El último pensamiento de Eric Hobsbawn

“Lo que no consigo ver claro es el futuro de las relaciones políticas y culturales entre los seres humanos. Porque gran parte de las soluciones, gran parte de las estructuras que teníamos en el pasado, han sido destruidas por el extraordinario dinamismo de la economía en que vivimos. Y esto está llevando progresivamente a hombres y mujeres a una situación en la que no pueden recurrir a reglas claras, a hacer proyectos, a su sentido común; en la que no saben qué hacer con su propia vida, individual y colectiva”. Eric Hobsbawn culminaba con estas palabras esa larga conversación con el periodista italiano Antonio Polito, que está volcado en un libro de 220 páginas titulado Entrevista sobre el siglo XXI.

El historiador británico había escrito una inmensa obra historiográfica compuesta por varios títulos, sin embargo, su reciente Historia del siglo XX había tenido un gran impacto pues hacía un largo recorrido por la centuria que estaba terminando para dar paso a un nuevo milenio y cuyos efectos aun influían en nuestras vidas. Era un trabajo raro en un historiador especializado en el siglo XIX. Hobsbawn se animaba a narrar un periodo largo tiempo que apenas culminaba, una especie de historia del presente que muy pocos de su profesión aciertan a hacerlo acabadamente. El libro fue un gran éxito y ratificó al autor como uno de los grandes intelectuales de esa gran época que fue envejeciendo a la par que él.

Si alguien tan preparado como Hobsbawn pudo escribir tan balanceada obra, ¿porque no podría darnos una perspectiva sobre nuestro futuro? Eso fue lo que pensó Polito e inició aquella conversación donde podemos conocer pensamientos y facetas hasta ese momento inéditas en el célebre investigador. Por sobre todo, la sabiduría de un hombre que había vivido intensamente ese siglo –como historiador, como testigo y protagonista– se vuelcan en unas declaraciones sinceras y desprovistas de los formalismos de las ciencias sociales.

La cita con que empiezo esta columna refleja un pensamiento que ya está expresado en Historia del siglo XX. Ahí Hobsbawn distingue tres transformaciones radicales que nos permiten hablar de un antes y un después del denominado “siglo corto”. La primera transformación radica en que el mundo “no es ya eurocéntrico”. Segundo: “el mundo ha avanzado notablemente en el camino que ha de convertirlo en una única unidad operativa, lo que era imposible en 1914”. Y tercero: “es también la más perturbadora en algunos aspectos, es la desintegración de las antiguas pautas por las que se regían las relaciones sociales entre los seres humanos y, con ella, la ruptura de los vínculos entre las generaciones, es decir, entre pasado y presente”.

Esta tercera y última transformación es la más preocupante y casi dos décadas después de aquel libro, le seguía perturbando, tal como se lo indica a Polito en aquella larga entrevista. Este mes en que lo recordamos al Eric Hobsbawn ya centenario, creo importante recordar esta idea suya, al menos para saber si nos perturba también a nosotros, o si realmente ya todo está perdido.

Por Sergio Cáceres Mercado

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