¿Cuidamos a la naturaleza?

Algunos colectivos albergan la extraña convicción de que, como especie, estamos llamados a cuidar la naturaleza. Que sin nosotros, el mundo está en peligro. Hay ambientalistas extremos que fijan, incluso, el año 2040 o 2050 para el fin del planeta tal como lo conocemos. Los profetas aseguran que si el CO2 aumenta y si los casquetes polares se derriten, las predicciones del apocalipsis se cumplirán inexorablemente y entraremos a una especie de oscura noche de los tiempos.

Esta hiper valoración de la especie ha dado lugar a protagonismos más o menos descollantes. Genera muchas teorías y mantiene a mucha gente ocupada cobrando subidos cachets por dar conferencias, emitir informes y llamar la atención de todas las maneras posibles.

Lo cierto es que la naturaleza no necesita alguien que la cuide, y mucho menos una especie insignificante como la nuestra desde el punto de vista del equilibrio biológico. Cuando ese equilibrio se altera, la especie se extingue, no pocas veces por competencia con otras especies. O también debido a eventos como cambios climáticos tales como calentamientos extremos o frios intensos de los que ya hubo varios a través de las eras de la tierra. Otras veces son fenómenos cósmicos, entre ellos cambios de orbita, explosión de supernovas o impacto de grandes meteoros.

Desde que hay vida en el planeta –que según los científicos data de hace 3.000 millones de años-, las especies que poblaron y pueblan la tierra han sobrevivido gracias a un permanente proceso de selección natural y adaptación, según nos enseñan Darwin y Lamarck. Cuando algo no funciona se lo desecha o se lo cambia. Las grullas caminan por los pantanos desde la época de los dinosaurios, para lo cual desarrollaron patas adaptadas al medio acuático y picos largos para capturar comida donde nadie más podría hacerlo. ¿Necesitó ayuda externa la naturaleza para este proceso adaptativo?

No seamos soberbios. No cuidamos la naturaleza, ella nos cuida. Podremos trabajar a favor de su lógica desarrollando tecnologías para tener más comida por más tiempo. Pero tarde o temprano, el equilibrio se romperá y será la especie humana la que desaparecerá, como tantas otras. La naturaleza no. Ella impera y nos penaliza si nos salimos del carril.

Así de simple.

 

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