Los barcos de la muerte

Vagar sin destino y sin puerto que los reciba.

El episodio que vive el crucero Westerdam, de la compañía naviera Holland America Line, despierta antiguas historias de travesías marítimas, pestes y muerte. El Westerdam finalmente fondeó frente a Sihanoukville, ciudad costera de Camboya, luego de ser rechazado en otros cinco puertos ante el temor de que alguno de los pasajeros pudiera estar infectado con el coronavirus. Esta historia se suma a la del Diamond Princess, anclado en aguas de Yokohama y con 218 personas infectadas con el Covid-19 entre los 3.700 ocupantes del barco.

Episodios como estos atraviesan la historia de la navegación en todo el planeta.

El vapor inglés Araguaya ancló frente a Río de Janeiro en octubre de 1910 con pasajeros de primera clase de encopetados apellidos y también con 1.028 inmigrantes de tercera clase, la mayoría de ellos enfermos de cólera. La noticia puso en guardia al servicio sanitario carioca, estructura sanitaria organizada por el célebre sanitarista Oswaldo Cruz, a cuya eficiencia se debió una significativa disminución de la incidencia de la fiebre amarilla y la peste bubónica. El transatlántico quedó surto a un kilómetro de la costa mientras las autoridades sanitarias inspeccionaban la nave. Entonces constataron que los casos de cólera se debieron, fundamentalmente, al estado vergonzosamente antihigiénico de los recintos de tercera clase, desbordantes de suciedad y aguas negras. Los pasajeros serían luego desembarcados en Ilha Grande, frente a Angra dos Reis, y allí mantenidos en cuarentena hasta el final del episodio.

Un auténtico barco de la muerte fue el vapor español Valbanera, que en junio de 1919 partió del puerto de La Habana con 1.600 pasajeros. El mundo atravesaba la epidemia de gripe más devastadora de la historia, que mató más gente que la Primera Guerra Mundial. El clima adverso, la escasez de alimentos, el hacinamiento y la falta de higiene dieron paso a una racha letal que en pocos días enfermó a centenares de personas, muriendo 33 pasajeros. El motín que siguió a la tragedia casi termina con el linchamiento del capitán. El Valbanera sería víctima, un mes más tarde, de un huracán que lo hundió frente a Santiago de Cuba arrastrando al fondo del mar a 488 de sus pasajeros.

Todas, historias que replican la saga del “holandés errante”.

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