El cerebro de Joaquín y las bombitas

Joaquín tiene cinco años y pertenece al espectro autista. Tiene problemas de comunicación, le cuesta adquirir palabras para formar un léxico y poder expresar sus deseos. Esa condición hace que por no poder expresarse correctamente, se sienta muchas veces frustrado y no pueda relacionarse correctamente con otros niños de su edad. Si bien cursa escolaridad en una institución con otros niños “normales” (término que molesta y mucho, pero que lo uso para que se entienda lo que digo), sin embargo depende mucho de la aceptación del entorno y de cómo el entorno lo acepte. En algún momento, Joaquín podrá ser víctima de bullying o de burlas por no desarrollarse como el resto, pero por ahora crece feliz y con la ayuda enorme de sus profesores, sus compañeritos, sus terapeutas y, sobre todo, su familia.
Joaquín, como todos los niños y adultos con TEA (trastorno del espectro autista), tiene alterada la sensibilidad a los estímulos, principalmente el sonido de fuentes muy poderosas como una licuadora, una aspiradora, la secadora de manos de un baño o… los fuegos pirotécnicos. Esto provoca en ellos un estado de alteración tal que presentan crisis de llanto incontrolable, pataleos, aleteos, incluso pudiendo autolesionarse en su desesperación por el verdadero dolor físico y mental que esto les produce. Algunos llegan al extremo de desencadenar crisis convulsivas. Esto también se ve en niños con parálisis cerebral, en que la exposición constante a petardos hace que sus músculos permanezcan dolorosamente contraídos causando saltos constantes y rigidez dolorosa.

Joaquín y los demás niños azules (los niños con TEA son llamados así) sufren porque los fuegos artificiales son una sobrecarga muy importante de estímulos que no pueden manejar. Su nivel sanguíneo de cortisol, la sustancia del estrés, aumenta, provocando que adopte actitudes estereotipadas y repetitivas como los aleteos, los movimientos de cabeceo u otros que acompañan al llanto descontrolado y los gritos de sufrimiento. Esto también puede desencadenar en conductas agresivas para tratar de liberar tanto estrés acumulado súbitamente. Muchos incluso siguen recuperándose de las festividades de diciembre en sus terapias durante el mes de enero por el alto nivel de estrés liberado por los estímulos derivados de los petardos.

Conozco bien a Joaquín y te cuento su historia porque él es mi hijo. Sufre mucho con la pirotecnia. ¿Sería mucho pedirte que por él y por los demás ejerzas la empatía y le digas NO a la pirotecnia? Hoy y siempre. Lo que para vos es fiesta, para otros es dolor. Y mucho. Joaquín es mi hijo, pero podría ser el tuyo, tu hermano, sobrino o simplemente hijo de un amigo. Por unas fiestas para todos, con #PirotecniaCero, que esta columna no te invite por hoy a estar DE LA CABEZA, sino DEL CORAZÓN.

Por Dr. Miguel Ángel Velázquez (Dr. Mime)

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