De castaño claro a oscuro

Cada tanto surgen movimientos que caracterizan toda una época. En la euforia de su planteamiento se logran muchos éxitos y se cometen también muchos excesos. Estoy de acuerdo con varias de las reivindicaciones que realizan las feministas, el movimiento que marcará un hito en estas décadas, como ser la igualdad de oportunidades, igualdad de salarios, igualdad de acceso a los empleos y otras que van por este camino. Pero hemos llegado a un momento en que las cosas están pasando del castaño claro al castaño oscuro.Los sectores más radicalizados del feminismo están llegando a extremos que terminarán por volver antipático lo que al comienzo era un planteamiento incuestionable. Hay representantes del movimiento que están queriendo llevarse todo por delante, y no todo lo que tienen adelante es fruto del “machismo”.

Uno de sus primeros enemigos declarados fue el idioma. Y arremetieron contra él con una virulencia desmedida. En el último congreso de la lengua española que se realizó en la ciudad argentina de Córdoba se presentaron ponencias para “feminizar” el idioma dignas de figurar entre las páginas más delirantes de “Ubú cornudo”.

Entre esas ponencias hubo algunas que proponían la sustitución de la /a/ o bien la /o/ por la /e/. Así tendríamos de decir “les niñes” para significar que nos referimos tanto a los niños como las niñas. La frase completa sería: “Les niñes con ses meestres se fueron a les sales de exposiciones”. Esta es la más cuerda de las proposiciones. Hubo también quienes propusieron la sustitución de la /a/ y la /o/ por el signo (no la letra, que es muy diferente) de la arroba que es una unidad de peso y nada más. Escribiríamos entonces L@s niñ@s con sus maestr@s… Etcétera. ¿Alguien puede leer esta frase en voz alta?
No sólo la lengua ha sido la víctima de agresiones. También el urbanismo. Un grupo de arquitectas, sociólogas y psicólogas uruguayas piden que de ahora en adelante se haga “un urbanismo con perspectiva de género”. Y una de ellas abundaba en detalles: “Por ejemplo, en las ciudades actuales [urbanizadas por hombres, claro está] hay sitios muy oscuros y desolados donde las mujeres corremos peligro de ser atacadas”. Esto no es un problema “de género”, sino de seguridad. O, en última instancia, del municipio que no pone todas las luces que debería poner.

Ahora se dirigen al campo de la fotografía. Han llegado a la conclusión que la celebérrima fotografía de Alfred Eisenstaedt en la que aparece un marinero besando a una enfermera en Times Square (Nueva York), celebrando el final de la Segunda Guerra Mundial, retrata “un acto de violencia machista” y piden que no se la divulgue más.

Lo llamativo del caso es que Greta Friedman, que luego fue reconocida como tal, explicó en una entrevista: «De repente, me agarró un marinero. No fue tanto un beso como un acto de celebración: él ya no tenía que volver al Pacífico, al frente donde había combatido. Me tomó en brazos porque me vio vestida como una enfermera y estaba agradecido a todas las enfermeras. No fue algo romántico, sino una forma de decir: ‘Gracias a Dios, la guerra ha terminado’».

Así las cosas me pregunto cuál será el próximo muro a embestir. Muy bien se podría exigir que se enseñe la geometría con perspectiva de género porque eso de la hipotenusa al cuadrado, suena horriblemente a puro machismo.

POR JESÚS RUIZ NESTOSA

 

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