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Inaceptable tolerancia con la brutal dictadura de Maduro

Ya en los primeros meses de este año, Zeid Ra’ad, funcionario que ocupa la titularidad del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los DD.HH., expresaba –en su informe oficial anual ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU– la necesidad de que esta organización internacional de máxima representación realice los esfuerzos que estén a su alcance para lograr la liberación de los presos políticos en Venezuela, y reitere la exigencia al Gobierno dictatorial de que respete las libertades fundamentales de sus ciudadanos.

Relató que constantemente recibe denuncias serias, fundadas y demostradas, de detenciones arbitrarias, de intimidación de líderes de la oposición y de otras muchas formas de opresión ilegales, adicionando una noticia ya varias repetidas por muchos otros observadores que pasaron por ese país: la falta de independencia de los Poderes, así como de la vigencia de la ley y el orden y del respeto a los derechos humanos.

Mencionaba, además, la permanencia de los habituales mecanismos de tortura experimentados bajo estos regímenes, como “descargas eléctricas, bolsas de plástico con gases tóxicos, violencia sexual, golpes y amenazas de muerte”, etc., citados por observadores comisionados y por la disidente venezolana y directora ejecutiva del Instituto checo de estudios latinoamericanos –CASLA–, Tamra Sujú, que se halla bajo protección diplomática en la República Checa, luego de ser amenazada de muerte en su país natal.

En el tiempo transcurrido desde el informe del comisionado Zeid Ra’ad, la situación se ha agravado considerablemente en Venezuela, incrementándose las protestas y el descontento del pueblo con el régimen de Nicolás Maduro, que, a su vez, ha endurecido su brutal represión, al punto de contabilizarse hasta el momento más de 100 venezolanos muertos en las protestas públicas.

Todos los regímenes totalitarios –de derecha y de izquierda– coinciden en sus características, con el afán de perpetuarse en el poder, como lo hacía Stroessner en su época, cambiando constituciones y leyes para su exclusiva conveniencia. Ahora mismo, Maduro acaba de fraguar unas elecciones de “convencionales” que elaborarán una nueva Constitución, para darse más poderes a sí mismo y desplazar a las instituciones constitucionales. Por supuesto, la oposición venezolana no convalidó con su participación este nuevo abuso del gorila.

De hecho, el comisionado de las Naciones Unidas denunció cosas que ya conocemos y venimos afirmando en referencia a esa técnica común de las dictaduras, que se trasuntan en los actuales padecimientos de los venezolanos.

En síntesis, el atroz régimen de Nicolás Maduro viola los derechos humanos de los venezolanos, los oprime bárbaramente y los hambrea al máximo. Sin embargo, los organismos internacionales no van más allá de las reprensiones retóricas, como ocurre cuando se trata de Gobiernos de izquierda: no aplican las sanciones que todos ellos tienen contemplados en sus estatutos para quienes violan los derechos humanos y reprimen con violencia a sus pueblos.

El Mercosur es un claro ejemplo en este sentido, que tiene una “cláusula democrática” para expulsar a los Gobiernos que han atentado contra la democracia en sus países, como lo hace Maduro, pero cobardemente se niega, bajo distintos pretextos, a suspenderlo del organismo como lo hicieron sin pensar dos veces con el Paraguay, que actuó estrictamente en el marco de la Constitución al destituir, vía juicio político, a su entonces presidente, Fernando Lugo.

En la misma situación se encuentran la Organización de Estados Americanos (OEA) y la propia Naciones Unidas, de las que el dictador venezolano se burla con frecuencia, con palabras soeces.

Los países que se dicen realmente democráticos y comprometidos con los derechos humanos y las libertades dentro y fuera de sus fronteras deben mostrar algo más que una solidaridad verbal con el sufrido pueblo de Venezuela y reclamar la aplicación de las sanciones existentes para estos casos. Y al decir “realmente democráticos” no nos estamos refiriendo a hipócritas como Evo Morales, Daniel Ortega o el sanguinario Raúl Castro, quienes han sometido y someten a mayores escarnios al sistema democrático interamericano.

Se debe destacar la sensata posición que está adoptando el Gobierno paraguayo en el caso venezolano. Debe reforzarla con firmeza, reclamando que se pongan en vigencia las cláusulas democráticas para expulsar al régimen del dictador Maduro de todos los foros internacionales. Es hora de comenzar a poner fin –aunque sea con el aislamiento– a esta sanguinaria tiranía que a tiro limpio está sometiendo a todo tipo de sufrimientos y atropellos al hermano pueblo de Venezuela.

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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10 comentarios en “Inaceptable tolerancia con la brutal dictadura de Maduro

  1. Diplomacia e hipocresía

    Junio de 2012. El Congreso paraguayo lleva adelante el juicio político al entonces presidente de la República, Fernando Lugo, tal como lo establece el artículo 225 de la Constitución en los casos de “mal desempeño de sus funciones, por delitos cometidos en el ejercicio de sus cargos o por delitos comunes”. Cumplido el proceso y destituido Lugo, el Mercosur se reúne a fines de junio en Mendoza y, en trámite sumarísimo, suspende al Paraguay como socio fundador poniendo en ejecución la cláusula cuarta del Protocolo de Usuahia “sobre el compromiso democrático” de los estados parte. Según los socios reunidos en Mendoza, en el Paraguay se había roto el orden institucional.

    El sillón dejado vacante por nuestro país el 20 de junio no tuvo tiempo siquiera de enfriarse, porque 30 días después se sentaba allí Nicolás Maduro, el entonces canciller venezolano que había intentado acaudillar un alzamiento militar contra el Congreso paraguayo y que más tarde conduciría a Venezuela a una de sus crisis institucionales más severas de su historia con más de 120 muertos, decenas de presos políticos y la cancelación de los poderes de legislación nada menos que de la Asamblea Nacional -elegida por 14.385.349 venezolanos en diciembre de 2015-, transferidos por orden de Maduro al Tribunal Superior de Justicia, la “corte a la medida” del hoy dictador venezolano. Maduro gobierna por decreto ley y ha montado una constituyente que garantiza la “construcción” de una carta magna con representación corporativa y unicolor. Pero esto, el Mercosur parece no haberlo percibido.

    Hasta mediados de julio, con muertos tiñendo de sangre las calles de Caracas, con una Asamblea sitiada y profanada por bandas armadas y con un “señor de la guerra” desplegando su guardia nacional armada hasta los dientes, los comunicados del Mercosur estaban llenos de frases tan huecas como altisonantes, abundantes en condenas, exhortaciones y zarandajas por el estilo, que para lo único que sirvieron es para exacerbar la verborragia del inquilino del Palacio de Miraflores.

    Esta es la “rama política” del Mercosur, que mide con varas diferentes a sus integrantes. Paraguay, socio fundador y sede del tratado que lleva el nombre de Asunción, ha sido sometido a toda clase de humillaciones, en gran parte por la soberbia y la hipocresía de la trifecta que perpetró la sanción al Paraguay e integrada por Dilma Rousseff, destituida en juicio político por el Congreso brasileño; Cristina Fernández, acusada de corrupción en seis procesos judiciales cualquiera de los cuales podría mandarla a la cárcel y José Mujica, el que dijo que en el caso del Paraguay “lo político primó sobre lo jurídico”. Sin embargo, para actuar en el caso de Venezuela tuvieron pies de plomo.

    ¿Será porque en el tesoro venezolano duermen US$ 4.300 millones en bonos argentinos comprados en el mercado de deuda? ¿O que, al revés, Uruguay reclama el pago de una cuenta de US$ 100 millones por alimentos mientras Brasil calcula cómo salvar US$ 20.000 millones en negocios con Caracas? Diplomacia hipócrita y llena de falsedades es la que impregna al Mercosur, cuyo espíritu fundador está muerto y nadie le ha avisado.

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    Publicado por jotaefeb | 9 agosto, 2017, 09:01
  2. La Constituyente de Maduro

    Por Carlos Sánchez Berzaín

    La convocatoria de la Asamblea Constituyente en Venezuela como medio para perpetuar el gobierno de Nicolás Maduro, se ha convertido en un bumerán que pone en evidencia a las dictaduras del siglo XXI, haciendo visibles los gobiernos e individuos que respaldan y sostienen la barbarie del castrismo en Venezuela y resto de la región. La Constituyente de Maduro –con la violencia y fraude el día de votación– resultó una estrepitosa derrota para todas las dictaduras.

    Venezuela, el país petrolero más rico de las Américas, una de las democracias con mayor estabilidad en periodos de la Guerra Fría: la que daba asilo y protección a los perseguidos políticos del castrismo y de las dictaduras militares; el importante fundador y miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), país ejemplo de desarrollo y estabilidad fue llevado –con su propio dinero– a la crisis económica, política y social que vive hoy. La malversación y el uso corrupto de los recursos venezolanos por el castro-chavismo configuraron un país diferente, empobrecido, confrontado, intervenido, oprimido.

    Hugo Chávez se lo entregó a la dictadura cubana haciendo que con los recursos del petróleo venezolano el agonizante régimen castrista se expandiera bajo la máscara de izquierda, populismo, socialismo, movimiento bolivariano, proyecto ALBA…

    En Venezuela, donde la dictadura es resistida por un pueblo movilizado que no está dispuesto a seguir el camino por el que someten a Cuba desde hace 59 años, la lucha del pueblo y el liderazgo democrático llevaron a la gran derrota del régimen el 6 de diciembre de 2015 (6D), cuando la oposición ganó el control de la Asamblea Nacional, situación que en lugar de generar un proceso de reconciliación nacional motivó la puesta en ejecución de las más despreciables prácticas dictatoriales castristas.

    Tras su derrota del 6D y de la posesión de la Asamblea Nacional el 5 de enero de 2016, Maduro profundizó la dictadura para desconocer al Poder Legislativo. Endureció notoriamente las condiciones que ya violaban los elementos democráticos esenciales. Pues desde Chávez no existía división e independencia de los órganos del poder público, el “Estado de derecho” había sido suplantado por la voluntad del jefe.

    En condición terminal, Maduro convoca el 1º mayo de 2017 a una Asamblea Constituyente para liquidar a la Asamblea Nacional para institucionalizar un régimen dictatorial con organizaciones bajo su control. La protesta popular se volvió entonces permanente. Cada día el mundo recibía más pruebas sobre la dictadura castrista en Venezuela, su ferocidad en la violación de derechos humanos, crímenes, corrupción y condición de narco Estado. El mundo está informado y convencido de que solo la fuerza sostiene a Maduro en el poder.

    El secretario general de la OEA, Luis Almagro, quien ya había puesto en evidencia a la dictadura en 2016 con su primer informe sobre Venezuela, lideró la necesidad de que la OEA cumpla con sus principios y obligaciones de defensa de la democracia. México, Perú, Costa Rica, Argentina, Brasil, Estados Unidos y Canadá impulsaron el esfuerzo que pronto se extendió a Colombia, Chile, Panamá… Sin distinción ideológica estos gobiernos entienden que el tema de Venezuela es una lucha por la democracia y por los derechos humanos. La respuesta de parte de las dictaduras del siglo XXI fue la acción coordinada: Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua pasaron a la defensa frontal del régimen de Maduro apremiando el apoyo de los países de Petrocaribe que, manejados por el interés del petróleo venezolano manipulado por Cuba, dejaron vergonzosa evidencia de favores y sobornos.

    La crisis traspasó la región. España se pronunció contra la dictadura de Maduro y la Unión Europea exigió al régimen que cesara su intento de la Constituyente. La prensa internacional relata los crímenes diarios del régimen en Venezuela y el sacrificio del pueblo –con sus víctimas y héroes– en defensa de la libertad. La Conferencia Episcopal de Venezuela censuró frontalmente a la dictadura y se opuso a la Constituyente logrando que el Vaticano y el papa Francisco abandonen su apoyo al régimen. La ONU demuestra la penetración e influencia castrista, pero no queda indemne. Maduro acude a Putin y su condición de dictador queda más clara. Los congresos del mundo repudian su dictadura. Estados Unidos aumenta sanciones.

    Es la crónica de una dictadura que marca la derrota de todo un grupo en la región, pues además de Venezuela, quedan señaladas Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Saben que también están en evidencia y han hecho de Venezuela y de Maduro su trinchera de resistencia.

    Las imágenes de la votación para la Constituyente de Maduro demuestran la falta absoluta de respaldo popular, la decidida oposición del pueblo, la persistencia de la dictadura en el abuso y violación de los derechos humanos para simular democracia y suplantar la voluntad popular con fraude electoral y control del poder por la fuerza de las armas. Un Gobierno de facto haciendo fraude que con cifras y datos falsos trata de prorrogar por unos días su permanencia e impunidad, pero que solo hace más dura y pronta su caída.

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    Publicado por jotaefeb | 7 agosto, 2017, 07:44
  3. Maduro debe ser calificado como lo que es: un dictador
    ANDRÉS OPPENHEIMER

    A la luz de los trágicos acontecimientos en Venezuela, es hora de que los periodistas empecemos a llamar las cosas por su nombre, y nos refiramos al gobernante venezolano Nicolás Maduro como lo que es: un dictador.

    La mayoría de los medios periodísticos todavía se refieren a Maduro como “Presidente de Venezuela”, “Líder venezolano” o “Jefe de Estado de Venezuela”. Eso está bien en una primera referencia, pero no en todo un artículo, porque coloca a Maduro en el mismo nivel que la presidenta alemana Angela Merkel, o –incluso para quienes lo consideramos un pésimo presidente– Donald Trump.

    Según el diccionario de la Real Academia Espanola, un dictador es una “persona que se arroga o recibe todos los poderes políticos y, apoyada en la fuerza, los ejerce sin limitación jurídica”. El diccionario Merriam-Webster dice que un dictador es “una persona que gobierna un país con autoridad absoluta y a menudo de manera cruel o brutal”.

    No van a encontrar ninguna definición de dictador en ningún diccionario que no se aplique a Maduro. El asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, H. R. McMaster, estuvo en lo cierto cuando declaró que “Maduro no es sólo un mal líder: ahora es un dictador”.

    Maduro ha completado el trabajo iniciado por su predecesor, el fallecido Hugo Chávez, de desmantelar las instituciones democráticas de Venezuela.

    Después de ganar una elección altamente dudosa en 2013 con un 50.5 por ciento del voto, Maduro llenó su gabinete con generales corruptos, y escaló la represión de opositores políticos.

    En 2015, a pesar de la represion gubernamental y de la censura, la oposición ganó las elecciones legislativas por una avalancha de votos. Obtuvo una mayoría absoluta de dos tercios de la Asamblea Nacional, lo que le permitía despedir a ministros o cambiar la Constitución.

    Pero Maduro mediante argucias legales impidió que varios legisladores electos de la oposicion pudieran ocupar sus bancas, privando a la oposición de su mayoría absoluta. Y poco después ordenó ampliar el Tribunal Supremo de Justicia con 13 nuevos jueces. Desde entonces, ha utilizado el TSJ para reducir gradualmente todos los poderes de la Asamblea Nacional de mayoria opositora.

    Ahora, Maduro ha decidido quemar las naves: convocó una elección fraudulenta del 30 de julio para crear una Asamblea Constituyente que redacte una nueva Constitución, con la cual se cerraría la actual Asamblea Nacional.

    La votación de la Asamblea Constituyente fue una farsa: como en Cuba, sólo se podía votar por partidarios del gobierno. Los 5,500 candidatos eran oficialistas. No había observadores internacionales creíbles, y los reporteros tenian que permanecer a 500 metros de los lugares de votación.

    Lo que es más, la propia empresa encargada del conteo electrónico de los votos, Smartmatic, anuncio poco despues que el gobierno de Maduro había manipulado el recuento de votos, y agregado por lo menos 1 millón de votos falsos. Según documentos del Consejo Nacional Electoral revelados por la agencia Reuters, sólo 3.7 millones de personas habían votado hasta las 5:30 de la tarde, menos de la mitad de los que dijo el gobierno de Maduro.

    Si todo eso no es ser un dictador, ¿qué es?. Y en cuanto a la otra parte de la definición, según la cual los dictadores suelen gobernar “de manera cruel o brutal”, tampoco puede haber dudas: han muerto por lo menos 120 personas durante las protestas callejeras durante los últimos cuatro meses.

    Por supuesto, Maduro no es el único déspota al que los periodistas raramente identificamos como “dictador”.

    Nuestros manuales de estilo nos exigen abstenernos de usar adjetivos en las páginas de noticias, y reservarlos para las secciones de opinión. Y, además, tenemos una larga tradición de referirnos a los dictadores como “presidentes” mientras están en el poder, y pasar a llamarlos “dictadores” apenas se mueren, o son derrocados.

    Hicimos eso con el dictador derechista Augusto Pinochet en Chile, y con el dictador izquierdista Fidel Castro en Cuba. Y lo seguimos haciendo hoy con el cubano Raúl Castro. ¿Hay alguna duda de que es un dictador?

    Es hora de cambiar todo eso. Llamar a estas personas “dictadores” no es una cuestión de opinión. Es un hecho. Y si no están de acuerdo, los invito a mostrarme una definición de dictador de cualquier diccionario que no se aplique a estos personajes.

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    Publicado por jotaefeb | 5 agosto, 2017, 16:05
  4. La creciente soledad de Nicolás Maduro

    Por Andrés Oppenheimer

    La decisión del gobernante venezolano Nicolás Maduro de encarcelar a los líderes de la oposición Leopoldo López y Antonio Ledezma no lo ayudará a consolidar su régimen. Por el contrario, podría ser contraproducente.

    A juzgar por lo que escucho de los diplomáticos latinoamericanos y estadounidenses, el encarcelamiento de los dos opositores internacionalmente conocidos –que estaban bajo arresto domiciliario– ha enfurecido a jefes de Estado de todo el mundo.

    Los arrestos del 1 de agosto, así como la revelación un día más tarde por el presidente de la empresa de tecnología electoral Smartmatic que el régimen venezolano había manipulado el conteo de los votos realizado por la firma en la votación del 30 de julio para una Asamblea Constituyente, animarán a varios países a tomar una postura más firme contra la dictadura de Maduro.

    “Tendrá un impacto importante”, me dijo el canciller chileno Heraldo Muñoz en una entrevista telefónica, refiriéndose al regreso a prisión de los dos líderes opositores. “Esto no puede continuar. No puede haber más arrestos y violación al Estado de derecho”.

    López, que estudió en Harvard y fundó el partido opositor Voluntad Popular, es el prisionero político más conocido de América Latina.

    Su esposa, Lilian Tintori, expresentadora de televisión, ha estado dirigiendo una campaña internacional para su liberación desde que fue encarcelado por primera vez, en 2014. Tintori se ha reunido, entre otros, con el presidente Trump y los líderes de Brasil, Argentina, Perú, para contarles la historia de su esposo y pedirles más presión internacional para un retorno de la democracia en Venezuela.

    Es difícil no conmoverse ante la historia de López. Durante su estadía de tres años en una prisión militar, hasta que le concedieron un arresto domiciliario hace tres semanas, muchas veces le negaron el permiso para ver a sus hijos Manuela, de 8 años, y Leopoldo, de 4. En un video pregrabado y dado a conocer por su familia tras su regreso forzado a la cárcel esta semana, López –tomado de la mano con su esposa– anunció que la pareja está esperando un tercer hijo.

    Y Ledezma también es una figura muy conocida internacionalmente. Fue el alcalde democráticamente elegido de Caracas, hasta que el fallecido presidente Hugo Chávez inventó un distrito por encima de la capital, y le quitó todas sus funciones al legítimo alcalde de la ciudad.

    Cuando los cancilleres de los países más grandes de América Latina se reúnan el 8 de agosto en Lima, Perú, para discutir la crisis venezolana, seguramente van a reaccionar con mayor firmeza ante los últimos acontecimientos.

    Puede que más países adopten medidas financieras e inmigratorias contra altos funcionarios venezolanos, como lo hizo Estados Unidos. Otros, como Chile, seguirán presionando por una mediación creíble en Venezuela, pero esta vez agregando –como me dijo Muñoz– la exigencia de que cualquier negociación sea para “permitir el retorno de un orden democrático que ha sido quebrantado”.

    Los escépticos dicen que nada de esto ayudará a derribar al gobierno de Maduro, y que las últimas medidas del dictador venezolano demuestran que ha decidido quemar las naves, y convertir al país en una nueva Cuba.

    Sin embargo, no creo que pueda salirse con la suya. Venezuela no es una isla, como Cuba. Y no estamos en 1959, cuando había una Unión Soviética con ganas de financiar a gobiernos antiestadounidenses quebrados.

    A diferencia de lo que sucedió en Cuba después de la revolución de 1959, las encuestas muestran que cerca del 80 por ciento de los venezolanos culpan a Maduro por la tragedia económica de Venezuela.

    Y, lo que es más importante, a diferencia de Cuba, el instinto democrático del pueblo venezolano sigue asombrosamente vivo, a pesar de casi dos décadas de propaganda gubernamental y censura a los medios. Más de 120 personas han muerto en protestas callejeras recientes, y todavía hay muchos venezolanos que se suman a las manifestaciones de la oposición.

    El nuevo arresto de López y Ledezma y la farsa electoral de la Asamblea Constituyente no ayudarán a Maduro a ganar tiempo y debilitar las protestas callejeras. Lo más probable es que ocurra lo contrario: que encolericen aún más a la comunidad internacional, y a la valiente oposición interna en Venezuela.

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    Publicado por jotaefeb | 5 agosto, 2017, 08:15
  5. Espejos

    Por Danilo Arbilla

    Una mayoría de argentinos piensa que Venezuela es el espejo de lo que habría llegado a ser la Argentina de no haber ganado Mauricio Macri y de haber continuado el “proyecto bolivariano” del kirchnerismo, tal cual le llaman.

    Visto así, entonces, habrían motivos para que los argentinos comiencen a preocuparse. Según las encuestas con vistas a las PASO (elecciones “primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias”) del próximo 13 de agosto, Cristina Fernández de Kirchner cuenta con el apoyo de un tercio de los votantes para ser electa senadora por la Provincia de Buenos Aires. Es cierto que la mayoría de la gente la rechaza: apoyan a Cambiemos (macrismo) o al peronismo disidente antikirchnerista, pero si en las elecciones legislativas de octubre próximo se confirman esos porcentajes, el panorama político argentino variaría sustancialmente.

    La hoy multiprocesada y multisospechada Cristina pasaría a ser casi totalmente impune y no solo por los “fueros parlamentarios”.

    ¿Qué juez se va a animar a procesarla?

    No lo han hecho hasta ahora, mucho menos después de semejante mensaje electoral. Esto es lo que se dice, al tiempo que se compara con lo de Brasil: “con mucho menos procesaron a Lula”, se afirma.

    Mucho señalan como culpable de ello al presidente Macri y sostienen que influyó para que Cristina no fuera presa, porque especulaba con que su presencia le favorecía para una “polarización” en las Legislativas .

    Aparentemente le salió el tiro por la culata y la favorecida es Cristina.

    Ocurre que la gente vota no por lo que fue ayer sino en función de lo que hay hoy.

    Decididamente, arreglar lo que dejó el kirchnerismo tiene sus costos, pero el que los paga es Macri. Hoy su imagen es negativa (-12) y está en baja, al igual que el índice de confianza en el gobierno ubicado en 2,24 en escala de 0 a 5.

    Como que la “polarización” suma para Cristina. Y puede ser peor y de ahí la preocupación de los argentinos: si la expresidenta, por muy multiprocesada y multisospechada que esté, sale senadora y su liderazgo fortalecido, el horizonte se presente bastante oscuro para lo que resta del gobierno de Macri.

    Tres datos de la realidad: se fortalecerá el sindicalismo peronista-kirchnerista con el consiguiente aumento de la agitación social (que ya no es poca). Se debilitará el peronismo no kirchnerista, que ayudaba en el Parlamento. Y muy especialmente se encarecerá el crédito para la Argentina, lo que implicará un costo extra para la actual administración que debe recurrir a aquel para hacer más suave el ajuste para salir de los desaguisados del kirchnerismo.

    Es curioso, el modelo bolivariano que muestra un rotundo fracaso en su país de origen podría en cambio renacer en la Argentina.

    Es que hay cosas que dependen de la suerte, como lo es llegar en el momento oportuno, y otras que están mas sujetas a decisiones propias, como lo es retirarse a tiempo (o que los echen en el momento justo, aunque en esto también juega la suerte).

    Pasa en América con el populismo de izquierda y progresista. Llegó en el momento justo (cuando la economía regional se favorecía de un vendaval externo inédito), y hubo quienes se fueron a tiempo (Chávez, Néstor Kirchner y Lula en diferente circunstancia), o solo muy poco después, como pasa con Cristina.

    En Venezuela, sin embargo, es el país donde se está dando el ciclo completo a cargo del “progresismo”. Es cierto que Chávez murió antes, pero dejó a su heredero –Nicolás Maduro– y al bolivarismo a pleno.

    A no equivocarse: lo que hoy pasa en Venezuela con Maduro y Diosdado Cabello es espejo de lo que hubiera pasado si Chávez aún viviera, como a la vez es espejo de lo que sería Brasil si Lula hubiera seguido en el gobierno o lo que sería Argentina si estuviera Néstor Kirchner o hubiera seguido su esposa Cristina uno o dos años más.

    Lo que ocurre es que el votante, como dijimos, se mira en otros espejos: en los que se refleja su situación al día de hoy sin tomar mucho en cuenta los “por qué” de lo que está viendo.

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    Publicado por jotaefeb | 4 agosto, 2017, 09:57
  6. ¿Qué esperan?

    Por Danilo Arbilla

    El Mercosur, según parece, ahora está a la espera de una respuesta del gobierno venezolano para una instancia de diálogo, dentro de lo previsto en el Protocolo de Ushuaia (cláusula democrática), y en el que además debería participar la Asamblea Nacional legislativa venezolana.

    Que esperen sentados.

    Nicolás Maduro en estos días está en otras cosas y no en ocuparse del Mercosur, en el que, además, cuenta con la efectiva defensa del gobierno de izquierda uruguayo que encabeza Tabaré Vázquez.

    Y eso es así.

    Frente a la definida posición paraguaya, cuyo canciller Eladio Loizaga no la va con eufemismo (“en Venezuela hay una ruptura del proceso democrático (con) violación de los derechos humanos, de la libertad de expresión, de manifestación…”), y la firme línea de Argentina y Brasil en ese mismo sentido, Vázquez igual consiguió que en la reciente reunión cumbre de Mendoza no se condenara al régimen de Maduro, el que ya lleva 103 muertos y mete preso hasta a aquellos jueces que se han hartado de ser obedientes y pusilánimes.

    La declaración no condena y, por supuesto, llama al diálogo, al fin de la violencia, a que no haya presos y en fin, solo le faltó incluir que más vale ser rico y sano que pobre y enfermo. Hasta el papa Francisco la firmaría.

    Para Vázquez, lo de Venezuela se trata de una “democracia autoritaria”, de una democracia “a la que no estamos acostumbrados”, pero en la que funcionan normalmente (?) los tres poderes”. Y así lo ha dicho y sostenido, ignorando incluso que en Venezuela hay cinco poderes (cosas de la Constitución chavista).

    Pero con esos argumentos, y el de la no intervención, Vázquez y la izquierda uruguaya (el Frente Amplio) han sido la salvación de Venezuela. Por lo menos dentro del Mercosur: han impedido que lo echen, y han conseguido que las declaraciones no sean tan duras.

    Resulta casi increíble que enarbolen el principio de no intervención en defensa de un gobierno y un país que ingresó al Mercosur por la ventana, como consecuencia de una de las mayores intervenciones en asuntos interno de un país (Paraguay) perpetrada por los entonces presidentes Cristina Kirchner de Argentina, Dilma Rousseff de Brasil y José Mujica de Uruguay.

    Estos, pese al esfuerzo que realizaron, no pudieron, sin embargo, reponer al presidente Fernando Lugo, enjuiciado y destituido por el Congreso, de la misma forma que fracasó el entonces canciller de Chávez, Nicolás Maduro, en convencer a los generales paraguayos a que desconocieran la decisión legislativa. (Y Vázquez habla de no intervención para defender a Maduro; suena a burla).

    Pero aquellos tres mosqueteros –Cristina, Dilma y el Pepe– se dieron el gusto y suspendieron a Paraguay al mismo tiempo que abrieron la puerta de atrás para que el Comandante Chávez ingresara al Mercosur. Todo un proceso muy vergonzoso.

    A Venezuela le duró poco, ya está suspendida –que menos– pero debería estar echada. Esto es lo que sostiene Paraguay, y no difieren mucho en ello los gobiernos de Argentina y Brasil.

    ¿Que pasó? Se esperaba que en esta instancia el Mercosur continuara en la vanguardia por la restauración de la democracia en Venezuela.

    ¿Tanto es el peso de Uruguay?

    No es eso. Me lo explicó un diplomático que estuvo en Mendoza. Ni Argentina ni Brasil tienen dudas sobre Venezuela, el problema es de tiempo y prioridades. Condenar de una vez por todas al gobierno venezolano implica asumir una actitud más beligerante en procura de una salida democrática (es decir: la caída de Maduro y del chavismo).

    Hacerlo requiere atención, sin dudas, y el hecho es que Michel Temer hoy está concentrado en cómo seguir en la Presidencia en Brasil, y Mauricio Macri, por su lado, en cómo ganarle a Cristina Kirchner en las elecciones legislativas de octubre próximo.

    Bendice el Papa, amaga la UE, calla el Mercosur, pelea como puede el Secretario de la OEA, y Maduro, al mejor estilo de su colega de Siria, arrasa con todo. Y mientras tanto se está a la espera.

    ¿A la espera de qué?

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    Publicado por jotaefeb | 2 agosto, 2017, 17:55
  7. El regalo que le hizo la CIA a Nicolás Maduro

    No es ningún secreto en Washington que el gobierno de Trump es el más inexperto e inepto en política exterior que se recuerde en la historia reciente, pero lo que hizo el director de la CIA, Mike Pompeo, cuando hablaba sobre Venezuela es una estupidez mayúscula incluso bajo los parámetros del actual gobierno estadounidense.

    Cuando se le preguntó acerca de la crisis venezolana en la Conferencia de Seguridad de Aspen del 20 de julio, Pompeo dijo a la audiencia que estaba trabajando duro para el restablecimiento de la democracia en Venezuela. Y añadió que “yo estuve en Ciudad de México y Bogotá hace dos semanas, hablando de este tema, tratando de ayudarles a entender lo que podrían hacer, para que puedan obtener un mejor resultado para su parte del mundo y nuestra parte del mundo”.

    Poco después, los comentarios de Pompeo estaban en YouTube. Y Maduro –que lleva años intentando culpar a la CIA por el desastre económico de su gobierno en Venezuela– hizo una fiesta.

    “Estados Unidos conspira contra Venezuela, confirma el jefe de la CIA”, decía un gran titular en Telesurtv.net, la red de televisión patrocinada por Venezuela y Cuba que se transmite por toda Latinoamérica.

    Horas más tarde, el propio Maduro estaba en la televisión aprovechando la metida de pata de Pompeo y atacando a los gobiernos de México y Colombia. Ambos gobiernos han estado activos en los esfuerzos diplomáticos latinoamericanos para presionar a Maduro para que restablezca el orden democrático en Venezuela.

    “La CIA y el gobierno de Estados Unidos trabajan en colaboración directa con el gobierno mexicano y el gobierno colombiano para derrocar al gobierno constitucional en Venezuela e intervenir en nuestra amada Venezuela”, dijo Maduro.

    El presidente venezolano –que, ya que estamos hablando de intervenciones extranjeras, ha permitido que su país esté siendo prácticamente dirigido por Cuba— añadió: “Exijo al gobierno de México y al gobierno de Colombia que aclaren las declaraciones de la CIA”. México y Colombia emitieron declaraciones oficiales diciendo que no forman parte de ningún complot de la CIA para derrocar a Maduro.

    Pero para algunos de los venezolanos y latinoamericanos que miran Telesur y creen la narrativa de que la CIA todavía hoy en día se dedica a derrocar presidentes en América Latina, las palabras de Pompeo sonaron como campanas de alarma.

    En el mismo discurso de televisión, Maduro afirmó que las “oligarquías” mexicanas y colombianas están conspirando con “el imperio norteamericano” para apoderarse de las reservas de petróleo de América Latina. Por supuesto que Maduro estaba ignorando el hecho de que el petróleo vale cada vez menos, que Estados Unidos tiene un superávit de petróleo y que las nuevas tecnologías de energía están avanzando tan rápido que incluso Arabia Saudita está planeando pasar de ser un productor de petróleo a uno de energías limpias.

    Siguiendo el guión cubano, Maduro necesita desesperadamente culpar a Estados Unidos por el desastre que ha hecho y la debacle de su país. Según las nuevas proyecciones del Fondo Monetario Internacional, la economía venezolana caerá un 12 por ciento este año, y la inflación llegará a 720 por ciento a finales de 2017. Hay una escasez generalizada de alimentos y medicinas, y más de 100 personas han muerto en los últimos tres meses en manifestaciones contra el gobierno.

    Mi conclusión: Para ser justos, no habría nada de malo en que Pompeo fuera a México y Colombia a compartir información de inteligencia estadounidense sobre el tráfico de drogas y los vínculos con terroristas islámicos de altos funcionarios venezolanos. Eso es lo que se supone debe hacer un director de la CIA.

    Pero en lugar de hacer declaraciones vagas que le permitieron a Maduro alimentar sus teorías conspirativas, el director de la CIA debería tratar de divulgar información estadounidense sobre la corrupción masiva de la elite gobernante de Venezuela.

    Por ejemplo, ¿por qué no da a conocer quienes recibieron los US$ 98 millones en sobornos que, según el Departamento de Justicia de Estados Unidos, fueron pagados por la firma constructora Odebrecht a funcionarios venezolanos en los últimos años? Eso hubiera sido mucho más inteligente que regalarle excusas a Maduro para hacerse la víctima.

    Por Andrés Oppenheimer

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    Publicado por jotaefeb | 2 agosto, 2017, 17:55
  8. Justicia

    El grave deterioro institucional progresivo y constante de muchas de nuestras democracias ha llevado a un camino sin retorno que se ha zanjado en tiempos de prosperidad con populismos y gobiernos neofascistas y, ahora, con represión y muertos. Una vez que pasó el carnaval comenzaron a ser más que evidentes los signos de una resaca que no podía celebrarse más con periódicos referéndums y se pasó a la coerción más evidente contra toda forma de oposición que emergiera. Ahora estamos en el desarrollo siguiente, que es ocultar las distintas formas de corrupción que se han dado durante ese periodo y que emergen como borra sobre la superficie en unas aguas cada vez más turbias y putrefactas. Ante el inminente riesgo que eso supone para la continuidad de estos gobiernos la clave es someter a la justicia a formas bastardas y ruines.

    Lo que acontece en Venezuela con dos cortes supremas de 33 miembros, a la que una de ellas (contraria al régimen) el gobierno de Maduro como respuesta afirma que los “apresará uno por uno”; y la otra, al servicio del poder dictatorial, que no duda en dictar fallos solo favorables para sostener al régimen, provoca que se debata una sociedad anómica que solo tiene tiempo para contar sus muertos que ya superan en ese país caribeño el centenar.

    En otra parte del subcontinente surgen signos de esperanzas, como lo que acontece en Brasil, con una justicia que parece convencida de que la única manera de salvar “al Estado de derecho” –como tambien se define a la democracia– es con sanciones ejemplares a los que han decepcionado en sus cargos de mandatarios. No ha temido el juez Moro, en un país de sicarios y violentos, donde anualmente se suman los muertos por homicidio en más de 55 mil, a dictar fallos incluso contra figuras otrora populares como Lula. Por un lado una Justicia obsecuente y servil en varios países del denominado “socialismo del siglo XXI” y por el otro, evidencias esperanzadoras que permiten tener confianza en el futuro de la democracia subcontinental.

    En el medio, una ciudadanía que sobrevive a como sea a los efectos directos de la ausencia de justicia económica y social, y que se proyecta con claridad en un sistema político que no logra establecer una institucionalidad que funcione en provecho de todos porque sencillamente eso perjudicaría a sus intereses de continuar en su posición de poder.

    Esta crisis ha permitido por primera vez tener una perspectiva más acabada de la corrupción. Fue como si un drone sobrevolara sobre edificios levantados con mampostería de utilería, pero que en el fondo se pudiera observar con claridad el estado putrefacto y abandonado en que se encontraban los compartimentos interiores. Sabemos más sobre lo que ya teníamos percepción de su forma, pero no creo que nadie hubiera podido dimensionar el tamaño de la corrupción como la que se nota en Brasil y el grado de perversión que se observa en Venezuela.

    Hay que recuperar el sentido de justicia en nuestras labores cotidianas y proyectarlo luego a nivel institucional. O la justicia real corrige los excesos o, por el contrario, agrava aún más los efectos de una crisis que ahora solo incrementa el número de muertos.

    Benjamín Fernández Bogado

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    Publicado por jotaefeb | 2 agosto, 2017, 17:27
  9. Muerte

    Benjamín Fernández Bogado
    La parca ha salido a la cacería de los valientes defensores de lo poco que queda de democracia en Venezuela. Más de 100 muertos a lo largo de una corajuda demostración de hastío, cansancio y repudio a un régimen que usó los símbolos de la patria de Bolívar para acabar con toda forma de disenso y rechazo a lo que es hoy el gobierno de Maduro: una dictadura. La cita del domingo es una síntesis de lo peor que pueden alcanzar los detentadores del poder circunstancial. Mintieron sobre las cifras de participación, hirieron, mataron, se burlaron de la voluntad popular y acabaron convirtiendo a Venezuela en un territorio paria de nuestra América Latina. Triste final para los que creen que esto será eterno y que no tendrá consecuencias para ellos. Acabaron con toda forma de resolución cívica y democrática al convocar una fraudulenta convención constituyente cuyo único objetivo es acabar con el congreso opositor y en su camino allanar la dictadura de Maduro con atributos seudoconstitucionales. Los bolivarianos han perdido la más dura de las batallas: la de la dignidad y de eso no se vuelve.

    Han mostrado sus verdaderos objetivos matando a los que se levantaron contra los usurpadores del poder. Dotaron al poder militar y paramilitar de los recursos y armas para cumplir su deleznable objetivo y en el camino los volvieron cómplices de lo peor haciéndolos parte del botín que en nombre del pueblo administran. Venezuela está hoy en peores circunstancias que cualquier nación africana en sus más obscuros momentos. Toda la larga tradición de respeto jurídico, de construcción de un país con valores cívicos como los preconizados por Andrés Bello, ese venezolano universal que tanto bien les hizo a los chilenos en particular y a América Latina en general, es solo un recuerdo.

    Al acabar con toda fórmula de dilucidación pacífica del conflicto político en el que han metido a Venezuela, al pueblo no le queda otra opción que resistir y será por la fuerza aquello que no ha podido conseguirse por la razón. Es probable que un oscuro pero valiente miembro de las Fuerzas Armadas de ese país encabece una rebelión contra sus jefes asumidos mercaderes de los peores vicios del planeta. Será tal vez el corajudo pueblo venezolano que expíe en las calles, en la resistencia más plena los peores demonios que han venido a regir sus destinos desde el palacio de Miraflores… o quizás sea la presión internacional –bastante reticente y ambigua por no decir tibia– la que haga que las cosas vuelvan al cauce de la democracia y allane el camino hacia la libertad.

    Hoy Venezuela es un país secuestrado por un poder criminal que no teme las consecuencias de la muerte. No se asombra ante ella ni se persigna ante los caídos. No le importa lo que esto suponga porque el mantenimiento del poder a como sea ha pasado a ser la cuestión central del gobierno de Maduro.

    Hay hedor a cadáveres en las calles de una doliente Venezuela fracturada por un gobierno indolente, brutal y por sobre todo asumidamente criminal. Es hora de decir basta a este paseo de la muerte por nuestra Venezuela común.

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    Publicado por jotaefeb | 2 agosto, 2017, 07:27
  10. Trump subcontrató su política hacia Venezuela

    Por Andrés Oppenheimer

    La crisis venezolana ha dejado claro que la administración Trump ha subcontratado su política de Sudamérica al senador estadounidense Marco Rubio. Es una mala idea, incluso para quienes tengan una opinión positiva del senador republicano de la Florida.

    Las últimas sanciones de la administración Trump contra 13 funcionarios venezolanos involucrados en violaciones a los derechos humanos y corrupción ilustran el caso. Las sanciones, que incluyen la retirada de visas y la congelación de bienes en Estados Unidos, habían sido sugeridas por Rubio a la Casa Blanca.

    Rubio y el senador demócrata Bob Menéndez enviaron una carta a Trump el 25 de julio pidiendo sanciones personalizadas contra 10 funcionarios y ex funcionarios venezolanos. El 26 de julio, poco después de las 6 de la mañana, Rubio anunció en un tuit –antes que la Casa Blanca– que “Hoy será un mal día para 13 colaboradores del esfuerzo de Nicolás Maduro por destruir la democracia en Venezuela”.

    Seis horas más tarde, el gobierno de Trump anunciaba las sanciones contra 13 figuras del régimen de Maduro, incluyendo 10 de la lista presentada por Rubio y Menéndez.

    El anuncio fue hecho por la Casa Blanca y el Departamento del Tesoro. Curiosamente, no hubo un anuncio del Departamento de Estado, ni declaraciones del secretario de Estado Tillerson.

    Llamé al Departamento de Estado para ver si me había perdido sus últimas declaraciones sobre Venezuela, pero me informaron que no había habido ninguna en los últimos días. Hice una búsqueda en Google del nombre de Tillerson y Venezuela, y tampoco encontré nada en los últimos días, a pesar de que la crisis venezolana ha dejado por lo menos 105 muertos en las últimas semanas.

    Rubio surgió como un factor clave en la política hacia Venezuela en febrero, cuando organizó una reunión entre Trump y Lilian Tintori, la esposa del entonces encarcelado líder opositor Leopoldo López. Rubio también ha sido una figura clave detrás de las medidas parcialmente simbólicas de Trump para revertir la apertura del ex presidente Obama hacia Cuba.

    No hay nada de malo en que Trump reciba el consejo de Rubio, quien preside el Subcomité del Hemisferio Occidental del Senado, excepto por el hecho de que el presidente de Estados Unidos ha dejado totalmente de lado al Departamento de Estado.

    Eso impide que Trump reciba el punto de vista de los diplomáticos estadounidenses, que pueden ver las cosas desde una perspectiva diferente a la del senador.

    Por ejemplo, Rubio ha sugerido que Estados Unidos imponga un embargo petrolero a Venezuela si Maduro continúa con sus planes de reemplazar la Constitución por otra como la cubana. Pero la opinión de Rubio puede estar influenciada por su deseo de complacer al creciente grupo de exiliados venezolanos en la Florida, cuyos votos necesitará en las próximas elecciones.

    Las principales figuras de la oposición venezolana me dicen que un embargo petrolero estadounidense sería una pésima idea. Al igual que sucedió en Cuba, alimentaría la narrativa de Maduro según la cual Venezuela es una víctima del “imperialismo“, y rompería el bloque de más de una docena de países latinoamericanos que exigen que Maduro restablezca la democracia en Venezuela. Ese bloque diplomático se derrumbaría inmediatamente si Estados Unidos impusiera un embargo petrolero que afecte a todos los venezolanos.

    Además, dejar al Departamento de Estado fuera de juego significa que Estados Unidos no está usando su pleno poder diplomático –incluyendo sus 19 embajadas con miles de diplomáticos en América Latina– para convencer a otros países a adoptar sanciones diplomáticas colectivas contra el régimen venezolano.

    La razón por la cual Rubio se ha convertido en el principal asesor de Trump en asuntos sudamericanos es simple: Rubio es miembro del Comité de Inteligencia del Senado, que está investigando la interferencia de Rusia para ayudar a ganar a Trump en las elecciones del año pasado. Y a juzgar por los tuits de Trump, la investigación de Rusia es el tema que más le preocupa.

    Pero esa es una desafortunada razón para delegar la crisis más grande de este hemisferio a un senador. Marginalizar a la diplomacia estadounidense no ayudará a crear una sólida coalición internacional para ayudar a restablecer la democracia en Venezuela.

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    Publicado por jotaefeb | 1 agosto, 2017, 09:03

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