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El evangelio del domingo: Transfiguración genera esperanza

Mateo relata la transfiguración de Jesús en tres puntos: Él llevó a algunos apóstoles al monte Tabor y se transfiguró delante de ellos. Después, aparecen diálogos: uno, el de Moisés, Elías y Jesús, y principalmente, la voz del Padre, asegurando que Jesús es su Hijo Predilecto.
Finalmente, el Señor recomienda que los apóstoles no digan nada sobre lo ocurrido, hasta que resucite de entre los muertos.

Él realiza su transfiguración antes de anunciarles su pasión y muerte, y como sabía que este hecho iría a llenarlos de confusión y tristeza, cuida para afianzarles en la fe.

Nosotros ya podemos quitar una enseñanza para la vida concreta: muchas veces, antes de que nos pasara algo doloroso, Dios ya nos habrá prevenido y enviado muchas bendiciones, pues Él quiere fortalecer la esperanza de sus amigos delante del escándalo de su propia cruz, y de las cruces que soportamos en la existencia.

Moisés y Elías representan la Ley y los Profetas, de cierta forma, al Antiguo Testamento, sin embargo, podemos ampliar la interpretación y afirmar que representan todas las personas que a lo largo de los siglos buscaron ser fieles a Dios y hacer su voluntad, y ahora conversan con Cristo en un clima de amistad y enorme satisfacción.

La frase extasiada de Pedro: “Señor, ¡qué bien estamos aquí!” profundiza nuestra confianza, pues somos llamados no solo a escuchar al Hijo Predilecto, sino también a compartir con Él la felicidad que no tiene fin.

Sin embargo, debemos escuchar a Cristo todos los días y escucharlo no es solamente conocer su vida en líneas generales, o repetir ocasionalmente algún versículo bíblico, sino es algo más comprometedor, pues es realizar una adhesión personal a Él, con todo el corazón, mente y bolsillo.

Estas características son necesarias: con el corazón, pues donde está nuestro corazón ahí está lo que consideramos como el tesoro más grande; con la mente, pues hay que usar la inteligencia y la organización técnica para que los valores del Evangelio hagan la realidad socioeconómica más justa. Con el bolsillo, para que las cosas no se queden solamente en buenas intenciones y lindas palabras.

Pensemos siempre que nuestra meta final es el cielo, lo que consolida nuestra esperanza, pero de modo concomitante, hemos de transformar nuestro espíritu tacaño en un espíritu generoso. Y cuando el ser humano cambia honestamente en su interior, por un encuentro con Cristo, lucha con perseverancia y con criterios morales para implementar transfiguraciones en el país, para que él sea desde ya como un “pequeño cielo” para todos.

Paz y bien.

Por Hno. Joemar Hohmann Franciscano Capuchino

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “El evangelio del domingo: Transfiguración genera esperanza

  1. La Trasfiguración del Señor es un mensaje de esperanza

    06 de ago de 2017
    Palabras del Papa en el Ángelus de hoy, sobre el evangelio de la transfiguración.
    Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

    Este domingo, la liturgia celebra la fiesta de la Transfiguración del Señor. La página evangélica de hoy, lo hemos escuchado, narra que los apóstoles Pedro, Santiago y Juan fueron testigos de este evento extraordinario. Jesús los tomó consigo «y los llevó aparte a un monte elevado» (Mt 17,1) y, mientras oraba, su rostro cambió de aspecto, brillando como el sol, y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. Se les aparecieron entonces Moisés y Elías, y se pusieron a dialogar con Él. A este punto, Pedro dice a Jesús: «Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías» (v. 4). No había aún terminado de hablar, cuando una nube luminosa los cubrió.

    El evento de la Transfiguración del Señor nos ofrece un mensaje de esperanza – así seremos nosotros, con Él – nos invita a encontrar a Jesús, para estar al servicio de los hermanos.

    La subida de los discípulos hacia el monte Tabor nos lleva a reflexionar sobre la importancia de desprendernos de las cosas mundanas, para efectuar un camino hacia lo alto y contemplar a Jesús. Se trata de disponernos a la escucha atenta y orante del Cristo, el Hijo amado del Padre, buscando momentos íntimos de oración que permitan la acogida dócil y gozosa de la Palabra de Dios. En esta elevación espiritual, en este desprendimiento de las cosas mundanas, estamos llamados a redescubrir el silencio pacificante y regenerante de la meditación del Evangelio, de la lectura de la Biblia, que conduce hacia una meta rica de belleza, de esplendor y de alegría. Y cuando nosotros nos ponemos así, con la Biblia en la mano, en silencio, comenzamos a sentir esta belleza interior, esta alegría que nos da la Palabra de Dios en nosotros. En esta perspectiva, el tiempo veraniego es un momento providencial para acrecentar nuestro empeño de búsqueda y de encuentro con el Señor. En este periodo, los estudiantes están libres de las obligaciones escolares y muchas familias realizan sus vacaciones; es importante que en el periodo de descanso y de desapego de las ocupaciones cotidianas, se puedan fortificar las fuerzas del cuerpo y del espíritu, profundizando en el camino espiritual.

    Al finalizar la experiencia maravillosa de la Transfiguración, los discípulos bajaron de la montaña (Cfr. v. 9) con los ojos y el corazón transfigurados por el encuentro con el Señor. Es el recorrido que podemos realizar también nosotros. El redescubrimiento siempre más vivo de Jesús no es un fin en sí mismo, sino nos induce a “bajar de la montaña”, recargados por la fuerza del Espíritu divino, para decidir nuevos pasos de auténtica conversión y para testimoniar constantemente la caridad, como ley de vida cotidiana. Transformados por la presencia de Cristo y por el ardor de su palabra, seremos signo concreto del amor vivificante de Dios para todos nuestros hermanos, especialmente para quienes sufren, para cuantos se encuentran en la soledad y en el abandono, para los enfermos y para la multitud de hombres y de mujeres que, en diversas partes del mundo, son humillados por la injusticia, la prepotencia y la violencia.

    En la Transfiguración se oye la voz del Padre celestial que dice: «Este es mi Hijo amado. Escúchenlo» (v.5). Miramos a María, la Virgen de la escucha, siempre dispuesta a acoger y custodiar en su corazón cada palabra del Hijo divino (Cfr. Lc 1,52). Quiera nuestra Madre y Madre de Dios ayudarnos a entrar en sintonía con la Palabra de Dios, para que Cristo se convierta en luz y guía de toda nuestra vida. A Ella le encomendamos las vacaciones de todos, para que sean serenas y proficuas, pero sobre todo por el verano de cuantos no pueden ir de vacaciones porque están impedidos por la edad, por motivos de salud o de trabajo, por restricciones económicas o por otros problemas, para que sea de todos modos un tiempo de distensión, animado por la presencia de amigos y de momentos dichosos.

    fuente: News Va

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    Publicado por jotaefeb | 8 agosto, 2017, 10:57
  2. domingo 06 Agosto 2017

    Fiesta de la Transfiguración del Señor

    Libro de Daniel 7,9-10.13-14.
    Yo estuve mirando hasta que fueron colocados unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura era blanca como la nieve y los cabellos de su cabeza como la lana pura; su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente.
    Un río de fuego brotaba y corría delante de él. Miles de millares lo servían, y centenares de miles estaban de pie en su presencia. El tribunal se sentó y fueron abiertos unos libros
    Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta él.
    Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino, y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas. Su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido.

    Epístola II Carta de San Pedro 1,16-19.
    Porque no les hicimos conocer el poder y la Venida de nuestro Señor Jesucristo basados en fábulas ingeniosamente inventadas, sino como testigos oculares de su grandeza.
    En efecto, él recibió de Dios Padre el honor y la gloria, cuando la Gloria llena de majestad le dirigió esta palabra: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección”.
    Nosotros oímos esta voz que venía del cielo, mientras estábamos con él en la montaña santa.
    Así hemos visto confirmada la palabra de los profetas, y ustedes hacen bien en prestar atención a ella, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que despunte el día y aparezca el lucero de la mañana en sus corazones.

    Evangelio según San Mateo 17,1-9.
    Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado.
    Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.
    De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.
    Pedro dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
    Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo”.
    Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.
    Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”.
    Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.
    Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
    Sermón 78,2-6; PL 38, 490-493

    “Y esta es la voz, venida del cielo, que nosotros escuchamos cuando estábamos con él en el monte santo.” (2Pe 1,18)

    Señor, ¡qué bien estamos aquí!” Cansado de vivir en medio de la gente, Pedro había encontrado la soledad en la montaña donde su alma se alimentaba de Cristo. ¿Por qué tenía que dejar este lugar para ir hacia las fatigas y las penas, él que ardía en amor de Dios y, por lo tanto, santificaba su vida? Quería disfrutar de esta felicidad, aunque añadía: “Si tú quieres, hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés, otra para Elías.”….(Mt 17,4)

    Pedro deseaba tres tiendas: la respuesta venida del cielo nos muestra que no tenemos más que una: la Palabra de Dios es Cristo, la Palabra de Dios está en la Ley, la Palabra de Dios está en los profetas… En el momento en que la nube cubría a todos y formaba, para decirlo de alguna manera, una sola tienda encima de ellos, una voz salía de la nube…Aquel a quien la voz revelaba es aquel que glorificaban tanto la Ley como los profetas: “¡Este es mi Hijo, el Amado, en quien me complazco, escuchadle!” (Mt 17,5). Ya lo habéis escuchado en los profetas, lo habéis escuchado en la Ley, ¿dónde no lo habéis oído? A estas palabras, los discípulos cayeron de bruces…

    Cayendo en tierra, los apóstoles simbolizan nuestra muerte…, pero, levantándose el Señor, simboliza la resurrección. Después de la resurrección ¿a qué sirve la Ley? ¿A qué sirven los profetas? En aquel momento Elías desaparece, desaparece también Moisés. Lo que queda: “En el principio existía la Palabra y la Palabra era junto a Dios y la Palabra era Dios” (Jn 1,1). La Palabra te queda para que Dios sea todo en todos (lCor 15,28)…

    “Desciende, Pedro, Tú deseabas descansar en la montaña… Mira que el Señor mismo te dice: “Desciende a servir y a sufrir en este mundo, a ser despreciado y crucificado en este mundo”. La vida descendió para ser asesinada, el pan descendió para soportar el hambre, el camino descendió para cansarse en los caminos, la fuente descendió para pasar sed, y tú, ¿tú rehusas el sufrimiento? ¡No busques tu propio provecho! ¡Practica la caridad, anuncia la verdad! Así llegarás a la inmortalidad y con ella encontrarás la paz.

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    Publicado por jotaefeb | 6 agosto, 2017, 07:38
  3. “Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte alto”. Mt. 17,1

    La fiesta de la transfiguración es una invitación a que también nosotros busquemos subir al Monte Tabor para contemplar la gloria de Dios. Es esta experiencia del cielo anticipado la que nos estimula para desear constantemente llegar un día a esta gloria. Cuando el Señor nos da la gracia de experimentar su esplendor, nos resulta mucho más fácil afrontar las pruebas y cruces de la vida, pues el tener presente el premio celestial nos mantiene motivados para, vigilantes, renunciar al mal, promover el bien y vivir en el amor aun en los días más oscuros.

    El Señor te bendiga y te guarde.

    El Señor muestre su rostro y tenga misericordia de ti.

    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la paz.

    Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

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    Publicado por jotaefeb | 6 agosto, 2017, 07:37

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