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Venezuela: crónica de un fraude anunciado

El plan del dictador venezolano Nicolás Maduro de convocar una elección anticipada y claramente fraudulenta antes de fines de abril ha sido rechazado por los principales países latinoamericanos, Estados Unidos y la Unión Europea. Esa es una buena noticia, pero será inútil a menos que vaya acompañada de tres acciones internacionales adicionales.
No me malinterpreten: no estoy minimizando la reciente decisión de los 28 países de la Unión Europea de negarle visas de entrada y confiscar los depósitos bancarios de siete altos funcionarios venezolanos y sus parientes cercanos. Ese fue un paso importante, porque los altos funcionarios del régimen venezolano tienen miles de millones de dólares en bancos europeos, y muchos de ellos tienen a sus hijos viviendo la buena vida en Madrid o París. Ahora, tendrán que irse de allí.

Asimismo, el comunicado del 23 de enero del Grupo de Lima –integrado entre otros por Brasil, México, Argentina, Colombia, Chile y Perú– fue muy importante. El comunicado dijo que las elecciones anunciadas por Maduro, sin autoridades electorales independientes ni observadores internacionales creíbles, y en que los principales líderes opositores tienen prohibido presentarse como candidatos, “carecerán de legitimidad y credibilidad”.

No recuerdo una situación similar en la historia reciente de América Latina en que hubo una condena internacional tan unánime contra una dictadura latinoamericana.

Pero el cálculo de Maduro es que él puede prevalecer. Su anuncio de elecciones anticipadas ya ha logrado eclipsar la noticia de la aparente ejecución extrajudicial del policía rebelde Óscar Pérez, cuyas declaraciones grabadas en video poco antes de su muerte habían dado la vuelta al mundo.

A pesar de la hiperinflación, la escasez generalizada de alimentos y medicinas, y una tasa de desaprobación de casi el 80 por ciento, Maduro cree que el tiempo estará de su lado si puede fraguar una victoria electoral.

En su mente, los precios del petróleo podrían subir, la presión diplomática latinoamericana podría disminuir si el candidato populista Andrés Manuel López Obrador gana las elecciones mexicanas del 1 de julio, y la emigración masiva debilitará a la oposición venezolana.

Se estima que más de 3 millones de personas emigraron de Venezuela en los últimos años. Al igual que en Cuba, Maduro se beneficiará quedándose con una gran masa de gente empobrecida que depende de las raciones de alimentos del gobierno para sobrevivir, y que pueden ser fácilmente controladas.

Entonces, ¿qué debería hacer la comunidad internacional?

Primero, el Grupo de Lima debe pasar de las palabras a la acción e imponer sanciones financieras y de viajes a los principales miembros del régimen de Maduro y sus familiares, como lo han hecho la Unión Europea y los Estados Unidos. Eso aislaría aún más el régimen de Maduro a nivel nacional e internacional.

En segundo lugar, el Grupo de Lima, la Unión Europea y los Estados Unidos deberían declarar inequívocamente que, si los principales partidos de oposición venezolanos como Voluntad Popular y Primero Justicia deciden no participar en las elecciones fraudulentas de Maduro, no reconocerán la nueva reelección de Maduro. Hasta ahora, los países han condenado estas elecciones, pero no han dicho que no reconocerán una victoria de Maduro.

Tercero, la comunidad internacional debería exigir a la oposición de Venezuela que adopte una posición unánime sobre si participar en las elecciones, y apoyarla.

Nadie debería hacerse ilusiones de que Maduro permitiría una victoria de la oposición. La decisión más obvia tendría que ser decidir unánimemente no participar, pero podría haber otras opciones.

Un frente unido de oposición podría, por ejemplo, participar temporalmente en el proceso electoral para aprovechar los tres meses de campaña y organizar protestas callejeras masivas, para luego retirarse a último minuto si el régimen no permite elecciones libres. Eso podría permitir a la oposición retomar las calles, y recuperar su impulso.

Pase lo que pase, ningún opositor debería hacerse ilusiones de que habrá una intervención militar extranjera. No he hablado con un solo funcionario estadounidense o latinoamericano que piense que se esté considerando seriamente esa posibilidad.

América Latina, Europa y Estados Unidos deberían adoptar rápidamente medidas concretas contra Maduro y sus colaboradores. De lo contrario, el drama humanitario de Venezuela seguirá deteriorándose y se convertirá en una crisis migratoria regional como la de Siria, que afectará a toda América Latina.

Por Andrés Oppenheimer

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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8 comentarios en “Venezuela: crónica de un fraude anunciado

  1. Venezuela rumbo a la implosión
    17/09/2015 ⋅

    Durante la década de los 90, en la telenovela más popular de Venezuela aparecían los políticos como grandes corruptos y al protagonista como un ser despreocupado cuyo lema era: “como vaya viniendo vamos viendo”.

    Esa era Venezuela de acuerdo a los medios de comunicación y a los opinadores. Carlos Andrés Pérez había asumido el poder un par de años antes y había lanzado una serie de medidas antipopulares orientadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Su popularidad cayó de lo más alto a menos de 10 puntos de aprobación. La protesta que se produjo contra dichas medidas opacó el mandato presidencial, enardeció al pueblo y, unos pocos años después, provocó el golpe de estado de Hugo Chávez.

    El resultado de esa mezcla de desprestigio institucional, violencia popular, insurrección militar y adecuado manejo de los medios de opinión catapultó a Chávez a la Presidencia de Venezuela y a la creación de un posperonismo continental financiado con petróleo.

    Era Chávez un campesino con poca cultura y mucha ambición, que le llegaba al pueblo como nadie le había llegado, y que insultaba a la clase media y alta y generaba una oposición visceral en esos grupos. Nadie, en la oposición de entonces, presentaba planes de desarrollo o ideas para mejorar al país. El tema era que Chávez se fuera. Como resultó ser una minoría sin argumentos, ni votos, se agotó en protestas suaves que salían de urbanizaciones ricas y morían allí. Mientras tanto Chávez seguía atizando odios estratégicos y engrandeciendo su caudal electoral.

    Pero Chávez murió inesperadamente, en el punto más alto de su gloria, dejando atrás una crisis económica brutal que colapsó la producción nacional y se agravó por el gasto en subsidios para la compra de votos, la consecución de un liderazgo mundial pagado por el petróleo y la corrupción como nunca antes se había visto en América Latina.

    Con ese entorno, la sucesión de Chávez estaba condenada al fracaso, y con un sucesor sin el carisma de Chávez, a un fracaso rápido.

    Hoy Venezuela se encuentra en una situación explosiva a muy corto plazo, porque el Gobierno no es estable, porque la popularidad del Presidente es similar a la de Carlos Andrés, cuando el golpe de Estado aceleró su salida del poder.

    Hace unas semanas se reunieron en Caracas los jefes mayores de las bandas delictivas, los controladores de las cárceles y los colectivos pagados por el Gobierno. Decidieron, en esa reunión, declararle la guerra a los policías y los guardias nacionales, que son los que pueden controlarlos. De esa fecha para acá, todos los días matan agentes y asaltan casillas policíacas. Si el hampa logra su cometido, no habrá fuerza que garantice el orden.

    La escasez de productos llega a niveles nunca vistos en el país. Colas kilométricas para comprar aceite, arroz. El gas para cocinar ha desaparecido. Los tratamientos de quimioterapia para niños han cesado por falta de material.

    Por causa de la inflación –que crece todos los días creada por el Gobierno– los precios de los alimentos son tan altos que ni los profesionales los pueden pagar si los encuentran.

    Se pudiera resolver esta crisis con un pacto de gobernabilidad entre la oposición y el Gobierno, pero eso no se dará porque no hay puentes, ni instancias para negociar y porque los sectores radicales del Gobierno y la oposición lo impedirán. Parte de esos intentos fueron las entrevistas del segundo hombre del chavismo, y el más astuto, Diosdado Cabello, cuando sondeó con el asesor del Departamento de Estado Norteamericano Thomas Shannon, con la presidente de Brasil y con Raúl Castro, una salida posible.

    La oposición está atareada con las nuevas elecciones que seguramente va a ganar. El Gobierno tratará de sacar del juego a todo líder oposicionista con imagen, como ya lo ha estado haciendo, tratará de rechazar las elecciones o suspenderlas. Hará trampas. Pero si las celebra y las pierde, creará una supraestructura, como la de las comunas, que le quite toda importancia y poder de actuación a la Asamblea y a sus representantes.

    Desgraciadamente con esa presión interna, esa falta de diálogo y ese gobierno terco e incapaz, Venezuela va hacia una implosión de consecuencias muy graves.

    Por Joaquín Pérez Rodríguez

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    Publicado por jotaefeb | 08/05/2018, 16:03
  2. Lo que debería decir el Papa en Colombia sobre Venezuela

    Lo peor que podría hacer el papa Francisco durante su viaje a Colombia del 6 al 10 de septiembre sería seguir haciendo llamados a la “paz y reconciliación” en Venezuela.
    Eso es exactamente lo que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, quisiera. A Maduro le encantaría que el Papa reiterara sus llamados a un “diálogo nacional” en Venezuela: eso ayudaría a Maduro a desviar la atención internacional de sus últimas medidas para convertir a Venezuela en una dictadura, y haría que sus recientes violaciones a la Constitución se conviertan en un hecho consumado.

    En las últimas semanas, Maduro ha recortado prácticamente todos los poderes de la Asamblea Nacional, el congreso nacional que la oposición había ganado por una avalancha de votos en las elecciones legislativas de 2015. Maduro ha creado ahora una así llamada Asamblea Constituyente, cuyos legisladores fueron electos a dedo por el régimen para redactar una nueva Constitución como la de Cuba, y pueden legislar por encima de la Asamblea Nacional democráticamente electa.

    Una de las primeras medidas de la nueva Asamblea Constituyente de Maduro fue despedir a la fiscal general Luisa Ortega, una ex partidaria del gobierno que denunció la inconstitucionalidad de la Asamblea Constituyente. La ex funcionaria tuvo que huir del país.

    Además, la Asamblea Constituyente ha iniciado una investigación sobre el presidente de la Asamblea Nacional, el líder opositor Julio Borges, por presuntamente alentar las sanciones financieras estadounidenses contra Venezuela y sus gobernantes.

    El Vaticano ha sido en parte responsable de este golpe en cámara lenta de Maduro. Durante más de un año, mientras más de 120 personas morían y cientos resultaban heridas en protestas callejeras, Francisco pedía la paz, la reconciliación y el diálogo, en lugar de denunciar las sistemáticas acciones de Maduro para terminar con los últimos vestigios de la democracia.

    A principios de este año, Francisco empeoró las cosas cuando no criticó explícitamente el anuncio público de Maduro de convocar a su Asamblea Constituyente. Durante cinco meses, Francisco no se unió a los países latinoamericanos, la Unión Europea y Estados Unidos en exigir públicamente que Maduro cancelara sus planes de crear su Asamblea Constituyente.

    Francisco recién hizo eso el 4 de agosto, el mismo día en que Maduro inauguró la Asamblea Constituyente. Pero ya era demasiado tarde.

    Anteriormente, Francisco había apoyado una desastrosa misión de mediación en Venezuela, encabezada por el ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, quien a menudo daba la impresión de ser un portavoz de Maduro. La comisión de mediación, que también tuvo la bendición de Estados Unidos, solo sirvió para ayudar a Maduro a ganar tiempo mientras demolía lo que quedaba de las instituciones independientes de Venezuela.

    Mientras decía estar negociando, Maduro tomó cientos de presos políticos, cerró las estaciones de radio y CNN en Español, y arremetió contra la Asamblea Nacional y la ex fiscal general.

    ¿Qué debería decir el Papa en su viaje a Colombia? Obviamente, no puede abstenerse de hablar sobre Venezuela: el caos político y económico de Venezuela ha creado una oleada de refugiados venezolanos en Colombia. Hasta 25.000 venezolanos cruzan a la ciudad fronteriza colombiana de Cúcuta todos los días para comprar alimentos básicos, y muchos de ellos se quedan en Colombia para escapar de la creciente violencia y la escasez de comida en Venezuela.

    En Colombia, el Papa debe expandir su declaración del 4 de agosto sobre Venezuela, en la que pidió “crear las condiciones para una solución negociada” en Venezuela. Debería decir sin ambigüedades que, para crear tales condiciones, Maduro debe permitir un tribunal electoral independiente para que los venezolanos puedan tener elecciones libres y justas, liberar a los cerca de 600 presos políticos, cerrar su Asamblea Constituyente y restablecer los derechos constitucionales de la Asamblea Nacional democráticamente electa.

    “El Papa necesita reivindicarse ante los venezolanos por haberse prestado a un diálogo que no dio ningún resultado”, dice Carlos Vecchio, un líder político exiliado del partido Voluntad Popular de Venezuela. “El tiene una deuda pendiente con Venezuela”.

    Efectivamente, Francisco debería enumerar sin tapujos los pasos concretos que Maduro debería tomar para iniciar un proceso que conduzca a elecciones libres en Venezuela. Cualquier otra cosa será un respaldo tácito a los recientes pasos de Maduro para asumir poderes absolutos.

    Por Andrés Oppenheimer

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    Publicado por jotaefeb | 08/05/2018, 16:02
  3. ¿Será Venezuela una dictadura a largo plazo como Cuba?

    Después de las fraudulentas elecciones regionales del 15 de octubre en Venezuela, hay una creciente corriente de opinión según la cual el presidente Nicolás Maduro ha cerrado todas las vías para una solución electoral a la crisis del país, y que Venezuela se convertirá en una nueva Cuba. Puede ser, pero hay algunas cosas que me hacen dudarlo.
    Es ciento que hay muchas similitudes. Maduro se ha quitado la careta, y actúa cada vez más como un dictador al estilo de Fidel Castro. El proceso electoral de Venezuela para elegir 23 gobernaciones fue tan fraudulento que ha sido denunciado por Estados Unidos, la Unión Europea y los países más grandes de América Latina, incluidos México, Brasil y Argentina.

    Suena como una broma, pero Maduro dice haber ganado el 80 por ciento de las gobernaciones en una elección limpia, a pesar del hecho de que prácticamente todas las encuestas muestran que el 80 por ciento de los venezolanos quieren que deje su cargo.

    Además de utilizar recursos gubernamentales masivos para ayudar a sus candidatos, la censura generalizada de los medios y no permitir observadores internacionales creíbles, Maduro invalidó más de 1 millón de votos de oposición evitando que las personas en bastiones de la oposición votaran.

    Entre otras cosas, cambió los lugares de votación el día de las elecciones y envió a los votantes a barrios remotos o peligrosos, o no les informó dónde emitir sus votos. A otros votantes se les dieron las papeletas con los nombres de los candidatos de la oposición que habían sido derrotados en las elecciones primarias, lo que los llevó a emitir votos inválidos.

    En julio, Maduro había realizado un referéndum inconstitucional para elegir un congreso paralelo. La propia empresa que colocó las máquinas de votación, Smartmatic, dijo posteriormente que el conteo de votos había sido alterado por el gobierno.

    En otras palabras, Maduro ha demostrado que las elecciones en Venezuela son, igual que en Cuba, irrelevantes.

    Maduro gana ya sea haciendo trampa en el recuento de votos, o manipulando groseramente el proceso electoral, o permitiendo que candidatos antigubernamentales ganen, pero despojándolos de sus funciones más tarde.

    También, al igual que en Cuba en la década de 1960, hay un éxodo masivo de venezolanos. Cientos de miles de venezolanos ya huyeron del país, tratando de escapar del mayor colapso económico en la historia reciente de América Latina, y de una crisis humanitaria que está provocando una escasez generalizada de alimentos y medicamentos.

    El régimen de Venezuela, como Cuba antes, se beneficiará de este éxodo masivo. Maduro probablemente está feliz de sacarse de encima a la clase media, que tiende a oponerse a las dictaduras. Le conviene quedarse con una población sumisa de gente empobrecida que depende de alimentos entregados por el gobierno.

    Pero allí terminan en gran medida las similitudes con Cuba. Venezuela no es una isla, como Cuba, y no estamos en la década de 1960. Maduro enfrenta un creciente aislamiento internacional y no puede esperar que Rusia o China lo subsidien eternamente.

    Y lo más importante es que, a diferencia de muchos cubanos, los venezolanos no han perdido sus instintos democráticos. A pesar de 18 años de ser bombardeados con propaganda oficial, decenas de miles de personas salieron a las calles a principios de este año para protestar contra Maduro, y más de 150 perdieron la vida.

    Y lo que es más interesante aun, como me lo recordó el alcalde exiliado David Smolansky esta semana, la mayoría de los manifestantes que murieron este año fueron jóvenes que en algunos casos ni siquiera habían nacido cuando Hugo Chávez asumió el poder en 1999.

    “Si algo ha sido hermoso en esta protesta de este año, es que hay una generación que lucha por algo que ni siquiera conoce, que es la libertad y la democracia”, me dijo Smolansky. “Los jóvenes de 20 años que protestaban en las calles prácticamente ni conocieron la democracia”.

    Ya sea gracias a Twitter, Facebook o el boca a boca, los venezolanos todavía tienen sus reflejos democráticos profundamente arraigados. Maduro logró imponer su voluntad en la votación del 15 de octubre, pero no le será fácil anestesiar a la sociedad y consolidar una dictadura a largo plazo, como la de Cuba.

    Por Andrés Oppenheimer

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    Publicado por jotaefeb | 08/05/2018, 16:01
  4. Bajo estos cielos, sobre estos suelos… En solidaria memoria con Venezuela

    El título no pretende ser un epitafio, sino evitar tener que escribir un epitafio más… más allá de los que registran en vivo los medios de comunicación de casi todo el mundo, contrastando lo que fue Venezuela para la América Latina y lo que es hoy: Un capítulo de terror que se puede signar con la ya universal fotografía de un venezolano ardiendo en llamas… por la represión de una protesta, como tantos, en esa tenebrosa y criminal inquisición asesina y fratricida.

    Me tocó vivir el nefasto Golpe de Pinochet muy lejos y muy cerca. Participaba del Festival de Teatro Internacional de Caracas, donde grupos de teatro de toda la región y parte del mundo participábamos de un encuentro artístico, de debate y, sobre todo de hermandad, dirigida y confraternizada por los dueños de casa. Desde que se supo la lúgubre noticia, los colegas chilenos tuvieron especial atención para la de los dueños de casa para la comunicación con sus parientes, así como apoyo a discreción mientras estuvieran condenados al exilio pinochetista.

    No cabe duda que, en la práctica, la Venezuela de Maduro, la Venezuela de hoy se parece más a aquel Chile de Pinochet con su cruenta asonada, que a aquella Venezuela democrática, fraterna, de puertas abiertas para los exiliados, en los tristes tiempos de las dictaduras continentales.

    Los países democráticos hoy deberíamos hacer memoria, de este triste exilio como el de tantos venezolanos.

    La alianza de los 14 está dando ese buen ejemplo, con la declaración de la ministra vocera del Gobierno del Perú, de los países hoy reunidos dirigida a Maduro. “No podrá entrar al país andino ni tampoco sobrevolar su espacio aéreo”.

    Paraguay ha sido un país señero en esta causa. El mismo Maduro apenas segundón de Chávez en aquel entonces, tuvo un rotundo no de los militares paraguayos, y de la población mayoritaria, cuando trató de “ordenar” un fujimorazo contra el Congreso Nacional.

    Más allá de eso, mucho antes, fueron muchos los exiliados paraguayos que tuvieron asilo allí… en aquella Venezuela democrática, aunque algunos beneficiarios de esa hospitalidad de antaño ya se han olvidado y hoy vitorean a la dictadura madurista cuando entonces eran exiliados de la dictadura estronista; olvidados de las críticas al dictador y a los entonces militares represores; notable y cínica y acomodaticia posición; lo que criticaban del estronismo no lo ven hoy en el chávez-madurismo. No hay peor ciego políticamente hablando, que el que se quiere acomodar.

    Expresó la ministra… Es una buena consigna para demostrarle a esta gavilla de delincuentes, que sigue arruinando a su país, su riqueza, no sólo la millonaria del petróleo, la de tantos recursos naturales, la de tanta gente capaz y generosa que no se ha prestado a su masacre proclamada con amenazas grotescas y peroratas hitlerianas.

    El mensaje de la ministra peruana es un buen símbolo que tomar en este momento como bandera solidaria: que estos suelos y estos cielos ya no están para esas aves rapaces, sino para los ciudadanos que los han hecho grandes, contra sus dictadores; como tantos venezolanos que hoy, como en los tiempos del vilmente y aplicado y mal llamado Plan Cóndor, más bien plan de carroñeros, que sufren la prolongación del Plan Carancho, sangrientamente chavista, hoy bajo las botas de su guardaespaldas, a quien le nombró para prolongar el negocio de la claque en el poder a costa del pueblo venezolano.

    El gobierno paraguayo ha mantenido una posición señera y firme dentro del grupo y del continente, incluso cuando el genocidio estaba apañado por los gobiernos “bolivarianos”, “progresistas del atrasismo” de la región.

    Argentina está aplicando una frontera abierta y una acogida modelo para estos venezolanos, de la Venezuela que también tuvo asilados argentinos bienvenidos, huyendo de la criminal dictadura militar, como el Uruguay, como Chile, como tantos otros.

    Es cierto que este exilio masivo y desordenado por las trabas puestas en su país, incluso para el éxodo libertario, condenándolos a una penosa diáspora, sin siquiera papeles para identificarse, crea dificultades, pero es de esperar que puedan superarse, como veo que se está haciendo en Argentina.

    Es vital que la región asuma la consigna peruana, pero al contrario: hay lugar para los venezolanos sobre estos suelos y bajo estos cielos latinoamericanos.

    Por Antonio Carmona

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    Publicado por jotaefeb | 08/05/2018, 16:00
  5. El mayor traidor de Venezuela

    Hay una gran falencia en la posición común del presidente Trump, la Unión Europea y los países más grandes de América Latina de no reconocer los resultados del fraudulento proceso electoral para las elecciones del 20 de mayo en Venezuela: la falta de una denuncia explícita a la candidatura del supuesto líder opositor Henri Falcón.
    Falcón, el mayor traidor del momento en Venezuela, podría llegar a darle una cuota de credibilidad a las elecciones presidenciales más tramposas en la historia reciente de Sudamérica. A menos que las democracias occidentales lo denuncien explícitamente como un impostor, un número de venezolanos más grande de lo esperado podría votar por Falcón, e inadvertidamente darle un barniz de seriedad a la farsa electoral de Maduro.

    Falcón es un exgobernador del estado de Lara que rompió filas con el régimen de Chávez en 2010 y más tarde se convirtió en el jefe de campaña de la coalición opositora MUD en las elecciones de 2013.

    Pero recientemente, cambió de bando nuevamente. Justo cuando sus excompañeros de la MUD, la Organización de Estados Americanos, Estados Unidos, México, Brasil, Argentina y prácticamente todos los demás países latinoamericanos decidieron denunciar los comicios del 20 de mayo, Falcón anunció su candidatura presidencial para competir contra el dictador venezolano Nicolás Maduro.

    Las elecciones del 20 de mayo, tal como están, son un chiste: Maduro ha prohibido a los líderes de la oposición competir contra él, ha inhabilitado a los principales partidos de oposición del país y se ha negado a permitir un tribunal electoral independiente.

    Pero en un país que está sufriendo uno de los peores colapsos económicos del mundo en la historia reciente, y donde las encuestas muestran que el 80 por ciento de la población quiere que se vaya Maduro, la desesperación podría llevar a muchos venezolanos a votar por el mal menor.

    Todo el mundo sabe que a Falcón no se le permitirá ganar. Incluso Smartmatic, la compañía de máquinas de votación automáticas que supervisó las elecciones venezolanas durante gran parte de la era chavista, se retiró del país el año pasado, diciendo que el gobierno estaba alterando los resultados electorales.

    Ahora, todo indica que Maduro inventará un resultado electoral que lo mostrará ganándole a Falcón por un pequeño margen, para que parezca una elección competitiva. Maduro espera que un resultado apretado le dé al menos a algunos países un pretexto para seguir haciendo negocios con su dictadura.

    ¿Por qué se postularía Falcón, sabiendo que no lo dejarán ganar?, les pregunté a varios líderes opositores.

    Me respondieron que Falcón aprovechó el boicot generalizado de la oposición a los comicios para posicionarse como el líder de la oposición elegido por Maduro. Falcón espera que, a medida que el colapso económico de Venezuela se vuelva insostenible, Maduro eventualmente convocará a un “gobierno de unidad nacional” y lo invitará a ocupar un cargo de importancia.

    “Falcón se ha convertido en la oposición ‘oficial’”, me dijo Julio Borges, líder del partido opositor Primero Justicia. “Lo está haciendo para su propio beneficio personal”.

    Falcón cuenta con el apoyo de algunos tenedores de bonos de Wall Street, que están ansiosos por tener un amigo en un potencial “gobierno de unidad nacional”, que esperan garantice los pagos de la deuda venezolana. El principal asesor económico de Falcón es el economista graduado de Harvard Francisco Rodríguez, de Torino Capital, una firma de inversiones de Nueva York especializada en América Latina.

    Los defensores de Falcón dicen que la oposición venezolana no puede cometer el error que cometió en 2005, cuando boicoteó las elecciones legislativas y permitió que Chávez obtuviera el control del Congreso.

    Pero, a diferencia de 2005, el boicot actual de la oposición venezolana es respaldado públicamente por todas las principales democracias del mundo. Es una diferencia clave. Nunca antes Maduro había estado tan aislado y tan presionado para postergar su elección y convocar a una votación libre, justa y creíble.

    Para evitar que Falcón le de cierta legitimidad al fraudulento proceso electoral de Maduro, las democracias occidentales deberían decirle explícitamente a los votantes venezolanos que la candidatura de Falcón es un engaño, y amenazar con imponerle sanciones financieras al candidato a menos que se retire de la contienda. No se debe permitir que Maduro se salga con la suya con esta farsa electoral.

    Por Andrés Oppenheimer

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    Publicado por jotaefeb | 08/05/2018, 15:59
  6. Venezuela: ¿rumbo a una nueva Cuba?

    Es difícil saber qué va a pasar en Venezuela, pero lo que me dijo el presidente colombiano Juan Manuel Santos en una entrevista esta semana debería hacer sonar las alarmas en todo el continente.
    Santos me dijo durante una visita a Miami que la Asamblea Constituyente elegida a dedo por el presidente venezolano, Nicolás Maduro, está redactando una nueva Constitución que se haría pública después de las elecciones presidenciales del 20 de mayo en Venezuela. Según Santos, la nueva constitución convertiría oficialmente a Venezuela en una dictadura como la de Cuba.

    Maduro, que ya es un dictador de facto, se está postulando para la reelección. Ha prohibido que los principales líderes de la oposición compitan contra él, no permite observadores electorales internacionales y se ha negado a crear un tribunal electoral independiente.

    Estados Unidos, la Unión Europea y todos los principales países de América Latina han dicho que no aceptarán los resultados de la farsa electoral de Maduro.

    Santos me dijo que la Asamblea Constituyente de Maduro está redactando en secreto una nueva Constitución de 350 artículos y 18 “cláusulas transitorias” que crearían un sistema de votación de estilo cubano. En Cuba, las “organizaciones de masas” controladas por el régimen eligen a los funcionarios locales, que, a su vez, eligen a los legisladores, y estos a los líderes del país.

    “La información que yo tengo es que entre esos artículos (de la planeada reforma constitucional) está, por ejemplo, abolir el sufragio universal y establecer un sistema muy parecido al de Cuba, en que las elecciones son una especie de elecciones corporativas”, me dijo Santos.

    Santos agregó: “También tengo entendido que van a establecer una serie de modificaciones en cómo se define ‘traición a la patria’… para tener más instrumentos supuestamente legales para poder reprimir a la población”.

    Cuando le pregunté de dónde obtuvo esa información, Santos dijo que viene de “informes de inteligencia”, sin dar más detalles.

    Maduro podría radicalizar su revolución izquierdista para evitar una rebelión popular a medida que el país desciende a un caos casi absoluto. El Fondo Monetario Internacional proyecta que la hiperinflación en Venezuela este año puede llegar al 13.000 por ciento, y hay una escasez generalizada de alimentos y medicinas.

    “Cuanto más se deteriora la situación económica y social, más sofisticada es la forma de reprimir a la población”, continuó Santos. Venezuela está creando células paramilitares locales para tratar de controlar cualquier tipo de disidencia, dijo.

    “En este momento, las células que están conformando con las milicias son de cerca de 13.000 alrededor del país, con 40 militantes por célula”, me dijo Santos. “Esas son las que en cualquier momento que salga una protesta van y la reprimen. Igualito que los Comités de Defensa de la Revolución de Cuba”.

    Debo confesar que soy instintivamente escéptico cuando los presidentes citan “informes de inteligencia”, porque a veces estos están escritos por expertos en desinformación que buscan desprestigiar a sus enemigos. Pero en el caso de Venezuela, hay razones para tomar en serio las declaraciones de Santos.

    En primer lugar, el fallecido demagogo de Venezuela Hugo Chávez ya había intentado cambiar la Constitución para establecer un sistema electoral al estilo cubano en 2007.

    Ese año, Chávez convocó un referéndum constitucional para crear un “nuevo estado socialista” que eligiera a los funcionarios públicos a través de “comunas” creadas por el gobierno, en lugar de los municipios. El referéndum del 2 de diciembre de 2007 fue derrotado por un estrecho margen.

    En segundo lugar, es muy probable que Maduro, anticipando que su país enfrentará un colapso económico aún mayor y un creciente aislamiento internacional después de la farsa electoral del 20 de mayo, haya decidido de que no podrá evitar una revuelta popular si no instaura un estado policial.

    Si Santos tiene razón y Maduro sigue adelante con sus planes, pronto podríamos ver una crisis migratoria como la de los refugiados sirios en Europa. Santos calcula que ya hay cerca de 1 millón de venezolanos en Colombia.

    A menos que se pueda presionar a Maduro para que abandone sus planes totalitarios, pronto podríamos ver a millones de venezolanos más huyendo del país, y una crisis migratoria regional como no se ha visto en la historia reciente del continente.

    Por Andrés Oppenheimer

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    Publicado por jotaefeb | 08/05/2018, 15:59
  7. Trump acertó en llamar a Venezuela una “dictadura”
    Por Andrés Oppenheimer

    Esta columna está dedicada a los partidarios de Trump que a menudo me envían correos electrónicos quejándose de que nunca escribo nada positivo sobre el presidente de Estados Unidos. En esta ocasión, voy a admitir que Trump debe ser aplaudido por llamar a Venezuela una “dictadura” en su discurso sobre el Estado de la Unión.

    Trump merece crédito por eso, a pesar de que su discurso del martes por la noche fue una versión azucarada de su habitual retórica de demonización de los inmigrantes, con sus usuales datos falsos para deleitar a los supremacistas blancos y neonazis dentro de sus seguidores.

    En su discurso, Trump dijo que su gobierno impuso duras sanciones “a las dictaduras comunistas y socialistas en Cuba y Venezuela”. Aunque las sanciones personales contra altos funcionarios del régimen venezolano fueron iniciadas por el expresidente Obama, este último nunca mencionó a Venezuela en sus últimos discursos del Estado de la Unión.

    De hecho, Venezuela es una dictadura, como lo ha sido Cuba durante mucho tiempo, según la definición de cualquier diccionario.

    El presidente venezolano, Nicolás Maduro, no solo ha encarcelado a líderes de la oposición, prohibido partidos políticos y censurado a los medios, sino que quebró abiertamente el orden constitucional en 2016 cuando unilateralmente le quitó sus poderes a la Asamblea Nacional, de mayoría opositora.

    Al calificar a Venezuela como una “dictadura”, Trump ha elevado el perfil de la crisis humanitaria de Venezuela, y le ha dado un apoyo moral muy necesario a la oposición venezolana.

    Sus palabras también pueden ayudar a escalar las presiones internacionales sobre el régimen de Maduro en un momento crítico. Maduro convocó a elecciones anticipadas antes de mayo, pero sin autoridades electorales independientes ni observadores internacionales creíbles, y con los principales líderes de la oposición inhabilitados para postularse como candidatos.

    Estados Unidos y todos los principales países europeos y latinoamericanos están rechazando la trampa electoral que pretende montar Maduro. Pero la ventana de oportunidad para las presiones diplomáticas colectivas se está achicando: una victoria de la izquierda populista en México o Brasil en sus respectivas elecciones este año podría quebrar el bloque regional que está exigiendo el restablecimiento de la democracia en Venezuela.

    Ciertamente, Trump también cometió errores con Venezuela en el pasado, como cuando dijo que “no voy a descartar una opción militar” allí. La declaración improvisada de Trump fue una bendición propagandística para Maduro, que afirma ser una víctima del “imperialismo”. Y también llevó a que muchos venezolanos se queden sentados en sus casas, esperando una invasión estadounidense que es sumamente improbable.

    Además, el desprecio de Trump hacia América Latina le dificulta liderar una escalada de sanciones hemisféricas contra Maduro. Las encuestas muestran que Trump es el presidente de Estados Unidos más impopular en América Latina de la memoria reciente.

    Los frecuentes comentarios racistas de Trump, como cuando afirmó falsamente que la mayoría de los indocumentados mexicanos son “criminales” y “violadores”, o cuando aparentemente llamó a El Salvador, Haití y las naciones africanas “países de mierda”, son insultos para todos los latinoamericanos.

    Algunas de las acciones de Trump han sido tan malas como sus palabras. Se retiró del acuerdo comercial Transpacífico, ha ordenado deportaciones masivas de 250.000 salvadoreños y más de 50.000 haitianos, y ha pedido la expulsión de casi 800.000 “soñadores”, o jóvenes que fueron criados en este país después de ser traídos como bebés por padres indocumentados.

    Desafortunadamente, en su discurso sobre el Estado de la Unión, Trump reiteró su llamado a construir un muro fronterizo de 25.000 millones que ahora quiere que paguen los contribuyentes estadounidenses. El muro sería una pérdida monumental de dinero: solo un porcentaje relativamente pequeño de inmigrantes indocumentados ingresa al país a través de las áreas desprotegidas de la frontera, ya que la mayoría llega legalmente y se queda más allá de lo permitido en sus visas.

    Todo eso no ayuda a formar una coalición diplomática contra Maduro. Pero fue bueno que Trump describiera oficialmente a Venezuela como una “dictadura”, porque contribuye a llamar la atención sobre la autocracia corrupta que ha capturado a ese país, y que ha creado una crisis humanitaria con repercusiones regionales.

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    Publicado por jotaefeb | 03/02/2018, 10:02
  8. Qué horror Venezuela
    Por Danilo Arbilla

    Qué horror lo de Venezuela. ¿Hasta cuándo? Para este año el FMI prevé una inflación del 13 mil por ciento. Sí, 13 mil por ciento y puede ser más. El PBI se contraería en un 15%. En el 2016 cayó un 16,5% y el año pasado un 14. En seis años la economía se achicó a la mitad. El costo de la canasta básica para una familia es 25.123.437.34 Bs. Sí, más de 25 millones de bolívares: unos 140 salarios mínimos.

    Caracas es considerada la ciudad más violenta del orbe y toda Venezuela está entre los países más peligrosos y violentos del planeta. También se le califica como uno de los tres más corruptos del mundo.

    Un millón largo de venezolanos han emigrado. Desde julio a diciembre del ‘17 se fueron 832 mil. Huyen del infierno. Gente buena, muy preparada, que busca trabajo, dispuesta a hacer lo que sea. Hacen que crezca la solidaridad con el pueblo venezolano y el repudio a la dictadura.

    Nicolás Maduro adelantó las elecciones. Será candidato. Y piensa hacer trampa, que a nadie le quepa duda. Y trampas varias: Leopoldo López, Henrique Capriles, Antonio Ledezma no pueden ser candidatos, por ejemplo. Los dos primeros juntos duplican a Maduro, según las encuestas.

    Mientras, la oposición dividida. Unos que se presentan y otros por la abstención. Más horrores o tristezas. Ni hablar de un candidato único. Hay quienes hablan de un candidato apartidario, un outsider. ¿Otra vez? Con Chávez la experiencia resultó desastrosa. De cualquier manera, es de las pocas alternativas que quedan.

    ¿Cuánto más durará el régimen chavista? ¿Cuándo se van? No tienen intenciones de irse. Además, ¿a dónde van a ir? Tratarán de alargar la agonía con las elecciones. Aunque el blindaje de estas es cada vez más endeble: ¿quiénes le saludarán? ¿Evo Morales, el Papa, Ortega, el gobierno y el Frente Amplio uruguayo? ¿Mensajes de felicitación de Lula, Cristina Kirchner y Correa, más los países asiáticos que, como se verá en algún momento, son los dueños de la pelota?

    ¿Qué salida hay? ¿Un golpe de Estado? Nunca es una buena idea. Ni cerca. Pero además, ¿quien lo daría? ¿Diosdado Cabello? Se trata de una dictadura militar y están muy unidos, y comprometidos.

    Por otro lado, es ridículo e inaceptable pensar en una intervención extranjera. A lo sumo alguna “facilitación” de la OEA, para conseguir una salida negociada. En este caso, ¿qué pasa con los chavistas? ¿Cómo quedan? ¿Se les castiga, devuelven la plata, o se les perdona todo y hasta se les aseguran algunos “escaños” como a las FARC? La solución no va por ahí, esperemos. ¿Asegurarles un exilio dorado, como pasaba antes? Imposible: ¿cuántos son? Basta con recordar cuánto costó ubicar al Shá de Persia. Y en el caso de los chavistas son miles de shares, y qué les queda: Bolivia, Nicaragua, Uruguay, el Vaticano. Además, con poca capacidad de maniobra: fronteras cerradas, bienes embargados y cuentas bloqueadas. Son demasiado los que están como obligados a resistir. Y esto es lo grave y malo.

    Está la presión internacional. Es pertinente y legítima. Pero, ¿cuáles sus efectos? Aumentará las desgracias del pueblo venezolano, más emigrados, más protestas, más represión.

    En algún momento va a explotar. Tal como están las cosas es natural que se prevea así .Y eso no sería bueno. Asusta recordar el fin de Khadafi. Y Venezuela se bambolea entre Libia y Siria. Qué horror.

    Pero aún pensando en la mejor de las salidas, en paz y negociada, el susto no desaparece. ¿Quién va a tomar las riendas? Lamentablemente la oposición no parece estar preparada. No consigue ni unirse para ir con un candidato único. Y vuelve la pregunta: ¿qué pasa con el chavismo y los chavistas? ¿Los proscriben, los echan, los meten presos o los “blanquean” y pasan a ser un partido más? Como el PT de Lula y el peronismo kirchnerista de Cristina, que son las versiones brasileña y argentina del chavismo. ¿Quién va a poder gobernar con esa gente suelta, activa, encaramada en el Estado, con mucho dinero (robado) y legalizada?

    Y si aún se diera la mejor de las fórmulas, está la parte económica, la recuperación. Puede que se facilite con la ayuda y la solidaridad internacional . Pero, siempre aparece un pero: ¿qué harán los chinos y los rusos, que hoy son los que tienen las mayores tajadas? ¿Y los brasileños, que también hicieron lo suyo en épocas de Chávez con un Lula que “promocionaba” a las grandes empresas brasileñas? Cuando se desate ese paquete, nadie puede calcular ni imaginarse todo lo que puede aparecer.

    ¡Pobre Venezuela, lo que le han hecho! Es un horror.

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    Publicado por jotaefeb | 02/02/2018, 07:04

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“¿Por qué un hombre normal, aparentemente normal, acepta el poder, por qué aceptaría vivir preocupado de la mañana a la noche, etc.?. Sin duda porque dominar es un placer, un vicio”.20/06/18
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