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La importancia de decir y recibir el ‘no’ en nuestra vida

Hace algunos años tuve el privilegio de convivir con un colega de equipo que poseía una habilidad envidiable de decir ‘no’ al ser accionado para ejecutar actividades o tareas que extrapolaban su día a día de trabajo o incluso las cuales su posición no comportaba. Pero el ‘no’ de este profesional siempre fue consistente, pulido y más, traía un universo de alternativas para solucionar la demanda de su jefatura.

Él argumentaba por ejemplo: “Bernt, sí podemos hacerlo de esta forma, no obstante tengo esta, más esta y también aquella actividad. ¿Qué prefieres que yo deje para después?”. Él tenía la habilidad de devolver la demanda, o en verdad dejarla en la mano del gestor la alternativa a seguir. De esta forma no se sobrecargaba y no dejaba que la calidad de su trabajo cayese.

Ejemplos como esos en el mercado de trabajo, infelizmente aún no son unanimidades. Vivimos en un país en que la palabra ‘No’ remite a antipatía, tanto en la vida personal, cuando profesional. El miedo de que seamos vistos como ‘pesados’ y de pasar por una persona que es remolona o incluso de la exclusión social, nos hace aceptar hacer cosas que en verdad no nos gustaría de hacer, o incluso dejar de hacer algo en detrimento del pedido del otro.

Generalmente el perfil de las personas que dicen ‘sí’ a todo está ligado a un individuo que tiene baja autoestima, que posee miedo de no ser aceptado, o que allá atrás su histórico está ligado a rechazo. Entonces esa persona acepta todo para justamente intentar agradar al otro, olvidándose de sí propia.

Sin embargo, existe el otro lado de la moneda: si decir el ‘no’ es algo difícil, saber recibirlo es algo imprescindible. Llevarlo para el lado personal, hacer juicio previo y o, de antemano, ver el interlocutor de individuo que ‘es remolón’, es señal de inmadurez. Por eso, el ejercicio de la palabra pasa por ‘saber decir’ y ‘saber recibir’. ¿Básico no? Pero muchas veces, sabemos que no es bien así que sucede. Ahí el origen del conflicto.

Algunas indicaciones pueden ayudar al lector a ejercitar el ‘no’ en sus respuestas y también la recepción del mismo. Primero el ‘no’ necesita estar ligado a sus valores. Esa ancla es primordial y va a dejarle de consciencia limpia siempre que necesite colocar la palabra en práctica.

Segundo, recuérdese del ejemplo de mi colega que cité al inicio: fundamente su ‘no’. En el ambiente de trabajo busque negociar más con las personas, jefaturas y clientes. Su no con ese amparo, hará de usted una persona más respetada, conocida por su forma asertiva de lidiar con las cosas.

Aprenda a recibir el ‘no’ sin hacer juicios previos. Sea maduro. Además de ayudar su desarrollo profesional, también estará ayudando a otras personas a ejercitarse a hacer lo mismo. Deje de lado un poco la forma ‘sentimental’ que está en nuestro DNA brasileño.

Por fin, busque entender dónde está su derecho y el derecho del otro. Algo básico, pero que necesitamos entender para evitar remilgos. El ‘no’, se encaja exactamente en el medio de esos dos principios. ¡Aprenda a decir y a recibir el ‘no’ para que su ‘sí’ tenga más valor!

Por Bernt Entschev

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

Un comentario en “La importancia de decir y recibir el ‘no’ en nuestra vida

  1. Las cumbres habituales

    Por Marcelo A. Pedroza

    Las obras necesitan ser contempladas en su totalidad. Hay escenas que requieren de mucho trabajo, que por lo general es el que no se ve y que de todas formas se materializa cuando se lo expone. Son los tiempos en donde el sudor ha cumplido su rol. Y se ha encargado de darle un gigante respaldo a la estima que lo ha edificado, o que le ha dado su lugar. A veces los sucesos producen impactos esperados y añorados, es ahí donde el sacrificio entregado llega a su cumbre. Es inexorable el enlace que existe entre el esfuerzo, los resultados y sus respectivas lecciones. Esta creencia de parentesco causal puede ser germinada en cualquier etapa de la vida.

    Se conceptualiza al sudor como un líquido transparente que segregan las glándulas sudoríparas de la piel de los mamíferos y que se expulsa a través de los poros. Entre sus sinónimos se encuentra el esfuerzo, aunque también se hace mención al trabajo, al empeño, al ajetreo y por si fuera poco, a la pena y a la angustia. Tendrían que tener su participación en la lista de equivalentes, la satisfacción, las lágrimas melancólicas del trayecto vivido, las carcajadas de la plenitud, la inmensidad de las alegrías y el contagio de los alientos.

    Además de su origen fisiológico, tiene su cabida cultural en el ámbito de la subjetividad y desde este se acopla el contacto social; si unos sudan todos pueden hacerlo. Podrían tomarse muchas imágenes de gotas del dolor, ¿cómo trasladarlas hacia otros portadores?, ¿por qué hacerlo, acaso las mismas no tendrían que evitarse y así fotografiar o registrar rostros o situaciones que muestren la humanidad en su esplendor?, ¿y si en vez de dirigir la vista hacia esa triste historicidad reunida en el sereno de cada amanecer se intenta ignorar su figura? Hay decisiones que indican posicionar los ojos hacia una dirección, sin embargo surgen las argumentaciones que dilatan tal acción o que intentan ocultar la nítida estampa que cohabita en el firmamento. De todas formas estando frente a las necesidades la memoria algún día pasará su rastro y activará la noción de la pasividad ante lo obviado y supuestamente olvidado. En vez de que así suceda hay otras posiciones que se dirigen hacia la empatía de los momentos que se viven, si las causas traen sensibles efectos, los hombros obedecen la sintonía de las miradas dispuestas a detectar lo que realmente acaece y a asumir la valentía innata que espera su paso turno para colaborar.

    ¿Qué papel ocupa el sudor en la vida social?, ¿qué juicios individuales se esbozan sobre su significado?; hay hechos que necesitan explicarse y hay otros que basta verlos a simple vista, estos últimos son las imágenes que hablan por sí solas, las que constituyen el lenguaje expresado adecuadamente a través de las formas exteriorizadas. Entonces, los procesos sensoriales hacen de las suyas, así lo que se muestra se siente y se retroalimenta con otros sentimientos y produce conciencia entre quienes se animan a ser partícipes de ese momento de sudor.

    El enfoque de las inspiraciones que producen transpiraciones debe tenerse en cuenta. Es el que invita a dar un paso más del propuesto, el que se encarga de comprender que hay razones para creer en las superaciones personales, el que alienta los vínculos que estimulan el entusiasmo y el deseo de materializar las ideas que los sostienen.

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    Publicado por jotaefeb | 2 agosto, 2017, 08:02

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