Decepciones

La conversación que transcribimos a continuación existió. Revelaremos, como dicen las comadronas, “el milagro pero no el santo”. Dos amigos charlaban poco después de la entronización en un alto cargo electivo de un hombre de la comunicación. “¿Llegará a decepcionarnos?” plantea uno de ellos. “No es cuestión de si nos decepcionará sino de cuánto tardará en hacerlo”. El tiempo, en estos casos, es implacable y demoledor. Y si no, veamos lo que ocurre en Uruguay y en Argentina.
En la “banda oriental” resuenan todavía como recién pronunciadas las palabras del ex presidente José “Pepe” Mujica, prócer del Frente Amplio. Al conocerse la renuncia del vicepresidente Raúl Sendic, Mujica, usando su estilo distendido y dicharachero, expresó: “Ahora, ojo, en Brasil aparecen bolsones de plata. Enfrente –Argentina- unas monjitas tiran unos bolsones de plata y nosotros discutimos unos calzoncillos, démosle dimensiones a las cosas, por favor”. Pepe intentaba reducir el escándalo al uso indebido que el hijo del fundador del movimiento Tupamaro, devenido vicepresidente con Tabaré Vázquez, habría hecho de una tarjeta de crédito de la empresa estatal Ancap, comprando efectos personales en un shopping. Más allá de que la corrupción se combate con apego a principios éticos y no midiendo sus proporciones, la cuestión del “joven Sendic” era mucho más grave.

Había mentido sobre un título universitario que no tenía y montado una agencia publicitaria que trabajaba –con fondos públicos- para la empresa estatal y para su campaña política. A Sendic se lo acusa de provocar una crisis de credibilidad en el seno del Frente Amplio. La Nación de Buenos Aires señalaba: “El Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio sentenció que Sendic había incurrido en falta de ética y en un “proceder inaceptable en la utilización de dineros públicos”. No cae por comprarse una botella de whisky en el aeropuerto sino por el desprestigio en cascada al que dio lugar y porque en el Frente Amplio comienzan a culparlo de una posible derrota en 2019.
En Argentina, mientras tanto, se tambalea una figura del Gabinete de Mauricio Macri, el ministro del Ambiente Sergio Bergman, porque durante un viaje a Chile, no tuvo mejor idea que comprar allí dos televisores LED aprovechando un viajecito de trabajo. Aunque afirma haberlo hecho con recursos propios, queda la imagen de la “avivada”, un mensaje poco constructivo para un Gobierno que propala el cambio en todos los sentidos. Lejos queda aquella imagen del rabino Bergman prometiendo con una mano sobre el Tanaj -conjunto de 39 libros de la Biblia hebrea- honrar la confianza en él depositada.
Ya sea robando millones en efectivo o aprovechando los atajos que siempre ofrece la función pública a quienes deseen servirse de ellos en provecho personal, la conducta impropia no debería juzgarse por el volumen de lo robado o defraudado sino por la flagrante traición al compromiso de rectitud que se demanda a un servidor público.

 

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