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El evangelio del domingo: La cizaña de la mala doctrina

Hoy meditamos el evangelio según San Mateo 13, 24-43. La parábola no ha perdido nada de actualidad: muchos cristianos se han dormido y han permitido que el enemigo sembrara la mala semilla en la más completa impunidad. Han surgido errores sobre casi todas las verdades de la fe y de la moral. Cómo hemos de estar vigilantes, con nosotros y con quienes de alguna manera dependen de nosotros, con aquellas publicaciones, programas de televisión, lecturas, etc., que son una verdadera siembra de error, de mala doctrina.
Cómo hemos de cuidar los medios a través de los cuales nos llega la formación, la sana doctrina. Es necesario velar día y noche, y no dejarse sorprender; vigilar para poder ser fieles a todas las exigencias de la vocación cristiana, para no dar cabida al error, que pronto lleva a la esterilidad y al alejamiento de Dios. Vigilancia sobre nuestro corazón, sin falsas excusas de edad o de experiencia, y sobre aquellas personas que Dios nos ha encomendado.

El papa Francisco a propósito del evangelio de hoy dijo: “La misión –de acuerdo a cada carisma particular– es la que nos recuerda que fuimos invitados a ser levadura de esta masa concreta. Es cierto, podrán existir ‘harinas’ mejores, pero el Señor nos invitó a leudar aquí y ahora, con los desafíos que se nos presentan. No desde la defensiva, no desde nuestros miedos, sino con las manos en el arado ayudando a hacer crecer el trigo tantas veces sembrado en medio de la cizaña.

Poner a Jesús en medio de su pueblo es tener un corazón contemplativo capaz de discernir cómo Dios va caminando por las calles de nuestras ciudades, de nuestros pueblos, en nuestros barrios. Poner a Jesús en medio de su pueblo, es asumir y querer ayudar a cargar la cruz de nuestros hermanos. Es querer tocar las llagas de Jesús en las llagas del mundo, que está herido y anhela, y pide resucitar.

[…] El mal en el mundo no proviene de Dios, sino de su enemigo, el Maligno. Es curioso: él va de noche a sembrar la cizaña, en la oscuridad, en la confusión… Donde no existe la luz, él va y siembra la cizaña. Este enemigo es astuto: ha sembrado el mal en medio del bien, de manera que es imposible para nosotros hombres separarlos netamente; pero al final, Dios podrá hacerlo. Él se toma el tiempo.[…] A veces nosotros tenemos una gran prisa en juzgar, clasificar, poner de un lado a los buenos, y del otro a los malos… Pero acuérdense de la oración del hombre soberbio:

‘Te agradezco, Dios, porque yo soy bueno y no soy como ese otro que es malo’. Dios en cambio sabe esperar. Él mira en el campo de la vida de cada persona con paciencia y misericordia: ve mucho mejor que nosotros la suciedad y el mal, pero también ve los retoños del bien y espera con confianza que maduren.

Dios es paciente, sabe esperar. ¡Que hermoso es esto! Nuestro Dios es un padre paciente, que nos espera siempre, y nos espera con el corazón en la mano para acogernos, ¡para perdonarnos! Nos perdona siempre si vamos hacia Él…

[…] Gracias a esta paciente espera de Dios la misma cizaña, o sea, el corazón malvado con tantos pecados, al final puede convertirse en semilla buena. Pero atención: la paciencia evangélica no es indiferencia al mal; no se puede hacer confusión entre bien y mal.

Frente a la cizaña presente en el mundo el discípulo del Señor está llamado a imitar la paciencia de Dios, a alimentar la esperanza con el apoyo de una inquebrantable confianza en la victoria final del bien, o sea, de Dios.

Al final, de hecho, el mal será arrancado y eliminado: al tiempo de la cosecha, o sea del juicio, los cosechadores seguirán la orden del propietario separando la cizaña para quemarla.

En aquel día de la cosecha final el juez será Jesús, Aquel que ha sembrado la semilla buena en el mundo y que se ha vuelto Él mismo ‘semilla’, ha muerto y resucitado.

Al final todos seremos juzgados con la misma medida. ¿Con cuál? ¿Con cuál medida? Con la misma medida con la que hemos juzgado: la misericordia que habremos tenido para con los demás será usada también con nosotros.

Pidamos a la Virgen, nuestra Madre, que nos ayude a crecer en la paciencia, en la esperanza y en la misericordia con todos los hermanos”.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, y http://www.es.catholic.net)

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

4 comentarios en “El evangelio del domingo: La cizaña de la mala doctrina

  1. Purificar nuestro corazón, quitando las rocas y los espinos que ahogan su Palabra

    16 de jul de 2017
    Palabras del Papa antes del rezo del Angelus, este domingo, sobre la parábola de la semilla.
    Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

    Jesús cuando hablaba usaba un lenguaje sencillo, e utilizaba también imágenes que eran ejemplos de la vida cotidiana, de modo de poder ser comprendido fácilmente por todos. Por eso lo escuchaban con gusto y apreciaban su mensaje, que llegaba derecho a los corazones. Y no era aquel lenguaje difícil de entender, el que usaban los doctores de la ley de ese tiempo, que no se entendía bien, lleno de rigidez, y que alejaba a la gente. Y con este lenguaje Jesús hacía comprender el misterio del Reino de Dios. No era una teología complicada. Y un ejemplo es lo que hoy nos presenta el Evangelio: la parábola del sembrador (cf. Mt 13,1-23). El sembrador es Jesús. Notamos que, con esta imagen, Él se presenta como uno que no se impone sino que se propone; no nos atrae conquistándonos, sino donándose. Arroja la semilla. Él propaga con paciencia y generosidad su Palabra, que no es una jaula o una trampa, sino una semilla que puede dar frutos. ¿Cómo puede dar frutos? Si nosotros la recibimos.

    Por eso la parábola tiene que ver sobre todo con nosotros: habla, de hecho, del terreno más que del sembrador. Jesús realiza, por así decirlo, una “radiografía espiritual” de nuestro corazón, que es el terreno sobre el que cae la semilla de la Palabra. Nuestro corazón, como un terreno, puede ser bueno, y así la Palabra da fruto, y mucho; pero también puede ser duro, impermeable. Esto sucede cuando oímos la Palabra, pero ella nos rebota encima, al igual que sobre una carretera: no entra.

    Entre el terreno bueno y la carretera, que es el asfalto – si nosotros arrojamos semillas en los “sanpietrini” no germina nada. Entre el terreno bueno y la carretera, hay, sin embargo, dos terrenos intermedios, que en diferentes tamaños, podemos tener en nosotros. El primero es el pedregoso. Tratemos de imaginarlo: un terreno pedregoso es un terreno «con poca tierra» (cf. v. 5), por lo que la semilla germina pero no logra echar raíces profundas. Así es el corazón superficial, que recibe al Señor, quiere rezar, amar y dar testimonio, pero que no persevera, se cansa y nunca “despega”. Es un corazón sin espesor, donde las rocas de la pereza prevalecen sobre la tierra buena, donde el amor es inconstante y pasajero. Pero quien recibe al Señor sólo cuando tiene ganas, no da fruto.

    Luego está el último terreno, el espinoso, lleno de zarzas que sofocan las plantas buenas. ¿Qué representan estos espinos? «Las preocupaciones mundanas y la seducción de las riquezas» (v. 22), dice Jesús: así, explícitamente. Los espinos son los vicios que pelean contra Dios, que asfixian Su presencia: ante todo los ídolos de la riqueza mundana, el vivir con avidez para sí mismos, para el “tener” y el “poder”. Si cultivamos estos espinos, ahogamos el crecimiento de Dios en nosotros. Cada uno puede reconocer sus pequeños o grandes espinos, los vicios que habitan en su corazón, los arbustos más o menos arraigados que no le gustan a Dios y que nos impiden tener un corazón limpio. Es necesario arrancarlos, de lo contrario la Palabra no da fruto, la semilla no irá adelante.

    Queridos hermanos y hermanas, Jesús nos invita hoy a mirar dentro nuestro: a agradecer por nuestro terreno bueno, y a trabajar en los terrenos todavía no buenos. Preguntémonos si nuestro corazón está abierto para acoger con fe la semilla de la Palabra de Dios. Preguntémonos si nuestras rocas de la pereza son todavía muchas y grandes; identifiquemos y llamemos por nombre los espinos de los vicios. Encontremos el valor de hacer un buen saneamiento del terreno, un buen saneamiento de nuestro corazón, llevándole al Señor en la Confesión y en la oración nuestras rocas y espinos. Haciéndolo así, Jesús, el Buen Sembrador, será feliz de realizar un trabajo adicional: purificar nuestro corazón, quitando las rocas y los espinos que ahogan su Palabra.

    Que la Madre de Dios, a quien recordamos hoy bajo el título de Bienaventurada Virgen del Monte Carmelo, insuperable en la acogida de la Palabra de Dios y en su puesta en práctica (cf. Lc 8,21), nos ayude a purificar el corazón y a custodiar en él la presencia del Señor. Ángelus Domini nuntiavit Mariae…

    fuente: News Va

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    Publicado por jotaefeb | 8 agosto, 2017, 11:43
  2. No ser cizañero

    Por Hno. Joemar Hohmann Franciscano Capuchino

    Seguimos con el capítulo trece de Mateo, que toca “Las parábolas del reino”. Hoy, Jesús nos cuenta tres parábolas más: el trigo y la cizaña; el grano de mostaza y la levadura en la masa.

    El Señor sostiene que somos felices por oír lo que oímos, ya que nos revela secretos ocultos desde la creación del mundo, y a la par, hace una seria advertencia: “El que tenga oídos, que oiga.”

    Esto se debe al hecho de que podemos escuchar las palabras, y las parábolas, de Jesús de un modo distraído o, lo que es peor, ni siquiera querer escucharlas, por ya tener el oído lleno de tantas otras cosas.

    Cristo afirma que el mundo es como un inmenso campo, Él siembra el trigo, que es la buena semilla; sin embargo, hay un enemigo que planta la cizaña. Los dos granos van creciendo juntos, pero causando mucha confusión, hasta el momento de separarlos.

    Esta parábola suscita muchas preguntas, especialmente esta: ¿Por qué Dios no separa el mal del bien, ya desde ahora?

    Hay dos puntos a considerar: de un lado, el mal y el bien están dentro de cada uno de nosotros y todos vivimos la dramática experiencia de cuán difícil es hacer solamente el bien en todas cosas y, por otro lado, enseña la extraordinaria paciencia de Dios.

    El Señor es tolerante y concede muchas oportunidades para cambiar nuestro corazón y alejarnos de las macanas embusteras: Él no quiere que seamos cizañeros.

    Un modo de ser cizañero es ser intolerante con los otros, ser una persona que arremete y despotrica delante de la mínima falla ajena. Supuestamente, es el dueño de la verdad y de la perfección, y todo lo que dice y hace es como la octava maravilla del mundo.

    El Señor hace justamente el contrario: es misericordioso y ofrece otra ocasión, pero el cizañero no consigue aprender esto de Jesucristo.

    El cizañero es habilidoso para crear discordias, para inventar peleas, y en pequeños detalles, ve grandes problemas para desmotivar a los demás. Él ambiciona más bienes y más aplausos, y no duda en ser falso y actuar con hipocresía.

    Pero el resultado final es diametralmente opuesto: el trigo va al granero y la cizaña al horno ardiente y “allí habrá llanto y rechinar de dientes”.

    Procuremos, entonces, quitar las malas inclinaciones de nuestro corazón para no caer en vicios, que nos degradan. Asimismo, pacifiquemos nuestro espíritu medio rebelde, y para ello, meditemos con frecuencia en la Sagrada Escritura y participemos de la Santa Misa todos los domingos.

    Paz y bien.

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    Publicado por jotaefeb | 23 julio, 2017, 20:41
  3. XVI Domingo del Tiempo Ordinario (A)

    “¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla? Díseles: No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo” Mt 13,28-29

    El evangelio que la Iglesia nos propone para este domingo, nos presenta algunas parábolas muy interesantes sobre el Reino de Dios (El trigo y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura) y tendríamos muchas cosas sobre las cuales meditar, pero como los sacerdotes pueden leer la forma más corta, voy a meditar sobre una frase de la primera parábola, que debe ser leída en todas las iglesias.

    Sospechando que estaba creciendo plantas de cizañas en medio al trigo los empleados querían pronto empezar a quitarles, limpiando ya al inicio la plantación. Sin embargo, no es muy sencillo descubrir cuales son cizañas y cuales son trigo, pues cuando estas plantas están creciendo, son muy semejantes unas con las otras. Ciertamente al buscar hacer la limpieza, ellos muchas veces se equivocarían, quitando algunas plantas de trigo como si fueran cizaña, y también podrían dejar algunas de cizañas pensando que fueran trigo. O sea, hacer este trabajo cuando aún no se tiene la absoluta certeza, es una cosa muy arriesgada, e indudablemente será ocasión de injusticia. Por eso el Señor pide a sus empleados que sean pacientes. Él no quiere perder a ninguno de aquellos que son buenos. En su sabiduría aconseja a los suyos a esperar el tiempo de la cosecha, pues allí se tendrá la certeza de cuales eran trigos y cuales eran cizañas.

    Esta parábola nos habla sin dudas del misterio de la Iglesia en medio al mundo. Dios, como el agricultor, ha plantado una buena semilla. Todas las plantas en los campos de la Iglesia deberían ser buenas, pero el enemigo, con sus engaños y tentaciones, esparció también semillas malas. Por eso, en todas las partes, en todos los grupos, en todas las comunidades, existen siempre muchas personas buenas y también algunas personas que a veces crean confusión, desunión e intrigas.

    Muchas veces, llenos de buena voluntad, también nosotros queremos por nuestra cuenta empezar a hacer la limpieza. Queremos expulsar, arrancar, echar a todos aquellos que nos parecen cizañas. Sin embargo, también a nosotros el Señor nos pide tener paciencia, para no ser precipitados, para dejar este trabajo a los ángeles al final de la historia.

    De hecho: ¿cuántas veces, nosotros ya nos equivocamos con nuestros juicios? ¿Cuántas veces ya herimos injustamente a una persona, porque no tuvimos la paciencia de esperar para conocerla mejor? ¿Cuántas veces ya nos decepcionamos, porque le pusimos a alguien en los cielos, y después descubrimos que era todo lo contrario? A veces, en nuestras inseguridades vemos cosas que no existen en los demás, miramos sospechosos, creamos barreras, y sin dudas les hacemos sufrir. Otras veces, proyectamos en los otros nuestros miedos, nuestros traumas, nuestras frustraciones y también les creamos muchas dificultades.

    Ciertamente lo mejor que tenemos que hacer es, envés de juzgar a los demás, es buscar conocernos mejor a nosotros mismos. Descubrir si en este campo de Dios yo estoy creciendo como un trigo, esto es, estoy produciendo buen fruto, o estoy solo ocupando espacio, solo consumiendo energías, sin estar buscando producir nada. Y si alguien se descubre siendo como una cizaña, pero quiere cambiar, tengo certeza que con placer el Señor será capaz de hacer hasta esto.

    En cuanto a los demás, lo mejor que podemos hacer es amarlos con mucha paciencia, especialmente a aquellos que a veces creemos que son cizaña, pues quien ama jamás se equivoca.

    El Señor te bendiga y te guarde.

    El Señor muestre su rostro y tenga misericordia de ti.

    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la paz.

    Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

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    Publicado por jotaefeb | 23 julio, 2017, 20:38
  4. domingo 23 Julio 2017

    Decimosexto Domingo del tiempo ordinario

    Libro de la Sabiduría 12,13.16-19.
    Fuera de ti, no hay otro Dios que cuide de todos,
    a quien tengas que probar que tus juicios no son injustos;
    Porque tu fuerza es el principio de tu justicia,
    y tu dominio sobre todas las cosas te hace indulgente con todos.
    Tú muestras tu fuerza cuando alguien no cree
    en la plenitud de tu poder,
    y confundes la temeridad de aquellos que la conocen.
    Pero, como eres dueño absoluto de tu fuerza,
    juzgas con serenidad y nos gobiernas con gran indulgencia,
    porque con sólo quererlo puedes ejercer tu poder.
    Al obrar así, tú enseñaste a tu pueblo
    que el justo debe ser amigo de los hombres
    y colmaste a tus hijos de una feliz esperanza,
    porque, después del pecado, das lugar al arrepentimiento.

    Carta de San Pablo a los Romanos 8,26-27.
    Hermanos:
    El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables.
    Y el que sondea los corazones conoce el deseo del Espíritu y sabe que su intercesión en favor de los santos está de acuerdo con la voluntad divina.

    Evangelio según San Mateo 13,24-43.

    Jesús propuso a la gente otra parábola:
    “El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;
    pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.
    Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña.
    Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: ‘Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?’.
    El les respondió: ‘Esto lo ha hecho algún enemigo’. Los peones replicaron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’.
    ‘No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo.
    Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero'”.
    También les propuso otra parábola: “El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.
    En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas”.
    Después les dijo esta otra parábola: “El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa”.
    Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas,
    para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.
    Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña en el campo”.
    El les respondió: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;
    el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno,
    y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
    Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo.
    El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal,
    y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes.
    Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!”

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    Homilía atribuida a San Macario de Egipto (¿-390), monje
    Homilías espirituales, nº 51

    «Un enemigo lo ha hecho»

    Os escribo, amados hermanos, para que sepáis que desde el día en que Adán fue creado hasta el fin del mundo, el Maligno, sin descanso alguno hará la guerra a los santos (Ap 13,7)… Sin embargo son ahora pocos los que se dan cuenta que el devastador de las almas cohabita con ellos en su cuerpo, muy cerca del alma. Están atribulados y no hay en la tierra nadie que pueda confortarlos. Por eso miran al cielo y ponen en él su esperanza con el fin de recibir algo dentro de ellos mismos. Y por esta fuerza, y gracias a la armadura del Espíritu (Ef 6,13), vencerán. En efecto, reciben del cielo una fuerza que permanece oculta a los ojos de la carne. Mientras buscarán a Dios con todo su corazón, la fuerza de Dios en todo momento, secretamente, vendrá en su ayuda… Precisamente porque tocan con su propio dedo su debilidad, porque se sienten incapaces de vencer, piden ardientemente la armadura de Dios, y revestidos con las armas del Espíritu para el combate (Ef 6,13), salen victoriosos…

    Sabed pues, hermanos muy amados, que a todos aquellos que han preparado su alma para que sea una buena tierra por la semilla celestial, el enemigo se apresura a sembrar en ellos su cizaña… Sabed también que los que no buscan el Señor con todo su corazón no son tentados por Satán de manera tan evidente; es más bien escondidamente y por medio de la astucia que intena alejarlos de Dios.

    Pero ahora, hermanos, sed valientes y no temáis. No os dejéis asustar por las imaginaciones que suscita el enemigo. En la oración no os entreguéis a una agitación confusa, multiplicando gritos fuera de lugar, sino que acoged la gracia del Señor por la contrición y el arrepentimiento… Sed valientes, reconfortaos mutuamente, aguantad, preocupaos de vuestras almas, perseverad celosamente en la oración… Porque todos los que buscan a Dios en verdad recibirán una fuerza divina en su alma, y todos éstos, al recibir esta unción celestial, sentirán en sus almas el sabor y la dulzura del mundo venidero. Que la paz del Señor, la que han gozado todos los santos padres y les ha preservado de toda tentación, permanezca siempre con vosotros.

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    Publicado por jotaefeb | 23 julio, 2017, 20:38

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