Desafíos de la educación

Cada día, educar es más complejo y difícil, para las familias y para los educadores profesionales en las escuelas, colegios, institutos técnicos profesionales y superiores y universidades. La velocidad acelerada de los cambios se ha convertido en un factor constante, que unido a la dinámica de las globalizaciones, presionan juntos imponiendo nuevas exigencias y necesidades. Para sobrevivir en las olas de los cambios en la sociedad del conocimiento son necesarias, en primer lugar, la confianza en sí mismo, la apertura y, con ellas, las capacidades de pensamiento crítico, comprensión, aprendizaje permanente, flexibilidad y frecuencia periódica de actualización.
La dificultad y la complejidad surgen de diversos frentes: el político, el social, el económico (porque la pobreza y la riqueza son acumulativas), el cultural, el científico, el tecnológico y el frente de la nueva hominización, con perspectivas y cuestionamientos del transhumanismo, la nueva manera de ser de los niños y el frente ético. Nueve frentes que invaden y afectan a todos los campos de la pedagogía.

Los educadores de la mayoría de nuestros hogares e instituciones educativas siguen educando como hace cuarenta años, es decir, para un mundo que ya no existe y cuando esta generación de jóvenes del siglo XXI entren en la sociedad por sí mismos y no dependiendo de sus padres se encontrarán desfasados, con competencias y conocimientos desactualizados, escasamente válidos para un país estancado en el subdesarrollo.

Ante este panorama es necesario que los educadores naturales y primarios, madres y padres, y los educadores profesionales de todos los niveles reconozcan la urgencia de cambiar los modos de educar.
Nuestro sistema educativo y nuestras pedagogías familiares y profesionales no han encontrado todavía respuestas a los desafíos.

Cada uno de los nueve frentes citados plantea un paquete de desafíos, todos ellos inevitables si queremos que las generaciones actuales y próximas de educandos no queden orillados en el futuro inmediato y remoto. Esos nueve frentes están generando un mundo totalmente diferente, para el que todos los educadores deben estar preparando a las nuevas generaciones.

Cualquiera de los frentes y todos con más razón provocan la profunda crisis de la educación. Nunca en su historia la pedagogía ha estado tan desafiada y obligada a reaccionar para responder adecuadamente a las demandas exigentes de la sociedad, demandas que requieren profesionales altamente calificados, tanto más cuanto mayor sea el ámbito de su responsabilidad en el sistema educativo.
Es urgente afrontar todos los frentes, pero si queremos instalar definitivamente una verdadera democracia, para que el poder (cracia) sea de todo el pueblo (demos) es imperativo y apremiante desarrollar políticas sociales intensivas de educación. Los pobres y los económicamente débiles jamás saldrán de la pobreza ni alcanzarán todos sus derechos humanos si no reciben la educación de calidad y los recursos necesarios para que hijos y padres estén en condiciones de educabilidad y gocen la educación permanente que la Constitución Nacional garantiza para todos.

Los problemas de nuestra educación no son problemas que puedan resolver los educadores solos, aunque mejoren sustancialmente sus competencias profesionales, menos aún si carecen de dicha profesionalidad, son problemas que tienen raíces en la aceleración de la evolución del ser humano y de la historia, en la política, en el modelo económico, en la estructura social y en el grave estado de salud de la ética con cáncer moral en metástasis acelerada.

Los educadores incompetentes (que son demasiados) no tienen excusas para no profesionalizarse y actualizarse, porque esa es su responsabilidad y compromiso con la sociedad, deben saber educar “en tiempos de cólera”, saber navegar con viento a favor y con viento en contra. Pero es hora de que los políticos y gobernantes se ocupen en serio y prioritariamente de los desafíos que acosan y hunden a la perezosa educación.

Los desafíos que a nivel mundial amenazan a la educación si no se los enfrentan inteligentemente, a los paraguayos nos pueden dejar en la cuneta de la historia, sobre todo si seguimos caminando a velocidad de carreta. Conviene recordar que actualmente los conocimientos a nivel mundial se duplican cada dos años. Dentro de pocos años se duplicarán cada once horas. No podemos perder cuatro años en el diseño del proyecto de transformación de la educación.

POR JESÚS MONTERO TIRADO

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