Migajas de amor

Habrá tantas formas de amar como personas en el mundo y eventualmente amaremos a quien sepa correspondernos y con quien podamos proyectar un “nosotros” sin mayores dificultades y sin cuotas de sufrimiento. Otras veces nuestros sentimientos irán dirigidos a quien no los valore, a quien les dé igual el tenernos o no.

Como nadie está obligado a querer a otra persona, es válido que el amor no sea correspondido, aunque la validez no aminora el dolor. A todos nos gustaría ser correspondidos, pero debemos aceptar que no siempre eso ocurre.

El amor no duele, es un sentimiento que se disfruta y se vive con entusiasmo, con la calma de que estamos con las persona que queremos. Supone una paz interior y una liberación en la expresión de nuestro ser. Ante este sentimiento el sufrimiento no tiene espacio. ¿Qué sucede cuando amamos y no somos correspondidos? Esta situación que genera dolor nos sirve de ejemplo para entender que no hemos aprendido a amar.

Cuando dejamos de encapricharnos por cosas que no nos hacen bien, entramos en una etapa liberadora, donde comenzamos a atraer a nuestras vidas cosas mejores. Si permitimos que otros sean los que establezcan la cantidad de amor que recibimos, viviremos a punta de migajas. Nadie merece eso. El detalle está en entender que todos merecemos lo mejor.

Por Paola Zapata

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