Argentina – ¿Qué fue lo que salió mal?

La coalición Cambiemos asumió el poder en Argentina a finales de 2015 insuflando optimismo a los mercados. De hecho, hubo muchos cambios importantes en poco tiempo que redujeron distorsiones micro y macroeconómicas creadas en las administraciones anteriores. Muchos de esos ajustes tuvieron costos de corto plazo relevantes, pero eran necesarios para permitir tasas de crecimiento más elevadas y sustentables a mediano y largo plazo. En 2016, la economía sufrió una retracción del 2,1%. Sin embargo, en 2017 la economía creció un 2,7%. La inflación, que bajo la presión del cambio de precios relativos llegó al 41,0% en 2016, terminó 2017 en un 24,8%. Los resultados trajeron consigo dividendos políticos. En las elecciones legislativas de octubre de 2017, Cambiemos obtuvo una victoria expresiva.


No obstante, en 2018 la economía volvió a experimentar una recesión y la inflación se aceleró. En las elecciones primarias de este año, el gobierno sufrió una amplia derrota y que señalan una alta probabilidad de que el candidato de oposición Alberto Fernández gane en la primera vuelta las elecciones presidenciales.
Pero a fin de cuentas, ¿qué fue lo que salió mal? Para aliviar el costo económico de los ajustes, el gobierno tardó en reducir el déficit fiscal siguiendo una estrategia denominada “gradualismo”. En 2017, el déficit nominal del gobierno federal fue del 5,9% del PIB.
A falta de un mercado local, esos déficits fueron financiados en gran parte por extranjeros, lo que contribuyó a sobrevalorar el cambio y generar también un déficit en cuenta corriente amplio. Cuando en 2018 empeoraron las condiciones financieras para mercados emergentes, en función de la presión de la política monetaria americana, los déficits fiscal y externo tuvieron que corregirse rápidamente. Hubo una fuerte devaluación del cambio que elevó la inflación y depreció el salario real. Debido al alto grado de dolarización de la deuda pública, el nivel de endeudamiento bruto subió del 59% del PIB en 2017 al 109% actual. En su intento de suavizar los ajustes, el gobierno obtuvo financiamiento del FMI.
Tras las elecciones primarias, el financiamiento, que ya era escaso, desapareció. Como respuesta, el gobierno postergó unilateralmente el pago de títulos de corto plazo emitidos en el mercado local. Una vez más, se implementaron controles de capital.
Una nueva reestructuración de deuda será un proceso lento que, mientras dure, dificultará la retirada de controles cambiarios y el financiamiento externo, penalizando el crecimiento de la economía.
La baja integración económica de Argentina con los demás países de América Latina indica que el contagio de la crisis al resto de la región continuará limitado. Al fin y al cabo, a pesar de haber desafíos fiscales relevantes en muchas de esas economías, el financiamiento del sector público es predominantemente doméstico y en moneda local y el balance de pagos es sólido.
Aun así, la región debe aprender con la crisis argentina. Correcciones graduales de desequilibrios económicos tienen costos que aparecen en situaciones en las que la coyuntura global es desfavorable. Cuando se percibe la presencia de vulnerabilidades, los países deben aprovechar cualquier oportunidad benigna de la economía global para acelerar los ajustes necesarios.

MARIO MESQUITA

20 comentarios en “Argentina – ¿Qué fue lo que salió mal?”

  1. Alberto F., borgiano en “el jardín de los senderos que se bifurcan”
    por Ricardo Rivas

    El viernes pasado, el presidente Alberto Fernández finalizó el primero de sus 48 meses de gobierno. En esas cuatro semanas, aseguró una y otra vez que habrá de honrar la deuda soberana y decidió a través de la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva un fuerte ajuste que afecta, especialmente, a los sectores medios, a jubiladas y jubilados, para “poner plata en los bolsillos de las argentinas y argentinos” y “poner a la Argentina de pie”. Ese texto se publicó en el Boletín Oficial el 28 de diciembre último. Profundo simbolismo, en la tradición católica esa jornada se la conoce como el “día de los inocentes”.

    Así las cosas en lo interno, en tiempos de multipolaridades, los lineamientos estratégicos de la política exterior aparecen, por lo menos, como de compleja interpretación o, si se quiere, desdibujados. Preocupante cuando algunas de las tensiones que se verifican en el tablero mundial y regional tienden a agravarse.

    Esforzadamente, selectos portavoces gubernamentales potencian y remarcan ante editores y analistas que, en cuestiones transnacionales, lo que aparece como contradictorio se traduce como “no estamos casados con nadie”, porque “como decía (el general Juan Domingo) Perón: (no somos) ni yanquis ni marxistas, (somos) peronistas”. Casi 31 años más tarde de la caída del muro de Berlín y de la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), ese tipo de definiciones suenan latosas y solo pueden entenderse como parte de una estrategia de construcción política doméstica.

    Las consultas realizadas por este corresponsal tanto con diplomáticos de carrera como con embajadores políticos que ejercieron funciones con gobiernos peronistas y provienen de esa extracción, permiten verificar que aquella incomprensión está muy extendida. La indefinición respecto de quién será embajador argentino en China, primer socio comercial de este país y segundo en el orden regional, después de cuatro semanas de la gestión de Alberto F., tampoco se entiende en Zhongnanhai (sede del gobierno chino). La diplomacia del Imperio del Centro observa con atención la rapidez con la que la Argentina designó al embajador Jorge Argüello ante la Casa Blanca que, además, coordinará las gestiones de los jefes de las misiones diplomáticas de este país que actúan en Washington ante organismos multilaterales como Naciones Unidas (ONU), Fondo Monetario Internacional (FMI), Organización de Estados Americanos (OEA), Banco Mundial (BM), Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y –frutilla del postre– será sherpa del jefe de Estado argentino de cara a la Cumbre del G20, en Arabia Saudita, foro en el que China tiene múltiples intereses.

    Cuatro fuentes diplomáticas argentinas que prefieren no ser identificadas –tres de ellas militantes peronistas desde muchos años– sostienen que “si bien es cierto que el canciller Felipe Solá integró la delegación argentina que lideraba el embajador Jorge Vázquez en la reunión interamericana que la OEA celebró en Lima, Perú, en 1973, en la que este país propuso reincorporar a Cuba a ese organismo y expulsar a los Estados Unidos, sin consultar a Perón que tenía diálogo directo con el presidente norteamericano Richard Nixon, los erráticos movimientos del gobierno en las últimas cuatro semanas son incomprensibles y muy poco tienen que ver con aquellos sucesos de historia menor”.

    Sostuvieron luego que sobre Venezuela “la Argentina no ha sido clara” y destacaron que “no lo ha sido tampoco con el incremento de las tensiones entre Estados Unidos e Irán, ni con los asesinatos del general iraní Qasem Soleimani y del iraquí Abu Mahdi al Muhandis ni con el derribo ‘por error’ del avión de Ukraine International Airlines con 176 pasajeros abatido por un misil de Irán”.

    Finalmente, uno de ellos, en tono crítico, recordó que (Otto von) Bismarck decía que “el político piensa en la próxima elección; (en tanto que) el estadista, en la próxima generación” mientras que otro de los informantes, corriéndolo por izquierda con palabras que se adjudican a otro alemán, Willy Brandt, recordó que “las barreras mentales por lo general perviven por más tiempo que las de hormigón”.

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  2. Argentina electoral: Un montón de nada

    Dentro de tres domingos –el 11 de agosto– en la Argentina se realizarán las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO). Con ellas, se legitimarán las candidaturas de Mauricio Macri y Miguel Pichetto, por el oficialismo; de Alberto Fernández y Cristina Fernández, por la principal oposición; de Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey, opositores también que pretenden llegar desde el presunto equilibrio y mesura que aportan las miradas de centro; y, las de las izquierdas y los llamados antisistema. Pese a los enunciados de los unos y las otras a la vez que la inminencia comicial, los responsables de las tres principales ofertas a la ciudadanía muy poco o nada proponen o, más grave aún, solo interpelan a la sociedad con generalidades insulsas o acaso historizantes sobre tiempos muy lejanos. “Un montón de nada”, como canta Adrián Otero con Memphis, la Blusera.

    Nada nuevo respecto de los últimos años, con excepción de la propia campaña que opera, con altas preferencias, en el campo de la realidad mixta emergente de la continua interacción social en los campos de la realidad real –por llamar de alguna manera a la socialización tradicional, cara a cara– y la realidad virtual que con mayor o menor intensidad desarrollan ciudadanas y ciudadanos a través de las plataformas tecnológicas en las que Whatsapp y Twitter aparecen como vectores comunicacionales tan imprescindibles como inevitables.

    Pocos, muy pocos, carteles con las caras mayoritariamente sonrientes de los y las postulantes para cargos electivos; reducidos espacios propositivos en los llamados medios tradicionales; guerrillas tácticas a través de cuyos resultados las partes involucradas se tiran con datos sobre eventuales intenciones de votos o no voto; escasos contactos cara a cara de candidatas y candidatos con la sociedad y mucha frase vacía de contenido construida con palabras devaluadas como significantes. Por lo que las y los contendientes dejan trascender y a través de lo que se percibe los esfuerzos de campaña más intensos, al igual que los recursos de todo tipo que se aplican, se invierten en el contexto de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación).

    Los clásicos interrogantes sociales tales como “¿qué harán?”, “¿nos irá mejor?”, “¿habrá default, corralito?”, “¿habrá laburo?”, “¿alcanzará la plata?”, “¿condenarán a los corruptos?”, no tienen respuestas contundentes en las propuestas vacías de los líderes sin partidos que invitan a los votantes a elegirlos porque “los argentinos juntos somos imparables” o porque “sabemos cómo arreglar el caos que nos están dejando”. Si bien las campañas electorales desde muchos años dejaron de ser predictivas en procura de cambiar la realidad para tornar retrodictivas o, sencilla y lamentablemente, vacuas, la que se encuentra en marcha excede a las anteriores. No son motivantes ni desatan pasiones.

    La información que circula aporta poco. Juegos tácticos con encuestas que reportan eventuales escenarios con empates técnicos entre el oficialismo de Macri y el ex oficialismo de Fernández son tapas de los diarios. En las radios y en la tele, con extensas parrafadas se comentan presuntas especulaciones que confidencian los habitantes de las carpas chicas de todas las tribus. La grieta. La incertidumbre. Mediocridad, finalmente con la profunda tristeza de que, como sostiene el dicho popular, “no se puede hacer ni pedir mucho porque es lo que hay”.

    La sociedad argentina no recibe esas respuestas que derrumben sus interrogantes: “¿Qué pasará?”. El “montón de nada” también inquieta a los líderes mercosureños en Paraguay, Brasil y Uruguay. Con el oportuno acuerdo Mercosur-UE alcanzado y con mucho por hacer, en el espacio regional, observan. Hacen falta respuestas. Concretas. Lejos del marketing político 2.0. Los actores públicos tienen que entender que, como también sostiene Memphis, “un montón de nada es demasiado poco y no alcanza para ser”.

    Por Ricardo Rivas

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  3. ARGENTINA ELECTORAL. CANDIDATAS Y CANDIDATOS NO SE VISTEN DE BLANCO

    En la semana que se inicia –el 18 de julio– habrá pasado 25 años desde que, a las 9:53 de ese día, un ataque terrorista mató a 86 personas e hirió a más de 500. Aquella tragedia convirtió al viejo edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en una montaña de escombros. Desde entonces se substanciaron dos juicios orales. El primero, entre el 2001 y el 2004, concluyó con la absolución de numerosos ciudadanos que eran señalados como parte de una “conexión local” de apoyo a los asesinos y puso en evidencia una amplia gama de encubrimientos que involucraba a altos funcionarios de casi todos los poderes del Estado.
    El segundo, consecuencia del anterior, entre el 2015 y el 28 de febrero de este año, condenó, entre otros, por encubrimiento y mal desempeño de sus funciones al ex juez Juan José Galeano –primer magistrado que investigó la masacre–, a los ex fiscales que intervinieron en el caso, Eamon Müllen y José Barbaccia; al ex secretario de Inteligencia Hugo Anzorreguy y a varios policías federales. Sobre los autores materiales del ataque, nada. Solo existen sospechas fundadas que recaen sobre varios ciudadanos iraníes, cuyas capturas internacionales procura la Interpol. Impunidad.

    El 17 de marzo de 1992, la sede de la Embajada de Israel en este país también fue blanco de un bombardeo terrorista que dejó el trágico saldo de 22 muertos y casi 300 heridos de diversa consideración. El caso fue investigado por la Corte Suprema de Justicia argentina que, después de emitir varias órdenes de captura internacionales, cerró la causa. Impunidad.

    En el 2013, la ex presidenta Cristina Fernández (2007-2015) firmó un “Memorándum de entendimiento con la República Islámica de Irán”, en procura del esclarecimiento del ataque a la AMIA. El fiscal Alberto Nisman, en el 2015, denunció ese acuerdo como parte de un intento de encubrimiento de los asesinos, del que responsabilizó a la jefa de Estado. El 18 de enero de ese mismo año, Nisman fue asesinado en su departamento de Puerto Madero. Desde entonces se investiga el magnicidio sin que se conozcan sus autores materiales ni intelectuales. Impunidad.

    Esta trágica reseña de muertos y heridos por asesinos impunes se desarrolla en el transcurso del proceso electoral que permitirá elegir a quien relevará –o no– al presidente Mauricio Macri el 10 de diciembre venidero, cuando finalice su mandato. Versiones de fuentes sólidas aseguran que cuando ocurra la luctuosa efemérides para recordar la tragedia de la AMIA, el mandatario decretará que Hezbollah “es una organización terrorista” pese a que no la clasifica así la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
    Sorprende que, pese a la gravedad de la situación que evidencia la administración de justicia, el tema no es parte de la agenda pública que los candidatos y candidatas instalan. Solo lo mencionan como un genérico incorporado al manual de las buenas intenciones eternas y, desde esa perspectiva, invitan a imaginar, a futuro, con una justicia independiente. Sabor a nada.

    Argentina votará. No son escasos los y las postulantes para ejercer relevantes cargos electivos portadores de serias acusaciones –desde muchos años– que se pesquisan lentamente. Argentinas y argentinos votarán, en no pocos casos, por sospechosos y sospechosas sin la certeza de que sean o no culpables de actos ilícitos. Si bien prima el principio constitucional de inocencia hasta que se pruebe lo contrario, las dudas están. Justicia independiente también implica asegurar con la mayor celeridad que quienes se proponen para gobernar son probos, que carecen de máculas. Candidato –vocablo latino– se origina del verbo “candidare”, que significa “blanquear”. En la antigua Roma, los candidatos vestían de impecable blanco, un color que por estos días no marca tendencia.

    por Ricardo Rivas

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  4. Argentina 2019. Decidir el voto será complejo

    El 2019 comenzó, finalmente, en la Argentina. Antes de estos días que corren, todo fue el descanso al que convoca el verano en el Hemisferio Sur. El inicio llegó con el comienzo del año judicial y del proceso electoral que habrá de finalizar cuando –el 27 de octubre próximo– se conozca quién sucederá en la Presidencia a Mauricio Macri. Los actores públicos comenzaron a moverse. O, más exactamente, a desarrollar acciones de posicionamiento porque, en junio venidero, se conocerán quiénes aspiran a cargos electivos y, para acceder a ellos, deberán exponerse –el 11 de junio– a las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO).

    En el hoy –y en el contexto descripto– no son pocas las novedades que los protagonistas del debate político producen. Incluso algunas son contradictorias o, al menos, llamativas contra manifestaciones previas que fueron títulos periodísticos y disparadores de tan modestos como efímeros debates.

    El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Carlos Rosenkrantz, en el discurso que pronunció ante los magistrados de todo el país, sostuvo que “la justicia argentina está frente a un gran desafío institucional que consiste en superar la crisis de legitimidad que nos afecta” y recordó a quienes hayan querido oírlo que “ser la última palabra en las confrontaciones que caracterizan a toda sociedad moderna depende únicamente de nuestra legitimidad para decidir” porque “la legitimidad del Poder Judicial es esencial”. Pese a esa advertencia, el titular del máximo tribunal de la justicia federal argentina admitió que “como la crisis de legitimidad es compleja, no es fácil establecer cómo superarla”.

    “Los argentinos están perdiendo la confianza en el Poder Judicial. Hay dudas de que nos comportemos como verdaderos jueces de una democracia republicana”, añadió Rosenkrantz, quien desafió a esa aún poderosa corporación a que “revirtamos esta percepción y, para ello, los jueces debemos mostrar, todos y todos los días, que sí somos verdaderos jueces de una democracia republicana”.

    Horas antes de esas palabras, el presidente Macri, en la tele, denunció que Franco, su padre, fallecido el pasado 2 de marzo, cometió “un delito” porque pagó coimas durante los gobiernos que presidieron Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández (2007-2015), para que el conglomerado empresario que fundó y lideró con fuerte protagonismo por décadas “pudiera trabajar”. También, al parecer, lo hicieron su primo, Angelo Calcaterra y Gianfranco Macri, uno de sus hermanos, aunque este imputado niega haber pagado sobornos.

    El 21 de enero último, el mandatario firmó un decreto de necesidad y urgencia (DNU) en el que impulsa la “extinción de dominio” de los bienes que empresas y/o particulares puedan haber adquirido con el producto de hechos delictivos. Una buena parte de su patrimonio personal son las propiedades que por sí o por derecho sucesorio le corresponden del conglomerado empresario familiar. Enorme dilema.
    Para enfrentar a Macri, desde la principal oposición como lo son las más diversas formas en las que se encuentra fragmentado el otrora Partido Justicialista (PJ), aquel peronismo que cantaba a voz en cuello que “todos unidos triunfaremos”, también emergen expresiones de interés analítico.

    La viuda de Kirchner –Cristina, potencial adversaria de Macri para sucederlo en la primera magistratura– junto con una significativa parte del elenco de quienes fueron sus ministros, secretarios y subsecretarios de Estado más consecuentes con sus políticas públicas, no pocos empresarios relevantes cercanos a aquel poder político y algunos otros poderes democráticos o dictatoriales en el pasado cercano, se encuentran procesados en los tribunales a cargo de varios jueces federales y, en lo personal, la ex mandataria hasta tiene sobre sí una prisión preventiva efectiva confirmada en segunda instancia. Pese a ello, tanto la actual senadora Fernández como muchos de sus seguidores hacen públicas

    –derecho que les asiste sí y solo sí– los cursos de acción posibles de aplicar en el caso de llegar nuevamente al gobierno. De hecho, el dirigente Francisco Durañona –intendente de San Antonio de Areco– en el transcurso de un acto público protagonizado por la militancia cristinista exhortó a la concurrencia a “ganar [las elecciones presidenciales] para lograr la mayoría simple en el Congreso Nacional y, desde el 11 de diciembre [próximo], el primer día [de un eventual gobierno] enviar un proyecto de ley para que se amplíe la cantidad de miembros de la Corte [que] tienen que ser militantes nuestros para defender jurídicamente los intereses del campo nacional y popular”.

    ¡Qué momento complejo para que la ciudadanía tome decisiones!

    por Ricardo Rivas

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    1. Argentina 2019. Comenzó la campaña. ¿Reelección de Macri o volverá Cristina?

      Desde el mismo día en que el presidente argentino, Mauricio Macri, cumple 60 años –8 de febrero– la casi totalidad de los medios argentinos coinciden en sostener que “comenzó la campaña electoral” que, en octubre próximo, develará si el jefe de Estado recibirá otros cuatro años de confianza para iniciar un nuevo período el 10 de diciembre de este año, cuando finalice su mandato.

      Sin embargo, no hubo ningún anuncio oficial ya que –por cierto– la ley no solo lo impide, sino que acota la publicidad electoral para que comience solo 30 días antes de las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) que, en el 2019, se realizarán el venidero 11 de agosto fecha en que se conocerá, finalmente, cuáles serán las candidaturas presidenciales por las que podrá optar la ciudadanía argentina el 27 de octubre siguiente lo que habilitará a candidatas y candidatos a publicitar sus propuestas a través de los sistemas audiovisuales desde el 2 de ese mismo mes.

      Pero, más allá de la norma –a la que desde muchas décadas poco se atienen, especialmente los que ocupan cargos electivos que deberían ser un ejercicio permanente del magisterio– todo indica que, sin que las oposiciones lo previeran, el oficialismo inició la carrera hacia las urnas sin aviso a la vez que encubriéndola con el presunto cumplimiento de la obligación constitucional de “publicitar los actos de Gobierno”.

      Con ese marco contextual para la información pública, desde la Casa Rosada (sede gubernamental federal en Argentina) se incrementaron sustancialmente las acciones en las que Macri –junto con la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, y el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta– recorre relevantes obras de infraestructura en desarrollo o terminadas luego que los dos últimos mencionados informaran que las elecciones para elegir a quienes habrán eventualmente de sucederlos en sus cargos, serán en la misma fecha que los comicios nacionales, lo que, en la estrategia, podría potenciarlos ante la ciudadanía.

      “El viejo truco”, diría Maxwel Smart –el Superagente 86– protagonista principal de aquella deliciosa e icónica creación cultural de Mel Brooks en el siglo pasado. Algunos analistas también categorizan tales acciones proselitistas como “campaña electoral implícita”.

      Uno de los más reconocidos analistas políticos argentino, Luis Tonelli, coincide con tales afirmaciones. En diálogo con este corresponsal sostiene que “en lo único que están ocupados (en el oficialismo) es en la campaña” aunque estima que “por ahora se trata de movimientos tácticos para asegurar la logística electoral y, por decirlo de alguna manera, en las operaciones de sabotaje detrás de las líneas enemigas”.

      Por su parte, el consultor Ricardo Rouvier –de notable desempeño con sus estimaciones y encuestas en los momentos previos a cada elección en este país, quien también aceptó al entrevista con La Nación– destaca que “el oficialismo lanzó la campaña electoral con el gesto político de rodear a Macri por encima de toda posible conveniencia electoral con lo que despejó el camino hacia el tramo formal” del proceso comicial.

      Entre tanto y casi como inevitable contraste, desde las oposiciones –especialmente desde seno del Partido Justicialista (PJ) de donde emerge también Unidad Ciudadana (UC), creado por la senadora y ex presidente Cristina Fernández– solo trascienden desacuerdos, acusaciones cruzadas y expresiones con las que sus más relevantes voceros pretenden contragolpear a sucesivas decisiones judiciales que afectan a sus máximos referentes sobre los que pesan reiteradas acusaciones, procesamientos y prisiones preventivas por tan graves como históricos presuntos hechos de corrupción estructural cometidos –según los fallos de la justicia que aún los investiga– con el liderazgo de la propia ex mandataria en complicidad con dos centenares de relevantes empresarios.

      “Más allá de los tiempos procesales –reflexiona Rouvier– es indudable el efecto político que tiene las acciones judiciales en las que aparece fuertemente involucrado el gobierno K junto con un grupo de empresarios” lo que el gobierno del presidente Macri “integrado principalmente por hombres de negocios, que muestra y privilegia una justicia independiente” porque “necesita religarse con sus principios republicanos y, uno de ellos, es la independencia del Poder Judicial”.

      Desde esa perspectiva, enfatiza: “El plan de marketing político del gobierno apunta a consolidar la asociación entre delito y kichnerismo, frente a un gobierno que muestra respeto por la división de poderes”.

      Coincidentes encuestas dan cuenta que entre un 58% y un 64% de los consultados aseguran que en las venideras presidenciales “votarán opositores” en tanto que en esos mismos trabajos, entre el 28% y el 34% responden que “votarán oficialismo”.

      Ante esos datos, Tonelli considera que “es relevante, como interrogante, conocer cómo votará el tercio que rechaza tanto a Macri como a Cristina en un eventual balotaje. ¿Votará en blanco o al mal menor y… cuál será el mal menor?”.

      Rouvier, por su parte, destaca que “las tendencias y la segmentación electoral son similares a la del 2015 y 2017” cuando se impuso Macri pero sostiene que “la actual diferencia es la acentuación de la oposición por el fracaso económico gubernamental, que genera conductas como: enojo, frustración, desencanto; sobre todo entre sus votantes y en sectores independientes. En la tensión entre el resultado económico y la reafirmación o no del voto al oficialismo está la clave de la elección mientras Cristina como candidata (que aún no lo es) evidencie tener muchos votos pero también un límite de crecimiento”.

      Desde ese lugar, sentencia: “el próximo ganador, gane quien gane, seguirá siendo una minoría, obligada a condicionar su gestión a las negociaciones con parte de la oposición”, como sucede desde hace ya tres años aunque, sin embargo, advierte: “El fortalecimiento del voto negativo al gobierno (que emerge de las encuestas, da cuenta que Macri) “asume más riesgos que en el 2015 y 2017”.

      Pero, más allá de los datos y los hechos… ¿qué puede llevar a una derrota a Mauricio Macri o a Cristina Fernández, en las próximas presidenciales?

      Luis Tonelli: “Macri puede ser derrotado si no se presenta Cristina, lo que considero que es muy difícil que suceda. A Cristina, justamente, puede ser derrotada que finalmente es candidata.”

      Ricardo Rouvier: “Macri puede ser derrotado por la situación socioeconómica que es un factor excluyente por encima de otras cuestiones que han perdido prioridad en términos relativos frente a la recesión, la inflación, la caída real de los ingresos, la pérdida de expectativas y que, el factor seguridad como eje de campaña no logre el impacto suficiente. Cristina, por su parte, puede ser derrotada porque su capacidad actual de diálogo, para la unidad (del peronismo), entre cuatro paredes, no le alcance para conformar un consenso para superar un posible balotaje. Además, representa el pasado, al cual, muchos no quieren volver a pesar de las penurias actuales”.

      por Ricardo Rivas

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  5. Argentina 2019. En la patagónica Neuquén comienza el año electoral

    Este domingo se inicia en la Argentina el proceso electoral que permitirá a buena parte de los habitantes de este país dedicarse a una de las pasiones que comparte cartel con el fútbol: la política.

    En la patagónica provincia del Neuquén hoy se elige a un gobernador. Y así será en otros territorios hasta el domingo 16 de junio, cuando se vote para el mismo cargo en la litoraleña Santa Fe, último bastión político en poder del Partido Socialista (PS). Entre esos dos comicios también se concretarán procesos electorales provinciales en otros seis distritos: Chubut, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, San Luis y San Juan.

    El federalismo argentino permite que cada provincia fije sus propias fechas comiciales que podrán coincidir o no con las elecciones presidenciales. Valioso recurso federal devenido en herramienta de mezquinas prácticas de supervivencia política para no pocos dirigentes que coinciden entre sí por sus vocaciones feudales.

    Con excepción de Neuquén, gobernada por Omar Gutiérrez, aspirante a su reelección, del Movimiento Popular Neuquino (MPN) –partido provincial que desde 1963 no pierde ninguna elección–, las restantes están todas en poder del opositor Partido Justicialista (PJ). En consecuencia, si en cada distrito no emergiera de las urnas algún cambio que favorezca al oficialismo nacional que lidera el presidente Mauricio Macri, en muy poco se modificaría el mapa político actual de la República.

    Asimismo, tres aliados del presidente en el frente Cambiemos por la Unión Cívica Radical (UCR), que gobiernan las provincias de Corrientes, Jujuy y Mendoza –en las que todas las encuestas aseguran hasta ahora que no se producirán modificaciones–, los comicios serán, respectivamente, el 2 y 9 de junio y el 29 de setiembre.

    En términos de porcentaje, el territorio neuquino –del que se trata este domingo– contiene apenas el 1,5% del total del padrón nacional, lo que claramente representa una muestra escasa como para proyectar el futuro nacional a partir de lo que surja de la voluntad popular en ese punto geográfico sureño, limítrofe con Chile.

    Sin embargo, el período que se inaugura hoy tendrá dos estaciones nacionales relevantes en el proceso electoral que definirá la suerte o la desgracia de Macri y su proyecto de poder: el 11 de agosto venidero, fecha en que se realizarán las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) para conocer quiénes serán los que lo desafiarán y, finalmente, el 27 de octubre, las presidenciales.
    En verdad, todos los procesos provinciales ya mencionados –atados legal y legítimamente al espíritu federal de los inicios de la nación– se vinculan más con las especulaciones que con el federalismo.

    Sucede que tanto el presidente Macri, líder del oficialista frente Cambiemos, como la senadora y ex presidente Cristina Fernández (2007-2015), de origen peronista –quienes parecería que al final del camino dirimirán sus diferencias en la presidencial que viene–, según coincidentes encuestas, tienen altos niveles de rechazo popular. Más del 50% de los consultados afirman que “NO” los van a votar. Sin embargo, aproximadamente un 30% de los requeridos por los encuestadores, en cada caso, asegura que “SÍ” los elegirán.

    De allí el apresuramiento de los gobernadores –entre los que se encuentran numerosos peronistas– para convocar a las urnas en sus distritos con el objeto de asegurar sus eventuales reelecciones y reducir los riesgos de perder si atan sus destinos políticos a los comicios presidenciales que, hasta el momento, se avizoran como polarizados entre Mauricio y Cristina.

    No son pocos los analistas, al igual que muchos ciudadanos y ciudadanas en este país, que entienden que el futuro de los argentinos, pese a quien le pese, se debate entre dos fracasos, cuyos protagonistas, lejos de aceptar sus fallos, persisten y se ofrecen como reales portadores de las llaves del Mandala sin aceptar que, como canta Fito Páez, “se quebró”. Apuestan a la alternativa de ser –en una eventual segunda vuelta– el mal menor a elegir para seducir al tercio restante que, por lo menos hasta ahora, al momento de querer conocer sus voluntades, se manifiesta, por lo menos, indeciso. Nada nuevo. Desde mucho tiempo en la Argentina los líderes de las desesperaciones personales apuestan a la nada misma alejados de una sociedad a la que solo se acercan a través de las encuestas o de los grupos focales para proponerles luego cambios, futuros, regresos, pasados de gloria, batallas culturales, códigos éticos, valores, mejoras en la calidad de vida. Suena a hueco. Más de lo mismo.

    Hacen que la política haya devenido en retrodictiva y de ninguna manera predictiva para cambiar la realidad. Sobreinterpretan a Maquiavelo y dejan atrás la idea de que “la política es el arte de lo posible” porque para muchos de ellos, posible es todo. No evidencian con sus palabras y acciones que se proponen “hacer posible lo necesario”, como proponía el ex presidente de Francia, Jacques Chirac

    “Son todos iguales”, suele decir el hombre común que como en una dramática confirmación de los supuestos de Chesterton percibe los acontecimientos como “una nueva persecución” que atenta contra su libertad.

    De allí que cada uno de los resultados que vendrán en las elecciones provinciales mencionadas –de cara a la presidencial de octubre– será celebrado por los unos o por los otros como el triunfo de lo mejor sobre lo peor aunque, en verdad, solo se trate de una victoria circunstancial en un pequeño feudo a cuyos habitantes una y otra vez les dirán hasta el hartazgo que son y serán felices, que vivirán mejor, como consecuencia de su voto.

    Alguna vez Emmanuel Kant señaló que “cuando nosotros decretamos lo que debe ser la felicidad del otro, le estamos arrebatando el valor humano supremo: la libertad”.

    Y es en este punto donde la política argentina torna dramáticamente borgiana y evidencia que a los más relevantes actores públicos –y al pueblo mismo– no los une el amor, sino el espanto.

    por Ricardo Rivas

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    1. Argentina 2019. Las oposiciones no inician la campaña electoral. ¿Qué pasa en el peronismo?

      Un mes atrás el oficialismo argentino –con el presidente Mauricio Macri a la cabeza– inició la campaña electoral “implícita” para intentar, dentro de siete meses, ser reelecto pese a que la economía no parece acompañarlo y así lo sugieren tanto la percepción popular como los más relevantes indicadores macro y microeconómicos. Habrá que ver qué decide el electorado.

      Pero, desde entonces, poco o casi nada se ha generado desde las oposiciones en general y, en particular, desde el peronismo, el más relevante de los partidos que pueden enfrentar a Macri y al frente Cambiemos, esa coalición electoral que acumula dos triunfos consecutivos, en el 2015 y el 2017.
      Las encuestas –que circulan cotidianamente– dan cuenta clara del enojo social con quienes podrían postularse para la Presidencia. De hecho, el más reciente trabajo realizado por la empresa Opinaia para el diario Clarín, revela que todos y todas, son mal vistos. Nadie emerge de la ciénaga de las percepciones negativas.

      Entre los siete nombres de quienes más se menciona para eventualmente competir en los comicios del venidero octubre, todos tienen entre el 45% y hasta el 70% de imagen negativa y los consultados al ser mencionados responden: “no lo votaría nunca”. De ellos, cuatro tienen origen político en el justicialismo.

      En ese contexto, el otrora monolítico Partido Justicialista (PJ) –derrotado en 1983, en 1999 y en los dos años ya mencionados– se exhibe frente a la ciudadanía fragmentado, en procura de liderazgos y con muchos de sus más relevantes dirigentes investigados por la Justicia y algunos de ellos encarcelados. Indisimulable.

      No son pocos los analistas que destacan que la implosión que afectó a la política argentina en el 2001 –que tiñó de sangre las calles de este país con alrededor de 35 muertos, encumbró en una semana cinco presidentes y sumió a la sociedad en la más grave crisis política, social y económica de su historia– aún no ha concluido y, desde esa perspectiva, sostienen que el peronismo es la última estructura partidaria del Siglo XX con sobrevida, “pese a todo”. El debate interno en ese partido es intenso, dramático y, por momentos, con enorme crueldad intelectual.

      ¿Hacia dónde va el peronismo? Julio Bárbaro (77), dirigente que desde muy joven transita la militancia partidaria sostiene que “el Partido Justicialista (PJ) está vacío de contenido” y recuerda que solo le “quedan algunos intendentes y ningún gobernador en ejercicio”. Por su parte, Juan Pablo Lohlé (71), un cuadro peronista que ocupó relevantes responsabilidades en el servicio exterior argentino, señala que “el partido está conducido por quienes perdieron las dos últimas elecciones y convocan a la unidad sólo para ganarle a Macri, sin programa, lo que podría devenir en una crisis de un eventual gobierno que se debería prevenir”.

      La autocrítica es implacable. “En el peronismo no hay ideología ni nada que se le parezca”, enfatiza Bárbaro quien recuerda que “Menem (Carlos, presidente argentino 1989-1999) fue un vende patria y los Kirchner (Néstor y Cristina, presidentes entre 2003 y 2015) fueron una nada agresiva”.

      Para Lohlé, “la crisis en el PJ es política, ideológica, ética y estética” y es por ello que “no funciona el movimiento porque no hay unidad de concepción, ni de organización y padece de desactualización”. Coincide en este punto con Bárbaro quien va más allá y asegura que “no hay un movimiento”.

      En procura de una solución, Lohlé considera que “el peronismo debe salir de 1973, tiene que sincerar el debate interno y aspirar a un programa inclusivo con radicales, independientes, socialistas, liberales con sentido nacional, desarrollistas, irigoyenistas, grupos sociales y religiosos. Nadie tiene que quedar afuera. Debe ser inclusivo”.

      “Imagino que después del fracaso, luego que los intereses aplastaran a las ideas, se necesita reconstruir (el peronismo) con un nuevo sistema de alianzas”, expresa Bárbaro quien afirma que “al radicalismo (Unión Cívica Radical) y al resto de los partidos les pasa lo mismo”.

      ¿Qué pasa con los sindicatos a los que Juan Domingo Perón alguna vez llamara “la columna vertebral del movimiento”?

      “Deben cambiar –sostiene Lohlé–, tienen que dejar atrás el modelo político-empresarial para ir hacia un proyecto social de producción, competencia y solidaridad”. En tanto Bárbaro considera que “las organizaciones sindicales que se enriquecieron con las obras sociales (de los trabajadores) hoy son una instancia de poder en sí mismas a las que les da lo mismo quién gobierna mientras las financie”.

      En cuanto a la corrupción estructural que afecta a la Argentina, Lohlé sostiene que “mata, como dice el papa Francisco”, mientras que Bárbaro considera que “al igual que el radicalismo el peronismo genera cargos y riqueza, más allá de sus ideas porque ambos (partidos) abandonaron la política para convertirse en burocracias”.

      Coincidentes en el diagnóstico de la situación y en la crisis de representación de los partidos políticos en general, respecto del peronismo y sus posibilidades electorales Bárbaro afirma que “la única salida es una opción superadora de Cristina (Kirchner) y Macri”, mientras que Lohlé piensa que el tradicional partido de Perón tendrá que “enfrentar un cambio profundo y para ello tendrá que crear una etapa institucional que revalide sus estructuras y las coloque en sintonía con el mundo en que vivimos”.

      por Ricardo Rivas

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  6. SÍ, LLORO POR TI ARGENTINA.

    Argentina, un país que era democrático cuando tres cuartas partes de Europa no lo eran, un país que era uno de los más prósperos de la Tierra cuando América Latina era un continente de hambrientos, de atrasados.
    El primer país del mundo que acabó con el analfabetismo no fue Estados Unidos, no fue Francia, fue la Argentina con un sistema educativo que era un ejemplo para todo el mundo. Ese país que era un país de vanguardia ¿Como puede ser que sea el país empobrecido, caótico, subdesarrollado que es hoy? ¿Qué pasó? ¿Alguien lo invadió? ¿Estuvieron enfrascados en alguna guerra terrible?

    No, los argentinos se hicieron eso ellos mismos. Los argentinos eligieron a lo largo de medio siglo las peores opciones.
    ¿Cómo se entiende eso? Un país con gentes cultas, absolutamente privilegiado, una minoría de habitantes en un enorme territorio que concentra todos los recursos naturales. ¿Por qué no son el primer país de la Tierra? ¿Por qué no tienen el mismo nivel de vida que Suecia, que Suiza?
    Porque los argentinos no han querido. Han querido en cambio ser pobres. Seguir a “caudillos” de pacotilla, “salvadores” de porquería, locos, desquiciados por su mismo odio a todo lo que sea diferente a su locura. Han querido vivir bajo dictaduras, han querido vivir dentro del mercantilismo más espantoso. Hay en esto una responsabilidad del pueblo argentino.
    Para mí es espantoso lo que ha ocurrido en Argentina. La primera vez que fui allí quedé maravillado. Un país de clases medias, donde no había pobres en el sentido latinoamericano de la pobreza. ¿Cómo pudo llegar a la presidencia una pareja tan diabólica, manipuladora, populistas en grado extremo, corruptos de calle como los Kirchner gobernando ese país?. Al menos ya uno no está!.
    Esperemos que la que queda no pueda seguir hundiendo a ese otrora gran país argentino!
    Sin embargo, a juzgar por sus diabólicas relaciones estrechísimas con el desquiciado, paria, bestia troglodita, de la extinta y queridísima República de Venezuela, todo parece indicar que ahora “Cristinita” se apegará aún más a ese escoria, aprendiz de dictadorzuelo, quien ya bastante le ha financiado su mandato a costa del noble pero incomprensiblemente inerte pueblo Venezolano.
    ¡Qué degradación política, qué degradación intelectual! Argentina y Venezuela, dos países extraordinarios vueltos pedazos por una sarta de demoníacos desquiciados!!!
    Por eso me pregunto ¿Cómo es eso posible?
    Mario Vargas Llosa

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  7. Argentina sin clima electoral. Noam Chomsky y el Dr. House lo predijeron

    El clima electoral no se instala en la Argentina. Como si a muchos no les importara votar o, como afirma Noam Chomsky, porque “ya no cree ni en los mismos hechos”. La sociedad parecería estar en otras cosas. Tal vez, en la inseguridad, en la inflación, en la marcha general y personal de la economía, en el desempleo, en la corrupción. O, en algunos segmentos sociales, deje de lado el pensamiento crítico seducida por los más recientes capítulos de Juego de Tronos.

    En el Registro Civil de la capital argentina formalmente se reporta que desde el 2013, crece el número de bebés que se inscriben como Khaleesi, Ayra o Daenerys y que disminuyen los Berlín, Río o Moscú, los bandoleros y bandoleras devenidos en antihéroes globales a partir de La Casa de Papel. Lo electoral no arranca. El 12 de junio próximo vencerá el plazo para inscribir eventuales alianzas para los comicios. Hasta el momento, con la excepción del propio presidente Mauricio Macri, que taxativamente aseguró que competirá, no se conocen otros candidatos.

    Circulan muchos nombres, pero son solo parte de un razonable listado de actores públicos que los analistas de opinión pública incluyen cuando simulan escenarios electorales para mensurar humores sociales. Pero las encuestas, pese a no ser la única herramienta aplicable a las múltiples batallas electorales, son las más conocidas públicamente y, popularmente, se suele descreer en sus resultados. Aquí y en muchos otros callejones de la Aldea Global. Chomsky sostiene que ese sentimiento emerge “por enfado, miedo y escapismo” y el “descrédito de las instituciones”.

    En ese contexto, todo parece indicar que aquí –una vez más– se procurará orientar al votante a partir del miedo para que, finalmente y aunque duela, elija a quien considere menos malo o mala. Tristísima constante o encerrona en la que agregan lo suyo las fragmentadas encuestas que trascienden. Macri y su más comentada competidora que aún no es candidata, Cristina Fernández, son también las dos figuras públicas con mayor rechazo social, dicen esos estudios que también indican que son los poseedores de la más alta intención de voto. ¿Se puede creer en las encuestas?

    Algunas precisiones. Estos trabajos de investigación social –que no son baratos– tienen dueños. Los que las pagan son también los propietarios de los datos y las conclusiones alcanzadas en cada pesquisa. En ellos está la potestad de qué, cuándo y con qué objetivo estratégico o razón táctica se darán a conocer –en todo o en parte– cuando la campaña lo demande.
    El diario Clarín, que se edita aquí, reveló –sin que ninguna voz oficial lo desmintiera– que son 14 las consultoras “que fueron contratadas y miden para el Gobierno Nacional”. La firma Isonomía –una de ellas– es la que días atrás reportó que –“en un escenario de balotaje”– Macri pierde frente a Cristina por 9 puntos. Inmediatamente, entre otras calamidades, el dólar se disparó por encima de los $46; los inversores ratificaron que continuarán alejados de este país; el Fondo Monetario Internacional (FMI) cedió ante el ministro de Economía, Nicolás Dujovne, para poner fin a la flotación entre bandas del precio de la divisa norteamericana; y –la frutilla del postre– para que el oficialismo y el peronismo no K, quizás, alcancen “consensos sobre cosas básicas” y los rubriquen para que sean previsibles los días que sigan al 10 de diciembre que viene cuando finalice este turno presidencial. Otra de esas empresas contratadas por el Gobierno, Demos Consulting, tres días atrás, reportó que Macri triunfa sobre Cristina en primera y segunda vuelta por 4 y 2 puntos, respectivamente.

    Daniel Prieto Castillo –comunicólogo latinoamericano contemporáneo de “Papi” Bordenave– sostiene que en la práctica, “la comunicación es una guerra de percepciones” para que cada quien alcance sus objetivos. Casi patológico. Dr. House, con firmeza, asegura que “todos mienten”. Coincide con el viejo Chomsky.

    por Ricardo Rivas

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  8. Argentina electoral: ¡Largaron!

    En Argentina se inicia la campaña electoral. Las presidenciales serán el 27 de octubre. El 11 de agosto se disputarán las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO). Instancia tan legal como absurda. Para las categorías más relevantes, no hay misterios ni suspensos.

    Los candidatos fueron decididos a dedo. Mauricio Macri irá por su reelección, acompañado por el peronista Miguel Pichetto en el frente Juntos por el Cambio. Su rival con mayores posibilidades es el Frente de Todos, con el dueto integrado por Alberto Fernández y la senadora Cristina Fernández –presidenta entre el 2007 y el 2015–, en tanto que, muy alejado y solo con alguna expectativa en el caso de un eventual balotaje a celebrarse el 24 de noviembre, se anota el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, acompañado del gobernador de la provincia de Salta, Juan Manuel Urtubey, con el frente Consenso Federal.

    Hasta aquí las derechas con peronistas en todas las fórmulas. Las izquierdas, por su parte, con bajas posibilidades pero con el objetivo de incorporar legisladores en todos los niveles parlamentarios, concurrirán a las urnas con propuestas revolucionarias y decimonónicas.

    ¿Qué se avizora novedoso en la etapa que se inicia? Muy poco. Solo los inevitables movimientos tácticos que, como la breve luz de los fósforos, durarán casi nada. Los temas profundos, hasta ahora, no aparecen en la agenda pública.

    Lo nuevo es que la contienda electoral, mayoritariamente, se desarrollará en las redes. Los espacios gratuitos en los medios tradicionales que la ley electoral concede a los partidos políticos se redujeron sustancialmente sin que se escuchen voces de protesta. Operar en las redes “por facilidades de la tecnología será bastante más barato que en elecciones anteriores”, sostiene el analista Francisco Olivera en el diario La Nación de Buenos Aires. En este punto, el oficialismo aventaja a sus opositores. Desde mucho tiempo, cuando los acompañantes de Macri se autodenominaban y proponían como Cambiemos, aplican para hacer política las técnicas de lo que se conoce como marketing 4.0.

    El consultor Ricardo Rouvier, de cercanía profesional con el Frente de Todos, en diálogo con este corresponsal, ratifica que “la batalla principal pasará por las redes” y enfatiza, con gesto de inevitable tristeza, que “todo hace pensar que habrá noticias falsas y agachadas varias”. Advierte, sin embargo, que cuando analiza sus encuestas, percibe “bastante negatividad en la composición del voto” y explica que “se vota contra tal o cual y ese comportamiento electoral es el alma de la polarización”.
    En lo coyuntural, la casi totalidad de los estudios de opinión –encargados por oficialistas y opositores– que aquí circulan, insisten en que el presidente Macri será derrotado en las PASO, pero esas compulsas también señalan que, en los últimos días, se acorta la distancia que le lleva el Frente con Todos, cuando se mensura la intención de voto. Unos 40 días atrás ese indicador marcaba 11 puntos de ventaja en favor de Fernández y Fernández, hoy estaría en torno de 5 unidades porcentuales. Unos 2,5 millones de votantes que, también según las encuestas, aún no se definen por unos u otros son el mercado electoral al que todos apuntan.

    Con el anuncio del acuerdo Mercosur-UE –que no es un logro local, sino regional, alcanzado en 20 años por 21 presidentes de Paraguay, Brasil, Uruguay y Argentina– el gobierno recuperó terreno al igual que con la evolución positiva de los indicadores macroeconómicos. Dólar, tasas, inflación, crecimiento, riesgo país y superávit primario mejoran. Inimaginable unos pocos días atrás. Cortoplacismo cultural. Como en el turf, final de bandera verde.

    Por Ricardo Rivas

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  9. Argentina en la mira

    Los argentinos están en la mira de la región. Y no es que se les esté apuntando; simplemente, se les mira con expectativa por lo que van a decidir en las elecciones del próximo domingo 27. Si los kirchneristas vuelven al poder con Cristina Fernández de Kirchner (CFK) como vicepresidenta, secundando a Alberto Fernández (AF), a quien ella puso como primero en la formula, implicará un cambio sustancial en el mapa regional.
    AF ya ha anunciado que si es presidente Argentina apoyará A la dictadura de Nicolás Maduro, sumándose a la posición del gobierno uruguayo y del mexicano.

    Los peronistas que apoyan a la fórmula kirchnerista dan por hecho el triunfo –y en primera vuelta–, en función del resultado de las elecciones internas realizados en agosto pasado (PASO – Primarias, Abiertas , Simultáneas y Obligatorias). Si bien solo se trató de una elección de candidatos partidarios, las mismas se toman como un anticipo de lo que va a pasar en las nacionales dos meses y medio después, en base a la concurrencia o apoyo que recibió cada partido. En aquella ocasión, por la formula kirchnerista se inclinó el 47,79% de los votantes (Macri logró el 31,8%).

    Las normas prevén que para ser elegido directamente el candidato debe obtener mas del 45% de los votos o mas de un 40% con una diferencia de 10% sobre el segundo. Según las cifras de las PASO, AF sería electo de entrada.
    Pero el presidente Mauricio Macri no pierde las esperanzas y confía en dar vuelta aquellos resultados. Esta es en serio dicen los macristas. “Una cosa es una elección interna para elegir una formula presidencial y otra cosa es votar el presidente que va a dirigir el país por cuatro año”, remarcan.

    El domingo pasado se celebró un debate presidencial –con los seis candidatos que compiten–, que se centró en el duelo Macri-Fernández. Los otros fueron de relleno. Le fue un poquito mejor a Macri.

    Solo un poquito, insuficiente para contrarrestar el efecto negativo de las cifras sobre inflación conocidas en esta semana: el índice de precios creció en setiembre un 5,9 %, y la inflación para los nueve meses del año es de 37,7% y para los últimos doce meses del 53,5 %. La economía no lo ayuda nada a Macri.

    El gobierno se juega una de sus últimas cartas en el debate entre los candidatos previsto para este domingo 20. Uno de los temas centrales será el de la corrupción y en este campo es muy posible que Macri se luzca y que AF salga muy deslucido. Es que para éste no es fácil defender a su compañera. Y tendrá que defenderla: según una última encuesta un 80 por ciento de los argentinos creen que AF hará lo que CFK y su gente le indiquen.

    Decididamente no es chica tarea defender a una gobernante o una familia gobernante cuyo patrimonio en una docena de años se incrementó en aproximadamente un 1.500 por ciento. Y solo con el sueldo de funcionario. CFK ha sido procesada por la justicia -en más de seis casos- y se ha decretado su prisión. Si está libre es por sus fueros de Senadora. Lo mismo pasa con su hijo Maximo, diputado. Florencia, el otro miembro de la familia, se guareció en Cuba, “por estar deprimida”, y su madre (en libertad condicional de hecho) la visita , con permisos de los jueces, cada dos o tres semanas. Toda una farsa.

    El misterio y que solo habrá de develarse en la elección, es como incide todo esto en la decisión de los argentinos.

    El tema de la corrupción es importante, pero pasa a segundo lugar frente a temas como el de la inseguridad y más aún frente a las urgencias y las necesidades del día al día.

    “Piove , governo ladro”, y esta es la máxima . El problema no es cuanto se robó Cristina, sino que un 40 por ciento de los argentinos hoy tienen problemas para comer y el responsable es Macri. Si le dejaron un país fundido ese era su problema y su tarea la de cambiarlo, y no pudo o no ha podido cumplir con ella. Ya sea por falta de estatura para la función o por frivolidad. Es una cuesta difícil de remontar y más con semejante sobrepeso. Los argentinos dirán.

    Habrá que esperar el diario del lunes.

    POR DANILO ARBILLA

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  10. Argentina electoral: El carrito vacío de los pobres derrotó a Mauricio Macri

    Las encuestas, en esta oportunidad, fueron precisas. Sin embargo, los consultores fueron muy discretos. Temían volver a fallar. Alberto Fernández-Cristina Fernández, al cierre de esta columna, con el peronista Frente de Todos, son el binomio triunfante. Se alzaron con poco más del 51% de la voluntad popular, según coincidentes informaciones extraoficiales recolectadas a boca de urna.

    Coincidencia? Macri perdió. Así se ve un negocio sobre la avenida Callao de Buenos Aires.

    El actual presidente, Mauricio Macri, acompañado por Miguel Ángel Pichetto, derrotados, fueron acompañados por aproximadamente el 36% del electorado.

    La jornada electoral, en líneas generales, no tuvo incidentes de relevancia. El clima social, por su parte, se presentó en esta capital y en todo el país en línea con los resultados que finalmente se conocieron.

    El debate que propuso el oficialismo derrotado –que hizo propio menos del 40% de la ciudadanía– se centró, básicamente, en cuestiones que tienen que ver con valores tales como libertad, verdad, justicia y una lucha frontal contra la corrupción, la inseguridad, el narcotráfico, a partir de un Poder Judicial independiente.

    Los triunfadores, por su parte, trabajaron sobre la memoria social de corto plazo, interpelaron con lo que fueron los 12 años de gobierno que entre el 2003 y el 2015 lideraron, sucesivamente, Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández (2007-2015) que popularmente se reivindican como la “década ganada”.

    Ese mensaje fue más fuerte y contundente para atraer a millones de argentinas y argentinos que padecen cotidianamente la inflación, el desempleo y lo que mayoritariamente se conoce como “el carrito vacío de la pobreza”.

    “Estamos cansados y desesperanzados de caminar y buscar el eso para dar de comer a nuestros hijos”, dijo “El Bocha Roberto”, de La Matanza, cuando con enorme alegría llegaba al búnker de los Fernández, donde miles de militantes bailaban y festejaban el triunfo.

    Salomón Ramírez Santa Cruz, “El Salo”, como se lo conoce entre la comunidad paraguaya residente en este país, desbordante de alegría, celebraba que “se va este gobierno que nos maltrató y dejó atrás la idea de Patria Grande que abrió las puertas y dio trabajo a miles de hermanos latinoamericanos que buscan en la Argentina mejor calidad de vida y un futuro digno”.
    “El carrito vacío le ganó a los que dicen que son honestos y fugaron con sus amigos y los banqueros millones de dólares que ahora tendremos que pagar entre todas y todos durante muchas décadas”, agregó Yésica, otra militante peronista que aseguró ser madre de cuatro adolescentes que “quieren estudiar y no pueden”.
    De hecho, el pasado jueves, el Indec (Instituto Nacional de Estadística y Censos) reportó que la actividad económica cayó, en agosto pasado, 3,8% respecto del mismo mes del 2018. El costo de la Canasta Básica Total (CBT) –alimentos, servicios, transporte, salud, educación, vestimenta, etc.– para dos adultos y dos menores aumentó 5,4% en setiembre hasta ubicarse en $ 34.784,75 (unos US$ 556,55). Acumula en lo que va del 2019 una suba de 36,4%. En 12 meses, 54,2%. El dólar, 48 horas atrás, se comercializa a unos $ 70 por unidad. La devaluación devoró el poder adquisitivo de millones de Robertos, Salos y Yésicas, como los que dialogaron con La Nación.

    Las próximas horas, sin dudas, serán de enorme alegría para muchas y muchos. El grito de campaña, “vamos a volver, vamos a volver”, que resonó durante meses aquí, se hizo realidad. La voluntad popular mayoritaria ungió a Alberto Fernández presidente. El 10 de diciembre comenzará su mandato. No tiene demasiado tiempo. En la región los indignados se hacen oír cada día más fuerte.

    por Ricardo Rivas

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  11. Argentina, ¿marcha atrás en derechos humanos?

    El nuevo presidente de Argentina, Alberto Fernández, pronunció un discurso conciliador en su toma de posesión, pidiendo la unidad nacional y prometiendo defender la democracia y los derechos humanos. Eso es muy bueno, pero al mismo tiempo dio señales preocupantes de que su gobierno podría ir en dirección contraria en todos estos campos.

    Primero, Fernández fue eclipsado en su propia ceremonia de inauguración por la nueva vicepresidenta y ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Eso hizo aumentar los temores de que ella será el poder detrás del trono en el nuevo gobierno.

    Cristina, como se la conoce comúnmente en Argentina a la incendiaria expresidenta, estaba sentada al lado del nuevo presidente durante todo el discurso de toma de posesión de Fernández. Eso es algo muy inusual: normalmente, en Argentina y en cualquier otro país, los vicepresidentes se sientan detrás de los jefes de Estado en actos públicos.

    Pero la imagen de Cristina sentada al lado del nuevo presidente no debería sorprender a nadie.
    Fue Cristina quien eligió al nuevo presidente como su candidato presidencial, en una movida magistral para atraer votantes moderados. Además, el nuevo presidente había visitado recientemente la casa de Cristina, y no al revés, para acordar los principales nombramientos para el gabinete del nuevo gobierno.

    Segundo, una de las pocas ovaciones de pie durante el discurso de Fernández en el Congreso se produjo cuando el nuevo presidente felicitó a su vicepresidenta por su “generosidad” y “visión estratégica”. Una buena parte de la audiencia se puso de pie y aplaudió con más entusiasmo que cualquier otra cosa que el nuevo mandatario había dicho antes. La multitud era obviamente de Cristina, más que del nuevo presidente.

    Tercero, la promesa de Fernández de combatir la corrupción sonó hueca después de que proclamó –en una clara referencia a los juicios de corrupción contra Cristina– que no permitirá lo que describió como un sistema de justicia “contaminado” ni “linchamientos mediáticos.”
    Cristina está acusada, entre otras cosas, de recibir decenas de millones en sobornos de empresarios. En otro caso, la policía en 2016 encontró $4.6 millones en efectivo en la caja de seguridad del banco de su hija Florencia. Ahora, todo indica que el nuevo gobierno tratará de exculparla de todos los cargos.

    Cuarto, la afirmación de Fernández en su discurso de que defenderá la democracia y los derechos humanos en todo el mundo suena sospechosa en vista de sus recientes declaraciones, y de sus invitados especiales durante su ceremonia de inauguración.

    En las últimas semanas, Fernández se rehusó a condenar el fraude electoral del ex gobernante boliviano Evo Morales, que fue corroborado por dos misiones electorales separadas de la Organización de Estados Americanos.

    Asimismo, entre los principales invitados de Fernández en su ceremonia inaugural estuvieron el gobernante de Cuba, Miguel Díaz-Canel, quien preside la dictadura militar de más larga data del hemisferio, y el poderoso ministro de información de Venezuela, Jorge Rodríguez. Este último hasta ahora tenía vetado entrar en Argentina, y tiene la entrada prohibida a Estados Unidos y varios otros países bajo sanciones internacionales contra la dictadura venezolana.

    Irónicamente, mientras que el gobierno de Fernandez se proclama un ferviente defensor de las víctimas de la dictadura militar argentina de 1976, está fortaleciendo las relaciones con Cuba y Venezuela, las dictaduras más antiguas y sangrientas del hemisferio. El régimen de Venezuela es responsable de unas 6,800 ejecuciones extrajudiciales desde enero de 2018, según la oficina de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

    También entre los invitados de honor estaba el ex presidente populista de Ecuador, Rafael Correa, quien enfrenta varios cargos de corrupción en su país.

    A juzgar por su discurso inaugural, y por lo que recuerdo haber escuchado cuando lo entrevisté hace varios años, Fernández es más moderado que su incendiaria vicepresidenta.

    Sin embargo, hasta que vea signos claros de que es él quien está al mando, y no su vicepresidenta, seré muy escéptico sobre el compromiso del nuevo gobierno con la democracia, los derechos humanos y la lucha contra la corrupción. Veremos.

    POR ANDRÉS OPPENHEIMER

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  12. Argentina: Dos músicas, dos letras, dos orquestas. No hay armonía, ni suena bien

    Una semana después que el presidente Alberto Fernández asumiera el cargo, es difícil discernir hacia dónde va. Estamos en presencia de una nueva configuración de la estructura del poder. La vicepresidenta, Cristina Fernández, de claro liderazgo, es en sí misma un polo ideológico con proyecto propio. Desde muchos años se mantienen diferencias entre los dos Fernández y, esa bifrontalidad, da lugar a una novedosa forma de coalición que aparenta ser el gobierno de un mismo partido. ¿Todos unidos, triunfaremos? Dos modelos de país se pueden diseñar con las palabras de los dos referentes de gobierno. Inevitable. Alberto F. no piensa la Argentina con el mismo formato que la imagina Cristina F. Dos músicas, dos letras, dos orquestas. No hay armonía, ni suena bien.

    En ese contexto, en tres áreas estratégicas, justicia, economía y relaciones exteriores, pilares inevitables a la hora de decir hacia dónde va la Argentina y, especialmente, si habrá continuidad y seguridad jurídica en orden a estándares internacionales para los Estados Democráticos de Derecho, las opacidades no son menores.

    El presidente Fernández propone una reforma del Poder Judicial que, al parecer, apunta a resolver la falta de credibilidad social de la que padece –por demérito propio– la corporación judicial embrollada, especialmente, en los desencontrados criterios que numerosos magistrados exhiben a la hora de juzgar conductas presuntamente antijurídicas de las mismas imputadas e imputados con cada cambio de vientos políticos. ¿Podrá? ¿Coincidirá con Cristina F. que, como lideresa del Senado, tendrá como misión la aprobación (o desaprobación) de las iniciativas legislativas del Ejecutivo en esa instancia clave?
    El área económica se presenta también con complejidades mayores. El jefe de Gabinete de Ministros, Santiago Cafiero, lo dijo con claridad: “Avanzamos con medidas excepcionales porque la situación es excepcional”. ¿Será suficiente con el diagnóstico? Entre marzo y junio –después del verano– entre capital e intereses, la Argentina deberá honrar vencimientos por unos US$ 30 mil millones. Excede largamente las reservas de libre disponibilidad que atesora el Banco Central. Una buena parte de las negociaciones a encarar por el Ministerio de Economía y la autoridad monetaria con los organismos multilaterales y, en particular, con el Fondo Monetario Internacional (FMI) apuntarán a aquel objetivo. En esas gestiones pesa y pesará mucho la relación con los países centrales, en particular con los Estados Unidos, para facilitar que la Argentina acceda a mayores plazos de pago con dos o tres años de gracia (no pagar) y, tal vez, a una quita del 20% en el total de lo adeudado a los bonistas. ¿Accederán? Para avanzar en esa eventual propuesta que hacen pública coincidentes voceros gubernamentales, Alberto F. deberá exhibir un programa económico en el que quede claro la evolución del gasto público. ¿Lo tendrá para cuando comience el otoño?

    En la Cancillería –para los diplomáticos de carrera– la tarea cotidiana no se presenta sencilla. Varios recién llegados carecen de conocimiento sectorial. “No es bueno, comenzar así”, sostuvieron cuatro veteranos embajadores profesionales ante este corresponsal. Destacaron que “las gestiones secretas que Elliot Abrams (representante de USA ante Venezuela) encargó al presidente Fernández para que hiciera ante Nicolás Maduro en favor de un grupo de ciudadanos estadounidenses, no deberían haber trascendido. Sin embargo, por ignorancia o por inexperiencia diplomática, se supo”. Las fuentes, que exigieron reserva identitaria, apuntaron, “los países que tienen intereses en la región, no se quedan quietos, buscan interlocutores confiables, no esperan que la Argentina defina” y, desde esa mirada crítica, destacaron que “mientras, el presidente de Paraguay (Mario Abdo Benítez) alcanzó un acuerdo importante con (Donald) Trump que abre aquel mercado a la carne paraguaya. El mundo, siempre, es dinámico”.

    por Ricardo Rivas

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  13. Argentina: Superar el desencanto es el gran desafío del 2020 para el presidente Alberto F.

    por Ricardo Rivas

    Se iniciará el 2020 en pocas horas. La RAE (Real Academia de la Lengua Española), con una declaración formal y precisa, aclaró que no se iniciará una década nueva. Eso ocurrirá cuando comience el 2021. La Argentina y la Aldea Global deberán esperar para dejar atrás diez años que no fueron los mejores y que, en consecuencia, porque aportaron el achicamiento de la economía mundial, el crecimiento del desempleo, el renacer de los autoritarismos, de los nacionalismos, del proteccionismo, del Estado Nación, de las guerras comerciales y de las otras, profundizaron el drama de los desplazados y prometen a las generaciones venideras que habrán de vivir con menor calidad de vida que la generación que los precede. Desde la quiebra del entonces cuarto banco de inversión del mundo, Lehman Brothers, el 15 de setiembre del 2008, la buscada recuperación para alcanzar una mejor calidad de vida deja de ser un sueño para trocar en pesadilla. Las nuevas generaciones saben que serán más pobres que las que las preceden. En ese contexto epocal, Argentina estrenó el gobierno del presidente Alberto Fernández que fue votado el 27 de octubre pasado por el 48,10% de la ciudadanía. Historia vieja reciente.

    De cara al nuevo año, 20 días después de ocupar la Casa Rosada, Alberto F. cuenta con una ley de emergencia que lo dota de poderes especiales que delegó en él el Parlamento y, apoyado en ese recurso de baja calidad institucional, dispuso un fuerte ajuste económico con el objeto de achicar el gasto público que gestionará con 21 ministerios, cerca de 85 secretarías de Estado y unas 170 subsecretarías. Ese texto legal dispone la suspensión de los aumentos previstos –también por ley desde diciembre del 2015– para el sector pasivo. Un tan viejo como reiterado reclamo que desde muchos años realiza el Fondo Monetario Internacional (FMI). Simultáneamente, incrementó la presión impositiva sobre la producción agropecuaria, lo que ha generado –como reacción sectorial– algunas medidas de fuerza y manifestaciones de queja que se prolongarán en los próximos meses. Al dólar estadounidense, ese objeto del deseo de argentinas y argentinos que procuran mantener el poder adquisitivo de sus salarios, desde cuando promediaba el siglo pasado, se lo ha recargado con impuesto del 30% por sobre el precio en el mercado oficial, lo que ubica esa divisa en $ 81.90 por unidad cuando se la adquiere para viajar al exterior y toda transacción realizada en línea que se pague con otra moneda que no sea el peso. Los sectores sociales medios comienzan a creer que el gobierno federal solo apunta a ese segmento y destaca que las medidas de Alberto F. no son equitativas porque no afectan los regímenes jubilatorios especiales –aquí llamados “de privilegio”– que, en casi todos los casos, benefician mayoritariamente a los actores políticos. Coincidentes consultores de opinión pública consultados por este corresponsal con el compromiso de no revelar sus identidades, porque casi todos ellos trabajan para el gobierno federal argentino, aseguran que “desde que Alberto asumió, su imagen positiva cayó entre 12 y 15 puntos porcentuales desde 68% hasta ubicarse entre 53 y 56%”. Encumbrados funcionarios políticos, ante esos datos, también desde el anonimato, sostienen que “podría ser peor”.

    El presidente Alberto Fernández sabe que accedió al poder acompañado por el voto de 12.473.709 ciudadanas y ciudadanos. Pero también es consciente que 13.166.641 votantes del centroderecha no lo votaron al igual que 561.214 del centroizquierda. Tiene claro que el 51,87% de las y los votantes no lo hicieron por él. Ese es el mayor escollo con el que recibirá el 2020. Desde la perspectiva política y social, marzo y abril serán meses claves para consolidar su proyecto de gestión gubernamental. El desencanto es el nudo gordiano que –en el cine– desató la rebelión de los Guasones, compuesto por Joaquín Phoenix en “The Jocker”. Sebastián Piñera, su homólogo en Chile, lo descubrió tarde. Perplejo y en público, una y otra vez se preguntó: “¿Por qué nadie se dio cuenta?”.

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  14. Argentina: El ruidoso silencio de los elegidos

    Por Ricardo Rivas

    Habrá que esperar hasta el 10 de diciembre, cuando Alberto Fernández y Cristina Fernández asuman sus cargos, para que las incertidumbres sobre el futuro inmediato argentino se despejen. De hecho, Cristina volvió de Cuba y muchos de los presuntos ministeriables, cuyos nombres circulaban desde muchas semanas, comenzaron a diluirse. De hecho y a modo de ejemplo, Guillermo Nielsen, un abogado que se perfilaba como ministro de Economía, solo será asesor de Alberto F. ¿Quién ocupará ese ministerio clave? Y así sucede y sucederá con algunos otros notables que parecen haber quedado atrás luego que el presidente electo se reuniera con Cristina en su casa en el transcurso de la semana que pasó y que no fue fácil. La eventual despenalización del aborto que impulsa Alberto provocó un tsunami tan esperable como inevitable con la Iglesia Católica. El 8 de diciembre próximo –como trascendiera días atrás entre los allegados al futuro jefe de Estado– no habrá encuentro entre Alberto y el papa Francisco en el Vaticano.

    Pero más allá de cuestiones confesionales de tanta relevancia política con alto impacto en el campo social, también es incierta cuál será la orientación del nuevo gobierno para las relaciones internacionales y, en línea con ello, las negociaciones que habrá que plantear en el abordaje de la deuda soberana que, en el análisis de Alberto, “no puede pagarse”. Preocupante.

    Especialmente cuando a poco de comenzar el 2020, la Cepal (Comisión Económica para la América Latina y el Caribe) proyecta que la economía latinoamericana solo crecerá 1,4%. Ese organismo asegura que el PBI (Producto Bruto Interno) regional se contrajo 4% entre el 2014 y el 2019, y prevé que de 20 países en la región, en 17 se desacelerarán sus economías. Los más afectados: Venezuela, que caerá 14% después de contraerse 25% en el 2019, y Argentina, que decaerá 1,3% luego de achicarse 3% en el año que corre. Pobreza e indigencia avanzarán sin obstáculos. Grave, por cierto. Especialmente cuando desde el poder que se va y el que viene solo se perciben estrategias y tácticas para dirimir espacios que asumen como propios. Líderes y lideresas no asumen que todo poder es vicario porque siempre hay un poderdante que como lo da, lo quita.

    “Cuando los pueblos agotan su paciencia suelen hacer tronar el escarmiento”, afirmó Juan Domingo Perón el 21 de junio de 1973. Los estallidos y graves tensiones sociales que desde varios meses sacuden Ecuador, Perú, Chile, Bolivia, Colombia, son realidades que se extienden y, por momentos, suenan como advertencias para aquellos países en los que los procesos electorales operan como dispositivos institucionales para contener la desesperanza. Sin embargo, las dudas comienzan a superar a las expectativas positivas cuando una parte considerable de la sociedad percibe o imagina que el relevo presidencial podría ir más allá de la instrumentación de nuevas políticas. “La humanidad tiene derecho a la continuidad”, sostiene José Ortega y Gasset. Pero es necesario establecer que continuidad es la que –además de ser necesaria o deseada– debe mantenerse y esa certeza emerge de un presupuesto básico como lo es el de la existencia de un Estado democrático de derecho, con instituciones jurídicas que configuren un ordenamiento previsible que dé lugar a la esperanza de una mejor calidad de vida.

    ¿Cómo será la Argentina que viene? ¿Tendrá continuidad el Mercosur, ese espacio común que supimos conseguir cuando quedaron atrás las dictaduras cívico-militares? ¿Cómo se desarrollará en el bloque regional la relación del mandatario centroizquierdista argentino Alberto F. con sus homólogos centroderechistas en Paraguay, Brasil y Uruguay? ¿Cuándo finalizará el ruidoso silencio de los elegidos? Informar es una obligación constitucional. Informarse es un derecho indiscutido y uno de los objetivos para el Desarrollo Sustentable (ODS) de la Agenda 2030. Ser elegido para gobernar importa la ejecución de un programa comunicacional que en este país, hasta ahora, no se conoce. Gobernar también es comunicar. En ese contexto, un interrogante emerge desde el conjunto social: ¿Quién tendrá el poder cuando asuman las nuevas autoridades?

    Para despejar esa duda, Alberto Fernández, el 10 de octubre último, aseguró: “Cristina tendrá cero por ciento de injerencia en el armado del gabinete”. Al parecer, algunas cosas han cambiado. El analista Carlos Pagni, un puñado de días atrás, condensó en una frase la creencia popular: “El poder político, hasta que se demuestre lo contrario, lo tiene Cristina”. La historia –aquí y en todas partes– es rica en ejemplos. Ningún poder bifronte es recomendable. Incertidumbre.

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  15. En Argentina no es tiempo lo que sobra

    Por Ricardo Rivas

    ­Solo 22 días faltan para que Mauricio Macri fina­lice su mandato. En el mismo instante en que entregue los atributos simbólicos del mando a su sucesor, Alberto Fernández, y sin mensurar tinos ni desatinos ingresará en la historia. Será el único mandatario no peronista, desde el 10 de diciembre de 1983, que finaliza la gestión en tiempo y forma. No es poca cosa. Fernández tomará la posta para navegar un río meandroso que podría ser agitado por tempestades. A la compleja situación interna en este país el man­datario deberá hacer foco también en la agitada vecindad sudamericana.

    Ayer regresó a la Argentina la vicepresidente electa, Cristina Fernández. Todo permite supo­ner que la semana que se inicia será la que mar­que el fin de algunas incertidumbres. ¿Se infor­mará cuál será el gabinete nacional? ¿Se sabrá cuántos ministerios tendrá la futura gestión pre­sidencial? ¿Tendrá Cristina poder de veto sobre los colaboradores en el más alto nivel del jefe de Estado? ¿Cómo se atacarán hambre, pobreza e indigencia?, entre otras.

    En la semana que se fue –en territorio eclesial católico– el presidente electo se reunió con las organizaciones sociales bajo la atenta mirada de su anfitrión, el obispo Jorge Lugones, presidente de la Comisión de Pastoral Social (CEPAS). Un cónclave intere­sante, pero que arrojó más interrogantes que certezas, aunque no solo por las palabras, sino también por la presencia de actores sociales que, desde la madrugada del 28 de octubre último, cuando Fernández derrotó a Macri, son duros con el triunfador, a quien le advierten que dada la grave situación económica y social su gestión “tiene mecha corta” y reiteradamente se nie­gan a abandonar las protestas callejeras como Alberto oportunamente les sugiriera. No es el tiempo aliado del flamante mandatario.

    Con 23 muertos, 26 mil detenidos, un millar de heridos, 220 mutilados oculares y cientos de violaciones hasta el viernes último en las calles de Santiago; con otros 23 fallecidos y 715 heri­dos, hasta el sábado pasado en Bolivia; con gra­ves tensiones en Ecuador y Perú; con algunas emergencias preocupantes en Paraguay y gra­ves crisis políticas en Nicaragua y Venezuela, solo Argentina y Uruguay aparecen en calma contenidas las demandas sociales por procesos electorales que abren las puertas a la esperanza. La expresión “mecha corta” atenaza los pensa­mientos de muchos.

    No se conoce aún el proyecto de gobierno de quienes en pocos días más deberán comenzar a gestionar. Llega la hora de dejar atrás la comuni­cación de campaña para dar paso a la comunica­ción gubernamental e institucional, que no son lo mismo, como afirma el comunicólogo Augusto dos Santos en su obra “Y qué dice el Presidente”. Es preciso mirar y escuchar con atención la voz de la calle para interpretar sus demandas.

    El académico Pierre Rosanvallon sostiene que “cuando la democracia se limita a lo electoral, llega la decepción” porque “definir la democracia solo como elecciones políticas no es definir una forma de sociedad de iguales y de semejantes”. Entiende que “en Chile hay movimientos de reac­ción, [de] exasperación, que rechazan la idea del líder porque quieren seguir siendo movimientos de expresión, y no ser cooptados por un proceso político” para mantenerse como “manifesta­ciones de rechazo, de miedo al futuro amena­zante” que aparece como peor que este presente poco esperanzador. En su mirada crítica, “hoy, la democracia se asevera como un poder desti­tuyente, como una revancha ante la decepción” que da cuenta de “una revolución interna en el capitalismo”. No es tiempo lo que sobra, Alberto.

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  16. Diplomacia sin filtro
    Balas de fogueo en el Mercosur

    No hay duda alguna que Jair Bolsonaro practica la anti diplomacia. No manda a decir las cosas, las dice personalmente sin remilgo alguno. Y en este juego perverso, el que dice lo que no debe, termina escuchando lo que no quiere oír.

    Durante la campaña electoral, el hoy presi­dente electo argentino, Alberto Fernández, fue a visitar en su encierro de Curitiba al ex presidente Luiz Inacio “Lula” da Silva quien, luego de gobernar Brasil por dos periodos consecutivos, debió enfrentar un proceso por involucramiento en el escándalo conocido como Lavajato, un esquema de sobornos y pagos ilegales en el que el líder metalúrgico quedó finalmente envuelto, según sentencia en primera instancia confirmada en los siguien­tes niveles de apelación. Fernández hizo un llamamiento a que se liberara a Lula, agregando que Bolsonaro es “un episodio en la vida de Brasil, así como Macri lo es en Argentina”.

    El mandatario brasileño no acusó el golpe, pero una vez ungido Fernández presidente, pasó fac­tura de inmediato. “Argentina eligió mal –dijo el ex oficial de paracaidistas-. No tengo porqué felicitarlo a Fernández ni facilitarle a la izquier­da eso de formar la gran patria bolivariana”.

    Aquí se cumple una vez más la sabia reflexión del gran tribuno romano Cicerón cuando, en medio de una de sus catilinarias, dijo aquello de “O tempora, o mores”, “Oh tiempos, oh costumbres”, frase que desde entonces fue sinónimo de cómo cambia el comportamiento del hombre con el paso de los años. Décadas atrás, se tenía a Itamarty como sinónimo de la diplomacia de la razón, del estilo y la pruden­cia, por sobre el mero trato visceral de pura reacción enzimática, que es lo que caracteriza la impronta del actual mandatario brasileño.

    Por encima de este mero pintoresquismo, subyace el hecho de que más temprano que tarde, Bolsonaro y Fernández tendrán que sentarse a alguna mesa de conferencias, verse las caras e intercambiar criterios respecto a algo, por ejemplo, el futuro del Mercosur. Bolsonaro ya anticipó que cerraría filas con Paraguay para marcar distancia de la Ar­gentina de los Fernández&Fernández. Algo así como una guerra no declarada dentro de un bloque que intenta instalarse entre los más grandes jugadores de la economía.

    No hay futuro, para el Mercosur, con un conflicto intestino de esas proporciones.

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  17. La Argentina que viene. ¿Llegará Alberto? ¿Qué hará Cristina? ¿Macri, ya fue?

    Por Ricardo Rivas

    Faltan 144 horas para que la Argentina tenga un presidente electo. Si se cumplen los resultados que prevén la totalidad de las encuestas de opinión que circulan aquí, será Alberto Fernández –secundado por la senadora nacional Cristina Fernández, ex presidente 2008-2015– con el Frente de Todos, quien se alce con el triunfo. En ese contexto, el actual jefe de Estado, Mauricio Macri, que se postula por el frente Juntos por el Cambio, será derrotado.

    La campaña electoral llega a su fin. Desde el último domingo y hasta las 21:00 del que viene, no se pueden divulgar encuestas en este país. Sin embargo y aún con esa prohibición legal, se puede afirmar que –luego de cuatro años de gestión ejecutiva– muy poco ha cambiado para Macri en cuanto a lo que técnicamente se categoriza como “voto consolidado”.

    De hecho, en el 2015, Mauricio –en la primera vuelta– obtuvo el 34,2% de los sufragios mientras que hasta hoy, todas las compulsas prevén que el jefe de Estado tiene una intención de voto en torno del 34,5%. Tres listas peronistas que en aquel momento lo desafiaban, alcanzaron el 60,11% de las voluntades electorales. Las últimas encuestas divulgadas, en promedio, sostienen que Alberto F. será votado por poco más del 50% de los electores.

    Si bien las matemáticas poco tienen que ver con el desarrollo de los movimientos políticos, desde una perspectiva cuantitativa, el gran dato emergente es que la unidad del peronismo, en esta oportunidad, es la que habrá de frustrar la esperanza reeleccionista de Mauricio Macri que no ha logrado ampliar su base electoral. Como en el 2015, entre el 50 y el 60% de los electores rechaza al presidente argentino que no solo pudo o no supo conseguir más adhesiones sino que, por el contrario, obligó a la unión de los peronistas para derrotarlo.

    Cerca de la medianoche del pasado sábado, en una de las mesas del restaurante temático “Perón Perón”, en el barrio de Palermo, un relevante consultor con muchos años de actividad en el mercado local, luego del multitudinario acto del “Sí, se puede”, que lideró Macri en torno del Obelisco, explicó a quienes lo acompañaban que “Mauricio logró amalgamar ese tercio de la sociedad antjperonista y antiK de siempre con un discurso voluntarista y emocional sobre un ‘nosotros’ mejores que los ‘otros’. Construyó una otredad negativa desde la superficialidad con un relato en el que la realidad los problemas cotidianos de todas y todos estuvieron ausentes”. El resto de los comensales asintieron pero el encuestador, al ser requerido por este corresponsal, solicitó reserva sobre su identidad porque estar “en una cena privada, con amigos”.

    Es probable que Mauricio Macri también perciba interiormente una inminente derrota. Sabe que todo cambia cuando el peronismo se amalgama. El general Juan Domingo Perón sostenía que “el 2000 nos encontrará unidos o dominados”. Es posible pensar que, pese a que, desde aquella fecha estimada y simbólica a la que aludía el viejo general hasta este 2019 ha pasado largo tiempo, lo concreto, es que la unificación peronista llegó. ¿Para quedarse? No son pocos los interrogantes que se dan en ese sentido. Escasas voces, con poca convicción, aseguran que SÍ. Habrá que esperar. Mientras, incertidumbre. ¿Unidos por razones tácticas o por coincidencia proyectual? ¿Cómo saberlo? Habrá que esperar. ¿Gobernará Alberto en plenitud o lo acotará Cristina? Habrá que esperar. La posibilidad de un proyecto bifronte preocupa.

    Así las cosas, todo parece indicar que Mauricio está pronto a perder el sillón en la Casa Rosada y, ante esa perspectiva, aspira a constituirse en líder de la oposición que viene aunque, también hay que decirlo, dentro de su propio partido –PRO (Propuesta Republicana)– algunos piensan que “ya fue” y que “debe ceder el liderazgo”. El tiempo de Horacio Rodríguez Larreta, jefe de gobierno porteño o, de María Eugenia Vidal, gobernadora bonaerense, para sucederlo, parece haber llegado. También, habrá que esperar.

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  18. Imagino que el autor de la nota no es argentino ni la vivió de afuera. Si la contracción del mercado interno la llamas “corrección de distorsiones micro y macroeconómicas creadas en las administraciones anteriores”, estás equivocando tu concepto. La eliminación de puestos de trabajo y caída en el nivel de vida de la población no es corrección de nada, sino destrucción lisa y llana. Cuando gobiernan los mercados la gente de a pie se jode, es lo único que hay que aprender de la crisis argentina. La verdad, muy mala nota.

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