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Venezuela al borde del abismo

Luis Almagro ha vuelto a la carga. Al secretario general de la OEA, como a medio planeta, le pareció repugnante el asalto de las turbas chavistas a la Asamblea Nacional. Quiere congregar a los embajadores para examinar ese vergonzoso episodio. Tal vez para condenarlo, si se logran los votos y consigue adecentar el comportamiento miserable de los islotes caribeños comprados por el chavismo a punta de petrodólares.
¿Por qué Maduro propició estos hechos? Por varias razones.

Es lo que suele hacer el régimen de La Habana. Maduro es un simple brazo del gobierno de Raúl Castro. Se trata de un “acto de repudio” cubano realizado en Caracas. Aunque esta suerte de pogromo es orquestado y dirigido tras bambalinas por los servicios de contrainteligencia, es ejecutado por supuestos “ciudadanos indignados que no consiguen reprimir su cólera ante la perfidia de los enemigos de la patria, siempre al servicio de Estados Unidos”.

Esa es la narrativa. No importa que nadie crea esa versión absurda. Es solo una explicación formal para justificar la represión. La función de estas actividades represivas es castigar a los disidentes, intimidar al conjunto de la sociedad para que no se le ocurra vincularse a los grupos de oposición, y construir una realidad paralela de revolucionarios heroicos contra la ultraderecha fascista.

A Maduro no le importa que la OEA o el Mercosur lo condenen. El mundo tiene poca memoria y se cansa rápidamente de protestar. La dictadura puede vivir con esas censuras. Lo que no puede es vivir fuera del poder. La arroparán los comunistas del mundo entero, comenzando por los españoles de Unidos Podemos (esos personajes sin corazón que piden democracia para ellos y tiranía para los demás), la Rusia de Putin, probablemente China, los hermanos de las FARC, Evo Morales, los sandinistas de Ortega, el Farabundo Martí de El Salvador y el resto de la tribu prototalitaria. ¿Quién recuerda que en 1989 los chinos acabaron a sangre y fuego con las protestas de Tiananmen?

Fidel Castro siempre creyó en la utilización de turbas para lograr sus objetivos. Recurrió a ellas desde que estaba en la oposición a Batista en los años cincuenta. Pero ni siquiera lanzó a sus partidarios de rompe y rasga contra los batistianos. Los usó para amedrentar a los miembros de su propio Partido Ortodoxo que tenían otro concepto de la estrategia de lucha. Fidel Castro, finalmente, decidió morirse hace unos meses, pero dejó como parte de su herencia esa impronta violenta.

Raúl Castro, el heredero, piensa que Nicolás Maduro es un idiota, pero es su idiota. Y la manera de protegerlo es calcando en Venezuela la manera cubana de controlar a la sociedad para que nunca más los venezolanos “contrarrevolucionarios” puedan ganar alcaldías, gobernaciones o la mayoría parlamentaria.

Esto se logra con una Constitución que establezca la sacrosanta primacía de la revolución bolivariana, un sistema de postulaciones que les cierre el paso a los “desafectos” y un modelo electoral de segundo grado que, como sucede en Cuba, garantice que solo ganan los “buenos revolucionarios”.

Es verdad que el noventa por ciento de los venezolanos está en contra de la cubanización del país, incluidos muchos chavistas, pero, en la matemática comunista que maneja Raúl Castro, el 10% que respalda a Maduro alcanza para sellar la jaula. El número mágico de la contrainteligencia, espina dorsal de esos regímenes, es de apenas el 0,5% de la población. De los dos millones de adultos que simpatizan con el chavismo, o que se benefician de él, bastan apenas 150.000 personas para echar el cerrojo definitivo.

Los venezolanos tienen pocos días para impedirlo. ¿Quién puede ayudarlos? Estados Unidos examina una propuesta interesante basada en la pugna que existe entre el poder legislativo, respaldado por el voto popular, y el judicial, artificialmente construido por una maniobra del chavismo.

La propuesta de los demócratas es sencilla: abonar en una cuenta escrow el importe diario de la factura petrolera, que es el único dinero en efectivo que entra a las arcas del país, y dejar que la Asamblea Nacional, depositaria de la soberanía popular, decida el momento en que se efectúen las transferencias reales al tesoro nacional. Esto le daría a la oposición el leverage que necesita para obligar al Gobierno a negociar en serio una salida a la crisis.

Por Carlos Alberto Montaner

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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8 comentarios en “Venezuela al borde del abismo

  1. Venezuela puede terminar como Nicaragua, Cuba o Siria

    Por Andrés Oppenheimer

    La crisis política venezolana se está agravando rápidamente tras el impresionante plebiscito organizado por la oposición para votar en contra del plan del presidente Nicolás Maduro de imponer una Constitución como la de Cuba, y tras la amenaza del presidente Trump de tomar “acciones económicas fuertes y rápidas” contra el régimen venezolano.

    Se cuentan unos 100 muertos en las recientes protestas contra el régimen de Maduro. Y el número podría aumentar si Maduro sigue adelante con su plan de convocar una Asamblea Constituyente con delegados elegidos a dedo el 30 de julio. Si Maduro lleva a cabo su plan, la nueva Constitución declararía clausurada la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, que fue democráticamente electa en 2015.

    ¿Qué pasará ahora? Hay cuatro posibles escenarios:

    – El escenario nicaragüense: una salida democrática, y relativamente pacífica. Tras la masiva consulta popular opositora del 16 de julio, en que más de 7 millones de venezolanos votaron en contra del plan de Maduro para cambiar la Constitución, la comunidad internacional intensifica su presión sobre el régimen venezolano.

    Los países latinoamericanos, la Unión Europea y Estados Unidos hacen un anuncio conjunto de que no reconocerán a ningún gobierno venezolano que salga de una Asamblea Constituyente ilegítima, y que condicionarán todos sus futuros contratos petroleros con Venezuela a la aprobación de la actual Asamblea Nacional.

    Maduro anuncia que cancelará la votación el 30 de julio para su Asamblea Constituyente, y que celebrará elecciones libres supervisadas internacionalmente el próximo año, tras recibir garantías de que ni él ni sus principales colaboradores irán a la cárcel.

    Al igual que ocurrió en las elecciones de 1990 en Nicaragua, la oposición gana, y los altos funcionarios chavistas van a sus casas, o al exilio, sin más derramamiento de sangre.

    – El escenario egipcio: un golpe militar. Maduro convoca su Asamblea Constituyente y cierra la Asamblea Nacional de mayoría opositora. Esta última nombra un gobierno “legítimo” paralelo al de Maduro, y pasa a la clandestinidad.

    Hay una escalada de violencia. El ejército se niega a disparar contra los manifestantes opositores. Un comandante militar arresta a Maduro por violar la Constitución, anuncia la creación de un “gobierno provisional” y promete celebrar elecciones libres en seis meses.

    Eso es lo que hizo el general Abdel Fattah el-Sisi en Egipto en 2013. Más tarde consolidó su poder militar, se presentó como candidato y fue electo presidente en unas elecciones muy cuestionadas.

    Una variación de este escenario sería que un líder militar tome el poder y cumpla con su promesa de celebrar elecciones libres sin postularse él mismo a la presidencia. Sin embargo, hay pocos ejemplos de ese desenlace.

    – El escenario cubano: la consolidación de una dictadura de Maduro. Maduro impone su Constitución al estilo cubano, el gobierno de Trump anuncia un embargo petrolero a Venezuela, el país desemboca en una crisis humanitaria y centenares de miles de refugiados venezolanos se escapan a Colombia, Brasil, Panamá y otros países.

    Venezuela se convierte en una nueva Cuba, con una población cada vez más empobrecida y una élite gobernante apoyada por Rusia y China.

    – Los escenarios de Libia o Siria: Maduro impone su Constitución totalitaria, y algunos comandantes militares regionales se levantan contra el gobierno central. Hay una fragmentación del país, y Venezuela se desliza hacia una guerra civil.

    Mark Schneider, analista del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington DC, me dijo que el futuro de Venezuela dependerá mucho de si Maduro logra celebrar su farsa constituyente del 30 de julio, y cambia la Constitución.

    Para evitar los peores escenarios, “es esencial que la comunidad internacional monte una campaña unificada, aclarándole a Maduro de que no reconocerán a ningún gobierno que salga de su Asamblea Constituyente ilegítima”, me dijo Schneider.

    Mi opinión: Estoy de acuerdo. Todos los escenarios venezolanos son malos, pero el menos catastrófico sería uno que se asemeje a las elecciones de Nicaragua de 1990, en que Maduro se vea presionado para celebrar elecciones libres con autoridades electorales imparciales. En cambio, si la comunidad internacional le permite a Maduro seguir adelante con su plan e imponer una Constitución al estilo cubano, es probable que veamos un mayor deterioro, y muchos más muertos.

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    Publicado por jotaefeb | 25 julio, 2017, 07:13
  2. Lo que Trump debería hacer sobre Venezuela

    Por Andrés Oppenheimer

    El presidente Trump ha generado titulares con su amenaza de ordenar “acciones económicas fuertes y rápidas” contra Venezuela, que un alto funcionario de su gobierno dijo podrían incluir un embargo petrolero. Sin embargo, hay otras medidas de Estados Unidos que serían mucho más inteligentes que esa.

    Trump amenazó con sanciones económicas en una declaración escrita emitida por la Casa Blanca el 17 de julio, un día después de que más de 7 millones de venezolanos votaran en un referéndum organizado por la oposición para oponerse al plan del presidente Nicolás Maduro de reemplazar la Constitución por una nueva, semejante a la de Cuba. El 18 de julio, un alto funcionario estadunidense dijo que “todas las opciones están sobre la mesa”, incluyendo recortes a las compras de petróleo venezolano.

    Venezuela depende del petróleo para el 95 por ciento de sus ingresos de exportación. Y el grueso de las exportaciones petroleras venezolanas –unos 700.000 barriles diarios– van a Estados Unidos.

    Pero fuentes de oposición venezolanas me dicen que un embargo petrolero tendría un impacto devastador en el pueblo venezolano, que ya sufre de una escasez generalizada de alimentos y medicinas.

    Además, daría a Maduro y a su élite narcomilitar una enorme victoria política, porque les permitiría escudarse –como lo viene haciendo Cuba desde hace cinco décadas– tras la excusa de que su crisis económica ha sido causada por la “agresión yanqui”. Y un embargo unilateral de Estados Unidos haría mucho más difícil imponer sanciones diplomáticas internacionales contra el régimen de Maduro.

    En lugar de imponer un embargo unilateral de petróleo, Trump debería tomar las siguientes medidas incrementales:

    – Ordenar a la Casa Blanca y al Departamento de Estado que se involucren activamente en los esfuerzos regionales e internacionales para imponer sanciones diplomáticas colectivas al régimen de Maduro.

    Eso significaría evitar errores del Gobierno de Estados Unidos, como la vergonzosa ausencia del secretario de Estado Rex Tillerson en la reciente reunión de cancilleres de países de la Organización de los Estados Americanos para discutir la crisis venezolana. A pesar del apoyo de 20 países, la reunión no emitió una condena a Venezuela por la oposición de tres pequeñas islas del Caribe, que podrían haber sido persuadidas por Tillerson si hubiera estado allí, dicen diplomáticos latinoamericanos.

    – Imponer sanciones personales adicionales dirigidas contra los altos funcionarios del régimen de Maduro. Trump, al igual que el expresidente Obama antes que él, impuso sanciones de viaje y congeló los activos estadounidenses de varios altos funcionarios, incluido el vicepresidente Tareck El Aissami. Pero Trump podría aplicar sanciones personales contra otros, entre ellos el ministro de Defensa Vladimir Padrino López y el poderoso congresista Diosdado Cabello.

    – Exponer la corrupción masiva del régimen venezolano, divulgando información del Departamento de Justicia de Estados Unidos sobre los cientos de millones de dólares que según funcionarios estadounidenses son propiedad de altos funcionarios venezolanos en cuentas inmobiliarias y bancarias de Estados Unidos. ¿Por qué no dar a conocer toda esa información lo antes posible?

    – Más importante aún, Trump debería condicionar futuros contratos petroleros de Estados Unidos con Venezuela a la aprobación de la Asamblea Nacional de Venezuela, de mayoría opositora desde que la oposición ganó abrumadoramente las elecciones legislativas de 2015.

    Esto haría que Maduro lo pensara dos veces antes de imponer una nueva Constitución de estilo cubano para abolir la Asamblea Nacional. Y ayudaría a fortalecer al Congreso liderado por la oposición. Otros países podrían seguir el ejemplo de Estados Unidos, y condicionar sus tratos con el Gobierno de Venezuela a la aprobación del legítimo congreso de Venezuela.

    Mi conclusión: Todas estas medidas, especialmente la última, serían mucho más eficaces que un embargo petrolero unilateral de Estados Unidos. Cortar las importaciones de petróleo venezolano afectaría significativamente al valiente pueblo venezolano que está protestando en las calles, ayudaría a Maduro a hacerse la víctima, y rompería el creciente consenso internacional de que es hora de que Maduro convoque a elecciones libres.

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    Publicado por jotaefeb | 22 julio, 2017, 08:55
  3. Apocalipsis Venezuela y la ingenuidad patética de Rajoy

    Por Héctor de Lima

    Nadie puede negar la existencia de la lucha de contrarios, la batalla del bien contra el mal, representada como la coexistencia de acciones contrapuestas, la vida contra la muerte, la luz y la oscuridad, Dios y la Bestia, cada uno con su ejército gobernando las leyes del caos y de las probabilidades.

    Los que creyeron que el envío de Leopoldo López con grilletes electrónicos en las piernas y mordaza jurídica que le impide hablar en público, era una demostración de debilidad de la Bestia, deberían constatar el escalamiento inaudito de la represión en los días subsiguientes. Era simplemente un paso atrás para echar tres para adelante, según la expresión de uno de ellos “el gesto de Maduro era para callar la jauría de perros que ladraban en Hamburgo”. Ahora viene la acción demoledora de la Asamblea Nacional Constituyente, como un asalto al último reducto de la democracia, la toma del poder contra una Asamblea Nacional, como originalmente lo concibió la Bestia Eterna desde sus fueros internos.

    Aquellos que creen que el comunismo es solo un movimiento político no han entendido que esencialmente es un movimiento religioso, que se arropa en la acción política para el logro de sus fines. El odio de clases es su esencia para la acción y a base de ese odio quieren construir una sociedad supuestamente igualitaria, donde por supuesto los de arriba son más iguales que los de abajo.

    La doctrina de Jesús por otra parte no es solo la expresión de un pensamiento religioso, es también la concertación de un pensamiento político implícito en la palabra y obras de Jesús, totalmente opuesto al comunismo como expresión de la lucha de contrarios.

    Pero la Bestia no da treguas. Puede permitirse sacar de una celda a una de sus víctimas solo para aparecer después con fuerzas redobladas, persiguiendo abuelos, allanando universidades, arrollando a mujeres embarazadas. El Chavismo es esencialmente la sangre de la Bestia desarrollando su acción rutinaria en las calles de Venezuela.

    Para ello la Bestia utiliza “el odio” para crear, según ellos dicen, la “conciencia de clase”, sin odio de clases es imposible concebir las revoluciones comunistas. Jesús en cambio utiliza “el amor” como pilar fundamental de su iglesia. Odio y Amor son contrapuestos y pertenecen a las categorías superiores del pensamiento cuyas expresiones las vemos en la vida diaria.

    El otro pilar fundamental de la Bestia es la “igualdad” que los comunistas y socialistas exhiben como pináculo de la justicia. Lo contrario a la igualdad es lo diverso, lo distinto, que solo puede darse a través del “libre albedrío”, a través de la Libertad. Estos son entonces los pilares políticos de Jesús, el amor y la libertad. El odio y la igualdad son los pilares políticos de la Bestia. En una sociedad de seres iguales, como en las sociedades totalitarias donde predomina el mismo salario, el mismo uniforme, un solo pensamiento, un solo partido, en cuanto permites un poco de libertad, aparecen las diferenciaciones y cada quien se las ingenia para leer otros periódicos, escuchar otras voces y huyen de esa sociedad buscando la libertad de empresa, libertad de mercado, la libertad de crear y disfrutar de su intelecto y su trabajo.

    Venezuela no escapa a esas influencias, el bien y el mal han batallado durante más de cien días, dejando su estela de sangre en las calles de todas las ciudades. No por casualidad el artículo 333 de la constitución es la antítesis del 666, que según la profecía es el número de la Bestia. En Venezuela adquiere diversos rostros, es el odio punzante y estridente en los gritos de Diosdado Cabello, es la cara paniaguada de la señora canciller con estrofas cínicas aprendidas del abecedario comunista de la guerra fría. Es la espuma en la boca del dictador Nicolás Maduro, amenazando que resolverá con fuego lo que no pudo con los votos.

    Y así lo hace, a pesar de la ingenuidad patética de Rajoy y el Grupo de los Veinte.

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    Publicado por jotaefeb | 17 julio, 2017, 08:23
  4. El escandaloso silencio del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre Venezuela

    Por Andrés Oppenheimer

    ¡Qué escandaloso! A pesar de la sangrienta represión del presidente Nicolás Maduro, que ha dejado más de 100 muertos, miles de heridos y cientos de presos políticos en los últimos tres meses en Venezuela, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (CDHNU) todavía no ha dicho una sola palabra sobre la crisis venezolana.

    El CDHNU, con sede en Ginebra, y cuya misión es promover “los más altos estándares” de derechos humanos en todo el mundo, no ha emitido ni una sola resolución sobre Venezuela, ni ha convocado a una sesión urgente para discutir la crisis venezolana, ni ha pedido siquiera una investigación sobre las muertes de los jóvenes manifestantes venezolanos por guardias nacionales y turbas armadas respaldadas por el gobierno.

    Hay una razón para esa inacción, claro. Casi la mitad de los 47 países miembros del Consejo son dictaduras -incluidos Cuba, China y Arabia Saudita- que se defienden mutuamente de las acusaciones de violaciones de derechos humanos. De hecho, el Consejo es una sociedad de protección mutua de las peores dictaduras del mundo.

    “El Consejo puede convocar una sesión de emergencia sobre Venezuela en cualquier momento, y dado lo que está sucediendo en las calles allí, debería haberlo hecho”, dice Hillel Neuer, director de UN Watch, un grupo no gubernamental con base en Ginebra que monitorea las acciones de la ONU. “Pero nunca lo ha hecho”.

    Lo que es igualmente alarmante, Venezuela fue recientemente reelegida como miembro del Consejo, agregó.

    Ni Estados Unidos ni otras democracias con bancas en el Consejo presentaron mociones para condenar los recientes abusos de los derechos humanos en Venezuela. El gobierno de Trump, aparte de algunas fotos en las que el Presidente posó con figuras de la oposición venezolana y sanciones contra funcionarios de ese país que ya habían empezado en la época de Obama, ha sido en gran parte invisible en la crisis de Venezuela.

    Trump aún no ha nombrado a un embajador estadounidense ante la ONU en Ginebra, que es una de las razones por las cuales no hubo presión estadounidense de alto nivel para debatir el caso venezolano, dicen los críticos. Nikki Haley, la embajadora estadounidense ante las Naciones Unidas en Nueva York, hizo una breve visita a Ginebra durante las sesiones del Consejo en junio, pero sólo hizo un evento paralelo, fuera de las sesiones, sobre Venezuela.

    La inexperiencia e ineptitud diplomáticas del gobierno de Trump fueron también evidentes en la reunión especial de cancilleres de la Organización de Estados Americanos sobre Venezuela en junio. La ausencia del secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, en esa reunión ayudó a que un puñado de pequeñas islas del Caribe pudieran derrotar una condena al régimen de Maduro respaldada por 20 democracias de la región.

    El gobierno de Trump dice que está considerando retirarse del Consejo a menos que este sea reformado. Bajo las reglas actuales, en lugar de ser elegidos en una votación general, los miembros del Consejo son nombrados por sus bloques regionales. Eso permite que los países que desean desesperadamente estar en el Consejo -como Cuba y Venezuela- le hagan favores a sus vecinos a cambio de que los nombren para el Consejo.

    Pero casi todas las organizaciones independientes de derechos humanos coinciden en que sería una mala idea que Estados Unidos se retire del Consejo. Cuando le pregunté si Estados Unidos debería renunciar al Consejo, Neuer me dijo: “Eso es un dilema, pero cuando George W. Bush decidió retirarse, el Consejo no mejoró. Al contrario, empeoró. Lo que Estados Unidos debería hacer es nombrar a un campeón de los derechos humanos como embajador en la ONU en Ginebra”.

    Mi opinión: Estoy de acuerdo, aunque dudo que el gobierno de Trump pueda tener mucha credibilidad en temas de derechos humanos. Trump ha elogiado públicamente a los dictadores de Rusia, China, Arabia Saudita y Egipto, entre otros, rompiendo con la tradición bipartidista de los presidentes de Estados Unidos de criticar los abusos de los derechos humanos en todas partes.

    Hay que presionar al Consejo de Derechos Humanos para que se pronuncie sobre Venezuela, pero la mejor manera de hacerlo es que todas las democracias del mundo lo denuncien como lo que es, una farsa monumental.

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    Publicado por jotaefeb | 15 julio, 2017, 08:28
  5. Presión

    Por fin el autoritario y criminal gobierno de Nicolás Maduro ha dado un paso en la dirección que evite un derramamiento de sangre mayor en una Venezuela al borde de una guerra civil. Leopoldo López tiene ahora prisión domiciliaria y para algunos es el resultado de una brava y comprometida manifestación en contra del Gobierno que dura mas de 100 días y lleva casi el mismo número de víctimas. Si la interpretación se queda solo en este gesto no habrá valido para nada la presión ciudadana. Maduro debe acompañar todo esto con un retorno a la verdadera democracia, la que ha privado a su pueblo de tener un órgano de deliberación como el Congreso, al que no ha tenido en consideración ninguna en su trascendencia desde que fue escogido mayoritariamente de signo contrario al suyo. Llegaron al punto de invadirlo con un turba que atacó sus instalaciones y a algunos de sus miembros en una imagen que nos retrotrae a las peores formas de barbarie política conocidas. Ahora le queda al pueblo de Venezuela volver a la democracia, este Gobierno no logra entender el mandato mayoritario de su pueblo y resiste con lo peor que tiene el poder: la fuerza y la injusticia.
    López es el símbolo de la resistencia y de los excesos, pero el verdadero frontón es el pueblo valiente que lleva más de tres meses arriesgando su vida en las calles. Los jóvenes que saben que no tienen presente ni menos futuro en estas condiciones. Los marginales, con los que Chávez construyó su base de poder sobre el argumento retórico de que su pobreza era el resultado de la codicia de los que detentaban el poder político y económico, hoy son sus víctimas propiciatorias. No tienen qué comer y solo son carne de cañón de un régimen que no es sostenible de otra manera que no sea con palos y balas. Maduro está acabado y su régimen, que ya dura más de 15 años, no puede sostenerse en una mascarada falsa de supuesta democracia. Venezuela es una dictadura y eso lo sabemos todos los que vemos que los parámetros para medir este sistema político han sido rebasados por la prepotencia y el autoritarismo. Si pretenden algo de piedad y ahorrar más vidas a su pueblo, Maduro debe emprender la transición de manera urgente y procurarse él y sus colaboradores algún exilio posible en el único país garante de su gestión genocida: Cuba.

    Nadie puede argumentar que lo que acontece ahí es resultado de una conspiración local e internacional. Chávez, primero, y Maduro, después, han llevado a su país al despeñadero más cruel de todo. Han conducido a su pueblo al abismo, llevará años la recuperación, y con toda la fuerza de la presión popular la prisión domiciliaria de Leopoldo López no debe tomarse como una concesión sino como un reconocimiento de que su régimen no da más y es el momento de la partida sin retorno.

    Benjamín Fernández Bogado

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    Publicado por jotaefeb | 13 julio, 2017, 09:59
  6. El responsable del ataque al Congreso en Venezuela

    Por Andrés Oppenheimer

    No se equivoquen: el presidente venezolano Nicolás Maduro es directamente responsable del violento ataque del 5 de julio contra la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, y de la mayoría de las 90 muertes que se han registrado en las protestas antigubernamentales de los últimos tres meses.

    Poco después del ataque de unas 200 milicias armadas respaldadas por el gobierno a la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, Maduro condenó el hecho. Hablando poco después de que gobiernos de todo el mundo expresaron su indignación por el incidente, Maduro dijo: “No voy a ser nunca cómplice de ningún hecho de violencia”.

    ¡Qué caradura! Hay docenas de fotografías y videos que muestran cómo la Guardia Nacional de Maduro permitió que las milicias progubernamentales –muchas de ellas con máscaras para ocultar sus rostros– entraran en las instalaciones del Congreso y golpearan a los legisladores, dejando al menos uno de ellos inconsciente. Y durante la golpiza, los guardas miraban sin hacer nada.

    Los guardias nacionales “le daban puerta franca a los manifestantes para que entraran en la Asamblea, y para que hicieran los desmanes que hicieron”, le dijo el congresista Leonardo Regnault, quien fue golpeado en la cabeza, a Fernando del Rincón de CNN en Español esa noche. Al menos cinco legisladores resultaron heridos.

    Las organizaciones de derechos humanos dicen no tener la menor duda de que los “colectivos” –como se conoce a las milicias respaldadas por el gobierno– que atacaron a la Asamblea Nacional están protegidos por Maduro y el vicepresidente Tareck El Aissimi.

    Pocas horas antes del ataque al Congreso venezolano, el vicepresidente El Aissimi se había presentado allí, y dijo que el Congreso “ha sido secuestrado” por la oligarquía. Es difícil no concluir que el ataque fue planeado desde los más altos niveles del gobierno, dicen los legisladores de la mayoría opositora en el Congreso.

    Los “colectivos” suelen patrullar las calles de Caracas en motocicletas, intimidando a la población para que no se una a las protestas de la oposición, dice Human Rights Watch. El uso de milicias civiles respaldadas es una vieja táctica que ha sido utilizada por dictadores como Fidel Castro en Cuba y Benito Mussolini en Italia.

    “Es absurdo que Maduro diga que no sabía lo que estaba pasando”, me dijo el director de Human Rights Watch para las Américas, José Miguel Vivanco. “Estos hechos no ocurrieron en algún lugar remoto de Venezuela. Tuvieron lugar en la Asamblea Nacional, en el corazón de Caracas, frente a la Guardia Nacional”.

    Independientemente de si son empleados del gobierno, parte de la recompensa de los “colectivos” es el saqueo. Regnault, el congresista que fue golpeado en la cabeza en el ataque, dijo a CNN que después de que le pegaron, “me quitaron mis pertenencias”.

    Todavía quedan unos pocos países que dicen que la crisis política en Venezuela es culpa de ambas partes, el gobierno y la oposición.

    ¡Eso es un disparate! Basta escuchar al propio Maduro para convencerse de lo contrario. Maduro, que está propiciando una nueva Constitución al estilo cubano, admitió públicamente en un discurso del 27 de junio que no cree en las elecciones democráticas.

    “Si fuera destruida la revolución bolivariana, nosotros iríamos al combate. Jamás nos rendiremos: lo que no se pudo con los votos lo haríamos con las armas”, dijo.

    Dos meses antes, el 17 de abril, Maduro anunció “planes para expandir la Milicia Nacional Bolivariana a 500.000 milicianos”, y proclamó que garantizaba “un fusil para cada miliciano”.

    Mi opinión: La condena de Maduro al ataque contra la Asamblea Nacional es risible. Maduro es el presidente del país, comandante en jefe de las fuerzas armadas y –como él mismo admitió en sus discursos del 17 de abril y del 27 de junio– es el artífice de las milicias armadas que hostigan a la población.

    Aquellos que siguen diciendo que la violencia en Venezuela es el resultado de un choque entre dos bandos igualmente culpables viven en el pasado. Hoy en día, hay una dictadura tambaleante que contrata a turbas armadas para intimidar a la gente, y la gran mayoría de la población que quiere que Maduro y sus asesores cubanos se vayan.

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    Publicado por jotaefeb | 11 julio, 2017, 07:23
  7. Poder

    Si algo está en crisis en los tiempos críticos que corren es el poder. Sin embargo, es el que menos reconoce la situación y por lo tanto elude confrontar el dilema trascendente de su misión. En el camino, el que lo ejerce busca encontrar con quién pelear y en ese camino requiere inventar, crear o empoderar a alguien o algo para justificar su presencia.
    Pareciera como si el camino de ejercer el poder como servicio le fuera de tan difícil consecución que solo lo justifica en la pelea contra los otros “poderes”. Esta es una característica repetida en el mundo donde los presidentes han encontrado en la prensa a uno de los enemigos más interesantes de confrontar con todo el aparato del poder a su servicio. Si no son suficientes las amenazas, el cercenamiento de la publicidad estatal (que finalmente es de todos) recurre al poder Legislativo con leyes que cercenan primero la libertad de prensa y luego atacan la de la expresión y si esto no es suficiente van con la justicia para sancionar duramente a quien ose meter las narices para cuestionar el poder y su mala utilización.

    En este sistema de gestión en crisis el desconcierto es tan grande que el poder político solo encuentra justificación no en el objeto ni sujeto de su acción sino en la confrontación con el otro. Ahí está concentrada toda su energía, su tiempo y su esfuerzo cotidiano. “Hay que hacer algo que le duela al otro” parece ser el grito de guerra de un poder desbordado en su propia concepción y que solo se legitima en acabar con el disenso. Tenemos, por eso, en varias mal llamadas democracias, que las calles, las protestas con toda su carga de confrontación y de sangre son los escenarios en donde se disputa el poder. El espacio de las instituciones ha dejado de existir y la manipulación de las mismas es tan abiertamente injusta que la confrontación cuerpo a cuerpo es lo único que queda para desalojar a unos del poder o de los autoritarios a mantenerse con el mismo.

    Pareciera como si el camino de ejercer el poder como servicio le fuera de tan difícil consecución que solo lo justifica en la pelea contra los otros “poderes”.
    Esta secuencia contraria al mismo concepto de democracia que tiene en el diálogo, el disenso y la búsqueda de lo opuesto: el consenso, las claves para su desarrollo se derivan por esa intolerancia del poder en lucha y en muerte. Se ha hecho tabla rasa de las instituciones so pretexto que impedían el desarrollo de la acción del gobernar y se las sustituyeron por espacios intermedios dominados por la chapucería más insultante que se diseñó con el objetivo claro de espantar toda racionalidad posible en el debate. El comportamiento de muchos es en sí mismo una alevosa contestación a la lógica más elemental y disfruta quien ejerce el poder en demostrarlo de forma burda y altanera.

    La crisis del sistema es la crisis del poder, solo que el político en vez de resolverlo lo profundiza y convierte a la imprevisibilidad en un factor que pone en riesgo no solo el sistema del que queda muy poco de su forma original sino de convivencia pacífica entre los miembros de la sociedad. Se ha diseñado un poder autojustificado en la confrontación, desprovista de la capacidad de hacer con el otro y aun menos: de construir consensos.

    La discusión callejera es cada vez más peligrosa y el camino a una guerra civil parece ser irreversible en países como Venezuela, donde el poder Ejecutivo no solo demuestra una absoluta miopía sino que además insulta la racionalidad más elemental, mostrando así su capacidad de expresar el poder de forma violenta y humillante.

    El poder debe volver a sus fuentes primigenias. Desde lo filosófico al sentido del servicio, desde lo jurídico al respeto de las normas, desde lo administrativo a la valorización de las instituciones y desde lo ético a la trascendencia del ser humano en su disidencia más profunda y en su concepción más amplia. Todo lo contrario es simplemente: suicidio.

    Benjamín Fernández Bogado

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    Publicado por jotaefeb | 10 julio, 2017, 11:39
  8. Inventando un nuevo juego

    Comienzo proponiéndoles un juego. Se pueden utilizar dados, cartas, pelota, fichas de dominó, lo que se quiera. Nadie sabe cómo se juega más que yo que no doy ningún tipo de explicación. Comienza el juego y a medida que se desarrolla voy explicando cuáles son las reglas, de qué se trata el juego, cómo se deben mover las piezas, las que se hayan elegido y cuáles son las penas para las infracciones que realicen los diferentes jugadores. Yo, como conocedor de todas las reglas, estoy libre de cualquier tipo de sanción. ¿Hay alguien lo suficientemente tonto que se atreva a entrar en este juego donde, evidentemente, todo tiende a que los demás pierdan y solo gane la banca?

    Palabra más, palabra menos, es lo que viene sucediendo en Venezuela desde que se inventó eso de la “revolución bolivariana” de la que acabamos de tener una definición muy precisa dada por el mismo Nicolás Maduro: “Si no conseguimos imponer la Revolución Bolivariana con votos, lo haremos con las armas”. En realidad ya lo están haciendo con grupos parapoliciales que disparan sin piedad contra pacíficos manifestantes que protestan por los abusos de su gobierno, lo que hace que la lista de muertos suba cada día más y se tienen ya cantidades capaces de helarle la sangre a cualquiera. Se calcula que en los últimos meses más de ochenta personas han muerto en la calle a causa de los disparos de encapuchados que se mueven, impunemente, en motocicletas.

    Al mismo tiempo y para evitar cualquier intento de restarle legitimidad al gobierno de Maduro, a través de decretos del poder ejecutivo se sacan y ponen atribuciones a diferentes organismos del Estado, comenzando por el Poder Legislativo controlado por la oposición que fue desposeída de la mayor parte de sus atribuciones, neutralizándolo. Pero este traspaso de poderes, verdadera transmigración de una institución a otra, carece de toda estabilidad, ya que, según soplen los vientos a favor o en contra de Maduro, muy bien pueden cambiar de un día para otro.

    Para no alargar más esta historia y seguir con complicadas explicaciones, la situación es exactamente igual a la del juego que ponía en el primer párrafo de este artículo: Maduro es el dueño del juego, él es quien lo controla, quien dicta las normas del juego que van cambiando constantemente de acuerdo a sus necesidades y siempre en contra de sus oponentes. Y esto no es, desde ningún punto de vista, la manera en que se juega en democracia donde las reglas son claras, de público conocimiento, al alcance de todos los entendimientos, y de aplicación obligatoria en todos los casos, sean ellos favorables o contrarios a los intereses de quien dirige el juego.

    Todos los ojos del continente están puestos en Venezuela, que logra mantener una serie de complicidades con pequeños países del continente a través de una política extorsiva en la que el petróleo es la moneda de cambio. Apartando a estos pequeños países a los que se le suman Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Cuba, Venezuela ha quedado completamente sola y aislada. Según desde qué ángulo se lo mire, esta situación favorece (o desfavorece) a nuestro país, porque pasa desapercibido, en el que el Poder Ejecutivo lleva adelante una política idéntica a la de Nicolás Maduro cambiando las leyes del juego de acuerdo a sus conveniencias, manejando la Constitución Nacional de manera tendenciosa para favorecer sus intereses y dejar fuera de juego a quienes no comparten sus ideas, sus preocupaciones, sus propósitos y sus negocios. Sobre todo esto último: sus negocios.

    La gente se encuentra muy preocupada por la corrupción que impera en diferentes niveles del gobierno, los negocios a través de las obras públicas, el favoritismo a los amigos cercanos y a los parientes, etcétera. Pero se está dejando de lado otra corrupción mucho peor: la corrupción ética, la corrupción de los principios políticos que permiten el enriquecimiento inmoderado de quienes tienen el poder en las manos y no dudan en cometer los más descarados y terribles atropellos a la legalidad para seguir disfrutando de esos inmerecidos privilegios.

    Si en realidad nos escandaliza la inmoralidad y la desfachatez de Nicolás Maduro y su forma de proceder en el gobierno de Venezuela defendiendo lo indefendible, es recomendable que nos detengamos a mirar a nuestro alrededor y pensar dos veces antes de emitir una opinión sobre aquello, porque los mecanismos que se han puesto en marcha son exactamente los mismos.

    Por Jesús Ruiz Nestosa

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    Publicado por jotaefeb | 10 julio, 2017, 11:35

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