Argentina electoral: El país está parado

Pasaron las PASO (elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) en la Argentina. Sin embargo, no pasó el efecto demoledor que sobre el ánimo y la gestión del presidente (y candidato presidencial) Mauricio Macri causó el resultado de esa primera fase de la contienda electoral que podría finalizar el domingo 27 de octubre cuando esta sociedad elija a quien habrá de gobernar desde el venidero 10 de diciembre. Y, tampoco ha pasado el efecto que el escrutinio causó sobre el ánimo y la vida cotidiana de Alberto Fernández, el desafiante de Macri por el Frente de Todos. Una experiencia nueva para una sociedad que siempre cree haber visto todo. Sorprendidos. Los unos y los otros.

Macri, desacostumbrado a perder, prefiere no mirarse en el espejo que desde muchos años sólo le devuelve la imagen de exitoso; y, Fernández, porque de la sombría esfera de los operadores políticos pasó al enceguecedor mundo de las luces que lo procuran siempre y en todo lugar para que dé esas respuestas que, como él mismo lo repite sin pausa, no le corresponden porque “soy oposición”.
Mientras, un conjunto social y más allá de sus lógicas discrepancias, tan inevitables como necesarias, aguarda entre la incertidumbre y la especulación evidenciada, por lo menos, en dos interrogantes: ¿Qué pasará (en el país) y cuánto cuesta (todo)? Una buena parte de la ciudadanía –ese segmento social que suele afirmar que no le interesa la política porque “son todos iguales”– quiere saber y no recibe ninguna otra respuesta que la de sus bolsillos flacos, la de sus angustias, la de sus carencias, que no son pocas. Argentina está parada.

Entre tanto, una misión del Fondo Monetario Internacional (FMI), esta semana se reunirá con el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, para recibir información oficial que les permita proyectar el futuro de la relación con el máximo acreedor de la historia de ese organismo al que, unos pocos meses atrás, le otorgó un crédito de U$S 57.800 millones. También habrá encuentro con los economistas que asesoran al opositor triunfante en las PASO, Alberto Fernández que, desde el mismo instante en que el éxito tocó a su puerta, dice y repite que “no habrá default” y que la Argentina “honrará la deuda”. Su compañera de fórmula, Cristina Fernández –senadora nacional y ex presidente entre el 2007 y el 2015– se mantiene en silencio. Esa estrategia, suma interrogantes en tiempos en que todo se cuenta, se transmite, se comenta, se viraliza. Una forma silenciosa de decir que “estamos haciendo lo que hay que hacer”, uno de los latiguillos del oficialismo. Líderes que dicen sin decir nada.

Argentina parece haberse transformado en el país de los eslóganes o en el que reina el despotismo ilustrado, como define algunas nuevas formas de comunicación política el académico Eduardo Fidanza que, con precisión de cirujano, describe que “en la democracia contemporánea la agenda desplaza a la historia, la táctica prevalece a la estrategia, el espectáculo coloniza la política, las redes de comunicación redefinen los mensajes” porque “un enorme aparato mediático y político quiere anticipar el epílogo (ante cada elección) cuando todavía se escribe el prólogo”.
La democracia no sólo es responsabilidad de los dirigentes. Por sobre todo, es una forma de pensar la vida en sociedad. De entender la armonía social. De poner en valor la idea del bien común. La democracia, no siempre va de la mano de las propuestas de Nicolás Maquiavelo que la define como “el arte de lo posible”. Transcurrido el tiempo, al menos en la Argentina, parece insuficiente. Los príncipes aquí padecen de hipoacusia o tienen problemas para la interpretación de textos. El “posible” al que refiere aquel florentino fallecido el 21 de junio de 1527 no incluye lo malo ni lo peor. Jacques Chirac, ex presidente de Francia 1995-2007, afirma que “la política debería ser siempre no solo el arte de lo posible sino de hacer posible lo necesario”.

por Ricardo Rivas

12 comentarios en “Argentina electoral: El país está parado”

  1. Argentina electoral. Incertidumbre en el país de los eslóganes
    Por Ricardo Rivas

    En sólo 20 días la Argentina tendrá un presidente electo que releve a Mauricio Macri desde el 10 de diciembre. Tal vez por ello, cada semana que se inicia se pinta de dramatismo. Alberto Fernández -quien según todos los analistas y las encuestas que circulan podría ser el vencedor- descubrió que las más relevantes demandas y conflictos en este país con la actividad económica parada, tocan a su puerta sin que pueda formalmente operar sobre la realidad acuciante. La más reciente encuesta realizada por Ricardo Rouvier, sólo el 34,2% de la ciudadanía considera que el actual jefe de estado, Mauricio Macri “logrará controlar la crisis económica y social para llegar al 10 de diciembre (fin de su mandato) en forma ordenada”. La misma investigación, revela que el 72,7% cree que Fernández “ganará finalmente las elecciones”. En las calles, tensiones, algún grado de angustia creciente, falta de consensos mínimos e incertidumbre social y política en alza. Los conflictos se extienden con ocupación de las calles por parte de los sectores más radicalizados. Macri observa, reparte subsidios y ordena a las fuerzas de seguridad mantener actitudes pasivas y de observación.

    Alberto F. –a quien no son pocos los que lo señalan como “presidente puesto, todavía no electo”, en las últimas tres semanas, pidió a las organizaciones sociales “evitar estar en las calles para no generar situaciones que puedan llamar a la confrontación y a la violencia”; solicitó a los pilotos de líneas aéreas que amenazaban con una huelga de 48 horas –no concretada finalmente- que “levanten el paro” aunque avaló el reclamo salarial del sector; y, en los dos casos, las respuestas fueron negativas con tintes desafiantes pese a que los reclamos provienen de grupos afines al Frente de Todos que postula a Fernández. Rouvier reporta, asimismo –con un nivel de confianza metodológica del 95,5% y un margen de error de +/- 2,8%- que la intención de voto en favor de Alberto se ubica en 52,9% en tanto que quienes podrían votar a Macri alcanzan al 34,5%.

    En ese contexto, mientras Macri se ilusiona con, por lo menos, llegar a una segunda vuelta, un interrogante de peso emerge de cara al compromiso electoral: ¿Es armoniosa la relación entre Alberto Fernández y su compañera de fórmula la senadora y ex presidente Cristina Fernández?

    Nada permite sostener con fundamentos que Alberto y Cristina no se encuentran en armonía, aunque es verdad que hasta el momento ha sido muy escasos los actos proselitistas en los que se los vio juntos. Quizás por ello, no son pocas las voces que aseguran con firmeza que el candidato presidencial procura “descristinizarse”. Incomprobable. ¿Son dos personalidades públicas muy diferentes? Sí, por cierto. ¿Es verdad que Alberto F. desea triunfar con más del 53,11% de los votos válidos para superar la marca que Cristina F. alcanzó en 2011? Tal vez. ¿Para qué? La historia reporta que Juan Domingo Perón –fundador del peronismo y tres veces Presidente- en 1946 alcanzó el 54,4% de la voluntad popular; en 1951, el 62,49%; y, en 1973, el 61,85%. Estadísticas y, si se quiere, poco relevante. Sin embargo, preocupa un rumor como el comentado. Ningún partido bifronte en el poder conduce a buen puerto.

    Sin embargo y más allá de lo vincular, otros son los temas que tanto Alberto F. y Cristina F. deberían esclarecer antes de votar pero, de ellos, no se habla. ¿Dónde se ubicará la Argentina en el mundo? Estará del lado de los “patriotas o los globalistas”, como los categoriza el presidente populista y nacionalista de los Estados Unidos, Donald Trump? ¿Cuál será el futuro del Mercosur? ¿Se trabajará para completar un acuerdo comercial con la Unión Europea? ¿Argentina apuntará a la multipolaridad? ¿Se procurarán nuevos mercados para generar puestos de trabajo? ¿Se trabajará en pos de la seguridad jurídica? ¿Se impulsará una reforma constitucional? ¿Cómo se abordará el día después del nuevo default bautizado como reperfilamiento? El país de los eslóganes no da respuestas. Con el “sí, se puede” de Mauricio o, el “pondremos a la Argentina de pie”, de Alberto no alcanza.

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  2. Argentina electoral. Poco se habla de relaciones internacionales

    Por Ricardo Rivas

    Dentro de 27 días los argentinos decidirán quién será el presidente que suceda a Mauricio Macri el 10 de diciembre. El analista Ricardo Rouvier –luego de consultar a 1.200 personas telefónicamente, con un margen de error de 2,8% y una confiabilidad de 95,5%, según su autor– asegura que 72,7% de la ciudadanía cree que Alberto Fernández, el candidato por el peronista Frente de Todos, será el triunfador. Solo un 14% sostiene que Macri será reelecto. Rouvier reporta también que Alberto F. tiene una intención de voto de 52.9% en tanto que Mauricio se ubica en 34,5%. No es muy diferente de otras compulsas que circulan. El futuro inmediato de ambos parece estar claro, aunque, como sucede con cierta frecuencia en este país y en el mundo, todo puede cambiar porque, como canta Fabiana Cantilo, “nada es para siempre”.

    Pese a la cercanía de la elección y a la creciente incertidumbre social, los candidatos con mayores posibilidades poco y nada expresan acerca de sus planes de gobierno. Sus arengas se mantienen en el plano de los ejercicios motivacionales y ambos, con variantes mínimas en formas y modos, aseguran que podrán y, apoyados en esa promesa de nada más etéreo que la ilusión, transhuman la Argentina.

    Habitantes destacados en el país de los eslóganes y del “spotismo (sic) ilustrado”, como suele categorizar el académico Eduardo Fidanza a la práctica tan extendida entre candidatas y candidatos de disparar palabras e imágenes vacías de contenidos sobre los temas que más preocupan a esta sociedad, los postulantes sólo mencionan –sin precisiones– que abordarán con decisión los desajustes económicos y financieros en las cuentas públicas, que propiciarán estándares más eficientes en la seguridad pública, que abogarán por la seguridad jurídica, que la docencia será bien remunerada, que jubiladas y jubilados habrán de mejorar la calidad de vida, pero nada, casi nada o muy poco dicen sobre relaciones internacionales.

    Sorprende. Especialmente porque el futuro de corto, mediano y largo plazo está profundamente vinculado con el escenario transnacional. “La Argentina no ha dado explicación de sus comportamientos en los últimos 15 años”, dijo días atrás a este corresponsal el embajador Juan Pablo Lohlé, con medio siglo de militancia peronista e intensa gestión en el servicio exterior argentino y advirtió, a quien quisiera oírlo que el mundo está esperando saber qué hará este país.

    La semana pasada, ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el presidente norteamericano Donald Trump sostuvo que “el futuro no pertenece a los globalistas, sino a los patriotas”. El premier británico, Boris Johnson, fundamentalista del Brexit, se ubica en la misma línea y, como el habitante de la Casa Blanca no ahorra esfuerzos para alcanzar los objetivos separatistas que se propone. Entre los patriotas –como los categoriza Trump– se encuentran también “los mandatarios de Brasil, Venezuela, Rusia, Turquía y Hungría”, apunta el analista Jorge Elías, director del portal informativo elinterin.com y advierte que este tipo de “líderes alfa” llegaron al poder con una “mezcolanza entre la ilusión y el miedo, resumidos en los eslóganes America First (Estados Unidos primero) y Take Back Control (recuperemos el control) a través del Brexit”.

    Marcelo Cantelmi en Clarín advierte desde Beijing, China, que en ese país “crece la noción de que el mundo asiste a una nueva geopolítica”. Apunta que “ya no, se reconstruirá la relación de mutuo aprovechamiento” del Imperio del Centro con Estados Unidos y advierte que crecerá “una rivalidad (sino-norteamericana) por la hegemonía comercial, económica y científica”. A esa relación tensa le agrega tirantez el vínculo estratégico entre los presidentes chino, Xi Jinping y ruso, Vladimir Putin, que la prensa oriental percibe como “el primer paso de una nueva era” en desarrollo avanzado que, en el 2018, generó comercio bilateral por poco más de U$S 100.000 millones. ¿Hacia dónde irá Argentina?

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  3. ¿Se encamina Argentina hacia una ‘Argenzuela’?
    POR ANDRÉS OPPENHEIMER

    Durante una visita de una semana a Argentina, hablé con varios altos funcionarios del gobierno y figuras de la oposición, pero el comentario que más me dejó pensando fue el que escuché de un taxista venezolano, uno de los 170.000 venezolanos que han llegado últimamente a este país. El conductor me dijo: “Los argentinos no saben en qué se están metiendo”.

    Al igual que muchos argentinos, el taxista venezolano teme un regreso del populismo de izquierda en las elecciones presidenciales del 27 de octubre. Según me dijo, Argentina podría encaminarse hacia lo que algunos aquí denominan una potencial “Argenzuela”.

    Hay un clima de casi certeza en Argentina de que la fórmula populista de izquierda del candidato presidencial Alberto Fernández y la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, que ahora se postula para vicepresidente, ganará las próximas elecciones.

    El presidente Mauricio Macri, de centroderecha, se postula para la reelección y espera dar vuelta a los pronósticos. Pero la mayoría de los presentadores de televisión dan casi por hecho que la boleta Fernández-Fernández ganará en octubre.

    En una elección primaria del 11 de agosto la fórmula Fernández-Fernández arrasó por un margen de 16 puntos porcentuales. Y desde entonces la mala situación económica de Argentina ha empeorado, en parte por la fuga de capitales generada por temores de un regreso del kirchnerismo.

    En rigor, Macri heredó gran parte de la actual crisis económica. Durante los gobiernos kirchneristas del 2003 al 2015, en que Argentina se benefició de un auge sin precedentes de los precios de las materias primas, los Kirchner dilapidaron la bonanza en subsidios populistas y una corrupción masiva.

    El gasto público de Argentina casi se duplicó durante el kirchnerismo, del 23% del producto interno bruto en 2002 al 42,2% en 2015. Hoy Argentina tiene 9 millones de personas que trabajan en el sector privado, que mantienen a 15,3 millones de personas pagadas por el Estado, según estimaciones internas del Fondo Monetario Internacional.

    El vivir gastando más de lo que produce ha convertido a Argentina en un país inviable. Y Macri, aunque consciente de eso, no hizo las reformas suficientes para enderezar la economía.

    Alberto Fernández ha enviado algunas señales preocupantes desde las primarias de agosto. Dijo que Venezuela no es una dictadura, a pesar del hecho de que ha habido más de 6.800 ejecuciones extrajudiciales cometidas por el régimen venezolano apenas durante el último año y medio, según las Naciones Unidas. Y ha dicho que buscaría mejorar las relaciones con España más que con Estados Unidos, un gran error de parte de un candidato que necesitaría la ayuda de Washington para renegociar la deuda externa de Argentina.

    Todo eso hace temer que una victoria de Fernández podría causar una mayor fuga de capitales, como se dio después de las primarias del 11 de agosto, empeoraría la situación económica y significaría un regreso a los días en que los gobiernos kirchneristas culpaban a Estados Unidos y el FMI –en lugar de la costumbre de Argentina de gastar más de lo que produce– por la crisis económica del país.

    Sin embargo, la impresión que me dio Alberto Fernández cuando lo entrevisté hace varios años es que es un hombre pragmático. Y muchos especulan que no sería un títere de Cristina Fernández: Argentina tiene una larga historia de presidentes peronistas que traicionaron a sus padrinos políticos.

    Aunque Cristina Fernández sería presidenta del Senado, tendría como aliados a muchos gobernadores, y controlaría a varios sindicatos de trabajadores, Alberto Fernández podría construir una base de poder desde la presidencia.

    Finalmente, es difícil pero no imposible que Macri gane las elecciones, o por lo menos que gane un bloque suficientemente grande en el Congreso como para evitar una toma gradual de las principales instituciones del país por un gobierno kirchnerista.

    Creo que se avecinan tiempos turbulentos en Argentina, a menos que Fernández y Macri formen un gobierno de unidad nacional que ataque de frente la enfermedad crónica del país –gastar más de lo que produce– en lugar de solo tratar de curar sus síntomas. Si eso no ocurre, la situación de Argentina podría seguir empeorando.

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  4. Argentina electoral. Tensiones sociales y políticas en alza. El dilema de Alberto

    Por Ricardo Rivas

    Cuando faltan 6 semanas para las presidenciales en la Argentina, el ganador de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), Alberto Fernández, supo que –si en la medianoche del domingo 27 de octubre lo acompaña la voluntad popular y es presidente electo– su gestión política será compleja. No son pocas las ciudadanas y ciudadanos que lo perciben como muy parecido al presidente Mauricio Macri, también su adversario.

    La semana que pasó Polo Obrero, Libres del Sur, Barrios de Pie –las organizaciones sociales más combativas– ganaron las calles en las principales ciudades en todo el país, entre ellas Buenos Aires, y acamparon frente al Ministerio de Desarrollo Social, que lidera Carolina Stanley, una funcionaria con aceitado diálogo con esos sectores. Los que todo lo etiquetan sostienen que esas agrupaciones “son de izquierdas”. Mientras, frente al Congreso de la Nación, los autoconvocados Frente Popular Darío Santillán, el Frente de Organizaciones en Lucha, la Corriente Clasista y Combativa, algunos disidentes de Barrios de Pie y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular también se expresaban, aunque con matices bien diferenciados. Todos coincidieron en reclamar que se declarara “la emergencia alimentaria”, el objetivo se alcanzó. Pese a ello, los primeros se retiraron con protestas mientras que los segundos celebraron que los diputados escucharon sus reclamos. Horas antes, pequeñas fracciones de las organizaciones piqueteras irrumpieron en los más importantes centros de compras, ocuparon esos espacios por algún tiempo en el que hostigaron a quienes se encontraban en ellos –trabajadores o no– y luego se retiraron acusándolos de “oligarcas”. Fernández, durante las horas de mayor tensión social, dirigiéndose a quienes manifestaban los exhortó a “evitar estar en las calles” para que “los nervios” o “abran paso a los violentos”. Señaló también que ese tipo de acciones “deben inquietarnos”, pidió “a todos los argentinos mantener la calma”, reconoció “la justicia de los reclamos”, llamó a “no complicar el escenario que tenemos” y pidió “serenidad”.

    La respuesta no se hizo esperar. “Empezamos mal”, dijeron los manifestantes. Norberto Belliboni, líder del Polo Obrero, luego de sostener que Fernández “no emitió una opinión de apoyo (a los reclamos), sino (que) más bien (dio) apoyo a la represión (cuando) dice que no hay que salir a la calle”, sentenció: “Es un gobierno (sic) que empieza a dar señales muy negativas para los trabajadores porque hoy, más que nunca, hay que estar en la calle. ¿A quién va a beneficiar Alberto Fernández con su gobierno? Empezamos mal”.

    Por su parte, la Iglesia Católica –también demandante de la emergencia alimentaria– a través del cardenal Mario Poli, el sábado último, en el cierre de la XXII Jornada de Pastoral Social, ante casi 800 dirigentes políticos y sociales, convocó a un “nuevo pacto social” en el que “todos los sectores” estén representados.

    Horas antes, el arzobispo de la provincia de Salta, Mario Cargnello, tuvo que invitar oficialmente a Macri a una celebración religiosa luego que un cura de su diócesis, Raúl Méndez, sostuviera ante sus fieles que la presencia del jefe de Estado allí “será una provocación” y le pidió que suspendiera su viaje para no “empañar la fiesta de los salteños”. Mauricio fue.

    Fernández sabe que, en la medianoche del próximo domingo 27 de octubre cuando –como coincidentes analistas lo sostienen– sea presidente electo, tendrá que lidiar con un Frente de Todos, por lo menos, bifronte en el que lo que para algunos sea heterodoxia económica para enfrentar la emergencia, para los otros será neoliberalismo salvaje. Más aún, habrá quienes enfaticen en que “no es peronismo”.

    De hecho, la sede de campaña de Fernández se encuentra en la calle México y la de su compañera de fórmula, Cristina Fernández, en la calle Rodríguez Peña. Muchas cuadras los separan en lo geográfico. ¿Pasará lo mismo en lo ideológico? ¿Logrará Alberto el equilibrio de poder necesario para abordar la crisis?

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  5. Otra vez, Argentina

    Rodrigo Botero Montoya

    La presidencia de Macri está terminando en forma melancólica. Luego de una derrota en las elecciones primarias de agosto, el gobierno se prepara para las elecciones del mes de octubre en condiciones de debilidad política y deterioro económico acelerado. La perspectiva del retorno al poder del kirchnerismo, con la fórmula Alberto Fernández-Cristina Kirchner, ha producido una fuerte devaluación, la caída en el valor de las acciones y los bonos, así como el incremento del riesgo país a un nivel del orden de 2.500 puntos. Argentina carece de acceso a los mercados internacionales de crédito. Con un ritmo de inflación de más del 50% anual y una tasa de interés interna superior a 70%, el mercado de capitales interno se ha marchitado. Para efectos prácticos, ni el gobierno ni las empresas pueden obtener crédito. La economía se encuentra en recesión, con una caída del PIB en este año estimada en 3%. La declaración de una moratoria parcial de algunos vencimientos financieros ha conducido a la calificación de default selectivo para la deuda soberana argentina por parte de las calificadoras internacionales de riesgo. El gobierno se propone solicitarle al Fondo Monetario Internacional una restructuración de los plazos de pago acordados para el crédito vigente, decisión con la cual coincide el candidato presidencial Alberto Fernández.

    La posibilidad de que la inestabilidad política resulte en una salida masiva de capitales hace inevitable el establecimiento del control de cambios. Mientras que algunos analistas, como Guillermo Calvo, consideran que un eventual gobierno kirchnerista podría hacer el ajuste macroeconómico que no hizo Macri, otros temen que conduzca a la hiperinflación. Macri está haciendo un esfuerzo desesperado por evitar un colapso económico antes de diciembre. En caso positivo, le quedaría la satisfacción de ser el primer gobernante no-peronista que logra concluir su mandato legal. Independientemente de quién gane las elecciones presidenciales, el próximo gobierno se iniciará en condiciones precarias. En ausencia de un poco probable gesto de madurez política por parte de sus dirigentes para manejar esta crisis con responsabilidad compartida, Argentina corre el riesgo de volver a enfrentar otra década perdida.

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  6. Argentina electoral: Avanza la campaña. Vuelve Alberto Fernández. China disgustada

    Por Ricardo Rivas

    Veintinueve días pasaron desde que, en este país, Alberto Fernández fue el más votado en las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) por sobre el presidente Mauricio Macri, que aún dice estar confiado en que podrá alcanzar su reelección. Cuarenta y ocho son los anocheceres que restan para que la ciudadanía demuestre a Mauricio si aquella intención –hoy– se apoya sobre bases sólidas o si, por el contrario, es una de las tantas palabras lanzadas al viento que expresan los actores públicos en campaña sin ningún otro fundamento que el voluntarismo.

    Alberto, por su parte, sabrá en la medianoche de ese domingo si el actual supuesto de que se trata de un mandatario en ciernes –lo más probable– se hace realidad por amplia diferencia.

    En los 7 días que se fueron, el Gobierno revela –a través de trascendidos– que siente como éxito que en el cierre cambiario del pasado viernes el dólar se comercialice en torno de los $ 58 por unidad luego de tocar los $ 62; que el riesgo país haya caído a los 2.053 puntos porcentuales, después de superar los 2.500; que la cotización de algunos de los bonos que emite el Tesoro argentino se hayan recuperado parcialmente desde que se hundieron irremediablemente; que en la semana que cierra el Banco Central haya perdido solo US$ 2.725 millones de sus reservas que se encuentran en US$ 51.373 millones, de los cuales solo unos US$ 24.000 millones son de libre disponibilidad. Pero aún se desconoce si el Fondo Monetario Internacional (FMI) enviará, cuando se inicie la primavera austral, US$ 5.400 millones del crédito por US$ 57.800 millones que, con la ayuda del presidente norteamericano Donald Trump, el año pasado concedió a la Argentina. Extraña satisfacción.

    Tal vez, evalúen esos datos recientes como una mejora o, al menos, una distensión en el contexto crítico local porque, según el sitio La Política On Line, el Banco Central reporta que “los depósitos del sector privado cayeron 17% en el mes de agosto, unos US$ 5.400 millones” hasta clavarse en un total de US$ 26.600 millones. Si a ese monto se suman “unos US$ 6.600 millones, la totalidad de depósitos en moneda estadounidense se ubicó en US$ 33.356 millones”.

    Por estas horas, Alberto Fernández regresa a la Argentina luego de un viaje político a la Península Ibérica, acompañado de una reducida comitiva de la que formó parte el ex gobernador bonaerense Felipe Solá, ingeniero agrónomo, uno de los que brega para ser, luego del 10 de diciembre venidero, ministro de Relaciones Exteriores. El candidato del peronista Frente con Todos se reunió con el jefe de gobierno de España, Pedro Sánchez, y el primer ministro de Portugal, Pedro Costa, además de mujeres y hombres de negocios, entre los que se destaca la poderosa Ana Botín, presidenta del Banco Santander.

    Según Fernández, el premier Sánchez le aseguró que respaldará a la Argentina cuando tenga que renegociar con el Fondo Monetario Internacional (FMI) las condiciones de pago pactadas meses atrás.

    Sin embargo, en cuanto deje atrás el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, sabrá de primera mano que la diplomacia de la República Popular China “está muy molesta” por informaciones periodísticas recientes “que Fernández no desmintió” que dan cuenta de “una oferta crediticia china” para mitigar la débil situación fiscal argentina. “Es mentira. No existe ese acuerdo”, enfatizaron tres altas fuentes del Imperio del Centro a este corresponsal cuando quiso saber más sobre el anuncio y confirmaron que “solo está operativo el swap entre el Banco Central argentino y el Banco del Pueblo, por un monto cercano a los US$ 20.000 millones”. El swap –que se alcanzó en el 2011, cuando gobernaba la presidenta Cristina Fernández, compañera de fórmula de Alberto, y se ratificó con Macri en la Casa Rosada– taxativamente, en su artículo IV, establece que se caerá si la Argentina incumple con el FMI.

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  7. Separados al nacer
    Los países rioplatenses, Argentina y Uruguay, llevan vidas paralelas desde que la Banda Oriental se independizó de las Provincias Unidas y del gobierno de Buenos Aires, y se transformó en la República Oriental del Uruguay. Son amigos y se sienten hermanos, aunque algunos lo nieguen. Competencia, celos, resentimientos, riñas, mirarse de reojo, todo ello es propio de hermanos. Sus vidas, empero, van por caminos diferente. Esto es, política y económicamente hablando.

    En estos días coinciden en que el próximo 27 de octubre tendrán elecciones generales para elegir presidente y legisladores. Los presidentes por cinco años en Uruguay y por cuatro en Argentina. En este país hay reelección, en Uruguay no.

    En ambos países se realizaron elecciones primarias previas para determinas los candidatos. En junio en Uruguay, simultáneas para todos los partidos, pero no con voto obligatorio. En Argentina el voto es obligatorio. Esa es la diferencia.

    A partir de ahí se acaban las coincidencias y las pequeñas diferencias, y aparecen las grandes.

    En las internas uruguayas, el Partido Nacional (Blanco) obtuvo la votación más alta, por encima del Frente Amplio-FA- (coalición de izquierdas que gobierna en el país desde el 2005 y va por un cuarto período). Si se suman los votos que fueron al Partido Colorado (junto con el Nacional partidos históricos y fundacionales) y otros partidos menores, hubo una amplia mayoría opositora. Más que duplicaron los votos del FA.

    Y hasta ahí.

    Ahora se está en campaña electoral y el 27 de octubre se elegirán los futuros gobernantes. Las encuestas hoy dan adelante al FA, pero la suma de los partidos opositores lo superan en unos 10 puntos. Las predicciones son de que el FA saldrá primero pero esta vez sin mayoría parlamentaria como lo había logrado en los tres periodos anteriores, y deberá competir en un segunda vuelta con el segundo.

    Está muy parejo y es muy difícil hacer un pronóstico sobre quien será el próximo presidente que tendrá que hacerse cargo de un país con una economía prácticamente estancada, con un alto déficit fiscal (5% del PBI), desempleo e inflación en aumento. Ello de todas maneras no causa ningún tipo de nerviosismo importante que se refleje, por ejemplo, en la cotización del dólar que es uno de los indicadores más elocuente para conocer el ánimo de la gente y los mercados. Habrá que hacer un ajuste importante y lo saben todos los candidatos pero tratan de no hablar mucho de ello, porque implica un espanta votos.

    En Argentina se dio distinto. No hubo competencia de candidatos, fueron acordados de antemano. Las PASO (Primarias Abiertas , Simultáneas y Obligatorias), en ese país, más que decidir candidatos son una forma de medir el pulso de la ciudadanía 75 días antes de las elecciones. Pero no mucho más que eso.

    En Argentina, el peronismo kirchnerista aventajó en 15 puntos al partido oficialista del Presidente Macri (47 a 32%), y a partir de ahí se ha dado por hecho que ya hay cambio de gobierno. Los mercados se desbocaron, la bolsa cayó, también los bonos argentinos en NY, el dólar se disparó (más de un 50%), el riesgo país supero todas las marcas y en algunos ámbitos –muy contaminados de irresponsabilidad, ignorancia y algo peor– se ha hablado de una entrega anticipada del poder o por lo menos de un llamado a elecciones de inmediato. El probable advenimiento del kirchnerismo con la formula Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, asustó a los mercados pero puso muy contentos a los peronistas, no obstante lo cual todos salieron a comprar dólares. Se habla de default, y de las siete pestes u otras.

    El gobierno de Macri, que aún tiene esperanzas, ha tomado una serie de medidas desesperadas e incluso ha establecido un control de cambios. Paralelamente se habla de iniciar ya el traspaso del poder. Es de locos. Las elecciones serán el 27 de octubre y eventualmente con ballotage, salvo que el primero obtenga el 45% de los votos o un 40% y con una diferencia de 10 puntos sobre el segundo. Según las PASO, Fernández sería presidente sin segunda vuelta.

    Pero se trata meramente de una compulsa sin efectos vinculantes: se expresan simpatías más o menos fuertes y fieles, pero no se elige gobernantes. La esperanza del oficialismo es que la gente sopese esa responsabilidad teniendo en cuenta además los efectos que ha tenido la posibilidad de que gane el kirchnerismo.

    Faltan los mismos días pero parecen más largos, tensos y oscuros en Argentina que en Uruguay.

    En Argentina, en tanto, se puede hacer algún pronóstico: es difícil que gane Macri, pero si gana tendrá que hacer los ajustes que no hizo de entrada. Si ganan Fernández & Fernández, Dios dirá. Para esto cuentan con la ayuda del Papa Francisco que es simpatizante, cuasi militante del kirchnerismo.

    POR DANILO ARBILLAR
    07 DE SEPTIEMBRE DE 2019

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  8. Argentina, otra vez
    Por César Barreto Otazú
    La calificadora Standard & Poor’s bajó la calificación de la deuda argentina al nivel de default selectivo. Otra vez Argentina cayó en default. En esta oportunidad, estando bajo el paraguas de un acuerdo stand by con el FMI, cuyo programa fiscal y monetario venía cumpliendo disciplinadamente, lo cual presagiaba que alcanzarían el superávit fiscal primario orientándose hacia un equilibrio fiscal global en el próximo periodo de Gobierno.

    Sin embargo, la derrota electoral del oficialismo en las elecciones primarias cambió el escenario y el presidente Mauricio Macri, pensando en su reelección, tomó decisiones de política económica incompatibles con el programa de ajuste fiscal acordado con el FMI y despidió al ministro de Hacienda, cuyo reemplazante plantea, de manera inoportuna, una reestructuración de la deuda que le hizo perder la confianza de aquellos que habían invertido en los bonos emitidos en los últimos años.

    Por otro lado, el equipo económico de Alberto Fernández ha indicado la necesidad de continuar con una política económica que apunte al superávit primario en las finanzas públicas, pero dados los antecedentes del gobierno kirchnerista, requerirán de acciones concretas para intentar una recuperación gradual de la confianza perdida.

    Mientras tanto, las inversiones seguirán con freno de mano y la tendencia recesiva de la economía continuará durante el año 2020 con alta inflación e inestabilidad cambiaria.

    Los incentivos al contrabando generados por el desalineamiento temporal entre el tipo de cambio y los precios de productos de primera necesidad en las ciudades fronterizas argentinas y la reducción en las remesas recibidas por muchos compatriotas de sus familiares que trabajan en la Argentina, son los canales tradicionales a través de los cuales nos afecta la situación económica argentina.

    A esto se sumó en los últimos años el turismo de compras, desarrollado a través de la instalación de shoppings centers, hoteles y restaurantes orientados a los habitantes de provincias vecinas, así como el flujo de capitales de inversionistas argentinos que buscan refugiarse en nuestro país por mayor seguridad y estabilidad macroeconómica.

    La solvencia macroeconómica del país nos ha protegido para no ser arrastrados a una crisis económica, pero los efectos recesivos de esta crisis argentina sumados a los efectos de la sequía en la producción agrícola se han notado en los principales indicadores de coyuntura durante el 2019.

    En el mejor de los casos, el PIB se estancará este año. Para el 2020, es probable un rebote en la producción agrícola si tenemos buen clima, pero la reactivación en los demás sectores económicos seguirá siendo débil.

    El Gobierno viene tomando medidas monetarias y fiscales para contrarrestar estos choques que empiezan a tener efectos positivos, pero existe un alto riesgo de exceder el límite de déficit previsto en la Ley de Responsabilidad Fiscal.

    Con el contexto regional, es fundamental continuar con el impulso fiscal y monetario hasta fines del año 2020.Dentro del marco de metas de inflación, el Banco Central tiene flexibilidad para tomar medidas en el momento oportuno, pero la política fiscal opera dentro del marco de la Ley de Responsabilidad Fiscal, cuya institucionalidad debemos preservar.

    Por esta razón, lo más razonable es enviar un proyecto de ley especial al Congreso y pedir autorización para elevar de manera transitoria el tope de déficit fiscal al 2% del PIB para el 2019 y el 2020, e incorporar una adenda al proyecto de Presupuesto para el próximo año con un programa de reactivación económica por el equivalente al 0,5% del PIB, con proyectos de inversión en infraestructura y viviendas financiados con una emisión adicional equivalente de bonos soberanos.

    En el 2021 el tope del déficit volvería a su nivel normal del 1,5% del PIB.Si administramos la política económica con la mayor prudencia en tiempos difíciles, consolidaremos la credibilidad y la confianza que venimos construyendo en los últimos 15 años, lo cual fortalecerá el crecimiento económico potencial de nuestro país.

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  9. Argentina electoral. El truco entre Mauricio y Alberto

    Por Ricardo Rivas

    El candidato a presidente por el Frente de Todos, Alberto Fernández, esta semana viajará a España. Tiene un compromiso académico en la Universidad Camilo José Cela. Hay quienes aseguran que, además, se reunirá con el ex jefe de gobierno José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) y con el líder de Podemos, Pablo Iglesias. Reunirse con Pedro Sánchez, actual jefe gubernamental, “es una imposibilidad”, explicaron allegados al viajero, “porque, como es candidato presidencial, España no quiere involucrarse en la campaña argentina”.

    Aquí quedan el presidente Mauricio Macri y el ministro de Economía, Hernán Lacunza, con el objetivo de contener la crisis política que, como históricamente sucede en la Argentina, pega fuerte en la economía y las finanzas de este país que parece ser la tierra natal de Möbius.

    Tal vez, la distancia entre Alberto y Mauricio les permita reflexionar sobre algunas cuestiones no menores aunque, por cierto, Macri tiene que definir cuál será su juego prioritario en los días que quedan entre este lunes y el domingo 27 de octubre cuando sean las presidenciales. Eso significa, además, reflexionar acerca de si habrá de priorizar en las semanas por delante el ejercicio en plenitud y sin especulaciones la jefatura del Estado o si, por el contrario, su máximo empeño lo habrá de poner en la campaña. Aunque perdió por goleada y ganar aparece como imposible, pese a que la aritmética diga lo contrario, esa definición es clave para la República.

    Alberto tampoco la tiene fácil. Si compartiera con Macri algunas de sus acciones de emergencia en la despedida del poder, cuando le toque asumir se habrá desgastado. Dentro y fuera del Frente de Todos. El poder –y Macri formal y legalmente lo tiene y debe ejercerlo hasta el 10 de diciembre– importa planificar y gestionar políticas necesarias para el bien común y la preservación de la paz social. Especialmente en momentos críticos. Las calles están tensas, pero sin atisbos de violencia.

    Seguramente Macri y Fernández, entre sus tantas preocupaciones, recuerden que aún les quedan por delante debatir en la TV ante la ciudadanía. Una exigencia de ley. ¿Qué dirán cuando llegue ese momento crucial en el que estarán solos y lo que expresen no será mediado por nadie? La ciudadanía entenderá cada una de esas palabras como quieran o puedan.

    ¿Podrá Alberto reiterar que tiene una oferta generosa de China para resolver los desajustes financieros de la Argentina –como dicen que dijo cuando se reunió con la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI)– pese a que el artículo 4º del acuerdo SWAPP entre el Banco Central argentino y el Banco del Pueblo Chino claramente puntualiza que si no se cumple con el FMI ese convenio se cae?

    ¿Entenderá Mauricio que la sociedad no está molesta con el oficialismo solo por lo hecho, sino y también por lo que están haciendo que va en sentido opuesto a lo que desde muchos años pregonaron? ¿Cuándo mintieron?, se pregunta un amplio segmento social, ¿antes o ahora? ¿Alcanza con que el secretario de Cultura, Pablo Avelluto, confiese públicamente que “creímos que era más fácil”? ¿Imprudente o insensible?

    Mientras, el dólar hoy abrirá cercano a los 62 pesos por unidad, la inflación se acelera significativamente. A los salarios les sobra medio mes. Lo que para Mauricio es reperfilar, para Alberto es defaultear. Ambos solo hablan y dan explicaciones a Wall Street, a los diarios especializados o a los burócratas del FMI. A lo sociedad solo le piden creer. Siguen jugando al truco, ese juego con barajas españolas, originario de Valencia, España, en el que para ganar es imprescindible mentir.

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  10. La disparatada declaración del candidato argentino sobre Venezuela
    POR ANDRÉS OPPENHEIMER

    El candidato favorito en las encuestas para ganar las elecciones de octubre en Argentina, Alberto Fernández, está tratando de presentarse como mucho más moderado que su compañera de fórmula, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Pero lo que ha dicho el candidato sobre Venezuela debería estar haciendo sonar las alarmas en todas partes.

    “Es muy difícil calificar de dictadura a un gobierno elegido”, dijo Alberto Fernández en una entrevista el 25 de agosto en el programa de televisión argentino “La Cornisa”, refiriéndose a Venezuela. Agregó que Venezuela puede haberse convertido en un país “autoritario”, pero dijo que “las instituciones están trabajando allá”.

    Hmmm. Hay tres razones principales por las que Fernández podría haber dicho semejantes falsedades, y las tres son muy preocupantes.

    La primera, muy poco probable, es que Fernández no haya leído las noticias sobre Venezuela en los últimos 10 años, e ignore el hecho de que Venezuela se ha convertido en un país violador de los derechos humanos similar a las dictaduras militares de Argentina y Chile en la década de 1970.

    La segunda razón, más plausible, es que Fernández sabe que la dictadura de Nicolás Maduro es responsable de al menos 6.856 muertes sospechosas de opositores políticos durante el último año y medio, según cifras de las Naciones Unidas, pero no quiere decirlo por miedo a molestar a su candidata a vicepresidenta, la ex mandataria.

    Cristina, como la prensa argentina se refiere a ella, fue una aliada cercana de Maduro durante su gobierno, y actualmente pasa buena parte de su tiempo en Cuba, donde su hija está siguiendo un tratamiento médico.

    Si Alberto Fernández está defendiendo a Maduro por temor a enemistarse con Cristina, demostraría lo que muchos argentinos ya sospechan: que Cristina es la que manda en la fórmula Fernández-Fernández. Fue ella quien lo eligió como candidato presidencial y lo anunció públicamente.

    La tercera razón por la que Alberto Fernández estaría defendiendo a Maduro, que sería tan preocupante como la anterior, sería que él pensara que hay dictaduras “buenas” y “malas”. Según esta lógica, una dictadura de derecha como la de Chile bajo el general Augusto Pinochet o la argentina bajo el general Jorge Rafael Videla serían dictaduras “malas”, mientras que la de Maduro sería una dictadura “buena”.

    Bajo esta lógica lamentable, no importaría que el régimen de Maduro haya asesinado a más de 6.856 opositores en solo un año y medio, más del doble de la cifra total de asesinatos políticos del régimen de Pinochet en 17 años, según el reciente informe de las Naciones Unidas.

    Cualquiera fuera la motivación de Fernández para ser tan amable con Maduro, aquí están los hechos:

    – Maduro, que ya era un gobernante autoritario, se convirtió en un dictador absoluto en 2016, cuando despojó de casi todos sus poderes legislativos a la Asamblea Nacional de mayoría opositora que había sido electa democráticamente.

    – Maduro se convirtió en un dictador aún más férreo en 2018, cuando celebró una elección presidencial fraudulenta después de arrestar, enviar al exilio o inhabilitar para participar a los principales candidatos opositores.

    – La elección del 20 de mayo de 2018 fue un chiste a tal punto que todas las principales democracias occidentales acordaron no reconocer a Maduro como presidente legítimo cuando asumió el cargo por un nuevo mandato el 10 de enero. La mayoría de ellos reconoce a Juan Guaidó, el presidente de la Asamblea Nacional, como el líder legítimo de Venezuela.

    – La dictadura corrupta de Venezuela creó una crisis humanitaria que ha provocado un éxodo de más de 4 millones de venezolanos, según cifras de la ONU. Guaidó me dijo en una entrevista reciente que es probable que la cifra se duplique a 8 millones para el próximo año.

    Volviendo al candidato presidencial argentino Fernández, quien según las encuestas tiene muy buenas posibilidades de ganar las elecciones del 27 de octubre, sus desafortunadas declaraciones sobre Venezuela son un mal presagio para quienes esperan que sea un “moderado” si es electo presidente.

    Lo que dijo Fernández sobre Venezuela demuestra o que está mal informado, o que es un títere de Cristina, o que cree que existen “dictaduras buena”. Cualquiera de estas tres posibilidades sería un mal augurio para Argentina.

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  11. La sombra peronista
    POR AMÉRICO MARTÍN

    La gran nación argentina, inspirada en el avanzado pensamiento de Juan Bautista Alberdi, alcanzó uno de los más altos niveles de desarrollo mundial. No obstante, su excelencia civilizatoria fue víctima –con buena parte de Latinoamérica– del funesto caudillismo, tanto el de “montonera” gobernado desde el caballo, como el “institucionalizado” encarnado en Porfirio Díaz, Perón, Getulio, Velasco, Rojas Pinilla, Fidel, Chávez y Kirchner. El recuerdo del bárbaro Rosas, incivilizado pero inteligente y convincente comunicador, fue rescatado por Perón y sus huestes para proporcionar carne y sangre al irreductible populismo, su hechura más típica.

    ¿Dónde aprendieron Rosas y su rival conservador José María Paz, a redactar con tanta sindéresis? Paz estudió en la Universidad, tenía formación humanística y se preparó militarmente peleando al servicio del general Manuel Belgrano en las batallas emblemáticas de Tucumán y Salta. Pero Rosas era un estratega natural: sabía someter gentes con habilidad bélica, elocuencia y alianzas sutiles.

    Uno era “unionista”, el otro, “federal”.

    El primer caudillo moderno –llamémoslo así– fue Perón, la mejor expresión del militarismo americano en el siglo XX, si exceptuamos a Fidel Castro. Fue aliado de los nazis, de Franco, Trujillo y Pérez Jiménez y no obstante el utilitarismo revolucionario lo revistió con las galas de líder de izquierda. Protegido en España por el generalísimo Franco, dijo con cómico desparpajo:

    Si los rusos me hubieran respaldado yo habría sido el primer Fidel Castro de América.

    Le creyeron. ¿Quiénes? Los que se lanzaron a construir un mastodonte político a partir de su nombre, del populismo, de la corrupción sin límites y del estatismo. No obstante, ninguno con más éxito que Néstor Kirchner.

    Tres veces gobernador de Santa Cruz y alcalde de la capital de ese Estado construyó junto con su esposa Cristina, una versión propia de peronismo que ha sobrevivido a los disparates populistas y a la corrupción que sistemáticamente le imputan. Si así fuere, le cabría el retador grito de guerra peronista:

    – Ladrón o no ladrón, queremos a Perón.

    Bueno, ahí asoman de nuevo Néstor, Cristina y la sombra ominosa de Juan Domingo tras la tunda que acaban de propinarle a Mauricio Macri. No pocos esperaron que desde posiciones democráticas y liberales Macri sepultara para siempre la pesadilla del pasado. Confundían realidad y deseos.

    Olvidando elementales reglas de la Política, Macri dio un brusco viraje que indigestó a los argentinos, infectados de paternalismo populista y nacionalismo excluyente. Perón fumigó el civilismo alberdiano con exacerbaciones militaristas.

    Tras ganar las presidenciales de 1946 dominó los medios, dividió la Confederación de Trabajadores de Argentina (CTA) ilegalizando la parte que no se plegó a su control y dictó reformas legales influidas por las Constituciones democráticas de Cuba (1940) y Venezuela (1947), solo que mostrando una inequívoca voluntad autocrático-fascista, por cierto, hábilmente administrada.

    Pintoresca fue la manera como Eva Duarte de Perón ayudó a acrecentar la popularidad de su marido y también del populismo, condenando a la larga a un personaje a quien amó hasta el delirio sin que pueda asegurarse que fuera plenamente correspondida.

    Eva se adueñó de la incondicional simpatía de sus seguidores. Los llamaba “sus descamisados”, “sus cabecitas negras”. Desde la denominada Fundación Eva Perón entregaba regalos y dádivas. La fila humana nunca menguaba. ¿Fue esa una causal de su prematura muerte?

    ¿Y usted qué necesita?

    ¿Yo? Un colchón

    ¿Solo eso?

    Sí, solo eso

    ¿Y lo va a poner en el suelo? ¡Llévese la cama también!

    No creo que Alberto Fernández, probable ganador de las presidenciales, se esclavizará a semejante modelo.

    ¡Ah, pero no llores por mí Argentina!

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  12. Argentina electoral. Alberto Fernández: presidente o candidato. Esa es la cuestión

    Por Ricardo Rivas

    El pequeño pero poderoso establishment argentino decidió terminar con las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), un dispositivo institucional para consagrar candidatas y candidatos para cargos electivos que la ciudadanía tiene claro. Después del resultado en favor del binomio integrado por Alberto Fernández y Cristina Fernández, con el Frente de Todos, que fue votado por poco más del 47% de los electores que parece haber puesto freno a la reelección del presidente Mauricio Macri, acompañado de Miguel Pichetto, con el frente Juntos por el Cambio.

    Sin embargo, cuando aún faltan diez semanas para el choque mayor cuando Mauricio y Alberto se enfrenten definitivamente, con múltiples operaciones los unos y los otros significan al desafiante como nuevo presidente, sin serlo. Coinciden Macri y Fernández en que son candidatos a presidente, pero difieren claramente en que el primero es jefe de Estado y el segundo no. En consecuencia, Macri debe tomar decisiones de gobierno, en tanto que Fernández debe planificar. Pese a ello, ese establishment junto con ese indefinido actor público al que se categoriza como mercados decidieron que es al revés. Costumbres argentinas.

    La institucionalidad trepida. Mientras, los indicadores económicos, bursátiles, cambiarios y financieros, a los que las argentinas y argentinos son tan afectos, volaron hasta pulverizar los restos de lo que otrora fuera alguna forma depreciada del mítico Estado de bienestar.

    A una semana de conocido el escrutinio con el que se contabilizaron los votos emitidos en las PASO y pese a que Mauricio y Alberto conversaron telefónicamente luego de comunicarse por Whatsapp y divulgarlo ampliamente, la ciudadanía –aunque cada día que pasa cree menos en estos líderes sin partidos– espera medidas y palabras que les permitan llegar a mañana. Sin embargo, Macri y Fernández, lectores consumados del humor social, no satisfacen la demanda informativa ni aportan certezas.

    La sociedad en su conjunto y más allá de las preferencias ideológicas de cada sector, percibe que Macri –desde la noche triste de su derrota– no cuenta con el acompañamiento contundente de la Unión Cívica Radical (UCR), el principal socio en la coalición oficialista denominada Juntos por el Cambio. Está solo. Un pequeño puñado de radicales se expresaron tibia y públicamente en acotado apoyo. Otro radical, el senador y ex vicepresidente Julio Cobos, segundo de Cristina Fernández 2007-2011, halagó a Alberto: “Es una persona racional, simple, con sentido común”. Realineamientos.

    Fernández, el candidato del Frente de Todos, luego de conversar con Macri, dice con claridad: “No somos gobierno. Somos oposición”. Sin embargo, sostiene que el dólar a $60 “está bien”, pero critica la eliminación del IVA (Impuesto al Valor Agregado) que Mauricio dispuso –por decreto– sobre 14 productos alimenticios de primera necesidad. Tienen sentido. El dólar altísimo a un eventual gobernante le facilitará la relación con el sector exportador, lo que promoverá el ingreso de divisas al fisco, en tanto que los ingresos fiscales disminuidos que poco y nada habrá de incidir para que bajen los precios y controlar la inflación, sí tendrá un fuerte impacto en la financiación de las provincias cuyos gobernadores Macri siente que lo traicionaron. Por ello, Alberto, de ser gobierno, podría verse obligado a restablecer ese tributo, lo que tendría impacto social negativo en el inicio de su eventual gestión presidencial. ¿Juego de patriotas?

    Mientras, en el fin de semana –“cuando nadie me ve”, diría Alejandro Sanz– herido gravemente después de la derrota, Nicolás Dujovne dejó de ser ministro de Hacienda. Macri lo reemplazó con Hernán Lacunza, hasta el momento de su nominación ministro de Economía de la también arrasada electoralmente gobernadora María Eugenia Vidal. Un perdedor por otro. ¿Cambiar para que nada cambie para agonizar hasta diciembre?

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