Ocuparse y no preocuparse

Las salas de espera en los consultorios médicos pueden llegar a ser un lugar inspirador, un horno mágico donde podemos cocinar el enojo que nos produce tener que esperar cuarenta y nueve minutos para ser atendidas (aunque hayamos pedido la cita con siete semanas de anticipación) y transformarlo en una feliz idea.

Eso fue lo que tuve que hacer días atrás, cuando una amiga me pidió que la acompañara a una delicada consulta. Cuando iba por la sexta revista, me encontré con una reseña sobre Reid Hoffman, el multifacético empresario, cofundador de Linkedin y un montón de otras globalmente famosas empresas. Fascinada con el brevísimo artículo, salté a mi teléfono y me sumergí en Google un buen rato en busca de más información sobre este californiano de la bahía de San Francisco y su famosa propuesta para emprendedores conocida como “Plan ABZ”.

Plan B

No sé si “epidemia” es el término apropiado, pero cada vez conozco más gente que me cuenta que ha sufrido de episodios de ansiedad o conoce a alguien que pasó por eso. Entre amigas, clientes, colegas y en muchos otros lugares donde haya varias personas reunidas, a menudo surgen los comentarios sobre el tema. Si bien yo también suelo tener momentos de preocupación extrema, suelo aplicar, como medida saludable y preventiva, lo que me dijo hace tiempo alguien muy sabio y tranquilo: “No te preocupes, ocupate”. Eso suele ser suficiente remedio. El que se ocupa de algo enfrenta un problema hasta solucionarlo. Y si no puede, porque ya escapó de su control, tiene un plan alternativo, un plan B. Todos deberíamos tener pensada dos o más soluciones posibles para situaciones de la vida cotidiana y para las grandes decisiones personales o profesionales. Puede ser la diferencia entre fracasar estrepitosamente o en conservar siempre fuerzas para hacer un movimiento de cintura o tomar un camino alternativo.

Mejor tres que dos

Reid Hoffman estudió computación y ciencias cognitivas en la universidad, y, más tarde, filosofía, porque quería ser un influyente académico capaz de lograr un impacto en el mundo. Pero un tiempo después se dio cuenta de que para ese objetivo lo más apropiado era ir hacia el mundo de los negocios y el emprendedurismo. Tal parece que al iniciar el trayecto de su plan A, él ya había pensando en otros y rápidamente supo diseñar un plan B. El resto de su biografía es una fascinante historia de crecimiento, riesgo, tenacidad e inteligencia, que les recomiento lean.

Además de todos sus logros, el cofundador de Pay-Pal y Linkedin es también coautor de varios libros, que —¡cómo no!— también son exitosos. Uno de ellos, “El mejor negocio eres tú”, escrito con Ben Casnocha, desarrolla la idea del Plan ABZ. A grandes rasgos, el plan A es el que uno se encuentra desarrollando en la actualidad, sea que estés estudiando en la universidad, empezando un trabajo en una organización o iniciando un negocio propio. El plan B es la adaptación que estás dispuesto a hacer si se presenta alguna condición nueva que afecta a tu plan original. Es el que te lleva a hacer ajustes para mantenerte en carrera. Puede ser, por ejemplo, un negocio secundario que estás llevando a la par que tu empleo. Pero eso no es suficiente, plantea Hoffman: hay que tener un plan Z en caso de que todo lo anterior falle.

Salvavidas

El tener una última carta ya pensada de antemano hace que el fracaso total no sea una opción. Es el salvavidas de alguien que está dispuesto a luchar para no hundirse, pase lo que pase. Un plan Z es muy distinto a los otros, no tiene que ver ni con tu empleo actual, ni con la industria en la que te desempeñás y tal vez ni siquiera con el lugar donde vivís.

Esta idea llena de optimismo me encanta, porque no niega el fracaso, con que inevitablemente nos vamos a encontrar una y otra vez en la vida, en nuestra casa y en los proyectos que emprendamos, sino que considera que siempre hay una salida, mientras estemos vivos.

Mi conclusión: hay que ocuparse de una misma, dedicar un tiempo a delinear varios planes B y, sin falta, uno que funcione de Z. ¡No quiero escuchar más interminables historias sobre los efectos de la ansiedad! Cambiemos el orden del día, hablemos sobre nuestros planes Z. Puede resultar hasta divertido, pero, sobre todo, inspirador.

STEPHANIE HOECKLE

 

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