Argentina – ¿Qué fue lo que salió mal?

La coalición Cambiemos asumió el poder en Argentina a finales de 2015 insuflando optimismo a los mercados. De hecho, hubo muchos cambios importantes en poco tiempo que redujeron distorsiones micro y macroeconómicas creadas en las administraciones anteriores. Muchos de esos ajustes tuvieron costos de corto plazo relevantes, pero eran necesarios para permitir tasas de crecimiento más elevadas y sustentables a mediano y largo plazo. En 2016, la economía sufrió una retracción del 2,1%. Sin embargo, en 2017 la economía creció un 2,7%. La inflación, que bajo la presión del cambio de precios relativos llegó al 41,0% en 2016, terminó 2017 en un 24,8%. Los resultados trajeron consigo dividendos políticos. En las elecciones legislativas de octubre de 2017, Cambiemos obtuvo una victoria expresiva.


No obstante, en 2018 la economía volvió a experimentar una recesión y la inflación se aceleró. En las elecciones primarias de este año, el gobierno sufrió una amplia derrota y que señalan una alta probabilidad de que el candidato de oposición Alberto Fernández gane en la primera vuelta las elecciones presidenciales.
Pero a fin de cuentas, ¿qué fue lo que salió mal? Para aliviar el costo económico de los ajustes, el gobierno tardó en reducir el déficit fiscal siguiendo una estrategia denominada “gradualismo”. En 2017, el déficit nominal del gobierno federal fue del 5,9% del PIB.
A falta de un mercado local, esos déficits fueron financiados en gran parte por extranjeros, lo que contribuyó a sobrevalorar el cambio y generar también un déficit en cuenta corriente amplio. Cuando en 2018 empeoraron las condiciones financieras para mercados emergentes, en función de la presión de la política monetaria americana, los déficits fiscal y externo tuvieron que corregirse rápidamente. Hubo una fuerte devaluación del cambio que elevó la inflación y depreció el salario real. Debido al alto grado de dolarización de la deuda pública, el nivel de endeudamiento bruto subió del 59% del PIB en 2017 al 109% actual. En su intento de suavizar los ajustes, el gobierno obtuvo financiamiento del FMI.
Tras las elecciones primarias, el financiamiento, que ya era escaso, desapareció. Como respuesta, el gobierno postergó unilateralmente el pago de títulos de corto plazo emitidos en el mercado local. Una vez más, se implementaron controles de capital.
Una nueva reestructuración de deuda será un proceso lento que, mientras dure, dificultará la retirada de controles cambiarios y el financiamiento externo, penalizando el crecimiento de la economía.
La baja integración económica de Argentina con los demás países de América Latina indica que el contagio de la crisis al resto de la región continuará limitado. Al fin y al cabo, a pesar de haber desafíos fiscales relevantes en muchas de esas economías, el financiamiento del sector público es predominantemente doméstico y en moneda local y el balance de pagos es sólido.
Aun así, la región debe aprender con la crisis argentina. Correcciones graduales de desequilibrios económicos tienen costos que aparecen en situaciones en las que la coyuntura global es desfavorable. Cuando se percibe la presencia de vulnerabilidades, los países deben aprovechar cualquier oportunidad benigna de la economía global para acelerar los ajustes necesarios.

MARIO MESQUITA

4 comentarios en “Argentina – ¿Qué fue lo que salió mal?”

  1. En Argentina no es tiempo lo que sobra

    Por Ricardo Rivas

    ­Solo 22 días faltan para que Mauricio Macri fina­lice su mandato. En el mismo instante en que entregue los atributos simbólicos del mando a su sucesor, Alberto Fernández, y sin mensurar tinos ni desatinos ingresará en la historia. Será el único mandatario no peronista, desde el 10 de diciembre de 1983, que finaliza la gestión en tiempo y forma. No es poca cosa. Fernández tomará la posta para navegar un río meandroso que podría ser agitado por tempestades. A la compleja situación interna en este país el man­datario deberá hacer foco también en la agitada vecindad sudamericana.

    Ayer regresó a la Argentina la vicepresidente electa, Cristina Fernández. Todo permite supo­ner que la semana que se inicia será la que mar­que el fin de algunas incertidumbres. ¿Se infor­mará cuál será el gabinete nacional? ¿Se sabrá cuántos ministerios tendrá la futura gestión pre­sidencial? ¿Tendrá Cristina poder de veto sobre los colaboradores en el más alto nivel del jefe de Estado? ¿Cómo se atacarán hambre, pobreza e indigencia?, entre otras.

    En la semana que se fue –en territorio eclesial católico– el presidente electo se reunió con las organizaciones sociales bajo la atenta mirada de su anfitrión, el obispo Jorge Lugones, presidente de la Comisión de Pastoral Social (CEPAS). Un cónclave intere­sante, pero que arrojó más interrogantes que certezas, aunque no solo por las palabras, sino también por la presencia de actores sociales que, desde la madrugada del 28 de octubre último, cuando Fernández derrotó a Macri, son duros con el triunfador, a quien le advierten que dada la grave situación económica y social su gestión “tiene mecha corta” y reiteradamente se nie­gan a abandonar las protestas callejeras como Alberto oportunamente les sugiriera. No es el tiempo aliado del flamante mandatario.

    Con 23 muertos, 26 mil detenidos, un millar de heridos, 220 mutilados oculares y cientos de violaciones hasta el viernes último en las calles de Santiago; con otros 23 fallecidos y 715 heri­dos, hasta el sábado pasado en Bolivia; con gra­ves tensiones en Ecuador y Perú; con algunas emergencias preocupantes en Paraguay y gra­ves crisis políticas en Nicaragua y Venezuela, solo Argentina y Uruguay aparecen en calma contenidas las demandas sociales por procesos electorales que abren las puertas a la esperanza. La expresión “mecha corta” atenaza los pensa­mientos de muchos.

    No se conoce aún el proyecto de gobierno de quienes en pocos días más deberán comenzar a gestionar. Llega la hora de dejar atrás la comuni­cación de campaña para dar paso a la comunica­ción gubernamental e institucional, que no son lo mismo, como afirma el comunicólogo Augusto dos Santos en su obra “Y qué dice el Presidente”. Es preciso mirar y escuchar con atención la voz de la calle para interpretar sus demandas.

    El académico Pierre Rosanvallon sostiene que “cuando la democracia se limita a lo electoral, llega la decepción” porque “definir la democracia solo como elecciones políticas no es definir una forma de sociedad de iguales y de semejantes”. Entiende que “en Chile hay movimientos de reac­ción, [de] exasperación, que rechazan la idea del líder porque quieren seguir siendo movimientos de expresión, y no ser cooptados por un proceso político” para mantenerse como “manifesta­ciones de rechazo, de miedo al futuro amena­zante” que aparece como peor que este presente poco esperanzador. En su mirada crítica, “hoy, la democracia se asevera como un poder desti­tuyente, como una revancha ante la decepción” que da cuenta de “una revolución interna en el capitalismo”. No es tiempo lo que sobra, Alberto.

    Me gusta

  2. Diplomacia sin filtro
    Balas de fogueo en el Mercosur

    No hay duda alguna que Jair Bolsonaro practica la anti diplomacia. No manda a decir las cosas, las dice personalmente sin remilgo alguno. Y en este juego perverso, el que dice lo que no debe, termina escuchando lo que no quiere oír.

    Durante la campaña electoral, el hoy presi­dente electo argentino, Alberto Fernández, fue a visitar en su encierro de Curitiba al ex presidente Luiz Inacio “Lula” da Silva quien, luego de gobernar Brasil por dos periodos consecutivos, debió enfrentar un proceso por involucramiento en el escándalo conocido como Lavajato, un esquema de sobornos y pagos ilegales en el que el líder metalúrgico quedó finalmente envuelto, según sentencia en primera instancia confirmada en los siguien­tes niveles de apelación. Fernández hizo un llamamiento a que se liberara a Lula, agregando que Bolsonaro es “un episodio en la vida de Brasil, así como Macri lo es en Argentina”.

    El mandatario brasileño no acusó el golpe, pero una vez ungido Fernández presidente, pasó fac­tura de inmediato. “Argentina eligió mal –dijo el ex oficial de paracaidistas-. No tengo porqué felicitarlo a Fernández ni facilitarle a la izquier­da eso de formar la gran patria bolivariana”.

    Aquí se cumple una vez más la sabia reflexión del gran tribuno romano Cicerón cuando, en medio de una de sus catilinarias, dijo aquello de “O tempora, o mores”, “Oh tiempos, oh costumbres”, frase que desde entonces fue sinónimo de cómo cambia el comportamiento del hombre con el paso de los años. Décadas atrás, se tenía a Itamarty como sinónimo de la diplomacia de la razón, del estilo y la pruden­cia, por sobre el mero trato visceral de pura reacción enzimática, que es lo que caracteriza la impronta del actual mandatario brasileño.

    Por encima de este mero pintoresquismo, subyace el hecho de que más temprano que tarde, Bolsonaro y Fernández tendrán que sentarse a alguna mesa de conferencias, verse las caras e intercambiar criterios respecto a algo, por ejemplo, el futuro del Mercosur. Bolsonaro ya anticipó que cerraría filas con Paraguay para marcar distancia de la Ar­gentina de los Fernández&Fernández. Algo así como una guerra no declarada dentro de un bloque que intenta instalarse entre los más grandes jugadores de la economía.

    No hay futuro, para el Mercosur, con un conflicto intestino de esas proporciones.

    Me gusta

  3. La Argentina que viene. ¿Llegará Alberto? ¿Qué hará Cristina? ¿Macri, ya fue?

    Por Ricardo Rivas

    Faltan 144 horas para que la Argentina tenga un presidente electo. Si se cumplen los resultados que prevén la totalidad de las encuestas de opinión que circulan aquí, será Alberto Fernández –secundado por la senadora nacional Cristina Fernández, ex presidente 2008-2015– con el Frente de Todos, quien se alce con el triunfo. En ese contexto, el actual jefe de Estado, Mauricio Macri, que se postula por el frente Juntos por el Cambio, será derrotado.

    La campaña electoral llega a su fin. Desde el último domingo y hasta las 21:00 del que viene, no se pueden divulgar encuestas en este país. Sin embargo y aún con esa prohibición legal, se puede afirmar que –luego de cuatro años de gestión ejecutiva– muy poco ha cambiado para Macri en cuanto a lo que técnicamente se categoriza como “voto consolidado”.

    De hecho, en el 2015, Mauricio –en la primera vuelta– obtuvo el 34,2% de los sufragios mientras que hasta hoy, todas las compulsas prevén que el jefe de Estado tiene una intención de voto en torno del 34,5%. Tres listas peronistas que en aquel momento lo desafiaban, alcanzaron el 60,11% de las voluntades electorales. Las últimas encuestas divulgadas, en promedio, sostienen que Alberto F. será votado por poco más del 50% de los electores.

    Si bien las matemáticas poco tienen que ver con el desarrollo de los movimientos políticos, desde una perspectiva cuantitativa, el gran dato emergente es que la unidad del peronismo, en esta oportunidad, es la que habrá de frustrar la esperanza reeleccionista de Mauricio Macri que no ha logrado ampliar su base electoral. Como en el 2015, entre el 50 y el 60% de los electores rechaza al presidente argentino que no solo pudo o no supo conseguir más adhesiones sino que, por el contrario, obligó a la unión de los peronistas para derrotarlo.

    Cerca de la medianoche del pasado sábado, en una de las mesas del restaurante temático “Perón Perón”, en el barrio de Palermo, un relevante consultor con muchos años de actividad en el mercado local, luego del multitudinario acto del “Sí, se puede”, que lideró Macri en torno del Obelisco, explicó a quienes lo acompañaban que “Mauricio logró amalgamar ese tercio de la sociedad antjperonista y antiK de siempre con un discurso voluntarista y emocional sobre un ‘nosotros’ mejores que los ‘otros’. Construyó una otredad negativa desde la superficialidad con un relato en el que la realidad los problemas cotidianos de todas y todos estuvieron ausentes”. El resto de los comensales asintieron pero el encuestador, al ser requerido por este corresponsal, solicitó reserva sobre su identidad porque estar “en una cena privada, con amigos”.

    Es probable que Mauricio Macri también perciba interiormente una inminente derrota. Sabe que todo cambia cuando el peronismo se amalgama. El general Juan Domingo Perón sostenía que “el 2000 nos encontrará unidos o dominados”. Es posible pensar que, pese a que, desde aquella fecha estimada y simbólica a la que aludía el viejo general hasta este 2019 ha pasado largo tiempo, lo concreto, es que la unificación peronista llegó. ¿Para quedarse? No son pocos los interrogantes que se dan en ese sentido. Escasas voces, con poca convicción, aseguran que SÍ. Habrá que esperar. Mientras, incertidumbre. ¿Unidos por razones tácticas o por coincidencia proyectual? ¿Cómo saberlo? Habrá que esperar. ¿Gobernará Alberto en plenitud o lo acotará Cristina? Habrá que esperar. La posibilidad de un proyecto bifronte preocupa.

    Así las cosas, todo parece indicar que Mauricio está pronto a perder el sillón en la Casa Rosada y, ante esa perspectiva, aspira a constituirse en líder de la oposición que viene aunque, también hay que decirlo, dentro de su propio partido –PRO (Propuesta Republicana)– algunos piensan que “ya fue” y que “debe ceder el liderazgo”. El tiempo de Horacio Rodríguez Larreta, jefe de gobierno porteño o, de María Eugenia Vidal, gobernadora bonaerense, para sucederlo, parece haber llegado. También, habrá que esperar.

    Me gusta

  4. Imagino que el autor de la nota no es argentino ni la vivió de afuera. Si la contracción del mercado interno la llamas “corrección de distorsiones micro y macroeconómicas creadas en las administraciones anteriores”, estás equivocando tu concepto. La eliminación de puestos de trabajo y caída en el nivel de vida de la población no es corrección de nada, sino destrucción lisa y llana. Cuando gobiernan los mercados la gente de a pie se jode, es lo único que hay que aprender de la crisis argentina. La verdad, muy mala nota.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s