Suciedad que nos mata

La visión apocalíptica del último hombre sobre el planeta parado sobre una montaña de basura fue en los ’90 una construcción artística de lo que se nos vendría en los siguientes 30 años si no hacíamos algo para prevenir la catástrofe. Aunque la foto está lejos de convertirse en realidad, las tres décadas pasaron y la basura sigue siendo la pesadilla sanitaria de los más de 200 países en que se divide la tierra.

Un equipo de expertos de D-Waste, consulto­ra especializada en soluciones para la disposi­ción final de desperdicios, ha confeccionado un “atlas de la basura” con datos inquietan­tes. Por ejemplo, la humanidad produce al año 1.900 millones de toneladas de basura, el 30% de la cual no va a ningún relleno sanita­rio ni planta de procesamiento. El vertedero más grande del mundo está, aunque cueste creerlo, en Las Vegas, EE.UU. Tiene 890 hectáreas, recibe diariamente 9.000 toneladas de basura y se hizo famoso en la película The Getaway, protagonizada por Steve McQueen y Ali McGraw. Shanghai, Roma y Nueva Delhi le siguen en este ranking infecto.

Dos grandes ciudades han desarrollado modelos de disposición final de basura con resultados positivos. Una de ellas es Singa­pur, que en 2012 puso en marcha su “plan verde” que contempló un acuerdo con las industrias de alimentos, de bebidas y de embalaje para reducir el uso de envases. En paralelo, desarrolló un programa de clasificación hogareña de residuos logrando una tasa de reciclaje del 60%, la más alta del mundo. La otra ciudad modelo es Curitiba, con su programa “basura que no es basura” que puso el eje en la separación hogareña de desperdicios y en la capacitación de los cartoneros (gancheros se diría aquí), logrando un tratamiento eficiente del 92% de la basura.

Estas ciudades, y otras 1.200 grandes urbes (según D-Waste), pudieron dominar el problema de la basura en base a organización, capacitación, educación e incorporación de avances metodológicos en la disposición final de desperdicios. Aún así, eso cubre solo el 40% del mar de basura que producimos a es­cala planetaria. En el 60% restante estamos los paraguayos, a muchos de quienes no parece incomodar vivir rodeados de basura.

Ya nos ocuparemos, más adelan­te, de cómo la suciedad mata, aun­que suene a perogrullada.

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