Histórica cumbre climática

La semana que concluye estuvo copada por las expectativas generadas en el nuevo encuentro de líderes mundiales en Nueva York para debatir el acelerado calentamiento del planeta causante de catastróficos desbalances climáticos, el más grave conflicto que aqueja a la humanidad. Las declaraciones previas del secretario general de la ONU marcaron la tónica de practicidad y eficacia que imprimiría una modalidad muy particular a la conferencia. Comenzó llamando a la reflexión de los delegados al advertirles que si no asistían con espíritu constructivo y con propuestas realizables, mejor que no vayan porque la humanidad ya está harta de tantos discursos fantasiosos sin contenido ni programas realizables; se trata, dijo, de una cumbre de acciones y no de palabras vanas.

Recalcó el portugués Antonio Guterres, ejecutivo del organismo, que al estrado solo podrán acceder quienes concurran con ideas nuevas, valientes y concretas, capaces de satisfacer las esperanzas de una población planetaria cansada de tantas ofertas incumplidas, agobiada por el persistente incremento de temperatura, el aumento sostenido del nivel de los océanos y la creciente contaminación por dióxido de carbono, como ratificó el último informe de la Organización Meteorológica Mundial de la ONU. Con esas prevenciones algunos representantes de países no recibieron el pase para ocupar la honrosa tribuna al no cumplir los requisitos, quedando marginadas las intervenciones de Brasil, Arabia Saudita y Polonia, según aseveró la prensa internacional.

Simultáneamente, la joven activista sueca Greta Thunberg con expresiones saturadas de sentimientos, mezcla de pasión e ira desbordante, en medio de torrentes de lágrimas que brotaban de sus azules y sufridos ojos, clamó a los líderes por más compromiso y entrega, reprochándoles la típica pasividad, atribuyéndoles la responsabilidad en el “inicio de una extinción masiva” mientras consumen horas con argumentos baladíes de un fallido crecimiento económico, acusándolos de haber robado la felicidad de su niñez, dejando un futuro incierto y desolado, insistiendo en su dolida intervención en la posibilidad cierta de que todavía hay lugar para decidir mejores rumbos y revertir el camino hacia el abismo.

En conceptuoso video mensaje, el papa Francisco reclamó por la ausencia de voluntad política para frenar el cambio climático, subrayando que las tibias promesas reiteradamente formuladas no responden a la magnitud del probable desastre por los escasos recursos financieros y tecnológicos hasta ahora asignados, muy lejos de lo acordado en París hace cuatro años, donde se priorizó socorrer a las poblaciones más vulnerables, las más severamente afectadas.

El balance final no fue el más halagüeño, se logró solo la firme determinación de 77 naciones para llegar al 2050 con cero emisiones de gases de efecto invernadero; más de 100 líderes empresariales y un tercio de la banca global concretaron acciones para adoptar los objetivos del Acuerdo de París y transitar hacia la economía verde, en tanto que 12 estados desarrollados garantizaron recursos para el Fondo Verde del Clima. En fin, más ofrecimientos que esta vez merecerán el lacerante y combativo escrutinio de jóvenes activistas que enarbolan la advertencia: “Os estaremos vigilando, no nos roben la alegría”.

Alfredo Saltos Guale

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