“Siempre extrañada”…

Hace un rato sentada en un bar. En la mesa pegada, un hombre desayunó tostadas y café mientras estudiaba los fúnebres de LA NACION. Nada raro: estamos en Belgrano. Luego discutió por teléfono con alguien con respecto a cosas organizativas. Luego llamó él a avisos fúnebres.

Dictó un aviso. A una tal Graciela. Hubo un malentendido deletreando el apellido de soltera y de casada. Explicó que el de casada es el de él. Héctor. Es su esposo. Hay una confusión y él toma como referencia los avisos que acababa de leer. ‘Acá lo ponen así’. Siguió el aviso.

Los deudos son él y dos hijos. Dijo la palabra dolor. Conjugó el verbo despedir. Y algo sobre lo buena esposa y madre que fue. Frenó. Retomó. Dictó la puntuación. Le hizo repetir el aviso a la telemarketer funeraria. “Coma después de esposa”

Se ve que la telemarketer le preguntó si tiene Club La Nación. ¿La azul? La tenía. Dictó los números. Pagó con Amex. Dictó los números, vencimiento, clave. Le pidieron un mail. Le preguntó el nombre a la señorita para asegurarse. “Muy amable, Rita”, y cortó.

Mañana siguiente. En mi cama. Busco el aviso. Me fijo si está la coma después de esposa. Sí. Era una coma básica para la enumeración. Ahora Graciela es ese participio del amor, la ausencia y el recuerdo que Hector dictó desayunando en un bar de Belgrano. “Siempre extrañada”…

Angeles Salvador 💚
@canquerrosa

 

 

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