DINGO


Cuando los europeos llegaron a Australia observaron perros en dos contextos diferentes. Unos junto a los aborígenes y otros como animales salvajes que depredaban sobre sus rebaños, considerando que formaban parte de la fauna australiana. Pero, ¿son los dingos una especie?

Para muchos, el dingo es un canino que forma parte de la excepcional fauna australiana. Oficialmente es considerada una especie nativa, que como el canguro o el koala, y muchas otras especies, habitaban Australia antes del año 1400.

Se argumenta que el dingo es el único gran depredador natural del continente que cumple un papel ecológico clave. El dingo protege a los micromamíferos de ser depredados por los gatos silvestres y los zorros.

En otras zonas del país el dingo no es tan apreciado por su conflicto con pastores y ganaderos, siendo perseguido y cazado por los propietarios de rebaños.

De hecho, en algunos estados la gente tiene licencia para cazarlos. En algunos territorios la caza de perros salvajes, que incluye a grupos de dingos, perros asilvestrados y sus híbridos, es obligatoria.

Para los defensores del dingo el animal debe ser protegido y para garantizar su futuro lo mejor es esclarecer su clasificación, ser catalogado como una especie única que permita ser considerado como una especie en peligro en Austria y promover políticas de conservación.

El problema de esta visión es asumir que sólo los organismos con estatus de especie merecen y deben ser protegidas. Más cuando no hay pruebas de que el organismo sea una especie y las cuestiones “políticas” pasan por encima de las científicas.

El debate de si el dingo es una especie o no, no es nuevo. Ya en 1792 se bautizó como ‘Canis antarticus’ por Kerr, sin tan siquiera ver al animal. Desde la lejana Europa clasificó la especie basándose en la ilustración que hizo Phillip en 1789.

Un año más tarde, en 1793, el zoólogo alemán Friedrich Meyer rebautizó al cánido como ‘Canis dingo’. El término “dingo” era el nombre con el que los aborígenes Dharawal, que habitaban los alrededores de Sydney, conocían al animal.

El estatus de especie y el nombre ‘Canis dingo’ se usó durante años, incluso por autores que estaban convencidos de que el animal fue introducido por los humanos desde Asia a Australia.

El propio Darwin en 1868 especuló sobre la introducción humana del dingo en Australia en tiempos remotos. Otros, sin embargo, consideraban que el Dingo llegó mucho antes que los aborígenes, quizá durante el Plioceno.

A lo largo del siglo pasado, un autor tras otro, fueron aportando pruebas de que el dingo llegó al continente con la asistencia de los humanos. Muchos de estos autores rebajaron el dingo a subespecie del perro doméstico: ‘Canis familiaris dingo’.

Una nomenclatura que se ha mantenido durante las últimas décadas, confirmándose en los numerosos estudios moleculares que se han dedicado a estudiar el origen del perro y su relación con el lobo. ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/P

En gran parte de estos trabajos el dingo aparece como una línea más del conjunto de los “perros domesticados”, lo que sugiere que es una especie domesticada que posteriormente se asilvestró una vez introducida en Australia. pnas.org/content/101/33

La misma interpretación que se da a las poblaciones de perros salvajes que habitan Nueva Guinea, que se han designado como: ‘Canis hallstromi’ o ‘Canis familiaris hallstromi”.

A pesar de las evidencias evolutivas sobre el origen de los dingos o los perros de Nueva Guinea, existe, como he comentado al principio, presión por parte de algunos de reconocer estas poblaciones regionales como especies distintas.

En 2007 se solicitó la categoría de especie para el perro de Guinea y, más recientemente, en 2014 la del dingo australiano. Lo que generó respuesta por parte de la comunidad taxonómica australiana en 2017 que lo rebajaba de nuevo a perro doméstico.

Muchos grupos conservacionistas lanzaron el grito al aire cuando el gobierno estatal de Australia Occidental deparaba de considerar al dingo como fauna nativa. Entendieron que eso daba alas a la caza de los mismos.

El problema real del dingo es que el cómo llamamos a las cosas importa, y mucho. Aunque no debería ser así, las protecciones legales son más fáciles de aplicar y justificar si los organismos son entendidos como una especie única que no subespecie, población, etc…

Aunque se habla de proteger la biodiversidad en todos sus niveles, a la hora de legislar es más fácil hacerlo si lo que proteges tiene el estatus más alto dentro de la biodiversidad, es decir: tiene estatus de especie.

El debate del dingo es político y legislativo, yendo más allá de lo biológico. Nadie, ni aquellos que quieren rebajarlo a estatus de subespecie dentro de los perros, ponen en duda que el animal deba ser protegido aunque su importancia en el ecosistema australiano se dudosa.

Pero para éstos, lo que no puede hacerse es “ajustar” un nombre científico con fines de conservación cuando la ciencia evidencia todo lo contrario, sin pruebas a favor de que el dingo sea una especie diferenciada de los perros.

El problema del dingo no es científico, es como el del lobo en el resto del mundo, un problema de percepción social, en la que a los depredadores se les ha asignado una mala reputación por entrar en conflicto los granjeros.

Si el dingo en vez de ser un cánido que mata ovejas fuese una tortuga terrestre o un pájaro, no habría problema alguno en ser aceptado como subespecie o población digna de protegerse, pero el dingo y los humanos tienen un conflicto abierto.

En Australia el conflicto entre granjeros y dingos viene de atrás, de 1788 cuando se instalaron las primeras granjas de ovejas. Para solucionarlo, los australianos levantaron uno de sus muchos muros para frenar las incursiones de los dingos.

Los defensores del dingo como especie quien devolverle el estatus de especie, creen que es de la única manera que se salvará. Si son vistos como simples perros asilvestrados la gente los cazará para controlar sus poblaciones.

Lo incorrecto es entender que ciencia taxonómica está al servicio de la conservación. Los estudios genéticos recientes no sustentan los argumentos de quien quiere ver en el dingo una especie diferente.

El dingo se separó del perro moderno al mismo tiempo que las razas denominadas antiguas como los Husky, Malamute o Basenji. Si el dingo es catalogada como especie, estas razas deberían obtener también categoría de especie.

Su valor biológico no se pone en duda, el dingo no sólo se enfrenta al problema de la persecución de los granjeros en algunos estados, sino el cruzarse continuamente con otros perros perdiendo su identidad genética.

Un estudio reciente ha determinado que existen dos lineas bien diferenciadas en Australia, originadas por dos oleadas de distintas de introducción del dingo en el continente, que constituyen dos líneas evolutivas distintas. onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.10

El mismo estudio sugiere que los dingos tuvieron un boom demográfico y de expansión por el continente hace 2.000 años coincidiendo con la extinción del lobo de Tasmania, un declive asociado a la llegada del dingo al continente.

Una información valiosa para cualquier plan de conservación que quiera mantener la diversidad de las diferentes unidades evolutivas que hay en Australia y preservar así al máximo su diversidad, indiferentemente de que los veamos como una especie o una subespecie.

¿Especie o sub especie? ¿Lo conservas o lo extingues?

Los datos indican que se trata de un perro, uno antiguo pero no más que los Husky u otras razas antiguas asiáticas. A pesar de eso, es un animal que lleva miles de años ejerciendo un papel ecológico en Australia único y merece la pena conservarlo.

Sí, pero el concepto de especie invasora es temporal, pasado bastante tiempo las especies dejan de considerarse invasoras y tienen su papel en el ecosistema. El dingo posiblemente contribuyó a la desaparición del lobo pero hoy suple su función como depredador.

Está en duda su papel como regulador de las poblaciones de gatos o zorros, de otras especies invasoras, pero si se ha visto que regula las poblaciones de canguros impidiendo que degraden el paisaje favoreciendo así a micromamíferos.

Buuuf, esa es la pregunta imposible, porque para responder a ella primero habría que ser capaz de definir correctamente “especie”. Existen, creo, 26 definiciones, lo cual demuestra que ninguna de ellas es totalmente válida. Se usa la genética, anatomía y comportamiento indiferentemente de si donde pongamos el límite de que es es especie, subespecie o población, sí que siempre debería usarse el mismo criterio, y ese es el problema del dingo, que usando el criterio del resto de cánidos, resulta ser un perro, uno muy antiguo pero un perro.

Que una especie sea domesticable no le hace perder su estatus de especie, debe ir acompañado de selección artificial durante generaciones que moldee la genética del grupo. Tampoco asilvestrarse como es el caso. Un gato silvestre puede no ser domesticable pero no deja de ser gato.

El pobre dingo tiene el sanbenito de ser un depredador como el lobo que entra en conflicto con los humanos, de ahí la controversia de su conservación.

Alex Richter-Boix
@BoixRichter

 

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