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50 años de la guerra de 1967

Esta semana marca 50 años desde la impresionante victoria de Israel en la guerra de 1967, conocida como la Guerra de los Seis Días, que cambió dramáticamente el panorama de Oriente Medio. En su guerra defensiva contra los ejércitos hostiles, Israel prevaleció y reunificó su antigua capital, Jerusalén. Sin embargo, a pesar de todo el cambio que ha producido, la guerra de 1967 es menos una causa de las realidades actuales de lo que a menudo se piensa. El agresivo cerco militar sobre Israel en mayo de 1967, que desencadenó la guerra, derivó del rechazo fundamental de los árabes y palestinos al derecho de Israel a existir, sean cuales fueren sus fronteras. Este rechazo es la razón por la cual aún no reina la paz.

En 1947, las Naciones Unidas adoptaron el plan de partición para crear dos Estados, uno para los judíos y otro para los árabes. La población judía aceptó el plan, pero la gran mayoría de los árabes prometió no reconocer nunca a un Estado judío en su seno y rechazó el acuerdo.

Cuando Israel declaró su independencia el 14 de mayo de 1948, los estados árabes que rodeaban a Israel declararon una guerra de aniquilación e invadieron el Estado naciente. Después de una feroz lucha, se alcanzó un alto el fuego en 1949.

Desde 1949 hasta 1967, la parte oriental de Jerusalén y Cisjordania fueron ocupadas por Jordania y administradas desde su capital, Ammán, mientras que la Franja de Gaza fue ocupada por Egipto. La población judía fue expulsada del territorio controlado por los jordanos.

Sin embargo, a pesar de la oportunidad, los estados árabes no hicieron ningún esfuerzo para establecer un Estado palestino en las áreas controladas por Jordania y Egipto.

En 1967, Egipto y los otros países árabes prepararon otra guerra de aniquilación contra Israel. Rodeado de naciones árabes hostiles que no ocultaron su intención de destruir el Estado judío, Israel no tuvo más remedio que luchar por su existencia.

Contra todos los pronósticos, Israel prevaleció en su guerra de defensa y en el curso de la lucha tomó el control de Cisjordania, las Alturas del Golán y el desierto del Sinaí (al que más tarde renunció a cambio de la paz con Egipto).

Por primera vez desde la independencia de Israel, los judíos ahora tenían acceso a los sitios más sagrados del judaísmo y a los monumentos históricos de Jerusalén, incluyendo el Muro Occidental y el Monte del Templo en la Ciudad Vieja. Jerusalén, que había sido la capital geográfica y espiritual del pueblo judío durante miles de años, fue reunificada.

Israel se había esforzado por lograr la paz con sus vecinos árabes desde 1948; este deseo está consagrado en su Declaración de Independencia. Ahora, al final de la guerra de 1967, Israel anunció que estaba preparado para negociar y comprometido con la paz.

La respuesta árabe, anunciada en la cumbre de la Liga Árabe en Jartum el 29 de agosto de 1967, fue una vez más un verdadero rechazo a Israel, los famosos “Tres No”: “No a la paz con Israel, no al reconocimiento de Israel y no a las negociaciones con Israel”.

Desde entonces, Egipto y Jordania llegaron a aceptar a Israel. Sin embargo, la negativa del liderazgo palestino a reconocer al Estado judío ha sido reiterada una y otra vez, precisamente en detrimento de israelíes y palestinos por igual.

Israel continúa extendiendo su mano de paz. La paz llegará cuando el liderazgo palestino entienda que el camino hacia el logro de sus metas no viene a través del odio, la violencia y el rechazo de Israel, sino a través del reconocimiento y la coexistencia.

Peleg Lewi

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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2 comentarios en “50 años de la guerra de 1967

  1. Por qué triunfan los israelíes y fracasan los árabes

    Hay que celebrarlo. Todo comenzó en 1948, tras el visto bueno de Naciones Unidas. No hubo veto. Washington y Moscú le dieron su aprobación, algo inusual en aquel tenso momento de la Guerra Fría. El gobierno de Truman, votó por la solución de los dos Estados por la legítima presión del lobby judío interno. El de Stalin, porque la URSS veía con cierta simpatía la experiencia socialista, aunque democrática, que entonces se forjaba con las leyendas de los kibutz.
    Tras un final de infarto, el mandato de la ONU, después de una votación muy difícil, dado que requería las dos terceras partes del organismo internacional, entonces más de 31 votos, dispuso la creación de dos Estados independientes: uno judío y otro árabe. La buena voluntad de los latinoamericanos fue la clave. Entonces era el mayor bloque de naciones del planeta.

    Hay que recordar a Guatemala y a su embajador Jorge García Granados, que lucharon dentro del Comité creado por Naciones Unidas para lograr el triunfo de la moción. Por la otra punta, tampoco puede olvidarse que el gobierno cubano de Ramón Grau San Martín, incomprensiblemente, se alineó con quienes se oponían a la resolución. Fue el único voto en contra de la creación de Israel en el bloque latinoamericano, el mayor de aquella ONU que recién comenzaba.

    Parcialmente, voy a repetir por escrito lo que señalé en mis comentarios radiales. En ese breve periodo de 70 años, Israel se ha transformado en el mayor éxito social y político contemporáneo, mientras los árabes, empeñados en destruirlo, ni siquiera han conseguido crear su Estado. Lo que hoy existen son dos facciones enemigas que se entrematan frecuentemente: la Franja de Gaza, dominada por Hamas, y la Autoridad Nacional Palestina, cuya capital es Ramala, controlada por Al Fatah.

    ¿Por qué la diferencia tan notable entre el fracaso de los palestinos y el triunfo social y político de Israel? La pregunta es muy importante. Tanto, que los escritores musulmanes la han extendido al ámbito árabe y hoy debaten públicamente en sus diarios por qué Israel ha tenido un enorme éxito mientras los musulmanes continúan empantanados, no sólo en Palestina, sino en casi todas las naciones árabes.

    Dori Lustron, una notable periodista judía que mantiene en internet una página muy vista llamada Por Israel, se ha tomado el cuidado de traducir y publicar lo que dicen los árabes de su propio fracaso relativo.

    El trabajo es muy interesante, porque, al menos en la compilación de Lustron, han desaparecido los viejos y falsos argumentos árabes que le atribuían el éxito de los israelíes a los subsidios de Estados Unidos o al sionismo. Egipto ha recibido tanto o más de los árabes, e incluso de Washington.

    Lo que ahora reconocen es que la fuerza del Estado israelí es la consecuencia de las instituciones de derecho y el combate abierto a la corrupción que ha permitido que un ex primer ministro israelí, Ehud Olmert, haya ido a la cárcel por haber recibido un soborno de unos pocos miles de dólares cuando era alcalde de Jerusalén.

    Hoy los árabes admiten que las diferencias entre Israel y ellos son el resultado de la democracia para organizar la transmisión de la autoridad, el respeto a las minorías, y la libertad con que los ciudadanos examinan la obra de los gobernantes. Los más audaces se atreven a aceptar que las mujeres árabes-israelíes son las únicas realmente libres en todo el ámbito islámico.

    Por otra parte, dicen los propios árabes, los israelíes invierten en educación y tecnología, que es una inversión en el futuro, lo que les ha permitido ser un pequeño gigante en materia industrial y científica, mientras los árabes continúan mirando obsesivamente al pasado.

    Este es un nuevo análisis de los intelectuales árabes y es fundamental que prevalezca. Mientras los árabes permanezcan bajo la autoridad moral de unos santones religiosos empeñados en revivir las fantasías medievales que los llevaron y llevan a enfrentamientos sangrientos, es muy difícil que esos países prosperen y compitan.

    Mientras los árabes no sean capaces de crear instituciones de Derecho que protejan a los ciudadanos y combatan la corrupción, están condenados a fracasar. Pero es magnífico que los árabes, setenta años después de la creación de Israel, entiendan el porqué de las diferencias entre el desempeño de unos y otros. No es la gente. Al fin y al cabo, los judíos y los árabes son primos hermanos. Son las instituciones de la libertad.

    Por Carlos Alberto Montaner

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    Publicado por jotaefeb | 11/05/2018, 07:11
  2. Guerra de los Seis Días: un conflicto con secuelas vigentes
    Hace 50 años comenzó la Guerra de los Seis Días. Israel atacó a tres vecinos países árabes que habían amenazado con destruir a Israel. La victoria de Israel marca la región hasta el día de hoy.

    “Se sintió como una amenaza existencial para Israel”, recuerda Moshe Milo los días poco antes de estallar la guerra. Milo tenía 23 años y era operador de radio en una unidad paracaidista israelí. En las semanas previas el entonces presidente egipcio Gamal Abdel Nasser había amenazado con borrar a Israel del mapa. Lo mismo se podía escuchar desde Siria. Los dos países árabes ya habían luchado dos guerras contra Israel, en 1948 y en 1956. A continuación, el presidente egipcio estacionó sus tropas en el Sinaí y cerró el estrecho de Tirán para el tráfico marítimo israelí.
    En la mañana del 5 de junio 1967 la Fuerza Aérea de Israel atacó en un avance sorpresa a las tropas en el Sinaí. Cuando estalló la guerra, el soldado Milo ya estaba listo para salir a luchar contra los egipcios en el sur. “Pero de repente cambiaron nuestra misión y nos fuimos de camino a Jerusalén.”
    Conquista del Muro de las Lamentaciones

    50 años más tarde, Moshe Milo y Yoram Zamosch caminan por el bario musulmán en la ciudad vieja de Jerusalén. En 1967, Yoram Zamosch fue el joven comandante de la unidad militar. Juntos atacaron la Puerta de los Leones y entraron en casco antiguo de Jerusalén, ocupado por Jordania desde 1948. La Guerra de los Seis Días ha marcado profundamente a los compañeros de guerra. “Hasta esa guerra, el mundo nos consideró un pueblo débil y perseguido. No habían pasado apenas 25 años desde el Holocausto”, dice Yoram Zamosch hoy. “Y de repente conseguimos recuperar el Muro de las Lamentaciones. Logramos confiar de nuevo en nosotros mismos.”
    A pocos metros de distancia, la joven palestina de 17 años Haifa al Khalidi observó los avances de los israelíes. Desde el techo de la casa de sus padres puede ver el Muro de las Lamentaciones, la Cúpula de la Roca y la Mezquita de Al Aqsa. “Nos habíamos atrincherado en la casa y nadie se atrevía ni mirar por la ventana. Oímos a alguien gritar – los soldaos iraquíes han llegado”, recuerda Khalidi. “Pero mi madre rápidamente reconoció por las voces de que se trataba de soldados israelíes. Nos quedamos sorprendidos que los israelíes fueran tan rápidos en entrar en el casco viejo.”

    El 7 de junio de1967, las tropas israelíes conquistaron la zona. “Vimos a nuestro comandante llorar de alegría por poder tocar el muro de las Lamentaciones”, cuenta Zamosch. Él fue el soldado que colocó la bandera israelí sobre el Muro de las Lamentaciones. Un momento que no olvidara en toda su vida.
    Liberación y ocupación
    En muy pocos días, Israel había triplicado su territorio – pero también controlaba a otro pueblo: los palestinos. Poco después de la guerra surgió la cuestión de cómo tratar esos nuevos territorios ocupados. “Estamos aquí sentados con dos pueblos, uno con todos los derechos, y otro al que se le niega todos los derechos”, dijo el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Abba Eban.

    En la ciudad vieja de Jerusalén, la palestina Haifa al Khalidi observó las consecuencias de la guerra. El barrio Mughrabi fue demolido para facilitar el acceso al Muro de las Lamentaciones. “Dieron dos horas de tiempo para desalojar las casas y al instante llegaron las excavadoras”, recuerda Khalidi. Miles de personas huyeron de la guerra hacia el este. Muchos siguen viviendo hasta hoy como refugiados en Jordania.
    Israel capturó en 1967 también el Sinaí y la Franja de Gaza que anteriormente fue controlada por Egipto y además los Altos del Golán. La guerra relámpago creó el mito de un Israel invencible. – pero no terminó el conflicto con sus vecinos árabes. Otras guerras siguieron. Sólo más tarde Israel firmó una paz con Egipto y Jordania. El conflicto entre Israel y los palestinos sigue sin solución. “Nadie se imaginó en ese entonces que Israel iba a quedarse tanto tiempo en Jerusalén Este o Cisjordania”, dice Haifa al Khalidi. “Tal vez ya no lo viviré, pero sólo se puede esperar que esta situación cambie en algún día.”

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    Publicado por jotaefeb | 07/06/2017, 09:59

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"En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven".22/06/18
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