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La balacera de las falsas noticias, el pizzagate y el miente miente

Edgar Maddison Welch saltó a la fama, aparentemente “sin querer queriendo”, por creer una “falsa noticia” de las muchas que caracterizaron la campaña en las recientes elecciones presidenciales en EEUU. La falsa noticia que lo llevó a protagonizar una balacera en una pizzería en Washington, disparando con un fusil de guerra con una milagrosamente mala puntería que hizo que no hiriera a nadie.

Convencido de que ahí había un centro de corrupción, de prostitución, de pedofilia , que, según la “falsa información” estaba vinculado a la candidata Clinton, se sintió “salvador” e irrumpió en el local disparando como loco. No acertó a nadie hasta que se percató de que allí no había más que una pizzería.

En fin, que lo que pudo ser una catástrofe “terrorista” fue provocada por una podrida mentira, entre tantas de una sucia campaña política, en la que lamentablemente “valió todo”.

Decía afortunada mala puntería, ya que no hubo víctimas fatales y la jueza dictó un fallo generoso de sólo cuatro años de prisión, que a los dueños de la pizzería, pienso, no les habrá caído tan bien por las consecuencias que puede tener a futuro, cuando los clientes piensen dos y hasta cien veces para elegir el lugar para deglutir una pizza por sabrosa que sea, pensando en la posibilidad de que otro “redentor” pueda creer la desinformación y decidir “purificar” el supuesto centro de corrupción.

Las “noticias falsas” fueron prácticamente una “estrategia” de la campaña indirecta de Trump que tuvieron un eje: Washington-Moscú; uno de los que tuvo que pedir disculpas por haber promovido la “información”, fue Alexis Jones, presentador de una página web que promovió la “información” y recibió elogios del hoy presidente Trump.

Hasta aquí la información como la publica el diario español El País, pero que proviene fundamentalmente de la prensa de Estados Unidos y se ha instalado así en el lenguaje cotidiano, como si empezara a volverse natural que haya “falsas noticias”; hasta ahora en este oficio debíamos constatar que había noticias malas, es decir, equivocadas, imprecisas y hasta apuradas y plagadas de errores, por falta de trabajo serio o por esa permisividad que se suele calificar como “la premura del tiempo”, el afán de la primicia, pero no premeditadamente falsas; en este caso no se trata de noticias sino de mentiras descaradas y premeditadas y viralizadas por todos los medios, alcanzando incluso a los formales; descalificaciones, más que informaciones, para atacar a los candidatos contrarios: premeditadas desinformaciones, falsedades, contrarias al concepto de información y al concepto de noticia, que tienen el objetivo de la desinformación contra la información, es decir, que están más cerca del “miente miente que algo quedará” del pensamiento nazi.

Es muy grave que a estos engaños los sigamos manteniendo en la categoría de “noticias”, pese a que la palabra noticias vaya acompañada del calificativo de falsas

¿Y por casa cómo andamos? El fenómeno político de emitir “falsas noticias” o acusaciones sin fundamento ni prueba alguna, descalificaciones calumniosas, con tal de atacar al contrario como en una guerra de destrucción terrorista en la que todo vale, hasta justificar el vandalismo en el Congreso, olvidando que se trata de una confrontación política, no sólo degrada más al emisor de las falsedades, sino que contamina el ambiente político y social del país, y degrada a la clase política, ya que resulta, para la población “normal”, desconcertante ver cómo se pasa de calificar de bandido, corrupto y narco a un contrario, y abrazarlo y ensalzarlo tiempo después, si se pasa a su bando.

Y el fenómeno no es sólo de la vociferación política que, inevitablemente termina llegando a los medios a través de las declaraciones mediáticas de “falsas noticias” descalificadoras de los contrarios, por todas las páginas, pantallas y micrófonos abiertos. Y hasta se llega en casos a que la propia empresa periodística se encarga de promover a sus favoritos y denigrar a los contrarios en base a “falsas noticias”, que no siempre son reconocidas y corregidas, pese al grosor y la grosería de los errores.

No está mal, se ha discutido mucho al respecto y creo que se ha llegado a consenso, de que un diario, un canal, una radio o cualquier periodista por cualquier medio, tenga su preferencia y haga su argumentación a favor y en contra, reconociendo su parcialidad y, sería conveniente, hasta explicándola a los receptores. Lo grave es mentir premeditadamente, como estrategia política: “miente miente”. Y no es un fenómeno exclusivo de las redes, de los falsos perfiles instalados para difamar y denigrar, sino de todos los medios y cada vez más extendido a la prensa, que se declara cínicamente imparcial, objetiva, nacional y patriótica.

Es como un virus que está emponzoñando la política envileciendo la “información” que se vuelve así, más que falsa, corrupta.

Por Antonio Carmona

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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