Yiu y Yui

Es un guacamayo. Más bien un guacamayo de peluche. Su nombre es Yiu. Así lo bautizó mi hija mayor. Lo llama así a partir de un tiburón de juguete que es furor en redes sociales que a cada rato dice “yiu”. Desde que lo recibió como regalo de reyes se hicieron inseparables. Lo lleva donde sea. El miércoles lo llevamos a su colonia de vacaciones donde practica natación.

La tormenta se venía y volvimos a todo trapo porque ho’apáta la mundo. Horas después, Yiu no aparecía y llegamos a la conclusión de que nos olvidamos de él. Aurora se quebró y mi alma con cada lágrima suya. Fui a buscar al pajarraco con esperanzas de hallarlo. Ni rastros.

No quedó de otra que buscar otro “Yiu” de donde los reyes lo habían encontrado. Después de buscarlo afanosamente lo hallé en una góndola. Mismos colores, misma forma pero más grande. Al día siguiente el mero mero Yiu reapareció. Estaba entre las cosas de Aurora y en la desesperación no se había percatado de que siempre estuvo allí.

Antes tuve que enviarle una foto del “falso Yiu” diciéndole que ya lo había encontrado. Al final la princesa tiene dos plumíferos de peluche. El Yiu mau resulta que es la mamá del ave más pequeña. Volvió la calma y Auro está feliz. Sí, uno hace lo que sea por los hijos. Si no, pregúntele a Yiu y su mamá, que ahora se llama Yui.

Por Hugo Barrios

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