Inútiles y burros

Los principales miembros del Partido Comunista chino se reunieron hace unos años para organizar la purga que llevan adelante cada cierto tiempo, una sangría necesaria para mantener bajo límites aceptables sus niveles de corrupción. Pragmáticos, no aspiran a limpiar por completo el partido, pero sí a cortar la suficiente cantidad de cabezas como para que el temor evite que los políticos den rienda suelta a su voracidad. Se puede decir que buscan gobernar con una corrupción controlada.
Después de estas cumbres de sanación caen decenas de burócratas y empresarios, cómplices en el milenario arte de enriquecerse a costa de los contribuyentes. Las condenas son dolorosamente ejemplificadoras y le pueden tocar tanto al más encumbrado de los políticos como al más exitoso de los inversores. No todos los corruptos caen, por supuesto, pero los que se desploman terminan tras las rejas de por vida, cuando no frente a un batallón de fusileros.

Tras estas temidas limpiezas, los líderes sobrevivientes se congregan para trazar los próximos desafíos de la nación. Del éxito que consigan depende que no terminen en la nómina negra de la siguiente purga. En la última cumbre el reto acordado fue simple; los resultados de la educación pública en China debían colocarlos en los primeros lugares en el mundo. Y lo consiguieron. En el informe sobre las pruebas de PISA de 2018, el gigante asiático desplazó a Singapur en la cima del podio en las tres áreas evaluadas; lectura, matemáticas y ciencias.

Otros países han alcanzado la cumbre, como la siempre celebrada Finlandia, e incluso otras naciones desbancaron a esta en 2018, como Estonia y Polonia, pero pongo énfasis en China porque echa por tierra un mito: que la clase política mantiene de propósito a la mayoría de la población en la ignorancia, porque solo así podrá tenerla controlada.

No basta con tener un ministro honesto o bienintencionado. Si no sabe lo que debe hacer y cómo hacerlo, sencillamente no nos sirve. No basta con elegir un intendente simpático y de buenos antecedentes. Si carece de conocimientos sobre cómo planificar, resolver problemas o financiar soluciones, difícilmente podrá tener una administración exitosa. Si algo aprendieron los chinos es que la administración de la burocracia pública no se improvisa.

El Partido Comunista chino sabe que no podrá mantenerse en el poder si no logra llenar las crecientes expectativas de los más de mil millones de chinos. No ponen a su mejor gente para asegurar los cambios porque sean buenos o patriotas, lo hacen porque se juegan su pellejo en ello.

Hasta que nosotros no tengamos una purga en los partidos, sus viejos operadores seguirán fracasando en la aplicación de políticas públicas, no solo por corruptos, sino principalmente por inútiles y burros.

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