Lo que decida la mayoría

Como toda madre, profesional y amiga, formo parte de varios grupos de WhatsApp. Con el tiempo, he observado un fenómeno bastante particular. Cuando se va a decidir algo que atañe al grupo solo unos pocos tienen una opinión bien clara, ya sea de apoyo a lo que se propone, de disidencia o de brindar una alternativa más a la elección. Un alto porcentaje (a veces hasta 80%) participa con mucha liviandad y da la respuesta: “Lo que decida la mayoría”.
¿Y qué pasa si “lo que decida la mayoría” es la mayoría? ¿Será que estamos perdiendo la capacidad de tener una opinión sobre algo, un criterio propio? ¿Cuál es el nivel de compromiso en la toma de decisiones cuando esa es nuestra respuesta? ¿Y en la ejecución posterior?

Esta frase tan particular me recuerda a uno de los miedos más grandes que tenemos los seres humanos: el ser rechazados por el resto de nuestra “manada”. En la era de la prehistoria, sí o sí necesitábamos la protección de la manada en todo sentido. Si no, poníamos en riesgo nuestra vida de una u otra forma. Hoy no tenemos cerca animales feroces que pueden comernos si la manada nos abandona, pero seguimos teniendo miedo a no pertenecer a ella. Esto me lleva a que puedo tener ideas fantásticas dentro de mi cabeza, pero si pienso que no serán aceptadas o que se reirán de las mismas opto por la respuesta “lo que decida la mayoría”.

Y no veo nada de malo en nuestra relación con la manada, sino en que coartamos nuestra forma de pensar, hacer y nuestros deseos por miedo a ella. El grave problema de optar por esta elección es la inconformidad interna y la queja posterior. Ni bien otros llevan a la acción la opción ganadora, encontramos cosas que no nos gustan, criticamos, nos quejamos por los pasillos (pocas veces de frente). No pusimos el suficiente compromiso ni en la elección ni en la implementación, pero sí asumimos total compromiso a la hora de criticar. Y, a pesar de todo, seguimos eligiendo “lo que decida la mayoría”.

En estos primeros meses del año te invito a que te cuestiones: ¿Quiero tener un gran y excepcional año? ¿O quiero un año tipo “lo que decida la mayoría”?

Yo opto por lo primero. Sé que no será fácil, que me sentiré incómoda, que necesitaré redoblar mi valentía, mi determinación y mi esfuerzo. Pero, también soy consciente que prefiero todas esas cosas a estar con un sentimiento de insatisfacción constante donde culpo a otros de los resultados que no tengo.
Sé también que si somos varios los que hacemos lo mismo la diferencia podrá sentirse en nuestras familias, en nuestras comunidades y, por qué no, en nuestro país.

por Patricia Nieto

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