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Contracara

La deposición del expresidente brasileño Lula frente al juez Moro, quien investiga el mayor escándalo de corrupción mundial conocido, ha sido cubierto desde diferentes aristas. Para algunos era poner frente a frente a un político popular caído en desgracia y acorralado por los hechos delictuosos que involucran a cercanos personeros de su gobierno y a sí mismo y un magistrado ético que busca limpiar la cloaca a cielo abierto de la corrupción de su país. Fue de lejos una gran metáfora no solo del Brasil sino de una América Latina que pasa por circunstancias similares, pero donde aún no tenemos una justicia que se encargue de poner límites al mayor escándalo de nuestro subcontinente.

En Argentina mataron al fiscal Nisman y estoy seguro de que en otros países algunos jueces tienen suficientes ganas de enfrentar a este monstruo de siete cabezas que amenaza con devorar a toda la democracia en su conjunto, pero no se animan. La política busca salvar el pellejo de diferentes maneras. En el caso brasileño, un teatral Lula incluso lloró cuando involucraron a su difunta esposa en los hechos criminales y buscó afirmar que existía una gran conspiración en su contra que debería ser resuelta en las urnas. El político cree que todo se circunscribe a la cantidad de votos que pudiera sumar por métodos lícitos e ilícitos buscando dejar en evidencia a una justicia a la que no le debiera importar eso para dilucidar un hecho delictuoso. Tontamente nuestros políticos siempre creen que existen fuerzas ocultas que desde la prensa o en sectores de la sociedad están buscando desacreditarlos, cuando son ellos mismos por falta de transparencia y honestidad los que han facilitado los hechos que hoy son investigados. ¿Cómo es posible creer que un presidente como Lula no sabría nada de un hecho de corrupción de más de 11 mil millones de dólares? O de una empresa como Odebrecht que reconoce haber tenido un departamento exclusivo para pagar sobornos debido al tamaño de la corrupción y la complejidad del negocio. Brasil nos muestra a cara descubierta cómo opera el gran cáncer de América Latina con sus ramificaciones que casi nos llevan a calificar de metástasis lo que acontece.

¿Cómo es posible creer que un presidente como Lula no sabría nada de un hecho de corrupción de más de 11 mil millones de dólares?
Están metidos todos: desde empresas privadas, intermediarios como la Iglesia, partidos políticos o instituciones como el congreso o la justicia. Los intentos de limpiar no han sido fáciles y en ciertas ocasiones han llevado a crear fiscalías manejadas por extranjeros, como el caso de Guatemala, debido a que los locales no eran capaces de hacer frente al tamaño del problema. Una justicia transnacional para un hecho de igual carácter. El escándalo de la FIFA es un buen ejemplo del problema y cómo hechos frecuentes al interior de nuestros países no eran conocidos, y si lo fueron no tuvieron a un juez Moro local que los investigara. Tuvo que ser una fiscal como Loretta Lynch la que actuara para acabar con antiguos señores convertidos en actores criminales de impacto mundial.

El juez Moro es la contracara de un Lula al que le queda poco margen de maniobra. Está buscando huir hacia adelante con el cuento de que no lo quieren ver competir de nuevo, cuando todo su entorno ya cantó lo que nunca habría querido que se supiera: la corrupción rampante en su gobierno.

Hay que dar un voto de confianza en la justicia, la verdadera, la que se anima a extirpar el cáncer de la corrupción y hay que buscar cualquier tipo de fórmula local o internacional que tenga el coraje de hacerlo. De parte nuestra: aplaudir y estimular la contracara de la delincuencia.
Benjamín Fernández Bogado

 

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Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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7 comentarios en “Contracara

  1. Brasil, final o comienzo

    Por Alberto Acosta Garbarino
    A nivel internacional la noticia más impactante de la semana fue la nueva crisis política que vive el Brasil, como consecuencia de la grabación de una conversación entre el propietario de JBS –el mayor frigorífico del mundo– con el presidente Temer.

    Dichas grabaciones así como otros hechos de corrupción que ya se han hecho público, nos mostraron con impúdica desnudez la gigantesca corrupción que existe en el país vecino, como consecuencia de una especie de “maridaje” entre los políticos, los empresarios, los funcionarios públicos y los sindicalistas.

    En un excelente artículo escrito en el diario el Estado de São Paulo por la columnista Vera Magalhaes, define que el Brasil sufre de una “septicemia republicana”, debido a que el virus de la corrupción ha afectado a prácticamente todas las instituciones de la República.

    Son muchas las causas que originaron esta enfermedad que hoy parece terminal, pero sin duda alguna, el diseño del actual sistema político brasileño, ha acelerado enormemente la descomposición del cuerpo social.

    El Brasil es un país gigantesco y de enormes contrastes, por un lado están los Estados del norte que son pobres, territorialmente muy grandes pero poco poblados; por otro lado están los Estados del sur que son ricos, territorialmente más pequeños pero muy poblados. Muchos llaman a Brasil de “Belindia” porque en el sur es Bélgica y en el norte es la India.

    Muchos de estos Estados se encuentran dominados por “caciques políticos”, que solo defienden sus intereses personales, lo que sumado a un sistema de representación proporcional en el Congreso, ha llevado a que hoy existan 26 partidos políticos en el Congreso.

    Un presidente que quiera sobrevivir y gobernar tiene obligatoriamente que construir una mayoría parlamentaria entre 26 partidos políticos diferentes. Collor de Mello no pudo construirlo y fue destituido, Dilma Rousseff lo perdió y también fue destituida.

    Lula pudo gobernar durante dos periodos porque construyó una amplia mayoría de más de 10 partidos políticos diferentes que iban desde la extrema derecha como el Partido de la República hasta la extrema izquierda como el Partido Comunista del Brasil.

    El medio utilizado para “juntar a ese rejuntado” no fue la ideología o el programa de gobierno, sino la corrupción. Solo a modo de ejemplo: cuando Lula asumió la presidencia habían 18 Ministerios, cuando la dejó… había 36.

    Este sistema llamado en el Brasil Presidencialismo de Coalición se asemeja a un sistema parlamentarista, donde el presidente, para sobrevivir, tiene que construir una gran coalición que lo sostenga, en medio de una enorme atomización de los partidos políticos.

    Este sistema corrupto es el que está llegando a su fin y lo positivo es que el saneamiento y el cambio de sistema está siendo liderado por un Poder Judicial claramente independiente, compuesto por magistrados idóneos y aparentemente honestos.

    Este Poder Judicial independiente ha sido construido inicialmente por el presidente Cardoso, pero luego fue continuado por Lula. Paradójicamente, hoy él es la víctima de un Poder Judicial que él ayudó a construir.

    Por eso esta crisis es una buena noticia, porque puede ser el nacimiento de una verdadera República, basada en un Poder Judicial independiente y confiable, que asegure que en el país reine el Estado de derecho.

    Con un Estado de derecho asegurado, puede intentarse hacer una reforma política profunda, que fortalezca a los partidos políticos para impedir su atomización y que fortalezca la gobernabilidad limitando la representación proporcional en el Congreso.

    Mientras escribo sobre el Brasil, no puedo dejar de pensar en el Paraguay. Casi todos los problemas mencionados anteriormente también son válidos para nuestro país. La diferencia está en el Poder Judicial… y no es poca cosa.

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    Publicado por jotaefeb | 21 mayo, 2017, 08:59
  2. Brasil: ¿Diretas ja?
    20 mayo, 2017

    Menos de un año de haber tenido que echar de la Presidencia a Dilma Rousseff por violar normas fiscales al maquillar el déficit del presupuesto, el pueblo brasileño debe enfrentar de nuevo la dura realidad de que otro jefe de Estado sea acusado por la Fiscalía General por obstrucción a la Justicia, corrupción y organización criminal.

    Pero en el caso de Michel Temer no hay sorpresas. Ya antes de que asumiera como sucesor de Rousseff, no gozaba de una imagen limpia sino que era sospechoso de haber tenido activa participación del affaire conocido como “Lava Jato”, que implicó en negociados con la petrolera estatal Petrobras a varios políticos, especialmente de la derecha brasilera.

    De hecho, parecía un chiste que una persona vista como corrupta pudiera ser reemplazada por otro corrupto, como dando por hecho de que Brasil no era capaz de tener a un presidente lo suficientemente honesto como para no verse salpicado por hechos delictivos.

    Lo positivo de este proceso es que la ciudadanía brasileña se ha mostrado firme en su lucha en contra de la corrupción, poniendo en marcha una verdadera revolución contra la impunidad. El pueblo está dispuesto a aceptar que en el proceso de elección de sus autoridades se pudieran cometer errores que terminen con gobernantes corruptos, pero lo que no permitirán es que estos sinvergüenzas queden en la impunidad, que es el verdadero mal endémico que azota a América Latina, devastada por los corruptos, que no son alcanzados jamás por la vara de la Justicia, por lo que terminan sus días, no en la cárcel como deberían, sino en algún paraíso, disfrutando del dinero robado a mansalva a su pueblo.

    Por eso es que, apenas 24 horas después de que se conociera el audio difundido por Joesley Batista, uno de los dueños del poderoso frigorífico JBS, en donde el empresario conversa con el presidente brasilero sobre pagos de soborno a funcionarios del gobierno en varios ministerios, una multitudinaria manifestación tomó las calles del país exigiendo la renuncia de Temer o su juicio político.

    Posiblemente haya sido esta presión social la que llevó al fiscal general de la República, Rodrigo Janot, a presentar cargos en contra del presidente, al que acusa de encubrimiento en las investigaciones del Lava Jato.

    Según el fiscal, tanto Temer como quien fuera candidato presidencial, Aécio Neves, actuaron conjuntamente para impedir el avance de las investigaciones de corrupción, por lo que ahora decidió formular acusación en contra de ambos.

    Recién en agosto se cumplirá un año del juicio político que desalojó a Rousseff del poder y asumió Temer, con muchas dudas en el entorno del Ejecutivo, puesto que se sabía desde el vamos que no era precisamente trigo limpio, ya que sus manos venían salpicadas por el escándalo mencionado.

    Así que en menos de un año, los brasileños deberán enfrentar la asunción de un nuevo presidente, porque la salida de Temer es solo cuestión de tiempo. Pero esto no parece amilanar a los habitantes del país vecino, decididos como están a seguir intentando, cuantas veces fuera necesario, a entregar las riendas del poder a quien realmente se lo merezca.

    En vista de las opciones que surgen para la designación de su sucesor, todo parece indicar que la mejor es el adelantamiento de las elecciones, de manera que, esta vez, sea el pueblo el que elija y no quede de nuevo la responsabilidad en un Congreso que, en gran parte, es cuestionado por negociados y contubernios de sus legisladores.

    Luego de tantos tropezones de los que se levantó sin agachar la cabeza ni rendirse ante la desvergüenza, la ciudadanía brasileña pareciera estar más que preparada para elegir con solvencia y honestidad al nuevo habitante del Palacio de Planalto.

    Aunque la clase política se halle inmersa en un mar de confusiones, si tiene la suficiente inteligencia como para interpretar los claros signos que le llegan desde el pueblo, podrá actuar en concordancia, dando respuestas concretas a los reclamos. La corrupción no desaparecerá, pero si nuestros países logran que sí termine la impunidad, con los corruptos metidos en una celda, gran parte del camino hacia la transparencia se habrá convertido en realidad. Brasil podría convertirse en el bastión de esta lucha para toda la región.

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    Publicado por jotaefeb | 20 mayo, 2017, 09:39
  3. Incidencias del efecto Temer

    Por Laura Ramos

    Ante el último acontecimiento en el Brasil –evento ya muy comentado en nuestros medios– de la desafortunada grabación al presidente Temer, donde hace alusión a la aprobación de pago de coimas, conlleva a una sucesión de hechos, los cuales hacen un efecto tipo dominó a partir del primero.

    ¿Y cómo fueron desencadenándose los sucesos? Ante la filtración de la existencia del audio en cuestión, del cual se han hecho eco los medios, primeramente se dio un efecto en la bolsa, donde los mercados regionales se desplomaron para luego llegar hasta la suspensión de la actividad en Bovespa, para frenar la caída. Además, se deprecian las monedas, para luego provocar un efecto de incertidumbre. A pesar de todo esto, ya el presidente Temer ha comunicado que no renunciará, pero aún las perspectivas son muy confusas para los empresarios.

    Todo lo expuesto anteriormente bajado al ámbito local produce una inestabilidad con uno de los socios más importantes en el ámbito comercial para el Paraguay. Con un dólar más caro para los brasileños, hace que sea más difícil ingresar productos paraguayos al vecino país perjudicando su competitividad, y muy por el contrario favoreciendo a los intercambios informales de frontera que sufrimos localmente como lo es el contrabando hacia nuestro país. De esta manera, las empresas locales deben hacer frente a la lucha continua de competencia desleal por parte de organizaciones informales, que inundan nuestro mercado con productos similares a precios muy por debajo de los permitidos si uno cumple con todas las exigencias tributarias y sanitarias.

    Además del efecto que la crisis de Brasil pueda tener en Paraguay directamente, podemos analizar el efecto que tendría en Argentina y, a su vez, de nuevo indirectamente en Paraguay. ¿Cómo afecta esta crisis a Argentina? El mercado argentino tiene un intercambio con Brasil de US$ 22.500, aproximadamente, lo cual hace de Brasil su principal socio comercial. Del total de las exportaciones argentinas, el 15% va al Brasil, por lo que igual que a Paraguay, un dólar más caro le generará también mayor dificultad a la Argentina en colocar sus productos.

    Se proyectaba que Brasil crecería un 0,5% en el 2017, pero ahora esa proyección por más mínima que fuera, está en duda, y puede ser aún peor. Se estima que la industria automotriz argentina será la más afectada, siguiendo luego con la de químicos, plásticos y calzados. Teniendo en resumidas cuentas al sector industrial bastante golpeado. Se calcula que por cada punto que crece Brasil, Argentina crece un 0,25%, por lo que una desaceleración afectaría en gran medida al vecino país.

    Además de todo esto no debemos olvidar que también la situación complicaría el acuerdo que se buscaba cerrar entre la UE y el Mercosur para el 2017, ya que la suma de crisis políticas de los socios del Mercosur afecta significativamente, acaso aún más puesto que la presidencia rotativa del Mercosur debe pasar en el segundo semestre de este año a Brasil. Y los tiempos políticos pueden que no sean los mejores

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    Publicado por jotaefeb | 20 mayo, 2017, 09:34
  4. La transparencia es la clave

    La situación que atraviesa Brasil es aleccionadora en varios sentidos y vale la pena dedicarle análisis y reflexiones. Hace pocos años atrás, Brasil se colocaba como la quinta economía mundial, sobrepasando a Inglaterra, empujado por sus altos y sostenidos índices de crecimiento. Sus resultados en la lucha contra la pobreza extrema despertaban la admiración de otros países, ya que millones de personas habían logrado salir de la miseria.

    Entre tanto, estas conquistas económicas y sociales tenían su correlato en una diplomacia activa, que reclamaba un nuevo papel en el escenario internacional, apostando a la consolidación de ámbitos como el BRICS –el conjunto de economías emergentes– y llegando incluso a intervenir en debates sobre África y Medio Oriente.

    Parecía que había tocado finalmente la hora para el gigante sudamericano cuando se produjo un duro despertar, un tropezón que llevó a esta gran nación, al menos de momento, de narices contra el suelo. Un encadenamiento de escándalos de corrupción –uno más grande que el anterior– sin precedentes en la historia brasileña salpicó literalmente a toda la clase política e hizo polvo la estabilidad tan arduamente construida. El capítulo más reciente –porque quizás no sea el último– involucra nada menos que al actual presidente, quien reemplazó a Dilma Rousseff al frente del Ejecutivo brasileño.

    Hoy Brasil vive sumido en una profunda crisis económica, política e institucional sin que se vislumbre una salida clara en el corto plazo. Se trata de una lección evidente: por grandes que sean los logros y por importantes que parezcan las metas alcanzadas, tarde o temprano todo se derrumba si no existe transparencia e integridad en la gestión gubernamental.

    La corrupción corroe las instituciones y se transforma en un ancla que impide el progreso de las naciones. La expansión de la economía y el desarrollo social solo serán duraderos si se destierra la corrupción y la venalidad de la administración pública y de la vida política. Esto no se consigue, naturalmente, con exhortaciones morales o con predicaciones éticas. Es fundamental instituir mecanismos concretos y eficaces que permitan el control social, ciudadano, de los recursos del Estado y de la gestión de los bienes y servicios públicos.

    Lo que gasta, percibe, gestiona, contrata y subsidia el Estado debe estar a la vista de todos, con facilidad y libertad plena de acceso. El Paraguay ha dado pasos cruciales en esa dirección en los últimos años. Desde portales en internet para acceder a información detallada referente a los entes del Estado hasta sitios para realizar denuncias por casos de corrupción o de planillerismo en el sector público, pasando por el firme impulso a los concursos de méritos y aptitudes para las incorporaciones de funcionarios o empleados.

    Estos no son bellos discursos destinados a “endulzar” los oídos de eventuales votantes. Son acciones y avances efectivos orientados a combatir frontalmente la corrupción mediante la transparencia y a cambiar el relacionamiento del ciudadano con el Estado que le pertenece y del que forma parte.

    Prueba de que el país avanza en este sentido en la senda correcta es el interés manifestado por la Junta Uruguaya de Transparencia y Ética Pública en las herramientas aplicadas en las políticas de transparencia e integridad en el Paraguay. Representantes de este organismo, reunidos con los responsables de la Secretaría Nacional Anticorrupción, señalaron la posibilidad de que Paraguay “exporte” los modelos que se implementan a nivel local.

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    Publicado por jotaefeb | 20 mayo, 2017, 09:33
  5. Temer se va, la crisis no

    Por Alfredo Boccia Paz

    Un periodista de São Paulo publicó un ingenioso tuit que se volvió viral en pocas horas. Debajo de una foto, en la que están Michel Temer, Dilma Rousseff y Lula Da Silva y en la que también aparece un fotógrafo, escribió: “De esa foto, solo el fotógrafo no va a ir preso”. En la realidad, las cosas son un poco distintas, pero solo un poco.

    Brasil ya vivía una seria crisis política antes de las revelaciones del empresario que acusó a Temer de haber avalado la compra del silencio del ex jefe de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, quien se encuentra preso. Temer tenía ya solamente 9% de respaldo popular, así que difícilmente podrá resistir a las movilizaciones en su contra y a una enorme presión mediática. Aquí hay que anotar algo para el análisis: los medios que hoy piden su renuncia son los mismos que, luego de la destitución de Dilma, apoyaban sus ajustes neoliberales que modificaban las reglas del juego laboral y la reforma del sistema de pensiones. Desde la izquierda hay quienes desconfían que se trate de una maniobra de los intereses empresariales para desembarazarse de alguien que se había vuelto demasiado impopular.

    Si Temer no renuncia, podría ser destituido por el Tribunal Superior Electoral, un proceso que sería bastante largo. Rodrigo Maia, presidente de la Cámara de Diputados, asumiría temporalmente y llamaría a elecciones indirectas en las que los parlamentarios elegirían a quien terminaría el mandato. Pero resulta que el propio Maia está siendo investigado en el caso de corrupción de Odebrecht. Lo mismo ocurre con el presidente del Senado, Eunício Oliveira, citado en la Operación Lava Jato. Igualmente engorroso sería un impeachment en el Congreso. Además, el descrédito de este órgano es monumental, pues cerca de un centenar de sus miembros están acusados de delitos iguales o peores que los de Temer.

    Elecciones directas solo están previstas para octubre del 2018, salvo que se reforme la Constitución. Si se opta por este camino el grito Diretas já! volverá a recorrer el Brasil como aquel movimiento que más de treinta años atrás llevó a Tancredo Neves a la presidencia. El principal problema para que prospere esta iniciativa es que si hay elecciones en plazo breve, las ganaría fácilmente Lula. Tiene varios procesos que buscan inhabilitarlo políticamente, pero ninguno de ellos estaría firme como para dejarlo fuera de juego antes de las elecciones. Esta opción no es aceptable para la derecha que hoy está en el poder.

    Esta crisis aguda instalada sobre una crisis crónica me recuerda una frase antológica de Luis Fernando Verissimo, mi escritor brasileño preferido: “En Brasil, el fondo del pozo es solo una etapa”.

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    Publicado por jotaefeb | 20 mayo, 2017, 09:30
  6. El turno de “Jack”
    Inmediatamente después de que la Cámara de Diputados del Brasil aprobara el “impeachment” a la entonces presidente Dilma Rousseff, hace un año, en ADN publicamos un editorial en el que sosteníamos que, con ello, la crisis política del vecino país estaba muy lejos de resolverse y que la asunción a la presidencia de Michel Temer, severamente cuestionado por su participación en hechos de corrupción, terminaría agravando aún más la delicada situación del enfermo. Un pronóstico que hoy se corrobora plenamente, a la luz de la fenomenal crisis política que se desató la noche del pasado miércoles, a raíz de la publicación de una grabación que muestra al presidente avalando un soborno para que no lo delate.

    Decíamos entonces: “Es cierto que hasta Jack ‘el destripador’ podría haber denunciado en su momento a un homicida y que eso probablemente hubiera ameritado la intervención de los organismos de seguridad de Inglaterra para capturar al delincuente. Pero de todos modos seguiría siendo el homicida serial que aterrorizó a Londres, a finales del siglo XIX, y por tanto merecedor de un ejemplar castigo. Es algo parecido a lo que ocurre hoy en el Brasil, en donde los escándalos de corrupción, en el que se vieron envueltos altos funcionarios y dirigentes del Partido de los Trabajadores, terminaron socavando los cimientos del gobierno de Dilma, forzada a abandonar el Palacio de Planalto. Sin embargo, los promotores del “impeachment”, es decir los denunciantes, que hoy manejan las riendas del poder político, son el equivalente a aquel terrorífico personaje inglés, a “Jack”, aunque se llamen Michel, quien por cierto es de…Temer”.

    Ni más, ni menos. El nuevo mandamás brasilerño estuvo sospechado desde el primer momento de tener participación en el sonado “caso Lava Jato”, pero en aquel momento el agua todavía no le alcanzaba la naríz. Sí a uno de los hombres fuertes de su gobierno y presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, promotor de la destitución de Rousseff, quien al recordarlo como su verdugo seguramente se le dibuja una sonrisa en el rostro, al imaginarlo en la cárcel de Curitiba, purgando una condena de 15 años de prisión por corrupto, a diferencia de ella que no pisó siquiera una “delegacía”.

    Además de esto, siete de sus ministros tuvieron que dimitir por formar parte del escánadalo, al ser mencionados o directamente inculpados en las “delaciones premiadas”; un mecanismo aplicado por la Justicia brasileña a fin de que los condenados accedan a una reducción de sus condenas a cambio de incriminar a superiores suyos, sean estos del sector público o privado.

    Pero ahora llegó su turno. “El peor día de su vida”, al decir del propio Temer, quien fue grabado por Joesley Batista, uno de los dueños del poderoso frigorífico JBS, indicando que se mantenga los pagos a Cunha, a cambio de su silencio.

    La información fue divulgada por la O’Globo y el terremoto político se desató de inmediato. Gente en las calles exigiendo la renuncia del presidente, otros su enjuiciamiento político e inmediata destitución, el llamado a elecciones directas, etcétera, etcétera. En lo que existe unanimidad es en decirle a Temer lo mismo que muchos de sus amigos diputados le dijeran en agosto pasado a Dilma, pero esta vez en masculino: “Chao… querido”, una forma irónica de decir “Fora Temer”, como también lo dicen.

    La crisis está en pleno desarrollo y la renuncia o destitución del presidente brasileño es solo cuestión de tiempo. Tanto es así que la discusión ahora ya comienza a girar en torno a cuál es la salida del oscuro túnel por el que transita dicho país, dado que lo previsto por la Constitución es que asuma en su reemplazo el titular de Diputados, Rodrigo Maia, también ligado al “Lava Jato”, y convoque dentro del plazo de 30 días a una elección indirecta, a cargo de los 513 diputados y 81 senadores.

    Esta opción es, sin embargo, poco probable y de implementarse podría provocar el agravamiento de la situación, dada la nula legitimidad de los parlamentarios, muchos de los cuales están procesados por el mega escándalo. Ante esto, podría plantearse la alternativa del adelantamiento de las elecciones generales, lo que además de democrático, suena bastante razonable, aunque para eso habría que enmendar previamente la Constitución.

    Por el momento reinan la confusión de una dirigencia política que no sabe para dónde salir disparando y la indignación de una sociedad que está en rebelión contra los corruptos. Un cocktail que augura conflictos de consecuencias dificiles de prever, salvo en lo concerniente a “Jakc” y su pandilla, que parecen encaminarse inexorablemente rumbo al cadalso

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    Publicado por jotaefeb | 19 mayo, 2017, 19:10
  7. La curiosa relación entre los políticos y el juego de las sillas

    Brasil, el gigante latinoamericano, ve el triste espectáculo de un poder ejecutivo vergonzante y un legislativo desquiciado

    Triste situación la de Brasil: el país más grande y poderoso de Latinoamérica, se debate en una vergonzosa cadena de corrupción, en la que parece no haber lugar para inocentes: el que no metió la mano en la lata, simplemente miró para otro lado… algo que cualquiera debe darse cuenta.

    “La corrupción no tiene derecha ni izquierda, el dinero corrompe a todos por igual”

    Ahora se difundió una grabación del propio presidente Temer, donde se evidencia que sabía de un oscuro trato. Temer llegó al poder tras un proceso de juicio político a Dilma, impulsado por el presidente de la cámara de diputados, Eduardo Cunha, quien hoy está preso por corrupción (curiosamente, Dilma no fue apartada por ese delito). El expresidente Lula pasa sus días entre los juzgados, atendiendo las causas por corrupción y las calles, ya que es el candidato con mejores posibilidades de ganar las presidenciales.

    La corrupción no tiene derecha ni izquierda, el dinero corrompe a todos por igual y el fenómeno no es exclusivo del gigante latinoamericano.

    En Argentina, ocurre algo muy similar, con escandalosos casos de funcionarios que hasta sacaban plata con valijas (y no es metáfora). El escándalo del dinero sucio en Brasil, con la constructora Odebrecht pagando a diestro y siniestro para obtener contratos de obras oficiales, tendría ramalazos en Venezuela, donde habría financiado campañas políticas, así como en Perú y Colombia.

    Nosotros, rápidos como siempre, estamos “en vías de” reglamentar la ley de transparencia de campañas. Con el ritmo que nos caracteriza, dificulto que esté para las internas y los narcocandidatos podrán hacer sus campañas libremente.

    Como dato curioso, las listas de candidatos son como el infantil juego de las sillas: hay más gente que puestos.

    Toda gente deseosa de servir a la Patria, seguramente.

    SERGIO ETCHEVERRY

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    Publicado por jotaefeb | 19 mayo, 2017, 19:09

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