mundial. Están los que representan a países con las mejores universidades del mundo pero gobernados por quienes detestan la ciencia y el conocimiento.

    El Reino Unido y Estados Unidos tienen a los peores como líderes en este tiempo de conmoción universal. Uno creyó que por ser una isla estaba a resguardo del virus y el otro sigue creyendo que la economía es más importante que la vida. Cómo enfrentar a cada uno de ellos más que con la evidencia de la realidad que hoy les toca. Inglaterra ha cerrado todo, incluido su más dinámico aeropuerto mientras Trump cree que este virus, más veloz en su propagación y letal, no pasa de ser un hecho menor ante la cantidad de enfermedades que matan a más en su país. Como si la ignorancia no fuera en sí un virus letal encontró otro cuerpo donde reproducirse: el de un excapitán que gobierna Brasil, el país más poblado de América Latina, donde Bolsonaro compara al coronavirus con una gripecita y un resfrío común. Asustó tanto su boutade, que tuvo que salir el Congreso a espetarle su ignorancia, pero no ha sido suficiente. Los gobernadores de ese país están levantados en armas y no se descarta que terminen por echarlo.

    En México tampoco las cosas son mejores. López Obrador se ha recibido, luego de varios meses de esfuerzo, en tonto de capirote. Ha venido haciendo un trabajo tesonero, en ese sentido, en sus conferencias de prensa matutinas, pero el coronavirus lo expuso a cuerpo entero. Los muertos comienzan a contarse en todos estos países y hasta el príncipe Carlos tiene alojado el virus en su cuerpo. Trump reduce todo a una cuestión eleccionaria. Sabe muy bien que el impacto será enorme y es casi seguro que ha perdido su reelección. Más que los números económicos, le pasará la factura su falta de empatía absoluta en tiempos donde esta capacidad es fundamental para unir a un país en torno a un enemigo que se lo combate con varias virtudes de las que él carece. India ha tardado en cerrar sus fronteras. Ahí no será fácil por la población y notable desprecio a los conocimientos científicos que tiene su gran mayoría de habitantes. Requerirán de un Gandhi o de miles de chamanes que sean capaces de bajar los temores al nivel de paralizar un país cuya segregación en castas ha sostenido “la democracia más grande del mundo”. Un defecto convertido en “virtud” para mantener el statu quo. Ahora la cosa es diferente. Esto es ciencia versus ignorancia y nadie sabe como concluirá esta contienda.

    Los ignorantes son un peligro para la salud pública mundial y no hay forma de deshacernos de ellos que no sea por una conmoción interna que los desaloje del poder por la vía del impeachment. Ya se habla de eso en Brasil y no tardará en llegar la misma oleada a todos los países que han despreciado las advertencias. El jefe de gobierno español, Pedro Sánchez, puede ser una de las víctimas si se comprueba que fue advertido una semana antes de los efectos devastadores de la pandemia.

    Ojalá tengamos más conocimiento en los gobiernos. Singapur es un ejemplo claro de lo que debieran ser los gobernantes: preparados y con capacidad para lidiar con crisis. Los otros servían para distraer pero no alcanzan ni para extender las condolencias a las personas que pierden a sus seres queridos. Son tan ignorantes que ni sentimientos tienen. (

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  25. Percepciones respecto al COVID-19

    Por Claudia Cabrera

    Una cosa es lo que pensamos que los otros piensan, otra muy diferente es contar con información precisa acerca de las percepciones que existen. En esta ocasión realizamos un sondeo a 250 personas, acerca de la situación que estamos atravesando con la pandemia del coronavirus. A continuación te detallaremos los resultados obtenidos.

    Comenzamos indagando acerca de los sentimientos con respecto al COVID-19, donde más del 70% de los entrevistados afirmó encontrarse preocupado o muy preocupado con el contexto.

    Las Redes Sociales, se han vuelto protagonistas en este tiempo. Existen dos bandos bien definidos en cuanto a las opiniones de las personas acerca de ellas. El 56% afirma que las mismas informan y ayudan brindando consejos e informaciones útiles para afrontar la situación. Por el contrario, el 44% considera que solamente desinforman y ayudan a crear pánico.

    Más del 70% de las personas, creen que a nivel personal su economía se verá afectada.

    Por lo mismo, el consumidor paraguayo se está volviendo más cauto, el 75% asevera que ha demorado compras previstas debido a las circunstancias. Cabe destacar también que el 97% confirma que hubo algunos cambios de hábitos en su hogar o incluso que los mismos se modificaron radicalmente. Teniendo en cuenta el panorama, éste es el momento oportuno para planificar las medidas que aplicaremos en el futuro para contrarrestar esta fase.

    Últimamente escuchamos acerca de la importancia de la Responsabilidad Social Corporativa, si sos dueño o gerente de alguna empresa, tené en cuenta que 9 de cada 10 paraguayos expresa que espera que las marcas se involucren con la solución de este problema. Debemos asumir un compromiso real. Si hoy nos implicamos y ayudamos, crearemos un vínculo que se traducirá en la fidelización de nuestros clientes y en ventajas competitivas a corto, mediano y largo plazo.

    No supongamos, investiguemos e informémonos para ofrecer respuestas efectivas. Urge que seamos racionales y humanos. Antepongamos el bien común ante nuestros intereses personales. Si lo estamos haciendo, perfecto; sino, este es el momento para hacerlo.

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  26. Percepciones respecto al COVID-19

    Por Claudia Cabrera

    Una cosa es lo que pensamos que los otros piensan, otra muy diferente es contar con información precisa acerca de las percepciones que existen. En esta ocasión realizamos un sondeo a 250 personas, acerca de la situación que estamos atravesando con la pandemia del coronavirus. A continuación te detallaremos los resultados obtenidos.

    Comenzamos indagando acerca de los sentimientos con respecto al COVID-19, donde más del 70% de los entrevistados afirmó encontrarse preocupado o muy preocupado con el contexto.

    Las Redes Sociales, se han vuelto protagonistas en este tiempo. Existen dos bandos bien definidos en cuanto a las opiniones de las personas acerca de ellas. El 56% afirma que las mismas informan y ayudan brindando consejos e informaciones útiles para afrontar la situación. Por el contrario, el 44% considera que solamente desinforman y ayudan a crear pánico.

    Más del 70% de las personas, creen que a nivel personal su economía se verá afectada.

    Por lo mismo, el consumidor paraguayo se está volviendo más cauto, el 75% asevera que ha demorado compras previstas debido a las circunstancias. Cabe destacar también que el 97% confirma que hubo algunos cambios de hábitos en su hogar o incluso que los mismos se modificaron radicalmente. Teniendo en cuenta el panorama, éste es el momento oportuno para planificar las medidas que aplicaremos en el futuro para contrarrestar esta fase.

    Últimamente escuchamos acerca de la importancia de la Responsabilidad Social Corporativa, si sos dueño o gerente de alguna empresa, tené en cuenta que 9 de cada 10 paraguayos expresa que espera que las marcas se involucren con la solución de este problema. Debemos asumir un compromiso real. Si hoy nos implicamos y ayudamos, crearemos un vínculo que se traducirá en la fidelización de nuestros clientes y en ventajas competitivas a corto, mediano y largo plazo.

    No supongamos, investiguemos e informémonos para ofrecer respuestas efectivas. Urge que seamos racionales y humanos. Antepongamos el bien común ante nuestros intereses personales. Si lo estamos haciendo, perfecto; sino, este es el momento para hacerlo.

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  27. ¿Es verdadero, bueno y necesario?

    Stephanie Hoeckle

    En estos días de preocupación, ansiedad e intercambio de “información” en tiempo real, se hace más necesario que nunca cuidar nuestra comunicación personal, con nuestros familiares y amigos, y profesional o empresarial, es decir, con el resto de las personas con quienes nos relacionamos, sean colaboradores, proveedores, clientes o ciudadanía en general.

    La tecnología nos permite decir todo lo que queremos y a quien queramos, a cualquier hora, pero ¿es necesario que lo hagamos? ¿Les servirá a nuestros interlocutores, de alguna manera, saber lo que acabo de enterarme?

    La prueba de la verdad

    Me comentaba una persona que le parecía que la gente competía por dar la última noticia sobre esta enfermedad que tiene en vilo al mundo. Pero que se trataba de una competencia de velocidad de reacción: quién era capaz de presionar más rápido “enviar”, no quién tenía realmente algo que decir. Así, a una información casi siempre imprecisa, incompleta o totalmente disparatada, le seguía siempre la excusa: “No sé, yo reenvío lo que se dijo en otro grupo”. Aunque parezca increíble, esta práctica se ha extendido tanto que ha contagiado a gente habitualmente razonable y seria, a quien estábamos acostumbrados a escuchar. Informaciones sin fuente o atribuidas a “investigadores de la universidad tal” (así, sin mencionar nombre y apellido) o a autoridades y expertos (que nunca dijeron lo que se les atribuye) circulan día a día, sin que los que se encargaron de divulgarla se sientan en lo más mínimo responsables de lo que “compartieron”.

    Pero cuando la crisis pase, los mensajes quedarán y, sobre todo, la impresión que causamos como divulgadores de información. Por eso, no cuesta nada hacer el esfuerzo por preguntarse siempre que se recibe un dato: ¿Tiene fuente? ¿Es real la fuente? ¿Qué sé de la fuente? ¿Es un mito que circula hace rato? Así como es fácil inundar la web de noticias falsas, es igual de fácil chequear datos. Solo basta poner algunas frases claves en el buscador y hacer una verificación rápida de los resultados. ¡Cualquiera sabe hacer eso! De verdad, algunas noticias son tan burdas que es increíble que gente normalmente seria no se dé cuenta.

    La prueba de la bondad

    Una persona con habilidades comunicativas es alguien completamente consciente del contexto en el cual se mueve. En castellano simple, decimos que “es ubicada”, sabe qué información compartir y cuándo es el mejor momento para hacerlo. Tiene la delicadeza de guardarse aquello que puede causar innecesaria preocupación o malestar en los otros. En tiempo de alarma general, ¿es necesario agregar a las conversaciones tantos mensajes catastróficos, terribles, apocalípticos? La verdad es que en ningún momento, pero ¡menos cuando más calma se necesita! Esto en el plano individual, pero, igualmente, cuando comunicamos como empresa, cuando nos dirigimos a colaboradores, proveedores y clientes, podemos caracterizarnos como una organización que actúa, ante todo, con respeto y calidez humana, cualquiera sea el rubro al cual se dedique. Una actitud que, aunque no revierta beneficios económicos, sin dudas hará más agradable la experiencia de trabajo, a nivel interno, y en el relacionamiento con los clientes.

    He visto geniales ejemplos de empresas que optaron por una comunicación cercana y cálida con la gente a través de sus redes sociales. ¡Esa es la actitud! Si nos importan los demás, extremaremos cuidados para contribuir con su bienestar, por lo tanto, nos cuidaremos de transmitir solo información verificada y relevante.

    La necesidad

    Como personas o como profesionales, podemos elegir entre ser los que llenan de información inservible las redes sociales o los que aportan pocos pero útiles datos. Es posible que no tengamos nada que decir; entonces, nuestra comunicación puede consistir en ayudar a difundir informaciones relevantes para los demás. La justificación para que accionemos la función “reenviar” debe ser que lo que vamos a hacer circular sea algo que los otros puedan necesitar. En un momento como este, tal vez lo que los demás necesitan sea tan solo un poco de calma y distracción para llevar lo mejor posible el periodo de aislamiento.

    Cualquiera sea la actividad profesional a la que nos dediquemos o el rubro al que pertenece nuestra empresa, podemos aportar algo a la comunidad. Les invito a que busquen en las redes sociales ejemplos de profesionales independientes y empresas de todo tipo que han decidido enfocarse en el servicio a la comunidad, promoviendo acciones solidarias, transmitiendo información relevante, recordando medidas sanitarias, ofreciendo apoyo emocional, enseñando algo (¡desde costura hasta yoga!) en forma gratuita, recomendando lecturas y compartiendo links a maravillosos museos en línea o hermosos conciertos.

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  28. Tres líderes irresponsables
    Por Alfredo Boccia Paz
    En medio de los inéditos esfuerzos realizados por los gobiernos del continente para enfrentar la pandemia, resaltan las voces disonantes de tres de sus líderes que van a contramano de la opinión científica.

    Los derechistas Donald Trump y Jair Bolsonaro y el izquierdista Manuel López Obrador comparten personalidades egocéntricas, ciertos rasgos populistas y una peligrosa autosuficiencia.

    Cuando el coronavirus irrumpió en Estados Unidos, Trump predijo que la amenaza desaparecería y sin ningún respaldo objetivo aseguró que el número de casos “está bajando mucho, no subiendo”.

    También Bolsonaro minimizó la epidemia, calificándola como “una fantasía propagada por los medios”. Sostuvo que una gripe sin importancia no merecía medidas “histéricas”. López Obrador, por su parte, hasta hace unos días instaba a la población a seguir concurriendo a restaurantes, al tiempo de mostrar un amuleto que lo protegería de todo mal.

    Mientras expertos de todo el mundo recomendaban el aislamiento, estos tres presidentes se regodeaban en baños de masas en los que abrazaban a simpatizantes y besaban niños. Los tres actuaron como si estuvieran más allá de la ciencia, como si no fuera urgente tomar decisiones, como si el virus no existiera.

    Lo malo es que el virus sí existe y le importa bien poco la fanfarronería de estos irresponsables. Estados Unidos se convirtió en el epicentro mundial de la epidemia con cerca de 85.000 contagios, superando ya a China e Italia. Después de semanas de no haber hecho nada, los norteamericanos observan incrédulos como colapsan los hospitales neoyorquinos y casi la mitad de la población se refugia en una tardía cuarentena.

    Brasil ha superado los 3.000 casos y es de lejos, el país con más contagios de Sudamérica, con el agravante de tener un sistema de salud mal equipado frente a un crecimiento incontenible.

    Bolsonaro comprueba ahora algo imposible hasta solo días atrás: Su vicepresidente, el general Hamilton Mourão, gobernadores, alcaldes y una parte de la cúpula militar toman distancia de su conducta. De hecho, el 80% de los brasileños apoya el confinamiento, medida resistida por el presidente. De ser favorito a la reelección, hoy es repudiado en las ciudades al ruido de cacerolazos.

    En México ya hay casos en todos los estados y la popularidad de López Obrador, que tenía índices de aprobación del 80% hace un año, ha caído ahora por debajo del 50% en algunas encuestas.

    Son tres personas que deberían liderar con el ejemplo y que no están a la altura de la enorme emergencia sanitaria que vivimos. Este trance ha concedido a los presidentes de nuestros países un poder superior al que tienen en temporadas normales de democracia.

    Frente a una amenaza de magnitudes desconocidas, la gente tiende a obedecerlos, postergando las objeciones. En ese sentido, la mesura transmitida hasta ahora por los responsables de gestionar la crisis en nuestro país, ha generado un ambiente de confianza que debe mantenerse con las medidas económicas que hagan sostenible el sacrificio. Lo señalo porque, como se ve, eso no ocurre en todos lados.

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  29. Cuarentena productiva
    por Ismael Cala

    “Te estoy vigilando”, dice el mítico actor Robert de Niro en un video, en recuerdo de uno de sus personajes. Como él, muchas celebridades contribuyen cada día a que tomemos conciencia del aislamiento como la vía más efectiva para detener el coronavirus.

    Pero, una vez en cuarentena, ¿dejamos que el cielo se nos venga encima?

    Hay que alejarse del síndrome del oso, que hiberna para no gastar energía. La situación actual es una metáfora del invierno. Para muchos, invierno significa poca luz, baja energía, confinamiento en casa. Sin embargo, también es una etapa ideal para tomarnos pausas creativas, una especie de tregua fecunda para revisitar nuestros valores y prioridades de vida.

    La cuarentena creativa tiene una condición: estar informados, pero no sobreinformados. Si solo buscamos lo que sucede fuera de nosotros, no habrá paz ni discernimiento. Por ello, lo primero es evitar la saturación y limitar la exposición a las noticias, solo dos veces por día. Las informaciones redundantes se convierten en un acto desesperado para la amígdala del cerebro, un órgano que potencia el peligro que nos acecha.

    Si tomamos precauciones y nos aislamos en casa, pero al mismo tiempo mantenemos la amígdala en “modo peligro”, no podremos ser creativos ni productivos, porque el miedo nos gana.

    Una manera de vencer la incertidumbre es viajar hacia adentro y potenciar los momentos de soledad y silencio. Mi primera práctica, que he retomado con fuerza en esta cuarentena, es el diario de gratitud. Ahí escribo cuatro o cinco razones concretas de por qué hoy doy gracias.

    En segundo lugar, miremos con objetividad la balanza de ingresos y gastos, las suscripciones, los gimnasios que pagamos y a los que no vamos… Analicemos el desglose como si fuera el de un amigo o el de un hijo, para ser neutros y dilucidar qué necesitamos ahora. La distancia revalorizará dónde invertir el dinero, en un período de preocupaciones, mientras regresa un tiempo mejor.

    También recuperemos el “vómito de la mañana”, que consiste en escribir todo lo que viene a nuestra mente en tres hojas en blanco. No es literatura, sino un drenaje en el que pueden salir asuntos incoherentes o turbios. En su libro “El camino del artista”, Julia Cameron lo propone bajo el nombre de páginas matinales. Yo le llamo el “vómito de la mañana”, que deja ir lo que nos hace pesados por dentro, lo que nos sobra.

    Por último, no olvidemos mover el cuerpo y practicar yoga y meditación en casa. Si aún no sabes meditar, puedes utilizar las opciones gratuitas de nuestra app “Escala Meditando”.

    Todo suma en el proyecto de crear la siguiente época. Estamos en un tiempo nuevo y debemos aceptar la realidad. Ahora nos toca apreciar lo conseguido y recordar que la felicidad pasa por nosotros. Hay que gerenciar nuestra paz más allá de la circunstancia. No nos dejemos abatir por la adversidad. El mundo nos está dando una segunda oportunidad.

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  30. Prepararnos y actuar para reducir la incertidumbre
    Horacio P. Ferraro

    Hace sólo unas pocas semanas, ninguno de nosotros podría haberse imaginado el escenario que vivimos actualmente. Es habitual mencionar que la salud es lo primero, aunque sea no más que una muletilla. Esta vez, la salud realmente pasó en los hechos a un primerísimo plano, llevándose por delante cualquier tipo de especulación.

    Los gobiernos están tomando medidas drásticas pero necesarias, que restringen las libertades individuales y colectivas, empresariales y sociales. Los ciudadanos en su mayoría confían y acatan las resoluciones, con cierta sensibilidad de que no se generen arbitrariedades, focalizados en un gran esfuerzo que permita salir de estas turbulencias lo más rápido posible.

    Es un tiempo muy extraño, conmovedor, que nos invita a reflexionar sobre muchas cosas, personales y profesionales. Sin entrar a analizar aspectos psicológicos y espirituales que podrían contar con un ámbito propicio para fortalecer ciertas competencias y valores, como la resiliencia, la cooperación, la solidaridad y la superación, otros temas terrenales, como la economía y las finanzas, requerirán nuestra pronta y dedicada atención.

    Este preciso momento económico no se puede definir como una etapa de un ciclo, sino más bien como una frenada brutal dentro de la etapa en la que se encuentre cada región, país, sector y empresas. Es como si una montaña rusa se hubiese detenido y cada uno de los participantes se encuentre en su asiento, temeroso, observando y cavilando desconcertado qué le podría llegar a pasar. Los que están más alto, en una posición que suele ser la más atractiva, tal vez serán los que corran más riesgos que los que están abajo, con menos que perder, pero ambos grupos se verán afectados.

    Habiendo transcurrido algunos días y sin saber cuando aparecerá la luz al final del túnel para dimensionar los efectos de la pandemia, los gobiernos y algunas empresas empezaron a actuar dando subsidios, quitas, moratorias y aportes de diversa índole que permitan morigerar la crisis social y los daños patrimoniales que se avizoran.

    Es una situación compleja en la que nadie va a quedar exento de sus efectos, con muchos perdedores y algunos pocos que se hayan beneficiado. Como en toda crisis, la demanda excepcional de determinados artículos o servicios podrá crecer exponencialmente, pero serán los menos.

    En el análisis de negocios, la calidad de los mismos está dada por su rentabilidad, es decir por aspectos económicos más que financieros. En la situación actual, las finanzas adquieren mayor relevancia dado el desconocimiento sobre cuándo se producirá el restablecimiento de las condiciones normales de mercado.

    Como primera actitud, sin más remedio y manteniendo la calma, se debe ser ordenado y disciplinado para evaluar nuestra situación económica y financiera, ya sea individual o empresarial. Contemplar todas las variables de ingresos y egresos, identificar de qué beneficios genéricos de los agentes de mercado seremos receptores (estado, gobiernos, empresas, bancos, instituciones, etc.) y observar qué perjuicios tendrán nuestros ingresos, rentas, patrimonio, etc. Es muy importante incluir todos, absolutamente todos, los conceptos que tienen injerencia sobre nuestra actividad. Una buena medida es, para conocer las exigencias en la que podemos estar inmersos, calcular nuestro intervalo básico defensivo. Implica conocer cuanto tiempo la empresa o el individuo puede pagar sus gastos diarios de caja usando los activos líquidos o existencias sin ingresos de flujo de caja adicionales.

    Como segundo paso, se deben encarar las negociaciones contractuales financieras bilaterales, preferentemente de la mano de expertos, con sólida experiencia en estas cuestiones, conocedores de los tiempos y recursos adecuados para cada gestión. Es el momento perfecto para el replanteo del plan de negocios, el cambio de paradigmas y la innovación. La evaluación del negocio por los especialistas y la discusión y determinación de los cursos de acción más beneficiosos con los propietarios, podrán darnos una mayor certeza sobre nuestras posibilidades futuras. Esta tarea, metodológica y efectiva, será el vehículo que nos lleve a un nuevo escenario, superador y viable para encausar las actividades hacia una nueva etapa de desarrollo, con planes de consolidación y crecimiento en el largo plazo.

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  31. CRÉDITO SALVATAJE/BAILOUT

    POR STAN CANOVA

    Muchos de nosotros que vivimos los efectos del “Ataque S11 de las Torres Gemelas del 2001” & de los “Sub Primes del 2008 “conocemos el concepto del Bailout o Rescate que se dio a las Aerolíneas en el ejemplo 1 y a los Bancos en el ejemplo 2. Categóricamente es un concepto con incepción 100% americana. Definamos al Bailout/Rescate desde el punto de vista financiero como el acto de dar asistencia financiera a un negocio o economía en crisis para salvarlo del colapso.

    Este 2020 nos trae una Pandemia Global donde nuestra primea estrategia de defensa [mientras llega una droga que aplaque los efectos del Covid19 o una vacuna] es la cuarentena/aislamiento social. El acatamiento debe ser no deliberante en vista al valor a la vida sobre lo material pero independientemente a ello siguen nuestras obligaciones financieras a nivel empresa o a nivel particular.

    Días atrás se dieron varias medidas del gobierno a lo que atañe congelar, posponer, financiar pagos de servicios públicos, impuestos y de manera ultima [vía Resolución BCP 9 Acta 17 del 16 III 2020] donde se insta a Bancos/Financieras a Renovar [extensión del vencimiento sin estar en mora], Refinanciar [solicitar un nuevo crédito previamente pagando un % del capital-interés adeudado] y Reestructurar [cambio sustancial del crédito original] operaciones que estén comprometidas por el efecto Covid19. Lo que NO se menciono en esa resolución es la posibilidad de tener un Crédito Salvataje ni sus condicionamientos por que si bien aplicar una de las 3Rs de la Resolución ello no representa Capital Operativo para hacer frente a gastos corrientes incluyendo por ejemplo el cubrir cheques emitidos, salarios, etc.

    Trump ya prepara una línea de fondeo para los mas de 300 millones habitantes veremos que nos prepara esta semana el Equipo Económico Nacional para los 7 millones de ciudadanos donde mas del 50% será afectado en su liquidez ya sea por que es dueño de una MIPYME que tuvo que cerrar o colaborador de una de las afectadas. No dejar que se corte la Liquidez de Mercado será uno de los desafíos mas difíciles el Gobierno en lo que me gustaría enfatizar que estamos en una Economía de Guerra.

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  32. Podremos lograrlo

    POR MARCELO PEDROZA

    La aparición del Covid-19 ha transformado todo. Así es y así lo seguirá siendo. Nos desafía de diferentes formas, nos expone de múltiples maneras, en el extremo está la muerte, que azota a miles de personas en el mundo y después acontecen notables manifestaciones, desde el aislamiento hasta desgarradores testimonios de situaciones tristes, impensadas hasta hace pocos meses atrás. Son muchas las historias que, alrededor de lo que sucede, están cambiando nuestras vidas. Nada es igual a lo que vivíamos, ni lo volverá a ser.

    Todo nos convoca a pensar y a tomar decisiones, como la de prevenir y voluntariamente aceptar que la cuarentena es una forma de evitar la propagación del coronavirus. Esa decisión de quedarse en casa es grandiosa, única, singular por las circunstancias que vivimos. Es el aporte necesario para lograr que la sociedad que nos cobija pueda superar tamaño desafío, no podemos permitir que se propague dicho flagelo.

    Asumir el rol ciudadano implica valorar la vida del otro. La solidaridad se expresa a través del acto de quedarse en casa. La empatía se vive poniéndose en el lugar del otro, tratando de asimilar lo que siente, lo que le pasa; ahora existe una empatía colectiva, y la valoración del otro se ve en las calles vacías, expresando un estado de conciencia solidario, representado por el silencio que reina al salir a la vereda. Asomarse es asombrarse y pensar en lo que se está logrando entre todos. Esa es la palabra que se reitera en este escrito. Tiene su finalidad y su impacto. Es indispensable para que la victoria sea de todos. Todas comprometidas, todos involucrados. Todas unidas, todos unidos.

    Nada será igual a lo que vivíamos, ¿acaso podría serlo?, será distinto. Y permitirá oportunidades para ir a ver a un ser querido, caminar por un parque, reunirse sin temores, estrechar una mano, dar un abrazo, viajar junto a otros y tantos pequeños instantes que le dan entusiasmo a la vida. Hay una lista grande de vivencias que podremos realizar, en ellas los verbos respirar, amar, entender, comprender, valorar, escuchar, apreciar, trabajar, estudiar, dialogar, pasear, aceptar, renunciar, empezar y todas las conjugaciones que quieran activar, serán bienvenidas. Podremos lograrlo, está en nosotros superar esta pandemia.

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  33. Comunicar la pandemia. El valor de la palabra. La significación del número.

    Por Ricardo Rivas

    La búsqueda de información seria, confiable, verificable, exige a los periodistas profesionales recurrir a las más calificadas fuentes. Más aún en tiempo de pandemia con millones de cuarentenadas y cuarentenados que, angustiados, consumen información para tratar de saber si vivirán o morirán. Pocas horas atrás consulté con un diplomático cuyo nombre no estoy autorizado a revelar, que se desempeña con alta eficiencia en un organismo multilateral con sede en un país europeo. Preocupado, reflexionó críticamente sobre la arista comunicacional e informativa del coronavirus: “Es una de las crisis informativas más importantes de la historia de la humanidad. Los niveles de circulación de fakenews (noticias falsas, bulos, mentiras) y las consecuencias sociales de este flagelo en tiempos de crisis, son impresionantes”, señaló.

    Los investigadores canadienses Victoria Rubin, Yimin Chen y Niall Conroy, tiempo atrás, publicaron un artículo que titularon “Deception detection for news: Three types of fakes” (Detección de engaños en las noticias: tres tipos de engaños). Ubican en el segundo lugar a los que llaman “Bulos (hoaxes) a gran escala”. Los definen como un “tipo de engaño deliberado que han fomentado las redes sociales” con los que se desarrollan “intentos de engañar al público (con textos que) se disfrazan de noticias, y pueden ser recogidos y validados por error por los medios de comunicación tradicionales”. Advierten que “algunos son simples bromas, pero otros van más allá del simple juego y pueden causar daños reales a las víctimas de la desinformación”.

    Un grupo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusset (MIT, por su sigla en inglés) publicó en la revista Science que los bulos se propagan “significativamente más lejos, más rápido, más profunda y ampliamente” que las verdaderas “en todas las categorías de información, y los efectos fueron más pronunciados para noticias políticas falsas”. Afirman que “la falsedad se difunde más lejos y más rápido que la verdad”. Seguramente, mucho más, en tiempos de pandemia, cuarentenas y aislamientos en los que la realidad mixta –realidad virtual sumada a la realidad real, por llamarlas de alguna manera– saturadas de intercambios reticulares.

    Cuando los primeros casos en el norte de Italia, uno de los intelectuales más relevantes en ese país, el filósofo Giorgio Agamben (78), el 26 de febrero, publicó en la revista Quodlibet, una reflexión crítica sobre las acciones preventivas, de seguridad sanitaria, que las autoridades de su país disponían para contener la primera pandemia del siglo XXI.

    Dice Agamben: “Frente a las medidas de urgencia frenéticas, irracionales y totalmente injustificadas por una supuesta epidemia del coronavirus, es necesario partir por las declaraciones del CNR (Consiglio Nazionale delle Ricerche – Consejo Nacional de Investigaciones), según las cuales, no solo ‘no hay epidemia de coronavirus (Sars-CoV2) en Italia’, sino que además ‘la infección, según los datos epidemiológicos disponibles en la actualidad sobre decenas de miles de casos, provoca síntomas leves/moderados (una suerte de gripe) en 80 a 90% de los casos. En 10 a 15% de los casos, puede desarrollarse una neumonía, pero la evolución es benigna en la mayoría absoluta. Se estima que solo el 4% de los pacientes deben ser hospitalizados en unidades de cuidados intensivos’”. Agrega: “Si esta es la situación real, ¿por qué los medios de comunicación y las autoridades se esfuerzan en difundir un clima de pánico, provocando un verdadero estado de excepción, con severas limitaciones a la libertad de reunión y de tránsito y una suspensión del funcionamiento normal de las condiciones de vida y trabajo en regiones enteras?”. Describe después la “tendencia creciente (de la conducción política de derechas del Estado italiano) a utilizar el estado de excepción como paradigma normal de gobierno” en este caso “por razones de salud y seguridad públicas” y denuncia: “La desproporción frente a lo que, según la CNR, es una gripe normal, poco diferente de aquellas que se repiten cada año (que, a su juicio) es evidente”. Pensador notable, su palabra circuló intensamente tanto en los medios tradicionales como en las redes.

    El 17 de marzo último, Agamben, ensayó algunas aclaraciones al texto que publicó en Quodlibet. Para ello, alude a “un periodista italiano” al que no identifica por “distorsionar y falsificar” sus “consideraciones sobre la confusión ética en la que la epidemia está arrojando” a Italia. Destaca que “una sociedad que vive en un estado de emergencia perpetua no puede ser una sociedad libre” y, sostiene que “vivimos en una sociedad que ha sacrificado la libertad a las llamadas ‘razones de seguridad’ y se ha condenado por esto a vivir en un perpetuo estado de miedo e inseguridad”.

    Umberto Eco señaló que “todas las teorías de la conspiración siempre fueron una forma de escapar de nuestras responsabilidades” y categorizó esas prácticas como “un tipo muy importante de enfermedad social por el cual evitamos reconocer la realidad tal como es y evitamos nuestras responsabilidades”.

    Un mes después de la opinión de Agamben, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta en Italia 53.578 confirmados. Recuperados, 6.072. Permanecen activos, 38.549. Muertos, 4.825.

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  34. Tiempos de pestes y poesía

    Susy Delgado

    El planeta se ve sacudido por un enemigo inesperado e invisible que en pocas semanas ha demostrado su terrible capacidad destructiva y puesto en tela de juicio muchas de las obsesiones y metas tras las cuales los habitantes de este tiempo corren en una carrera ciega.
    Ha empezado a conmover sus hábitos más irrenunciables y le ha devuelto aquellas antiguas preguntas que ya solo parecían inquietar a los cada vez más solitarios buceadores de la condición humana, como los poetas…

    El coronavirus demuestra su poderío extendiendo sus garras a lo largo y lo ancho de la tierra, y entonces, la poesía dice lo que sentimos todos, pero se nos atraganta en el asombro y el miedo.

    El Día de la Poesía se ha puesto en este 2020 más que nunca reflexiva, con una mirada concentrada en esas antiguas y angustiantes preguntas.

    Margaret Randall, la destacada poeta y activista social norteamericana, publicó en estos días su poema El mundo ha cerrado sus puertas, que empieza advirtiendo la incapacidad y tardanza humana ante el invasor que se nos metió en la casa:

    El mundo ha cerrado sus puertas, / algunas se han cerrado demasiado tarde / y el virus puede estar / al acecho por dentro, esperando.

    José Ángel Leyva, el poeta, comunicador y activo promotor cultural mexicano, nos muestra por su parte otros signos alertadores, en su poema titulado Virus:

    Aún me queda la mancha del espanto/ Un doble clic nos puso en contacto con el virus / Pasaba montado en un mensaje / “Longevidad segura o sexo sin prejuicios” / La tos no es vocación ni síntoma / Apareció sin más / sin dar la cara…

    UNA EXPERIENCIA INÉDITA
    En México, en China y en los lugares más distanciados, la gente parece vivir una experiencia inédita, para la que no estaban preparadas ni las mejores mentes de este tiempo. Pero los amantes de la poesía revuelven y redescubren montañas de poesía que hablan de situaciones similares a esta que nos envuelve.

    Olga Orozco, la gran poeta argentina cuyo centenario se celebró días pasados, escribió alguna vez un poema que pareciera haber sido creado desde su mismo título, Para este día, que empieza diciendo:

    Reconozco esta hora. / Es esa que solía llegar enmascarada entre los pliegues de otras horas; / la que de pronto comenzaba a surgir como un oscuro arcángel detrás de la neblina / haciendo retroceder mis bosques encantados, / mis rituales de amor, mi fiesta en la indolencia, / con solo trazar un signo en el silencio, / con sólo cortar el aire con su mano. / Esa, la de mirada como un vuelo de cuervo y pasos fantasmales, / que venía de lejos con su manto de viaje y las mejillas escarchadas…

    (…) Aquí, donde ahora se instala, maciza como el demonio del advenimiento, / en su sitial de honor en medio de la asamblea de otras horas, pálidas, transparentes, / y me dice que mis bosques son luces extinguidas y aves embalsamadas, / que mi amor era erróneo, como un espejo que se contempla en otro espejo, / que mi fiesta es un cielo replegado en el sudario de mis muertos.

    El habitante de estos días revulsivos siente que representa a un ser humano que ha fracasado en muchos aspectos y que un nuevo ser humano le reclama nacer desde adentro, le exige enterrar a los bocetos humanos torpes que fue tal vez hasta ahora. Pero es una tarea que exige enfrentarse a espesas sombras, como esas a las que alude Juan Manuel Roca, el destacado poeta colombiano, en su Rapsodia de ausentes:

    Si enterrara del todo a los que fui, / la alcoba holgaría igual que una casona / y no sabría qué hacer con su vacío. / Si llorara a los que fui/ y los velara a cuatro cirios, / las amplias soledades de la sala / verían tras el biombo una tertulia de sombras.

    El habitante de estos días se enfrenta en este espejo incómodo a unas nutridas sombras, al silencio, a la muerte, a la nada…

    La nada que recorre un gran espacio de la poesía de todos los tiempos, que estaba por ejemplo en los sueños más intranquilos de Rosalía de Castro, la gran maestra de la poesía gallega, como nos lo decía en su poema “Ya duermen en su tumba las pasiones”:

    Ya duermen en su tumba las pasiones / el sueño de la nada; / ¿es, pues, locura del doliente espíritu, / o gusano que llevo en mis entrañas?

    El admirado poeta peruano Antonio Cisneros parece terciar en esta ronda con su poema “Réquiem (3)” que alude a esas preguntas sin respuesta y termina con estos versos resignados:

    Haciendo tiempo, / mientras llega la hora de oficiar / mis pompas funerarias, / que no serían gran cosa, por supuesto. / En estos tiempos malos bastará / con una mula vieja / y un ánfora de palo / brillante y negra / como el lomo mojado de un delfín. / ¡Ah, las preguntas celestes! / Las inmensas.

    Y en medio de ese negro silencio que responde a estas preguntas, hay poetas que nos han arrastrado al lado más crudo y temible de las guerras, como muy bien podemos considerar a este invasor mortífero de nuestras vidas. Como la polaca Wislava Szymborsaka, poeta galardonada con el Nobel en 1996 en su célebre poema “Fin y principio:

    Después de cada guerra / alguien tiene que limpiar. / No se van a ordenar solas las cosas, digo yo. / Alguien debe echar los escombros / a la cuneta/ para que puedan pasar / los carros llenos de cadáveres.

    LUZ ESPERANZADORA
    El sentido esquivo de la vida, la frágil condición humana, la muerte que nos acecha detrás de cualquier suceso imprevisto, el gran silencio que responde a nuestras preguntas más inquietantes, siempre estuvieron en la poesía, pero se hacen más presentes y punzantes en estos días.

    Y de esa frondosa poesía, podríamos rescatar muchos otros ejemplos, entre los cuales escogemos dos textos finales que parecieran señalarnos una luz esperanzadora en medio de ese gran silencio: El poema Apocalipsis de Ernesto Cardenal, el sacerdote y poeta nicaragüense recientemente fallecido, resulta emblemático y muy oportuno para estos días, como cuando dice:

    Y todas las tiendas y todos los museos y las bibliotecas / y todas las bellezas de la tierra / se evaporaron / y pasaron a tomar parte de la nube de partículas radioactivas / que flotaba sobre el planeta envenenándolo / y la lluvia radioactiva a unos daba leucemia / y a otros cáncer en el pulmón / y cáncer en los huesos / y cáncer en los ovarios / y los niños nacían con cataratas en los ojos / y quedaron dañados los genes por 22 generaciones / (…).

    Pero este conmovedor Apocalipsis termina anunciando un planeta nuevo que nacería después de que las fuerzas del mal fueran arrojadas al mar del fuego nuclear:

    Y vi una especie nueva que había producido la Evolución / la especie no estaba compuesta de individuos / sino que era un solo organismo / compuesto de hombres en vez de células (…).

    Y la Tierra estaba de fiesta / (como cuando celebró la primera célula su Fiesta de Bodas) / y había un Cántico Nuevo/ y todos los demás planetas habitados oyeron cantar a la Tierra / y era un canto de amor.

    Y en estas tierras donde nació una cultura antigua que nos trajo hasta estos tiempos de profunda intemperie una palabra hilvanada con intensos resplandores, podemos rescatar un fragmento de ese deslumbrante canto Ayvu rapyta de los mbyá guaraní, en el capítulo La nueva tierra, cuando Jakaira Ru Ete esgrimía su voluntad para un tiempo nuevo, después del gran diluvio:

    “Yo ya estoy dispuesto a crear para mi futura morada terrenal.

    Mi tierra contiene ya presagios de infortunios para nuestros hijos hasta la postrer generación: Ello no obstante, esparciré sobre ella mi neblina vivificante, la llamas sagradas, la neblina he de esparcir sobre todos los seres verdaderos que circularán por los caminos de la imperfección”.

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  35. Coronavirus: atrapados por el miedo a morir

    Pablo Álamo Hernández

    Ocuparse sí, alarmarse no. Es necesario proteger el bien común y crecer juntos.

    «De lo que tengo miedo es de tu miedo», escribió Shakespeare. El miedo genera pobreza, no sólo material; la confianza lleva a la abundancia, no sólo espiritual. La batalla más grande que se está librando hoy es entre el miedo y la confianza, entre la desesperación y la fe.

    El miedo no sólo es causa de todo tipo de miserias sino que, además, es sinónimo de una de las más dramáticas pobrezas: la del alma. Por eso Giacomo Leopardi afirmó que «no hay que temer ni la prisión, ni a la pobreza ni a la muerte: teme únicamente al miedo». En medio de las crisis, el miedo no es el mejor aliado, nos impide descubrir la mejor decisión, ver «más allá» de aquello que nos asusta, nos estremece, espanta o paraliza.

    Un problema de liderazgo político

    El coronavirus ha creado un estado de miedo creciente y generalizado por culpa no del virus sino del mal manejo que se ha hecho de él. Una vez más la clase política no ha estado a la altura. En Occidente, España y Estados Unidos quizá se llevan el premio a la irresponsabilidad: el país gobernado por el socialista Pedro Sánchez permitió manifestaciones multitudinarias con motivo del 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer) en contra de las recomendaciones de la Unión Europea, cuando ya había evidencias en Italia de la facilidad de contagio; por su parte, el republicano Donald Trump estuvo durante tres meses negando el problema («no hay de qué preocuparse, lo tenemos todo bajo control») como si todo en la vida se redujera a un problema de percepción; la realidad se rebela muchas veces a los «maestros» del marketing.

    Como bien ha señalado Sergio Muñoz Bata en su columna en El Tiempo, los políticos, sin distinción de partidos y de ideologías, han hecho un «mal manejo» de la crisis. Esta incapacidad de gestión, a pesar de las premoniciones proféticas de Bill Gates en 2015, es la causa real de la incertidumbre, del miedo, cuando no del pánico, que se ha instalado en parte de la población. Puedes estar en medio de la peor crisis que, si cuentas con líderes competentes y creíbles, la logras afrontar con entereza y superar con relativa calma. La confianza que generan los grandes líderes es la balsa de aceite que calma la «herida» del miedo.

    Un amigo médico que vive en Inglaterra me ha contado: «Aquí en Londres vamos a sufrir de lo lindo. Hoy (18 de marzo de 2020) todavía han ido los niños al colegio; aparentemente una temeridad, pero la razón subyacente, a mi parecer, es que ¿quién va a cuidar de los niños? ¿Las madres que en un alto porcentaje son enfermeras? Es un problema: niños en casa equivale a menos enfermeras atendiendo a enfermos: ¡no se puede apagar el fuego con gasolina!». América aún no ha sufrido el impacto más duro y Sudamérica quizá se libre un poco por el clima cálido y sobre todo por las medidas radicales de contingencia y aislamiento que han tomado algunos países como Perú, Paraguay, Colombia, entre otros.

    Pero hay un problema cultural trascendental: del dicho al hecho hay un largo trecho. En otras palabras, hay que lidiar con un obstáculo centenario: no somos buenos haciendo cumplir lo correcto, lo que nos conviene, las normas que protegen el bien común. Uno de los mejores ejemplos de lo dicho lo tenemos en el aeropuerto internacional El Dorado, cuyas medidas de vigilancia y control han sido decepcionantes en todo momento.

    Un problema médico… sobre todo para los pobres

    Como no hay un tratamiento para el coronavirus, son necesarias medidas de soporte para atender a los infectados. La preocupación objetiva y real es para aquellos países sin suficientes camas de UCI y ventiladores, como es el caso de casi todos los de la Región. Aquellas ciudades que cuenten con menos medios de soporte por habitante, padecerán lo peor. El caso de Colombia es especialmente dramático porque la ausencia de los mencionados medios no es por falta de plata destinada a la salud sino porque la peor «mafia» del país se ha robado el dinero durante años con alevosía e impunidad. Los muertos por coronavirus y por otras enfermedades curables deberían pesar sobre ellos con toda la fuerza de la ley.

    En Estados Unidos se une un inconveniente adicional: los altos costes de los seguros privados hará imposible para muchos ciudadanos afrontar el virus con garantías ya que no podrán recibir los cuidados necesarios. En conclusión: el coronavirus es una enfermedad que afecta gravemente sobre todo a los pobres y a los más débiles.

    El miedo a la muerte que hay detrás de toda enfermedad es lo que atemoriza a la población. Pero si uno es feliz, cuida de su salud, pone los medios para tener un buen sistema inmunológico, no debe preocuparse más de lo que estaba hasta el momento antes de estallar la pandemia del coronavirus. Los riesgos de morir más probables siguen siendo los mismos que antes. A lo largo de la historia, siempre ha habido pandemias, epidemias y virus más letales. Preocuparse y alarmarse ahora no ayuda: ocuparse sí funciona, observando las medidas de salud que aconsejan los expertos, como el aislamiento preventivo, la distancia física mayor a un metro evitando el contacto físico, lavado constante de manos, ropa, cuidado de la higiene en general.

    Es el momento oportuno para practicar un ejercicio de empatía, de consciencia e inteligencia colectiva, como ha recomendado Claudia López, la alcaldesa de Bogotá. Es necesario aprender a cuidarnos entre todos, saber priorizar el bien común, y convertir esta crisis en un desafío para crecer juntos. Recuerdo la frase que me dijo en su despacho don Manuel García, director general de Tequilas del Señor y decano de la industria tequilera: «Las dificultades ponen a prueba el carácter y los valores; los inconvenientes y peligros nos enseñan que no todo depende de nosotros, que somos vulnerables, que estamos en manos del Señor: por eso tenemos que actuar como si todo dependiera de nosotros y confiar como si todo dependiera de Dios».

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  36. Covid-19: Ya nada será igual

    POR ISMAEL CALA

    El mundo cambió sin que nos diéramos cuenta. Con escasas semanas de diferencia, millones de personas se han visto obligadas al confinamiento y otras tantas han dejado de trabajar. La irrupción del coronavirus transforma de golpe la actividad educativa, económica, social, cultural y tecnológica. Y lo que falta.

    ¿Estábamos preparados para un cambio así? En parte, sí, porque el desarrollo tecnológico ha permitido la activación de recursos existentes, el reacomodo de otros y la constatación de que las vías alternativas de trabajo y estudio son efectivas.

    La gran pregunta es si todos los afectados cuentan con facilidades de acceso a dichas tecnologías. Aquí se vuelve relevante la famosa brecha digital.

    De las consecuencias vinculadas a la xenofobia y a la estigmatización, ya me ocupé en una columna anterior. Ahora hay que centrarse en el aislamiento y en la prevención, que parecen ser herramientas útiles contra el Covid-19. Ocuparnos de la rápida recuperación de los enfermos, y del acompañamiento afectivo a quienes han perdido a familiares y amigos.

    Esta crisis, además, puede sacar lo mejor de todos nosotros. Los grandes genios de la humanidad, de un modo u otro, abordaron el tema. Albert Einstein decía: “Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia”. Por su parte, John F. Kennedy advertía: “En la crisis, sé consciente del peligro, pero reconoce la oportunidad”.

    Así actuaron muchos personajes relevantes en otros momentos aciagos. Los historiadores recuerdan que algunas obras maestras fueron escritas en situaciones de confinamiento obligatorio, como el que hoy viven personas del mundo entero.

    Por ejemplo, en 1606, cuando la epidemia de la peste azotaba a Inglaterra y se cerraban los teatros, William Shakespeare culminó la escritura de “El rey Lear” y empezó otras dos grandes obras: “Macbeth” y “Antonio y Cleopatra”. Y así otras joyas literarias o descubrimientos, nacidos en condiciones de aislamiento, de la mano de escritores, pintores o científicos.

    Hoy, artistas latinos como Alejandro Sanz, Juanes, Laura Pausini, Tiziano Ferro, Sech o Justin Quiles, entre otros, han dado el paso al frente con conciertos gratuitos a través de Youtube. Y debo recordar que, en momentos de ansiedad y miedo, la meditación guiada es una opción muy recomendable. Por ello, hemos publicado siete meditaciones gratuitas en la app “Escala meditando”.

    El coronavirus pasará y lo recordaremos de diversas maneras. Sin embargo, no cometamos el error de minimizar su duración e impacto en el orden actual de cosas. Ya nada será igual.

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  37. Cuarentena obligatoria día 1. Anomia boba, pero con comprensión generalizada
    Por Ricardo Rivas

    En el primero de los días que permanecerá este país en cuarentena obligatoria –“aislamiento social”, como decidieron las autoridades llamar a esta razonable limitación de los derechos de individuales ante la pandemia–, las calles aparecen desiertas. Los movimientos para lo que habitualmente es cualquier viernes son impensados a la luz de los acontecimientos del escenario que construye la pandemia. Los ingresos a cada ciudad –en todo el país– están cerrados herméticamente. Retenes de las fuerzas de seguridad impiden el acceso de nadie que no resida en esa localidad. Claro que, como suele suceder con ricos y famosos, esas medidas no alcanzaron a Marcelo Tinelli que, con parte de su familia, dejó esta capital y en un avión rentado viajó a la patagónica y cordillerana Esquel –1.950 Km al sudoeste de Buenos Aires y 3.100 Km en la misma dirección desde Asunción– para cuarentenarse en un establecimiento rural del que es propietario. Patético. Especialmente, en el caso de un referente mediático sobre el que convergen las audiencias. Claramente, un escándalo del que nadie se responsabiliza. “Vamos a ser inflexibles”, advirtió el presidente Alberto Fernández cuando anunció las medidas de emergencia. Alguien, algo, no entendió.

    Mientras, en la madrugada, en la provincia de Córdoba, un adulto joven, de 26 años, en la capital provincial que circulaba de madrugada en uno de los barrios de esa más que centenaria ciudad, fue interceptado por la policía. Cuando los agentes le consultaron los motivos por los que no estaba en su casa, respondió: “Yo, o tengo que darle explicaciones a nadie”. Fue detenido e imputado por violentar la cuarentena o “aislamiento social”.

    Aquí, en el barrio de Belgrano, siete personas, que se encontraban en un bar de madrugada, al parecer resistieron la indicación de retirarse a balazos. Fueron capturados por la Policía de la Ciudad Autónoma que los puso a disposición de la justicia por “intimidación pública, tenencia de arma y violar el aislamiento social”. ¿Hijos y entenados?

    El sistema de medios –público y privados– razonablemente monotemáticos con la pandemia. Las trágicas estadísticas italiana y española se destacan interminablemente. Aquí, hasta el momento, los números son infinitamente menores que aquellos en la comparación que nadie propone pero resulta inevitable. El otro tema, el de ciudadanas y ciudadanos argentinos que se encuentran fuera del país con dificultades para regresar. Las radios incorporan en sus programaciones conversaciones telefónicas no exentas de dramatismo de personas que se encuentran en Cuzco y en Lima, Perú, pero también en España, Italia, Inglaterra, China, Suiza, Estados Unidos. Por cierto que tampoco faltan estupideces. Una joven mediática, largamente fue entrevistada a través del soporte Skype con su aporte social para la cuarentena: “Hacer el amor. Pero con barbijo. Tapabocas, como los llaman en Paraguay”. Insólito. Disparador de interrogantes. El más extendido que llegaba al canal por las redes: “¿Cómo hacemos para darnos un beso?”. Enorme dilema.

    En Mar del Plata, un grupo de adultos mayores –sí un conjunto de riesgo– contrató un bus decorado como una embarcación al que se conoce como el Barco Olitas. Con luces estroboscópicas y todos los decibeles en los equipos de audio recorrieron la zona céntrica y el boulevard marítimo mientras bailaban divertidos. El recorrido finalizó en un hotel contratado para jubilados y jubiladas. ¡Gente grandísima!

    Inconciencias múltiples. Irresponsabilidades. Rebeldías absurdas que dan cuenta de la épica de la estupidez.

    Cuando promediaban los ’80, en el siglo pasado, un sociólogo de nota, Carlos Nino, categorizó una particularidad social argentina como “anomia boba”. Lo recordé mucho por estas horas. Así categorizaba el profesor Nino a la inobservancia de la ley que no beneficia a nadie. Explicaba que esa forma de comportamiento “genera falta de cooperación social” elemento imprescindible “para la construcción de las instituciones, de la legalidad” y de una sociedad armoniosa.

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  38. Cuarentena total en Argentina desde este viernes
    Por Ricardo Rivas

    El presidente argentino Alberto Fernández ordenará la cuarentena total en todo el territorio argentino a partir de la hora 0 de mañana viernes hasta el 31 de marzo o 2 de abril, aseguraron a este corresponsal dos altas fuentes gubernamentales.

    Los informantes –que se expresaron en esos términos con el compromiso de no revelar sus identidades en el inicio de la reunión que el mandatario mantiene en la Residencia Presidencial de Olivos, 20 Km al norte de esta capital– precisaron que “en ese lapso, toda persona que sea sorprendida por las fuerzas de seguridad y policiales fuera de su domicilio será detenida y acusada de delitos contra la salud pública”.

    La medida será anunciada en detalle antes de que finalice este jueves y tiene por objeto intentar detener o, al menos, reducir la circulación del COVID-19 (coronavirus). Las fuentes confirmaron que los gobernadores de Tierra del Fuego, Mendoza y La Rioja no se encuentran en el cónclave aunque no indicaron las razones de esas ausencias.

    El presidente Fernández procura, según los consultados, “que la medida no genere inconvenientes mayores” y que “la transición se desarrolle sin alteraciones en el orden público ni la circulación de bienes esenciales”.

    “La provisión de alimentos, aguas, elementos de limpieza, desinfectantes y otros de primera necesidad es la prioridad gubernamental para prevenir desbordes”, agregaron.

    Hasta el mediodía de este jueves, oficialmente se reportan 97 infectados, 16 recuperados y 3 fallecidos.

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  39. Business as usual

    La expresión inglesa supone que, pese a las dificultades y amenazas, se trabaja o se comercia como todos los días. Cada noche, durante la Segunda Guerra Mundial, los bombarderos alemanes machacaban Londres que amanecía llena de incendios y de cráteres en las calles.

    Los londinenses se lamían las heridas pero a continuación abrían sus comercios, hacían funcionar las industrias y el corazón de la city financiera ponía en movimiento los bancos. La campana del Lloyd’s Register of Shipping (bitácora del movimiento marítimo comercial) doblaba por los buques hundidos en los océanos y administraba la confianza entre armadores y aseguradores para ajustar las primas de seguros. Todo bien. Ni las V1 de Hitler lograron alterar ese clima.

    El coronavirus mandó a los libros de historia toda esa épica de la calma y el autocontrol. Tanto lo ha impactado el enemigo invisible, que el Gobierno de Boris Johnson puso en pausa las negociaciones para el primer tratado comercial post Brexit. Y mientras el Banco de Inglaterra bajaba el interés referencial de 0,75% a 0,25%, el ministerio de Economía abría la faltriquera para derramar US$ 38.000 millones con la esperanza de atenuar el impacto aún inmensurable de la pandemia.

    En tanto, los supermercados londinenses afrontan la misma histeria que sufren sus similares italianos, españoles y hasta norteamericanos. De un anaquel vacío pendía un cartel con la siguiente advertencia: “Este producto está limitado a sólo 5 unidades por persona”, un aviso digno de la Venezuela de Maduro y no de la opulenta Inglaterra.

    Una primera deducción de esta guerra que recién empieza: la incertidumbre puede más que las
    bombas o los misiles. Los muertos se lloran y los edificios se reconstruyen.

    La incertidumbre, en cambio, destruye la confianza, algo muy difícil de reponer.

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  40. Que no panda el cúnico

    Margarita Borja
    Ya de qué tenemos miedo si estamos todos enfermos, contagiadísimos. Por las orejas, los ojos y la boca nos entra y sale el virus a todas horas: corona de desayuno, de almuerzo: corona, cenando frente a la pantalla, hasta la pizza nos sabe a virus o a desinfectante. En el cumpleaños de la abuelita: corona, en la oficina: corona, en la reunión de compañeros del cole: solo el corona (el resto no asistió por miedo). Si el coronavirus fuera una infección ocular, lingüística o auricular ya estaríamos todos agonizando, con pus hasta en el cerebro. Causa de muerte: proliferación descontrolada de noticias tituladas “corona”. Cuántos millones haría la cervecería mexicana si hubiera podido patentar el nombre. En cambio está fregada porque el temor, la ignorancia y la superstición han llevado a algunos a dejar de tomar esa cerveza e incluso a evitar la comida china. Qué burros.

    Mientras otros se enriquecen gracias a esta pandemia de pánico: los fabricantes de desinfectantes, mascarillas y papel higiénico. Vi en el supermercado a una señora llevando en su coche una Torre de Pisa construida con decenas de paquetes de papel higiénico a punto de desplomarse. El coronavirus no da diarrea, le dije con mucha amabilidad.

    Lo que sí daba diarrea es la bacteria del cólera que cundía en Ecuador cuando yo era chiquita. Y todavía recuerdo las campañas musicales que nos incitaban a lavarnos las manos y no tomar agua puerca. Y recuerdo a mi papá cuya vida giraba en torno a una obsesión: inculcarnos la costumbre de lavarnos las manos. Al llegar a casa de la guardería: a lavarse las manos, antes de comer: a lavarse las manos, luego de hacer pis: a lavarse las manos, al bajarse del bus: a lavarse tres veces las manos. Un verdadero guardián de la higiene, mi papá: ¿te lavaste las manos, mija?, sí, papi, ¿con jabón?, sí, papi, ¿te remangaste, te frotaste bien, hiciste bastante espuma? sí, papi… a ver, ven que te huelo.

    Esos hábitos higiénicos paternos resultaron tan positivos como contagiosos, tanto que mi hija, al regresar ayer de la escuela donde les explicaron cómo prevenir el contagio del coronavirus, me dijo: mamá, hoy no aprendí nada nuevo en la escuela, nos enseñaron lo mismo que tú repites todos los días: ¡lávate las manos!, ¡bien lavadas!, ¡no te toques la boca con esas manos cochinas!

    Lavarse las manos, sí, pero no como Poncio Pilatos. Ante la pandemia global, todos somos responsables. Si está enfermo o sospecha estarlo, evite contagiar a otros. Si está sano, alégrese. Y sea cauteloso.

    Desde el frío corazón de Europa observo de cerca al virus cerrando su cerco. Los pobres italianos ya no dan más, se les desfondan los hospitales del peso de tanto enfermo. Y sus vecinos no pueden ayudarles. Austria les dio un portazo: aquí no me entran hasta que estén sanos (prohibido el paso a trenes o aviones provenientes de Italia). Alemania y Francia les negaron las mascarillas: las necesitan ellos mismos para sus propias crisis emergentes. La Unión Europea es un matrimonio que funciona “en la salud”, pero no “en la enfermedad”.

    Enfermedad que además se ensaña con los viejitos: 81 años es el promedio de edad de los muertos por coronavirus en Italia. Y sin embargo hasta los niños le temen. Cómo no, si día y noche no escuchan hablar de otra cosa que del corona. Es un virus con nombre pegajoso, quizá sea mejor utilizar su nombre más formal: COVID-19, así evitaremos que se nos pegue como lagañas a los ojos, encegueciéndonos.

    Y ya que estamos rebautizando virus por el bien común: es hora de hacer justicia histórica con la mal llamada “gripe española”, pandemia global que desde 1918 aprovechó el horrendo caos hacia el final de la Primera Guerra Mundial para matar a más de 50 millones de personas. La prensa española fue la única que en ese momento, por ser su país neutral, tenía la libertad para informar sobre infectados y fallecidos, mientras que los medios de otros países estaban controlados y censurados desde el Gobierno para evitar cualquier información que pudiera bajar la moral (que ya estaba por los suelos) o generar pánico. A España se la castigó por su honestidad llamando al virus como si allí hubiera surgido (aunque probablemente vino de Kansas, EE. UU.). La gente empezó a temer y rechazar a los españoles. Ay, la ignorancia… porque no nos cuentan las cosas o porque nos cuentan mentiras, porque no nos interesa enterarnos bien o porque es más cómodo creer que comprender.

    Aterrados andamos ahora por el corona, en pánico porque nos acosa peor que político en campaña electoral. Pero el pánico mata. Si salimos ordenadamente de un teatro en llamas, muchos se salvan. Si corremos en estampida, alocados, muchos mueren. Así que mis manos lavaré y un consejo les daré: calma, calma, que no panda el cúnico.

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