Ficción y realidad

Si ponemos atención a los contenidos que cada semana trae “Mi primer diario”, el novedoso suplemento dominical de El Independiente, caeremos en la cuenta de lo disruptivos que van siendo los conocimientos que hoy día llegan a niños despiertos y dispuestos a insertarse en un mundo de permanentes cambios.

¡Agua líquida y salada en Marte! proclamaba la edición del domingo pasado. Algo impen­sable apenas una década atrás. Hace unos 70 años, semejante idea sólo podía habitar la fértil imaginación de Ray Bradbury, quien en su colección de cuentos Crónicas Marcianas incluye un capítulo titulado “La mañana verde”, cuando el viajero espacial amane­ce en un Marte lleno de bosques y regado por lluvias que siguieron a su aparición.

Otro visionario, el escritor y científico británico Arthur C. Clarke, sorprendió en los ’60 con “2001 Odisea espacial” en la que daba cuenta de una serie de avances tecnológicos como microcámaras de TV y el todopoderoso HAL- 9000, (heuristically programmed algorithmic computer), una super-computadora capaz de an­ticiparse a los movimientos humanos. Hoy, los algoritmos están incorporados a la vida diaria.

En la recopilación “Lo mejor de la ciencia ficción rusa”, editada al cuidado de Jacques Bergier, el escritor Alexei Dneprov anticipa el futuro de la automación con su cuento “Los cangrejos caminan sobre la isla”, Moscú, 1958, una verdadera pesadilla de mecánica inteligente vuelta arma y capaz de convertir todo el metal del planeta en una sola pila de chatarra.

No existe mejor inversión que estimular la ima­ginación juvenil abierta a la ciencia, la tecno­logía y la innovación. Los astrónomos del siglo XIX y parte del XX estaban seguros de que en Marte había canales. No los respaldaba ningún descubrimiento concreto. Pero en torno a aque­llas observaciones se tejieron decenas de his­torias que hablaban de civilizaciones muertas. ¿Fantasías? Quien puede asegurarlo. Hoy sabe­mos que Marte está lleno de depresiones y caño­nes tallados por agua que alguna vez corrió por su superficie y que, como documentaba el suple­mento de EI, se refugia en los casquetes polares.

Ficción y realidad, novelas y ciencia, dos formas de entrar a un mundo que cada día nos asombra con algo nuevo.

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