El evangelio del domingo: Encontrar alivio

Escuchamos palabras reconfortantes de Jesús: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré”.
La lucha por la vida nos agobia y no es fácil para nadie, pues tenemos que sortear el pago de las cuentas, la educación de los hijos, los problemas de salud, los apuros con la pareja, las macanas en el trabajo y, como si todo fuera poco, la corrupción impune de tantas autoridades, cuya indecencia aumenta nuestros quebrantos.

Además, están los problemas íntimos de cada uno, ciertos traumas que llevamos desde hace muchos años y no conseguimos solucionar debidamente, y varios otros abatimientos.

Hay que buscar el remedio para todo esto, y en esta búsqueda disponemos de caminos razonables y de caminos estúpidos.

Seguramente, de nada sirve ahogarse en la bebida, pasar días y noches trabajando como buey alquilado, vomitar culebras y lagartos contra propios y extraños, acostarse con gordas y flacas o comprar la mitad de un shopping.

La decisión más feliz es acercarse a Jesucristo y, con un corazón sincero, poner en su corazón los dramas que tenemos que vencer. Tenemos que aprender a dialogar con el bondadoso Señor, no tener miedo de buscar momentos de silencio para encontrarnos con Él.

Él es muy receptivo y sostiene: “Vengan a mí, todos”, y esto significa que nadie está excluido de su protección. Sin embargo, es claro también: “Vengan a mí”, es decir, no se alejen de mí, no se olviden de mí, no me cambien por cualquier ilusión cretina que les aparezca en las vueltas de la vida, no pierdan mucho tiempo con internet y redes sociales, a punto de olvidarse de Mí.

Asimismo, establece un criterio importante para poder recibir su consuelo, que es aprender de Él, que es paciente y humilde de corazón.

Para que no seamos aplastados por las dificultades comunes y corrientes del día a día, hemos de ser más humildes y no adoptar la actitud de supuesta superioridad en relación a los demás.

Igualmente, tratemos de ser más pacientes, de ejercitar la virtud de la tolerancia, de disciplinar la lengua para no herir con palabras agresivas.

Cristo tiene poder para aliviarnos, y lo quiere hacer, sin embargo, hemos de cargar con su yugo suave, lo que significa poner en práctica sus enseñanzas en las varias dimensiones de la existencia humana, de modo especial, en la dimensión económica y moral.

La conclusión de esta gracia de Dios, junto con el esfuerzo humano, es muy agradable: encontrar alivio para el espíritu y sensación de deber cumplido.

Paz y bien.

Por Hno. Joemar Hohmann Franciscano Capuchino

 

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3 pensamientos en “El evangelio del domingo: Encontrar alivio”

  1. Aliviar a los demás de sus cargas

    Hoy meditamos el evangelio según San Mateo 11, 25-30. De manera bien diferente a como muchos fariseos se comportaban con el pueblo, Jesús viene a librar a los hombres de sus cargas más pesadas, echándolas sobre Sí mismo.
    Venid a Mí todos los fatigados y agobiados –dice Jesús a los hombres de todos los tiempos–, y Yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

    Liberar a los demás de lo que les pesa, como haría Cristo en nuestro lugar. A veces consistirá en prestar un pequeño servicio, en dar una palabra de ánimo y de aliento, en ayudar a que esa persona mire al Maestro y adquiera un sentido más positivo de su situación, en la que quizá se encuentre agobiada por hallarse sola. Al mismo tiempo, podemos pensar en esos aspectos en los que de algún modo, a veces sin querer, hacemos un poco más onerosa la vida de los demás: los caprichos, los juicios precipitados, la crítica negativa, la falta de consideración, la palabra que hiere.

    Y si alguna vez nos encontramos nosotros con un peso que nos resulta demasiado duro para nuestras fuerzas, no dejemos de oír las palabras del Señor: Venid a Mí. Solo Él restaura las fuerzas, solo Él calma la sed. Jesús dice ahora y siempre: Venid a Mí todos los que andáis fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré.

    Efectivamente, Jesús está en una actitud de invitación, de conocimiento y de compasión por nosotros; es más, de ofrecimiento, de promesa, de amistad, de bondad, de remedio a nuestros males, de confortador y, todavía más, de alimento, de pan, de fuente de energía y de vida. Cristo es nuestro descanso.

    El trato asiduo con Nuestra Madre Santa María nos enseña a compadecernos de las necesidades del prójimo. Nada le pasó inadvertido a Ella, porque hasta los más pequeños apuros se hicieron patentes ante el amor que llenó siempre su Corazón. Ella nos facilitará el camino hacia Cristo cuando tengamos más necesidad de descargar en Él nuestras preocupaciones: sacarás fuerzas para cumplir acabadamente la Voluntad de Dios, te llenarás de deseos de servir a todos los hombres. Serás el cristiano que a veces sueñas ser: lleno de obras de caridad y de justicia, alegre y fuerte, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo.

    El papa Francisco, a propósito del evangelio de hoy, dijo: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré” (Mt. 11,28). Cuando Jesús dice esto, tiene ante sus ojos a las personas que encuentra todos los días por los caminos de Galilea: mucha gente simple, pobres, enfermos, pecadores, marginados… esta gente siempre le siguió para escuchar su palabra ¡una palabra que daba esperanza!

    ¡Las palabras de Jesús dan siempre esperanza! y también para tocar aunque solo fuese el borde de su manto. Jesús mismo buscaba a estas multitudes extenuadas y dispersas como ovejas sin pastor (cf. Mt 9:35-36): así dice Él, y las buscaba para anunciarles el Reino de Dios y para sanar a muchos de ellos en el cuerpo y en el espíritu. Ahora los llama a todos a su lado: “Vengan a mí”, y les promete alivio y refrigerio.

    La invitación de Jesús es para todos. Pero de manera especial para los que sufren más. Jesús promete reconfortar a todos, pero también nos hace una invitación, que es como un mandamiento: “Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón”.

    El “yugo” del Señor ¿en qué consiste? Consiste en cargar el peso de los otros con amor fraternal. Una vez recibido el alivio y consuelo de Cristo, estamos llamados también nosotros a ser alivio y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro.

    La mansedumbre y la humildad de corazón no solo nos ayuda a soportar el peso de los otros, sino a no cargar sobre ellos con nuestros propios puntos de vista personales, nuestros juicios, nuestras críticas o nuestra indiferencia”.

    (Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, y https://www.pildorasdefe.net)

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  2. DEL EVANGELIO DEL DOMINGO:
    “Vengan a mí todos los que se sienten cargados y agobiados, y yo los aliviaré” (Mt 11, 28)

    En el evangelio de este domingo encontramos una de las frases más reconfortantes de las Sagradas Escrituras, y que mucho nos ayuda en aquellos momentos difíciles por los cuales todos pasamos.
    Muchas veces la vida nos pone en ciertas situaciones tan complicadas, difíciles y dolorosas que nos sentimos completamente aplastados. A veces, nos parece que los problemas sobrepasan nuestras fuerzas y escuchamos a la desesperación golpear nuestra puerta. Existen ocasiones en que vivimos la angustia de no tener una respuesta, una solución: nos sentimos impotentes, cansados y desanimados.
    ¿Quién ya no se sintió así?
    ¿Quién ya no deseó al menos alguien que le abrace, que esté cerca, que le dé unas palabras de aliento?
    ¿Quién nunca necesitó de alguien para desahogarse y para llorar en su hombro?
    Y tantas veces, justo en los momentos que más necesitamos, las personas que pensamos que podrían ayudarnos se encuentran imposibilitadas: o están muy atareadas con sus cosas, o están en situaciones aún peores, o hasta por egoísmo o miedo, se esconden de nosotros…
    Sin embargo, en las palabras de Jesucristo, reconocemos su total disponibilidad hacia nosotros, especialmente cuando estamos más frágiles y necesitados. “Vengan a mí todos los que se sienten cargados y agobiados, y yo los aliviaré.”
    De hecho, él es el amigo fiel. Él es el amigo que nunca falla. En él nosotros podemos confiar.
    Su corazón misericordioso, nunca nos dejará desconsolados cuando lo buscamos pidiendo consolación. “Yo soy manso y humilde de corazón.”
    Jesús no tiene miedo de nuestras dificultades. Jamás se esconderá de nosotros, porque no quiere complicarse, o porque no quiere involucrarse en nuestros problemas. Tampoco, nos negará su gracia, porque conociendo nuestros pecados, nos juzga indignos de su amistad. Al contrario, se ofrece para estar presente en nuestras vidas y particularmente cuando nuestras fuerzas están por sucumbir, independientemente a la causa de nuestro sufrimiento.
    En verdad, Él sabe que cuando estamos necesitados, nuestros corazones se ablandan, y por eso la dificultad puede ser una nueva posibilidad para que él pueda entrar en nuestras vidas. De hecho, muchas personas encontrarán a Jesús en la experiencia del dolor, en una enfermedad, un duelo, un abandono familiar, una desilusión amorosa, un accidente… y después de esto cambiarán completamente sus vidas.
    La solidaridad y la fidelidad del Señor en nuestros momentos de pruebas, puede ser el inicio de nuestra transformación, por eso, aunque hayamos sido muy malos, Dios continua siempre dispuesto a abrazarnos, a consolarnos, a levantarnos… siempre con la esperanza de que ésta será nuestra oportunidad de conversión.
    Sin embargo, muchos después de sentir la gracia de Dios, cuando ya están recuperados, lo olvidan, y vuelven a sus vidas como antes… Y Dios en su paciencia infinita, sabiendo que la vida humana es siempre marcada por momentos difíciles, esperará nuestro nuevo grito, para que una vez más nos demuestre su amor y fidelidad, soñando siempre con nuestra conversión.
    Por eso mi hermano, mi hermana si estás viviendo un momento difícil acércate a Jesús y él te dará fuerzas. Él iluminará tu camino. No tengas miedo, no importa lo que hiciste, él está dispuesto. Dios no se fija demasiado en nuestro pasado, aunque está muy interesado en nuestro futuro.
    Y si conoces a alguien que está pasando por una situación delicada, no pierdas la ocasión de hablarle de Jesús, de su ternura, de su misericordia, de su gracia, tú podrás ser un instrumento de la gracia de Dios. “Vengan a mí todos los que se sienten cargados y agobiados, y yo los aliviaré.”

    El Señor te bendiga y te guarde,
    El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.

    Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

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  3. domingo 09 Julio 2017

    Decimocuarto Domingo del tiempo ordinario

    Libro de Zacarías 9,9-10.
    Así habla el Señor:
    ¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡
    Grita de júbilo, hija de Jerusalén!
    Mira que tu Rey viene hacia ti;
    él es justo y victorioso,
    es humilde y está montado sobre un asno,
    sobre la cría de un asna.
    El suprimirá los carros de Efraím
    y los caballos de Jerusalén;
    el arco de guerra será suprimido
    y proclamará la paz a las naciones.
    Su dominio se extenderá de un mar hasta el otro,
    y desde el Río hasta los confines de la tierra.

    Carta de San Pablo a los Romanos 8,9.11-13.
    Hermanos:
    Ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo.
    Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.
    Hermanos, nosotros no somos deudores de la carne, para vivir de una manera carnal.
    Si ustedes viven según la carne, morirán. Al contrario, si hacen morir las obras de la carne por medio del Espíritu, entonces vivirán.

    Evangelio según San Mateo 11,25-30.
    Jesús dijo:
    “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
    Sí, Padre, porque así lo has querido.
    Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.”
    Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
    Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
    Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.”

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, (1891-1942), carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa
    La oración de la Iglesia

    “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra”

    Cuando Jesús tomó el cáliz, dio gracias; aquí podemos pensar en las palabras de bendición que están contenidas en una acción de gracias al Creador. También sabemos que Cristo acostumbraba a dar gracias cuando, frente a un milagro, elevaba los ojos al cielo. El daba gracias al Padre porque sabía que le escuchaba. Cristo da gracias por la fuerza divina que lleva en sí mismo y a través de la cual puede presentar a los ojos de los hombres el poder infinito del Creador. El da gracias por la obra de salvación que ha venido a realizar, y también a través de ella, que en sí misma es glorificación de la divinidad trinitaria, porque por esa obra de salvación se renueva y embellece la imagen y semejanza divina de la creación que había sido deformada por el pecado.

    De esta manera podemos interpretar la ofrenda perpetua de Cristo -en la Cruz, en la Eucaristía y en la gloria eterna del cielo- como una única acción de gracias al Creador, como una acción de gracias por la creación, la salvación y el acabamiento final. Cristo se ofrece a sí mismo en nombre el mundo creado, cuyo modelo es El mismo y al cual ha descendido para transformarlo desde dentro y para conducirlo a la perfección. El invita también a toda la creación a unírsele en el ofrecimiento de acción de gracias debido al Creador.

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