El evangelio del domingo: Dios cercano y salvador

Celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, que es el misterio central de la fe cristiana, pues es el misterio de Dios en sí mismo y es la verdad más importante del cristianismo.
Todo el que cree que hay un solo Dios en tres Personas distintas, de la misma naturaleza, el Padre Creador, el Hijo Redentor y el Espíritu Santificador, es cristiano; y quien lo niega, no es cristiano, aunque pueda ser buena persona.

Dios por su benévola decisión quiso manifestarse a nosotros y “retirar el velo” que cubría su rostro, dándonos a conocer algunas cosas de su esencia íntima.

Sin embargo, al querer entender a Dios ponemos el infinito delante del finito, el mortal delante del eterno y el omnipotente ante el necesitado. La conclusión evidente es que el infinito nos supera, y si algo podemos comprender de Él, mucho más nos falta saber.

Siempre se dice que “la Santísima Trinidad es un misterio”, lo que es correcto, pero podemos conocer cada vez a Dios, en una experiencia personal que se va profundizando sin terminar nunca.

Y es bueno que sea así, pues si Dios pudiera ser plenamente entendido por la pequeña mente humana, ¿qué Dios sería este?

El Evangelio asegura que Él tanto amó al mundo que nos entregó a su Hijo para que tengamos vida eterna, siempre y cuando manifestemos una fe verdadera en Él. Es más, ofrece la salvación a todos, pues todos la necesitan, sin discriminar a nadie. Viene a nosotros en la persona de su Hijo, que asume nuestra realidad imperfecta para hacerla perfecta, por ello es cercano, es Emanuel.

Dios se relaciona con nosotros por amor, que es la cercanía más grande que puede existir entre las personas. Todos ya hemos hecho esta experiencia: cuando uno ama quiere estar junto, siente placer en compartir y desea el bien del otro.

Ser cristiano y creer en la Santísima Trinidad es permitir que Dios entre en contacto con nosotros y mejore nuestra vida, en el sentido de hacernos más semejantes a Él.

Así como en la Trinidad reina la donación, que sepamos vencer nuestro egoísmo y no tengamos miedo de comprometernos con causas justas. No olvidemos lo cuanto nuestro país necesita de personas que se opongan a la corrupción asquerosa que intoxica la sociedad.

El Dios cercano es salvador, pero Jesús hace una grave advertencia: “El que no cree en él ya está condenado“, lo que debe impulsarnos a no estar lejos de Dios, por preferir al dinero y a la soberbia.

Paz y bien.

Por Hno. Joemar Hohmann Franciscano Capuchino

 

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3 pensamientos en “El evangelio del domingo: Dios cercano y salvador”

  1. Entremos siempre más en la comunión trinitaria, para dar testimonio del amor salvífico de Cristo

    11 de jun de 2017
    Palabras del Papa antes y después del rezo del Ángelus, en el día de la Stma. Trinidad.
    Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

    Las Lecturas bíblicas de este domingo, fiesta de la Santísima Trinidad, nos ayudan a entrar en el misterio de la identidad de Dios. La segunda Lectura, presenta las palabras que san Pablo dirige a la comunidad de Corinto: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes”(2 Cor 13,13). Esta “bendición” del Apóstol es fruto de su experiencia personal del amor de Dios, aquel amor que Cristo resucitado le ha revelado, que ha transformado su vida y lo ha “empujado” a llevar el Evangelio a la población. A partir de esta experiencia suya de gracia, Pablo puede exhortar a los cristianos con estas palabras: “alégrense, trabajen para alcanzar la perfección, anímense unos a otros, vivan en armonía y en paz”. La comunidad cristiana, aun con todos los límites humanos, puede transformarse en un reflejo de la comunión con la Trinidad, de su bondad y de su belleza. Pero esto – como el mismo Pablo da testimonio – pasa necesariamente a través de la experiencia de la misericordia de Dios, de su perdón.

    Es lo que sucede a los judíos en el camino del éxodo. Cuando el pueblo infringió la alianza, Dios se presentó a Moisés en la nube para renovar aquel pacto, proclamando el propio nombre y su significado: “El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse y pródigo en amor y fidelidad” (Ex 34,6). Este nombre expresa que Dios no está alejado y encerrado en sí mismo sino que es Vida que quiere comunicarse, es apertura, es Amor que rescata al hombre de la infidelidad. Dios es “misericordioso”, “piadoso” y “rico de gracia” porque se ofrece a nosotros para colmar nuestros límites y nuestras faltas, para perdonar nuestros errores, para volvernos a llevar al camino de la justicia y de la verdad. Esta revelación de Dios llegó a su cumplimiento en el Nuevo Testamento gracias a la palabra de Cristo y a su misión de salvación. Jesús nos ha manifestado el rostro de Dios, Uno en la sustancia y Trino en las personas; Dios es todo y sólo Amor, en una relación subsistente que todo crea, redime y santifica: Padre e Hijo y Espíritu Santo.

    También Evangelio de hoy “pone en escena” a Nicodemo, el cual, aun ocupando un lugar importante en la comunidad religiosa y civil de ese tiempo, no ha dejado de buscar a Dios. No pensó: “ya llegué” ¡no! No dejó de buscar a Dios. Y ahora ha percibido el eco de su voz en Jesús. En el diálogo nocturno con el Nazareno, Nicodemo comprende finalmente que es ya buscado y esperado por Dios, que es amado personalmente por Él. Dios siempre nos busca antes, nos espera antes, nos ama antes. Es como la flor del almendro, así dice el profeta: florece antes.

    En efecto, así le habla Jesús: “Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna”. ¿Qué es la vida eterna? Es el amor desmedido y gratuito del Padre que Jesús ha donado en la cruz, ofreciendo su vida por nuestra salvación. Este amor, con la acción del Espíritu Santo, ha irradiado una luz nueva sobre la tierra y en cada corazón humano que lo acoge; una luz que revela los ángulos oscuros, las durezas que nos impiden llevar los frutos buenos de la caridad y de la misericordia.

    Que la Virgen María nos ayude a entrar siempre más, con todo nosotros mismos, en la Comunión trinitaria, para vivir y dar testimonio del amor que da sentido a nuestra existencia.

    Luego del Angelus agregó:

    Queridos hermanos y hermanas,

    Ayer, en La Spezia, fue beatificada Itala Mela. Criada en una familia lejos de la fe, en su juventud se profeso atea, pero se convirtió después a una intensa experiencia espiritual. Se comprometió entre los universitarios católicos, llegando a ser Oblata benedictina y cumplió un recorrido místico centrado en el misterio de la Santísima Trinidad, que hoy celebramos de manera especial. El testimonio de la nueva Beata nos anima, durante nuestros días, a dirigir a menudo el pensamiento a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo que habitan en la celda de nuestro corazón.

    Saludo a todos ustedes, queridos romanos y peregrinos: a los grupos parroquiales, a las familias, a las asociaciones. Saludo en particular a los fieles venidos de Montpellier, de Córcega y Malta; y de Italia, a los fieles de Padua y Norbello y los chicos de Sassuolo.

    Un pensamiento especial a la comunidad boliviana que vive en Roma y celebra la Virgen de Copacabana.

    A todos ustedes les deseo un buen domingo. Y por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

    fuente: Radio Vaticana

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  2. La Santísima Trinidad

    Lectura del santo evangelio según san Juan: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.”
    Después de haber renovado los misterios de la salvación la liturgia nos propone el misterio central de nuestra fe: la Santísima Trinidad, fuente de todos los dones y gracias, misterio inefable de la vida íntima de Dios.

    La Trinidad Santa habita en nuestra alma como en un templo. Y San Pablo nos hace saber que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. Y ahí, en la intimidad del alma, nos hemos de acostumbrar a tratar a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo. «Tú, Trinidad eterna, eres mar profundo, en el que cuanto más penetro, más descubro, y cuanto más descubro, más te busco», le decimos en la intimidad de nuestra alma.

    El Papa a propósito del evangelio de hoy dijo: “El Evangelio de hoy nos propone las palabras dirigidas por Jesús a Nicodemo: Dios, amó tanto al mundo, que dio a su Hijo unigénito”. Escuchando esta Palabra, dirigimos la mirada de nuestro corazón a Jesús Crucificado y sentimos dentro de nosotros que Dios nos ama, nos ama de verdad, y ¡nos ama mucho! Esta es la expresión más sencilla que resumen todo el Evangelio, toda la fe, toda la teología: Dios nos ama con amor gratuito y sin límites.

    San Pablo nos recuerda: “Pero Dios, que es rico en misericordia –no olvidarlo nunca, es rico en misericordia– por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo”. La Cruz de Cristo es la prueba suprema del amor de Dios por nosotros: Jesús no ha amado “hasta el extremo”, es decir, no solo hasta el último instante de su vida terrena, sino hasta el extremo límite del amor. Si en la creación el Padre nos ha dado la prueba de su amor inmenso dándonos la vida, en la Pasión de su Hijo nos ha dado la prueba de las pruebas: ha venido a sufrir y morir por nosotros. Y esto por amor. Así de grande es la misericordia de Dios, porque nos ama, nos perdona con su misericordia.

    María, Madre de misericordia, nos ponga en el corazón la certeza de que somos amados por Dios. Esté cerca de nosotros en los momentos de dificultad y nos done los sentimientos de su Hijo.”

    El Papa en la Audiencia General del pasado miércoles dijo: “Había una cosa fascinante en la oración de Jesús, tan fascinante que un día sus discípulos pidieron ser partícipes. El episodio se encuentra en el Evangelio de Lucas, que entre los evangelistas es el que mayormente documentó el misterio del Cristo “orante”: el Señor rezaba. Los discípulos están impactados por el hecho de que Él, especialmente por la mañana y por la tarde, se retira en soledad y se “sumerge” en la oración. Y por esto, un día, le piden que les enseñen a rezar a ellos también. Es entonces cuando Jesús transmite lo que se ha convertido en la oración cristiana por excelencia: El padrenuestro. En verdad, Lucas, respecto a Mateo, nos devuelve la oración de Jesús en una forma un poco abreviada, que comienza con la simple invocación: «Padre».

    Ahora os hago una propuesta: cada uno de nosotros tiene muchos problemas y muchas necesidades. Pensemos un poco, en silencio, en estos problemas y estas necesidades. Pensemos en el Padre, en nuestro Padre, que no puede estar sin nosotros, y que en este momento nos está mirando. Y todos juntos, con confianza y esperanza, recemos: “Padre nuestro, que estás en los Cielos…”!

    (Del libro Hablar con Dios, y http://es.catholic.net/op y https://w2.vatican.va).

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  3. domingo 11 Junio 2017
    Solemnidad de la Santísima Trinidad

    Libro del Exodo 34,4b-6.8-9.
    Moisés subió a la montaña del Sinaí, como el Señor se lo había ordenado, llevando las dos tablas en sus manos.
    El Señor descendió en la nube, y permaneció allí, junto a él. Moisés invocó el nombre del Señor.
    El Señor pasó delante de él y exclamó: “El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad.
    Moisés cayó de rodillas y se postró,
    diciendo: “Si realmente me has brindado tu amistad, dígnate, Señor, ir en medio de nosotros. Es verdad que este es un pueblo obstinado, pero perdona nuestra culpa y nuestro pecado, y conviértenos en tu herencia”.

    Carta II de San Pablo a los Corintios 13,11-13.
    Hermanos:
    Alégrense, trabajen para alcanzar la perfección, anímense unos a otros, vivan en armonía y en paz. Y entonces, el Dios del amor y de la paz permanecerá con ustedes.
    Salúdense mutuamente con el beso santo. Todos los hermanos les envían saludos.
    La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo permanezcan con todos ustedes.

    Evangelio según San Juan 3,16-18.
    Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
    Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
    El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :
    San Efrén (c. 306-373), diácono en Siria, doctor de la Iglesia
    Himno a la Trinidad

    «Un solo Dios, un solo Señor, en la trinidad de personas y en unidad de su naturaleza» (Prefacio)

    Refrán: ¡Bendito sea el que te envía!

    Toma como símbolos el sol para el Padre
    para el Hijo, la luz,
    y para el Espíritu Santo, el calor.

    Aunque sea un solo ser, es una trinidad
    lo que se percibe en él.
    Captar al inexplicable, ¿quién lo puede hacer?

    Este único es múltiple: uno formado de tres,
    y tres no forman sino uno,
    ¡gran misterio y maravilla manifestada!

    El sol es distinto de sus rayos
    aunque estén unidos a él;
    sus rayos también son el sol.

    Pero nadie habla, sin embargo, de dos soles,
    aunque los rayos
    son también el sol aquí abajo.

    Tampoco nosotros decimos que habría dos Dioses.
    Dios, Nuestro Señor, lo es,
    también él, por encima de lo creado.

    ¿Quién puede enseñar cómo y dónde le está unido
    el rayo al sol,
    así como su calor, siendo libres.

    No están ni separados ni se confunden,
    unidos aunque distintos,
    libres pero unidos, ¡oh maravilla!

    ¿Quién puede, escrutándolos, tener poder sobre ellos?
    ¿Y, sin embargo, no son ellos,
    aparentemente tan simples, tan fáciles?

    Mientras que el sol permanece todo él arriba,
    su claridad, su calor,
    son, un símbolo claro para los de aquí abajo.

    Sí, sus rayos llegan hasta la tierra
    y se quedan en nuestros ojos
    como si revistieran nuestra carne.

    Cuando nuestros ojos se cierran en el momento del sueño
    como a unos muertos, los abandona,
    a ellos que seguidamente se desvelarán.

    Y cómo la luz entra en el ojo,
    nadie lo puede comprender.
    Así Nuestro Señor en el seno…

    De esta manera Nuestro Señor se ha revestido de un cuerpo
    con toda su debilidad,
    para venir a santificar al universo.

    Pero cuando el rayo vuelve a su fuente,
    nunca ha estado
    separado del que lo engendró.

    Deja su calor para los que están abajo,
    como Nuestro Señor
    ha dejado el Espíritu Santo a los discípulos.

    ¡Contempla estas imágenes en el mundo creado,
    y no dudarás,
    en cuanto a los Tres, porque sino te pierdes!

    Lo que estaba oscuro te lo he hecho claro:
    cómo los tres hacen uno,
    trinidad que no forma sino una esencia.

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