El negocio de destruir a los jóvenes

La estrategia comercial y política de los productores y vendedores de drogas ha logrado convencer a muchos ciudadanos de que las drogas no hacen tanto daño y que algunas, como la marihuana, son suaves y consumidas en poca cantidad no tienen efectos dañinos.

Los especialistas de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) en su último informe declaran exactamente lo contrario: las drogas roban años de vida sana y según sus cálculos la humanidad ha perdido 28 millones de años de vida sana como resultado del consumo de drogas, de las cuales la marihuana (cannabis) es la de mayor consumo mundial con más de 183 millones de consumidores. En Paraguay la mayoría de los consumidores son jóvenes, adolescentes e incluso niños. La Senad ha advertido que la prevalencia está entre los escolares..

Entre los países que más marihuana producen en el mundo, Paraguay ocupa el tercer puesto. Según informes de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) tenemos 8.000 hectáreas de cultivo, con una producción anual de 30.000 toneladas. El país mayor productor es Marruecos con más de 47.000 hectáreas y en segundo lugar va México con más de 15.000.

Para el 2012, cuando la Senad descubrió laboratorios clandestinos de producción de cocaína, Paraguay había dejado de ser mero traficante de esta droga, se había hecho productor Actualmente el polvo blanco paraguayo es de calidad y de excelente precio en el extranjero. De 2015 a 2017, la producción de cocaína en el mundo ha crecido el 25% y en el mismo tiempo la producción de opio aumentó el 65%., lo que quiere decir que el crecimiento del consumo es acelerado y que en esto desgraciadamente Paraguay está en sintonía mundial.

Las redes de comercialización dentro y fuera del país se perfeccionan constantemente y el consumo llega también a los sectores sociales económicamente débiles, porque para ellos se difunde el crack, droga de efectos rápidos y más destructivos.

La gravedad de los efectos dramáticos que está produciendo el negocio de las drogas, en mi opinión todavía no ha sido analizada en todas sus vertientes, extensión y profundidad. El silencio, pasividad y permisividad de los poderes del Estado y de los políticos responsables del Bien Común, son comportamientos inexcusables, dada la trascendencia de estos hechos y sus consecuencias.

¿Cómo puede pasar desapercibida la producción y venta de 30.000 toneladas de marihuana al año, extraídas de 8.000 hectáreas de cultivo? Treinta mil toneladas de marihuana son treinta millones de kilos. La marihuana se vende por gramos. Treinta millones de kilos son treinta mil millones de gramos. El precio de cada gramo en el extranjero, a donde se exporta la mayor parte de la producción, oscila según mercados. En los Emiratos Árabes un gramo de marihuana cuesta 101 (ciento un) euros, es el precio más caro en el mercado negro. En los mercados de América Latina es mucho más barato, salvo en Ecuador, donde el gramo en el mercado negro cuesta 26 euros. ¿Qué pasa con todo ese dinero y su movimiento?

Esto sin contar la producción y venta de cocaína, cuyo precio es mucho mayor, como es fácil comprender. No sé cuántos kilos de cocaína se producen en Paraguay y se venden dentro y fuera del país; pero para reflexionar sobre qué pasa y qué se está ofreciendo a nuestros jóvenes, sobran datos.

¿Cuál es la política de nuestros gobernantes y de nuestros partidos políticos ante la terrible problemática de las drogas y la drogadicción en nuestro país ¿Seguimos los ciudadanos viendo desde el patio de butacas, sentados y pasivos, lo que pasa en los escenarios oscuros de nuestro país, observando cómo unos pocos narcotraficantes y sus cómplices con este negocio destruyen a nuestros jóvenes, adolescentes y niños?

Hay generosos ciudadanos que se organizan y crean, mantienen y promueven Centros de Rehabilitación para drogadictos, y contribuyen así ayudando a los jóvenes quebrados por las drogas. Pero cada día son más los adictos a las drogas y son radicalmente insuficientes dichos centros de rehabilitación. Lo que el Estado hace es tan escaso, que queda más como muestra simbólica que como verdadera política eficaz de control de las mafias, prevención y terapia.

Por Jesús Montero Tirado

Un comentario en “El negocio de destruir a los jóvenes”

  1. Las drogas no hacen daño

    La cantidad de jóvenes que hemos recibido en la iglesia durante estos años con una salud física, mental y familiar totalmente destrozada a causa del engaño de las drogas, es inmensa. Jóvenes preciosos con un gran potencial, llenos de sueños y oportunidades que han sido truncados por el engaño de que “la marihuana no hace daño”, y así dan su primer paso hacia un mundo tenebroso.

    Alegan que el cigarrillo y el alcohol hacen más daño que algunas drogas. El cigarrillo, dicen, es una sustancia que produce adicción y enferma más que la marihuana (por todas las sustancias que las industrias le agregan al tabaco para hacerlo aun más adictivo). También el alcohol, que no solo enferma, sino que al desinhibir a la persona, provoca que esta haga cosas imprudentes, más aun si está al volante. Este argumento se podría decir que es una media verdad. La nicotina (cigarrillo) produce efectos a largo plazo, pero la marihuana, incluso usada de manera “recreativa”, trae consecuencias inmediatas en las que la consumen, por sus efectos en el cerebro. ¿Cuáles? Hay mucha información al respecto, es solo cuestión de querer verla.

    Estoy de acuerdo con la industrialización de la marihuana para usos médicos o terapéuticos, ya que cuenta con muchas propiedades beneficiosas. El punto acá es que un gran porcentaje de las personas que son adictas a drogas más pesadas y dañinas han arrancado o pasado primero por la “inofensiva” manera “recreativa” de consumir marihuana.

    Quiero aclarar que desprecio todo tipo de vicios o adicciones, aun las adicciones “no químicas” como la ludopatía (adicción a los juegos de azar) y la pornografía. No estoy “atacando” a una y “defendiendo” a otra, jamás. Solo estoy dando mi opinión en cuanto a un tema, a consecuencia del cual ya demasiadas vidas se han perdido.

    Para que el narcotráfico se instale en una sociedad deben darse varios factores, entre ellos, por supuesto, la corrupción política. Pero también la demanda es muy importante y cada día hay más jóvenes que se meten en las drogas alegando,incluso, que “no hacen daño” (especialmente la marihuana), e ignorando a qué se están exponiendo una vez que la consumen de manera esporádica o regular, no importa. Una cosa lleva a la otra, y ese tipo de costumbres nos meten en círculos de personas que, por lo general, instarán o harán sentir cómodos a los incautos consumiendo sustancias aun más peligrosas.

    Esto generará, por supuesto, más adictos; la demanda crece, se compra la sustancia de proveedores, lo que genera el microtráfico, y así hasta llegar a escalas de corrupción y crimen organizado a nivel nacional e internacional. Muchas de estas personas, que consumen y defienden el consumo de ciertos tipos de drogas ilegales, son también parte de este sistema corrupto. Así como también los padres que no atienden a sus hijos, ni les dan ejemplo, ni amor manifestado en tiempo invertido que necesitan para ser instruidos en la vida y enseñarles a tomar buenas decisiones.

    El cambio de todo este sistema arranca de forma personal para que se vaya extendiendo a toda la sociedad, volcándonos a los valores cristianos, que no solo no hemos practicado sino que también hemos despreciado. Estos valores implican que los padres inviertan tiempo con sus hijos. Que pongan su prioridad en ellos. Que los hijos respeten a sus padres. Que haya justicia, lo cual implica que cualquier persona que esté involucrada en el tráfico de drogas pague sus crímenes. Que la corrupción sea condenada, etc. Todas estas cosas son valores bíblicos. El problema es que “ningún copo de nieve se siente responsable de una avalancha”, y cada uno somos parte, aunque sea pequeña, de la solución o del problema.

    por Emilio Aguero

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