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El evangelio del domingo: Ser tierra fértil

Durante tres domingos consecutivos vamos a escuchar el capítulo trece de Mateo, que es el “Discurso de las Parábolas”, en donde Jesús habla del Reino que vino a anunciar e inaugurar. Él usa varias parábolas para enseñar características importantes del Reino de Dios, afirmando que “es semejante a…”, y hace una comparación aclaratoria.
Hoy nos dice que el Reino es semejante al sembrador que salió a sembrar y fue echando las semillas por todas partes. Ellas cayeron en cuatro tipos de terrenos: al borde del camino, en terreno pedregoso, entre espinas y en tierra buena. Los frutos son asustadoramente diferentes, de acuerdo al terreno que encuentre.

La semilla es siempre poderosa, tiene vida en sí misma y genera vida abundante: es la Palabra de Dios y su plan Redentor. Nosotros somos los terrenos, que la recibimos de corazón abierto, o con indiferencia. Debemos ser tierra fértil y no caer en las trampas que inutilizaron los otros tres tipos de terreno.

Hay sofisticadas estafas alrededor nuestro, como la mala comprensión de la Palabra del Señor y la indolencia para entenderla debidamente. También puede ser la inconstancia en buscar a Dios y hacer el bien de modo perseverante. Asimismo, la insaciable búsqueda de riquezas y de vanidades lleva la semilla a permanecer infecunda.

Cada ser humano, es más, cada bautizado, debe abrir su corazón para recibir la enseñanza de Jesús y de la Iglesia con ganas de practicarla.

Para ser tierra fértil no podemos pasar la vida toda con el famoso argumento: “Los otros son los principales culpables” de todas mis desventuras: porque mi madre no me dio afecto como lo hizo con mi otro hermano… mi marido es un pesado… mi mujer es una bruja… mi patrón es un tirano… mi empleado, un haragán… y la lista no termina nunca.

Asimismo, el suelo fecundo procura entender las palabras de Jesús y no elabora una falsa conclusión, como esta: “No hago nada porque, al fin y al cabo, no entiendo bien la Biblia, que es complicada, y no sé lo que Dios quiere de mí…”

Ser tierra productiva es abrir honestamente el corazón para el Señor y para las necesidades de los otros. Es comprometerse con cosas buenas, aunque sabiendo que uno va a encontrar obstáculos, pero confiando que la gracia de Dios y el esfuerzo humano hacen imponentes milagros.

El terreno fecundo lucha por tener una vida coherente, uniendo fe profunda y obras de justicia y ternura. Asimismo, sabe vencer el egoísmo para no ser estéril y duro de mollera.

Paz y bien

Por Hno. Joemar Hohmann Franciscano Capuchino

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

2 comentarios en “El evangelio del domingo: Ser tierra fértil

  1. domingo 16 Julio 2017

    Decimoquinto Domingo del tiempo ordinario

    Libro de Isaías 55,10-11.
    Así habla el Señor:
    Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo
    y no vuelven a él sin haber empapado la tierra,
    sin haberla fecundado y hecho germinar,
    para que dé la semilla al sembrador
    y el pan al que come,
    así sucede con la palabra que sale de mi boca:
    ella no vuelve a mí estéril,
    sino que realiza todo lo que yo quiero
    y cumple la misión que yo le encomendé.

    Carta de San Pablo a los Romanos 8,18-23.
    Hermanos:
    Yo considero que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que se revelará en nosotros.
    En efecto, toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios.
    Ella quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero conservando una esperanza.
    Porque también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
    Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto.
    Y no sólo ella: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente anhelando que se realice la redención de nuestro cuerpo.

    Evangelio según San Mateo 13,1-23.
    Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar.
    Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa.
    Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: “El sembrador salió a sembrar.
    Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron.
    Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda;
    pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron.
    Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron.
    Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.
    ¡El que tenga oídos, que oiga!”.
    Los discípulos se acercaron y le dijeron: “¿Por qué les hablas por medio de parábolas?”.
    El les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no.
    Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
    Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden.
    Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán,
    Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.
    Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen.
    Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.”
    Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador.
    Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino.
    El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría,
    pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
    El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.
    Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno”.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    Santa Teresa de Ávila (1515-1582), carmelita descalza y doctora de la Iglesia
    Exclamaciones, N.º 8

    «Las preocupaciones del mundo y las seducciones de las riquezas ahogan la Palabra»

    ¡Oh Señor, Dios mío, y cómo tenéis palabras de vida adonde todos los mortales hallarán lo que desean, si lo quisiéremos buscar! Mas ¡qué maravilla, Dios mío, que olvidemos vuestras palabras con la locura y enfermedad que causan nuestras malas obras! ¡Oh Dios mío, Dios, Dios hacedor de todo lo criado! ¿Y qué es lo criado, si Vos, Señor, quisiéreis criar más? Sois todopoderoso; son incomprensibles vuestras obras. Pues haced, Señor, que no se aparten de mi pensamiento vuestras palabras.

    Decís Vos: “Venid a mí todos los que trabajáis y estáis cargados, que yo os consolaré” (Cf. Mt 11,28). ¿Qué más queremos, Señor? ¿Qué pedimos? ¿Qué buscamos? ¿Por qué están los del mundo perdidos, sino por buscar descanso? ¡Válgame Dios, oh, válgame Dios! ¿Qué es esto, Señor? ¡Oh, qué lástima! ¡Oh, qué gran ceguedad, que le busquemos en lo que es imposible hallarle!

    Habed piedad, Criador, de estas vuestras criaturas. Mirad que no nos entendemos, ni sabemos lo que deseamos, ni atinamos lo que pedimos. Dadnos, Señor, luz; mirad que es más menester que al ciego que lo era de su nacimiento, que éste deseaba ver la luz y no podía. Ahora, Señor, no se quiere ver. ¡Oh, qué mal tan incurable! Aquí, Dios mío, se ha de mostrar vuestro poder, aquí vuestra misericordia. ¡Oh, qué recia cosa os pido, verdadero Dios mío, que queráis a quien no os quiere, que abráis a quien no os llama, que deis salud a quien gusta de estar enfermo y anda procurando la enfermedad! Vos decís, Señor mío, que venís a buscar los pecadores (Mt 9,13); éstos, Señor, son los verdaderos pecadores. No miréis nuestra ceguedad, mi Dios, sino a la mucha sangre que derramó vuestro Hijo por nosotros. Resplandezca vuestra misericordia en tan crecida maldad; mirad, Señor, que somos hechura vuestra. Válganos vuestra bondad y misericordia.

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    Publicado por jotaefeb | 16 julio, 2017, 19:02
  2. Parábola del sembrador

    Hoy meditamos el Evangelio según San Mateo 13, 1-23.
    Parte cayó junto al camino, y vinieron los pájaros y se la comieron. Oyen la palabra de Dios, pero viene luego el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón. El camino es la tierra pisada, endurecida; son las almas disipadas, vacías, abiertas por completo a lo externo, incapaces de recoger sus pensamientos y guardar los sentidos, sin orden en sus afectos, poco vigilantes en los sentimientos, con la imaginación puesta con frecuencia en pensamientos inútiles; son también las almas sin cultivo alguno, nunca roturadas, acostumbradas a vivir de espaldas al Señor.

    Son corazones duros, como esos viejos caminos continuamente transitados. Escuchan la palabra divina, pero con suma facilidad el diablo la arranca de sus almas. “Él no es perezoso, antes bien, tiene los ojos siempre abiertos y está siempre preparado para saltar y llevarse el don que vosotros no usáis”.

    Otra parte cayó en pedregal, donde no había mucha tierra, y brotó pronto por no ser hondo el suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. Este pedregal representa a las almas superficiales, con poca hondura interior, inconstantes, incapaces de perseverar. Tienen buenas disposiciones, incluso reciben la gracia con alegría, pero, llegado el momento de hacer frente a las dificultades, retroceden; no son capaces de sacrificarse por llevar a cabo los propósitos que un día hicieron, y estos mueren sin dar fruto.

    Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la sofocaron. Son los que oyen la palabra de Dios, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas sofocan la palabra y queda estéril.

    El amor a las riquezas, la ambición desordenada de influencia o de poder, una excesiva preocupación por el bienestar y el confort, y la vida cómoda son duros espinos que impiden la unión con Dios. Son almas volcadas en lo material, envueltas en “una avaricia de fondo, que lleva a no valorar sino lo que se puede tocar. Los ojos que se quedan como pegados a las cosas terrenas, pero también los ojos que, por eso mismo, no saben descubrir las realidades sobrenaturales”; están como ciegos para lo que verdaderamente importa.

    Lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta, o el treinta.

    Dios espera de nosotros que seamos un buen terreno que acoja la gracia y dé frutos; más y mejores frutos produciremos cuanto mayor sea nuestra generosidad con Dios.

    “Lo único que nos importa –comenta San Juan Crisóstomo– es no ser camino, ni pedregal, ni cardos, sino tierra buena (…). No sea el corazón camino donde el enemigo se lleve, como el pájaro, la semilla pisada por los transeúntes; ni peñascal donde la poca tierra haga germinar enseguida lo que ha de agostar el sol; ni abrojal de pasiones humanas y cuidados de la vida”.

    El papa Francisco, a propósito del evangelio de hoy dijo: “El Evangelio nos presenta a Jesús predicando a orillas del lago de Galilea, y dado que lo rodeaba una gran multitud, subió a una barca, se alejó un poco de la orilla y predicaba desde allí. Cuando habla al pueblo, Jesús usa muchas parábolas: un lenguaje comprensible a todos, con imágenes tomadas de la naturaleza y de las situaciones de la vida cotidiana.

    La primera que relata es una introducción a todas las parábolas: es la parábola del sembrador, que sin guardarse nada arroja su semilla en todo tipo de terreno.

    Y la verdadera protagonista de esta parábola es precisamente la semilla, que produce mayor o menor fruto según el terreno donde cae. Los primeros tres terrenos son improductivos: a lo largo del camino los pájaros se comen la semilla; en el terreno pedregoso los brotes se secan rápidamente porque no tienen raíz; en medio de las zarzas las espinas ahogan la semilla. El cuarto terreno es el terreno bueno, y solo allí la semilla prende y da fruto”.

    (Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, y http://es.catholic.net/op/articulos/49042/cat/347/oid-lo-que-significa-la-parabola-del-sembrador.html)

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    Publicado por jotaefeb | 16 julio, 2017, 19:01

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