Pie de fotografía

“La escena transcurre entre el apocalipsis y la ternura y, sin embargo, no es exactamente ninguna de las dos cosas. Es tan solo algo tan prosaico y tan terrible como la vida real. (…) No hay muros. No hay pupitres. No hay cuadernos. Tan solo hay niños sentados sobre los cascotes, deseando aprender, y maestros de pie y en pie, resistiendo como mejor saben: enseñando”. Es el pie de una fotografía, pero el texto no traduce el dramatismo de la imagen. Los niños aparecen pendientes de lo que explica el maestro frente a una pizarra también apoyada en cascotes, porque de seguro se desprendió de la pared. No hay uno solo que esté distraído, ni hablando con su compañero ni haciendo otra cosa que no sea atender.


La imagen muy bien podría corresponder a una escuela de alguno de nuestros pueblos. ¿Qué la podría diferenciar? Pero no. Se trata de una escuela al sur de Sana, capital de Yemen. Una o varias bombas, “es imposible chequear el dato”, dice el periodista, reventaron las paredes del aula. La fotografía ocupa dos páginas de la revista dominical del diario “El País” de Madrid.

Qué susto, señor ministro. No se trata de ninguna de sus escuelas. Qué tranquilidad señor intendente de donde sea. No son las ruinas de una de las escuelas de su comunidad que se han venido abajo no a causa de las bombas de la guerra civil que soporta ese país desde hace tres años; sino que se han venido abajo porque el dinero que le dieron para mejorar esas construcciones usted se lo robó para mejorar su casa familiar, para comprarse un todoterreno de alta gama y, de paso, montar una estancia con todas las comodidades que le permitirá vivir desahogadamente el resto de su vida.

No hay nada de exageración en esto. Según la Contraloría General, entre 2013 y junio del año pasado, 16.091 millones de guaraníes fueron utilizados de forma irregular por gobernaciones y municipios. Existen 56 municipios que tienen irregularidades en los documentos presentados o ni siquiera lo hicieron. También hay dos gobernaciones que se encuentran en falta. ¿Qué ha hecho la Justicia que no puede alegar ignorancia de esta situación? Pues sencillamente nada, o casi nada.
Volvamos a Yemen: es uno de los países árabes más pobres del mundo. Con un poco más de 28 millones de habitantes ocupa el extremo sur de la Península Arábiga y desde hace tres años vive una guerra civil en la que han muerto más de 6.500 personas, además de 85.000 niños que murieron por desnutrición. Yemen es un Estado fallido; vale decir, sus organismos estatales no funcionan y el ciudadano no cuenta con ninguna protección ni hay nadie que pueda protegerle en sus derechos. Su guerra civil se ha internacionalizado con la ayuda que prestan varias potencias a uno u otro de los grupos en pugna por temor a que Irán encuentre allí a un país aliado. Mientras tanto la población civil se muere a causa de los bombardeos o simplemente de hambre.

La fotografía de la escuela destrozada por causa de las bombas y el desamparo de los niños asistiendo a clase en condiciones infrahumanas en poco o nada se diferencia de las que se publican en nuestro país de las escuelas destrozadas por la corrupción. Iguales son los niños que muestran su interés por aprender con la esperanza, tal vez inconscientes, de que con educación algún día podrán salir de esa situación calamitosa en la que están sumidos a causa de un Estado fallido, o en vías de serlo.

POR JESÚS RUIZ NESTOSA

 

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