Larga vida al marxismo

Su mostacho es el tercero más conocido del mundo detrás del de Chaplin y del nefasto Hitler. Su puro está también tercero, le sigue al de Churchill y al de Castro. Comparte con Lennon los anteojos redondos y la genialidad, aunque en campos distintos. Es el segundo Marx más famoso de la historia. Uno revolucionó las ideas y el otro no, aunque no creo que le interese el dato o se preocupe mucho por ello.

Groucho Marx tuvo la ocurrencia de morirse un 19 de agosto de 1977, hace ayer 40 años. Y la efemérides le habrá sorprendido, pues, fiel a su estilo, tras cuarenta años pudo olvidarse de que está muerto.

Groucho fue uno de los mejores ejemplos artísticos de su tiempo y, a la vez, un adelantado, al punto de que en la era de los memes, del Twitter y del YouTube sus frases finas, filosas y desopilantes son más actuales que nunca.

Su humor blanco, puro, que gustaba cebarse en sus propios defectos (y en alguno que otros ajenos) es un oasis al cual deben ir a beber urgentemente los mediocres humoristas hollywoodenses y de otros lares de la actualidad, henchidos de groserías, gags baratos y vulgaridades escatológicas.

También se pueden conseguir algunos libros suyos en el mercado paraguayo. Como Memorias de un amante sarnoso o Groucho y yo. Asimismo suele encontrarse una joyita titulada Groucho y Chico, Abogados. Son los libretos de un programa radiofónico que hoy pueden dar clases de calidad, humor y entretenimiento a los esperpentos actuales que taladran el oído con obscenidades gratuitas y griteríos histéricos.

Graucho no hacía humor, hacía de la vida una humorada. Y hasta en su última morada hizo correr el rumor de que su lápida rezaba “Disculpe que no me levante”, lo que no es verdad, pero debería serlo por pura genialidad.

Era un filántropo, pues pensaba que “¡hay tantas cosas en la vida más importante que el dinero…! ¡Pero cuestan tanto! y nunca “pertenecería a un club que me acepta como socio”.

Amaba la televisión, pues le obligaba a leer libros. Era educado decía: “Disculpen sí les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien”. Hablaba bien de los prójimos que conocía al sostener que “Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se dejen engañar. Es realmente un idiota” y citaba que “el secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio; si puedes simular eso, lo has conseguido”. Además adoraba las pequeñas cosas: “Los pequeños yates, las pequeñas mansiones y las pequeñas fortunas”. Era un seductor nato, decía: “No piense mal de mí, señorita, mi interés por usted es puramente sexual”.

Groucho no te mueras nunca, ni muerto.

Por Arnaldo Alegre

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