¿A qué edad vas a morir?

Aunque hay personas obsesionadas con su propia muerte, la inmensa mayoría prefiere no pensar en ella y más se ocupa en sumar años a como dé lugar. ¿Cómo hacer para vivir más? Según los médicos, la respuesta es una dieta saludable y ejercicios. Pero mienten.

La expectativa de vida del ser humano fue variando en el tiempo según algunos parámetros como la evolución médica y la guerrera. Hace 2.000 años, o más, lucir barbas blancas era un prodigio, ya que la salud o las constantes batallas hacían difícil que un hombre alcanzara los 30 años, porque o lo mataba una enfermedad o era ensartado por una espada.

Así, en el Siglo XIX, el promedio de vida era de 40-45 años. Incluso, según publicaciones de la Deutsche Welle, un estudio del Instituto Max Planck, de Rostock, y la Universidad de Cambridge, da cuenta que “las expectativas de vida se extendieron con regularidad desde mediados de ese siglo a un ritmo de 3 meses por año”.

Durante el Siglo XX no solo disminuyó la tasa de muerte infantil, sino que aumentó de forma constante en número la población mundial y -lo que nos interesa- la expectativa de vida. La ilusión de que se podría alcanzar la inmortalidad fue ganando entusiastas, sobre todo al llegar a la barrera de los 100 años.

Las fórmulas mágicas de hacer ejercicios y alimentarse “correctamente” mejoraron el índice de vida, pero ni la medicina ni los avances científicos lograron traspasar ese umbral, ya que la supervivencia cae drásticamente al alcanzar la cifra de 3 dígitos. Las edades máximas (en promedio) se registran en Japón, con mujeres de 85 años y los hombres de 78.

La buena noticia es que para la ciencia, el índice de vida va a seguir aumentando y es posible que sea normal que la gente llegue a los 100 años hacia el 2060; las malas noticias son que es seguro que al alcanzar esa edad la vida se acabe y, además, muchos de los que están leyendo estas líneas no alcanzaremos a saber si tenían o no razón los científicos.

Como la muerte es algo inevitable, lo más importante no es saber cuánto vamos a vivir, sino cuál será la calidad de vida en el trecho que nos queda. No es cuestión de hacernos los valientes y decir que la muerte no nos asusta, pero sí que es una realidad, así como la nueva curva demográfica que plantea radicales cambios de conducta en la tercera edad.

Si tenemos a algún familiar mayor, deberíamos verlo y fijarnos con atención. En Paraguay, “los viejos” todavía son tenidos en el fondo de la casa como una molestia vergonzosa que se debe ocultar. Es como que solo los jóvenes son merecedores de la vida y los mayores deben dar un paso al costado. O dos, hacia su tumba. Es como que al mermar la fuerza, los hijos y nietos les pierden el respeto a los ancianos y ya no cuenta la voluntad de ese grupo.

A esa edad el cuerpo duele, no responde, se olvidan las cosas, y peor, los amigos van desapareciendo, así como la pareja de toda la vida. La convivencia pareciera como con extraños.

Hace apenas dos días, el 15 de junio, se conmemoró el Día Mundial de Toma de Conciencia de Abuso y Maltrato en la Vejez. Aunque para muchos esa fecha nada significa, llegará el momento en que todos la invocarán porque -a pesar de llamarnos humanos- esa forma de trato es algo que se da en el mundo. Y también en Paraguay.

El maltrato a un anciano, a una persona que no puede defenderse, es una de las mayores vilezas que existen. Y más cuando los unen lazos sanguíneos y deuda de gratitud.

Hoy deberíamos detenernos y ver a esa persona de la tercera edad que vive con nosotros. Mirarla fijamente y vernos en ella porque sin duda llegaremos a esa edad. Los científicos lo aseguran. Entonces debemos pensar si queremos que nuestra vida acabe de esa manera o si decidimos evolucionar como sociedad, como en otros países, en los que hoy día estas personas son muy apreciadas y hasta se convirtieron en nicho de lucro.

Por ejemplo, en países desarrollados, las personas de la tercera edad forman alegres grupos y recorren el mundo y las agencias de turismo las adoran. No solo eso, también los prestadores de servicio de internet están felices porque los abuelos “descubrieron” las redes sociales y cada vez son más los que las usan. Y en vez de quedar confinados en el fondo de la casa, hacen nuevos amigos y se interrelacionan.

La respuesta de “a qué edad vas a morir” no depende de una persona, sino de cada individuo que en conjunto forma la sociedad. Unos seguirán juntando dinero, creyendo que serán eternos. Otros serán “machos” hasta que ya no puedan cambiarse solos los pantalones.

Ojalá llegues a los 100, pero si no, no importa. Lo bueno será haber vivido y no haber muerto en vida en una silla en el fondo del patio, en soledad.

Por Alex Noguera

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s