Una energía deslumbrante

El cerebro humano es un órgano esponjoso, cuyo peso es una pequeña fracción del peso total del cuerpo, solamente 1.360 gramos en una persona adulta. Junto con la médula espinal forma parte del sistema nervioso central.


Diane E. Papalia, en su obra titulada “Psicología”, sostiene que el cerebro procesa la información rápidamente y que la puede tratar simultáneamente, dado que millones de células trabajan a la vez. Es tan majestuoso que puede dar saltos intuitivos, utilizando la capacidad de discernir. Además puede entender y organizar experiencias en nuevos conceptos, estimulando su capacidad de creación y su estirpe creativa.

Millones de ciudadanos procesan la información a la que acceden de diferentes maneras, son millones de cerebros en acción, son quienes le dan vitalidad a la tierra que habitan. Ellos ponen en práctica sus capacidades innatas y adquiridas.
“Nuestros cerebros son centros increíblemente activos de actividad eléctrica durante toda la vida, incluso cuando dormimos”, escribe y enseña Papalia. Y especifica: “al igual que una batería, cada neurona posee una energía potencial almacenada, ya que el interior de una neurona cuenta con más iones negativos que positivos (partículas cargadas), mientras que su exterior está rodeado de iones positivos”.
Cada ser diariamente puede expresar y compartir la energía que posee, esa que ayuda a encender tantas veces como sea necesario el espacio de los sueños, el ideario de los proyectos, el sentido de los hechos y el estímulo de los compromisos.

Es deslumbrante el universo del cerebro, entre sus asombrosas acciones se encuentran las comunicaciones que viven las neuronas a través de conexiones especiales, que se denominan sinapsis. ¡Imaginemos por un instante lo que debe suceder en nuestro cerebro!

Podemos crear conexiones a través de acciones focalizadas en el discernimiento constructivo, ético y respetuoso.

Es brillante el cerebro humano. Es capaz de crear nuevas hipótesis y comprobarlas, adaptándose a nuevas situaciones y a nuevas informaciones, indica Papalia. Allí las informaciones que recibe vivirán procesos extraordinarios, dando paso a la percepción, interpretación, reflexión y conclusión de aquello que está en su órbita. De manera que en el cerebro yace esa capacidad de conectar ideas y significados, por lo tanto cada uno puede utilizar la grandeza que posee para orientarla hacia la construcción de pensamientos que permitan estimular la realización de comportamientos enfocados en el crecimiento.

por Marcelo Pedroza

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