Deuda soberana argentina: Algo para negociar

Hoy, el presidente Alberto Fernández cumple dos meses de gestión. En unos pocos días, además, finalizará el tiempo de vacaciones, de relax y, por tanto, las preocupaciones de todos y todas volverán nuevamente al centro de la escena. El jefe de Estado lo sabe y se prepara para la nueva etapa. La deuda soberana tiene la máxima prioridad entre las urgencias actuales, las que vienen y las que emergerán en la agenda del mandatario. Para decirlo de alguna manera, con el fin de la gira que lideró en Europa terminó el recreo porque comenzarán los reclamos sectoriales.
Más allá de ello, un batallón de nadies –escudados en el anonimato, pero que no se puede dejar de lado dada la alta ubicación que esos voceros discretos tienen en el organigrama gubernamental– sostiene que “los planetas se van alineando tras las cumbres con el papa Francisco, en el Vaticano; con el premier italiano, Giuseppe Conte, y el presidente, Sergio Mattarella, en Roma; con Angela Merkel, en Berlín; con Emmanuel Macron, en París; y con el rey Felipe VI y el jefe de gobierno Pedro Sánchez, en Madrid”. Casi simultáneamente, el embajador argentino en Washington, que fue recibido en la Casa Blanca por el presidente Donald Trump, escuchó de su anfitrión un mensaje alentador que se agregó a las buenas nuevas de los anteriores: “Transmítale al presidente Fernández que cuenta con el apoyo de este presidente”. Tal vez por esa recolección de buenas intenciones expresas no son pocos los portavoces oficiales que afirman que, “hasta el momento, se acordó con cerca del 50% de los tenedores de bonos argentinos y con el 65% de los decisores del Fondo Monetario Internacional (FMI)”.

En procura de aparecer como previsible, Alberto F. asegura tener “un plan si pagamos como queremos pagar y otro, si no podemos pagar como queremos”. Al parecer, el ministro de Hacienda, Martín Guzmán, sugirió al presidente tres opciones. Retrasar el pago del capital adeudado y los intereses; no pagar los intereses para que, luego, esos montos se agreguen al total de la deuda; y pagar solo los intereses –sin el capital– aunque esa alternativa, para la Argentina, por su carpeta crediticia poco recomendable, no es posible. ¿Será posible alguna de esas opciones sin el apoyo concreto de Trump de tensa relación con los líderes europeos?

Del lado de los acreedores, se deja trascender que la Argentina “tiene que precisar cuál es su plan para pagar lo que debe”. Alberto F. ya lo hizo ante la Asamblea Legislativa cuando asumió sus responsabilidades. A no equivocarse. “La deuda es impagable”, afirmó porque “fue tomada irresponsablemente” por el presidente Mauricio Macri “que mintió”. Desde ese análisis, entonces, propone no pagar hasta que se pueda. ¿Cuándo se podrá? Cuando haya crecimiento sostenible. ¿Cuándo llegará ese momento? Enorme interrogante que espera respuestas claras tanto en el frente externo como en el interno que, por sus características, demandan de estrategias comunicacionales claramente diferenciadas. No parece estar ocurriendo.
De hecho, el embajador Argüello se preocupó por explicar al diario Clarín que el apoyo del presidente norteamericano “no significa necesariamente que (en la Casa Blanca) estén alineados con los intereses argentinos”. ¿Exégeta de Trump?

Unas pocas horas más tarde, la vicepresidenta Cristina Fernández acusó al FMI de haber realizado un “préstamo ilegal” a la Argentina y exigió para pagar la deuda “por lo menos una quita sustancial” del capital adeudado porque ese organismo multilateral, según la ex presidenta, “hizo un préstamo por afuera de la historia del Fondo, comprometiendo el 60% de la capacidad prestable del organismo y, por el otro lado, se hizo violando las obligaciones del FMI”. ¿La multiplicidad de voceros sobre la negociación de la deuda soberana será parte de la estrategia negociadora?

En el transcurso de una entrevista que concedió Alberto F. a Le Monde, de Francia, sobre la injerencia de Cristina F. en la gestión gubernamental, el mandatario aseguró que “no toma ninguna decisión, pero yo la consulto mucho. Fue presidenta durante 8 años; es de una inteligencia singular y no quiero privarme de su experiencia”.

por Ricardo Rivas

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