El cuento del cerebro que no podía ser empático

Había una vez un cerebro que no podía ser empático. No podía colocarse en el lugar del otro para poder entender lo que pasaba, algo determinante para la realización y el desarrollo de las relaciones interpersonales. Por mucho tiempo, muchos científicos atribuyeron esa discapacidad empática de ese cerebro a un trastorno meramente afectivo, pensando que era consecuencia de ese déficit de afecto más que realmente causante del mismo. Sin embargo, el desarrollo de las técnicas de neuroimágenes, así como los avances en genética han demostrado que ese cerebro que no podía ser empático tenía una causa neurobiológica más que emocional en su carencia. Ese déficit se relacionaba con alteraciones cerebrales durante la vida intrauterina y con trastornos relacionados con la herencia. Y sobre todo, que había más “cerebros que cerebras”, es decir, había seis cerebros masculinos por cada cerebro femenino que no podían ser empáticos, lo cual indicaba que algo anormal podría haber en el cromosoma Y que es el que determina el sexo masculino. Seguir leyendo El cuento del cerebro que no podía ser empático