Conexión con el universo

El psicólogo Abraham Maslow, de la Universidad de Brandeis de Massachusetts, realizó, décadas atrás, un estudio sobre personas que habían sentido, en algún momento de sus vidas, una alegría intensa, un gozo indescriptible y una felicidad muy extraña.
El tema no deja de ser importante y merece una reflexión de nuestra parte, que alguna vez experimentamos esos instantes maravillosos e inexplicables, llenos de gozo y de misterio.

Aquí no hablamos de los pequeños ratos que en nuestra existencia diaria llegamos a sentir alegrías pasajeras por La llegada de un amigo, un ser querido o un vecino agradecido. No hablamos de un ambiente que de repente se vuelve cálido o agradable y nos inunda de dulce paz o de perfecta armonía. No hablamos de sueños cumplidos o iniciar un romance interesante. Hablamos de algo único, maravilloso, extraordinario, mágico e irrepetible. Algo que viene de lo alto, o del interior del alma o para encontrar alguna explicación, algo que nos conecta con el universo.

Ningún escenario tan perfecto como la naturaleza para la comunicación con el universo y con uno mismo. Somos átomos, moléculas y partículas que se integran en el cosmos. Estamos hechos de polvos de oro y de estrellas que se esparcen por todas partes y llega a lo lejos, atravesando el planeta. Somos química, electricidad, cuerpo, mente y espíritu. Somos pura energía inextinguible y eterna. Por todo eso nuestro ser puede inundarse de amor, belleza, pureza, santidad y espiritualidad.
Imaginemos a Francisco de Asís, que en la película “Hermano sol, Hermana luna” de Franco Zefirelli, conversa con las plantas, los animales y las estrellas. Que intima comunión llena de encanto y belleza del Santo con los seres vivientes.

Podemos en medio de la rutina agobiante, nosotros los mortales, tener ese tipo de vivencias? Claro que sí. El psicólogo Maslow recogió en su archivo muchos casos. Dice que esos momentos nos enseñan los secretos y los misterios de que todos somos unidad y tenemos un intimo parentesco unos con otros. Unos somos todos y todos somos uno. Y llegado un momento, nos fundimos con el universo, donde encontramos la identidad plena.

Pero aquí no termina el asunto. El mensaje que nos envía el universo es que todo el tiempo tenemos que vivir esas experiencias místicas. Desde el despertar, hasta en los sueños. Nada nos impide ser intensamente felices porque llevamos luz por dentro y eso no se puede apagar jamás.

POR BLANCA LILA GAYOSO

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