El evangelio del domingo: No se inquieten

El contexto del Evangelio de hoy es el de la despedida de Jesús en la Última Cena, y por esto los apóstoles están inquietos.

Diversas cosas generan inquietudes en nuestra vida, sea la despedida de una persona amada, sea una deuda económica, sea el desempleo, una enfermedad y tantas otras.

Para no perder la calma es necesario discernir lo que hay adelante y sentirse responsable en la construcción del propio futuro y el de su familia.

Y Jesús va explicando porque no debemos inquietarnos, a punto de tener una vida vacía, andar desanimado, o hasta caer en la depresión.

No debemos preocuparnos demasiado, porque el Señor nos asegura que en la casa del Padre hay muchas moradas, suficientes para todos los que le siguen de corazón limpio, siempre disponibles en cumplir la justicia. Pero, no hay que alejarse de El a través de manipulaciones políticas, de enriquecimiento ilícito, de promiscuidades sexuales, e incluso, de la pereza.

Para llegar a esta situación donde no hay nerviosismos desubicados, es necesario ir por el camino correcto. Y él afirma: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Importante: el camino es una Persona, es un estilo de vida, es la encarnación de ciertos valores, que promueven la vida de todos.

Si uno va por otro lado, con mucha plata o poca plata, seguramente será torturado por diversas turbaciones, pues el ser humano cuando está lejos de Dios es un pobre inútil, que camina despistado por las vanidades y marcha hacia la frustración completa.

Para combatir las inquietudes es fundamental vivir en la Verdad, que de nuevo, es una Persona, y no tanto una definición más o menos filosófica. Para merecer disfrutar de las moradas del paraíso uno debe ser honrado en sus palabras y en sus acciones, no debe vender su conciencia, ni tampoco su cuerpo. Afirma Jesús: “Nadie va al Padre sino por mí”.

Todo esto apunta a la necesidad de una nueva existencia con un lozano espíritu, donde entendamos que explotar al semejante no es la Verdad de Cristo, ni el Camino que él nos ofrece. Respetando sus enseñanzas somos fortalecidos con la esperanza de un día gozar de la casa del Padre, lo que nos brinda tranquilidad delante de los problemas inevitables del cotidiano.

El 14 y 15 de mayo celebramos dos fiestas: el día de las Madres: brindemos más afecto hacia ellas, y no solamente hoy. Asimismo, en la fiesta de la Independencia sembremos más honestidad y transparencia en nuestro país, para que seamos realmente independientes.

Paz y bien.

Por Hno. Joemar Hohmann Franciscano Capuchino

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3 comentarios en “El evangelio del domingo: No se inquieten”

  1. “Yo soy el camino, la verdad y la vida” Jn 14, 6

    Muchas son las partes del evangelio de este fin de semana que nos ayudan a reflexionar sobre nuestra vida cristiana, y creo que la frase “Yo soy el camino, la verdad y la vida” puede ser muy oportuna para nuestra reflexión.

    Jesús nos dice “Yo soy el camino.”

    Desde el principio la Biblia nos habla que delante de nosotros están abiertos dos caminos: el de la vida (con todo lo que esta palabra significa: bien, crecimiento, amor, verdad, justicia, fraternidad, paz…) y el camino de la muerte (también con todos sus significados: mal, ruina, odio, mentira, exploración, egoísmo, guerra…). Depende de nosotros: si elegimos el camino de la vida, viviremos; pero si elegimos aquel de la muerte, pereceremos. No existen caminos intermedios. No podemos dar algunos pasos hacia la vida y otros hacia la muerte, no podemos avanzar en los dos. Ellos no son paralelos, son opuestos. Por otro lado no es posible estar quieto. O yo camino hacia el bien, esforzándome para dar cada paso, o soy trajinado, llevado hacia el mal.

    Es por eso que Jesús se propone como el camino para nuestras vidas, y nos desafía a empezar este itinerario. Él se dispone a ayudarnos, a ser fuerza en nuestro caminar, así como también la comunidad cristiana, la Iglesia, que otra cosa no desea que ayudarnos a caminar hacia la vida.

    Jesús nos dice “Yo soy la verdad.”

    Y esta palabra para muchos ya suena un poco extraña. Estamos todos inmersos en una fuerte ideología de que la verdad no existe. Es el famoso relativismo. Todo es relativo. Todo depende de la situación, de la historia, de las opiniones. Se dice que cada uno tiene el derecho de tener su verdad. Lo importante es que se sienta bien y feliz. Pero esta ideología es autodestructiva y conduce a la muerte. Mascarada con la tolerancia estamos criando un imperio del mal, donde el dialogo es siempre más difícil, donde los valores van perdiendo el sentido y se tornan ridículos, donde reina el principio del “quien puede más, llora menos”. Sin referencia a una verdad que está más allá de nuestros criterios mezquinos, estamos generando un mundo donde la convivencia es cada vez más difícil, pues nadie renuncia a su punto de vista, no se hace el mínimo esfuerzo para comprender las razones del otro, o lo que es realmente el justo.

    Es en esta situación que se hace urgente proclamar que la verdad existe, y ella se llama: Jesús. Nosotros no somos el criterio último de las cosas. No somos llamados a inventar la verdad que conviene a cada uno. Al contrario, somos llamados a convertirnos a la verdad, a conocerla, a aceptarla y a practicarla aunque nos traiga alguna dificultad y exija alguna renuncia.

    Es urgente conocer al Señor, y en él descubrir la verdad. Es solamente la Verdad que nos puede hacer libres, dejándonos inmunes a las manipulaciones de los promotores de la cultura de la muerte.

    Jesús nos dice: “Yo soy la vida”.

    Como ya vimos arriba estas tres cosas: camino, verdad y vida, están muy conexas entre sí. Una llama a la otra. Para el mundo de las ilusiones, vivir es aprovechar la “vida”. Es tener muchos bienes, sin importar si son de origen lícito o no. Es buscar todos los placeres sin pensar en responsabilidades, o mejor, evitándolas. Es creer que lo único importante soy yo mismo, mi proyecto, mi carrera, mi felicidad. Pero, bien sabemos que no existe Vida fuera de Dios.

    Estos que se gozan de la vida mundana, sin frenos y sin Dios, de verdad, están vivos solo en las apariencias. En general, son personas vacías y superficiales. Su felicidad, muchas veces, no pasa de una máscara, de un maquillaje.

    Quien verdaderamente quiere vivir, necesariamente deberá acercarse a Cristo, única fuente auténtica de vida…

    El Señor te bendiga y te guarde.

    El Señor muestre su rostro y tenga misericordia de ti.

    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la paz.

    Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

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  2. domingo 14 Mayo 2017

    Quinto Domingo de Pascua

    Libro de los Hechos de los Apóstoles 6,1-7.
    En aquellos días, como el número de discípulos aumentaba, los helenistas comenzaron a murmurar contra los hebreos porque se desatendía a sus viudas en la distribución diaria de los alimentos.
    Entonces los Doce convocaron a todos los discípulos y les dijeron: “No es justo que descuidemos el ministerio de la Palabra de Dios para ocuparnos de servir las mesas.
    Es preferible, hermanos, que busquen entre ustedes a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros les encargaremos esta tarea.
    De esa manera, podremos dedicarnos a la oración y al ministerio de la Palabra”.
    La asamblea aprobó esta propuesta y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe y a Prócoro, a Nicanor y a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía.
    Los presentaron a los Apóstoles, y estos, después de orar, les impusieron las manos.
    Así la Palabra de Dios se extendía cada vez más, el número de discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén y muchos sacerdotes abrazaban la fe.

    Epístola I de San Pedro 2,4-9.
    Queridos hermanos:
    Al acercarse a él, la piedra viva, rechazada por los hombres pero elegida y preciosa a los ojos de Dios,
    también ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo.
    Porque dice la Escritura: Yo pongo en Sión una piedra angular, elegida y preciosa: el que deposita su confianza en ella, no será confundido.
    Por lo tanto, a ustedes, los que creen, les corresponde el honor. En cambio, para los incrédulos, la piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular:
    piedra de tropiezo y roca de escándalo. Ellos tropiezan porque no creen en la Palabra: esa es la suerte que les está reservada.
    Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz.

    Evangelio según San Juan 14,1-12.
    Jesús dijo a sus discípulos:
    “No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí.
    En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar.
    Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes.
    Ya conocen el camino del lugar adonde voy”.
    Tomás le dijo: “Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?”.
    Jesús le respondió: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.”
    Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”.
    Felipe le dijo: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”.
    Jesús le respondió: “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Como dices: ‘Muéstranos al Padre’?
    ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras.
    Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras.
    Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.”

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
    Tratado sobre los grados de humildad, 1-2

    “Vosotros ya sabéis el camino para ir adonde yo voy.” (Jn 14,4)

    “Yo soy el camino, la verdad y la vida.” (Jn 14,6) El camino es la humildad que conduce a la verdad. La humildad es la pena. La verdad es el fruto de la pena. Tu dirás: ¿por dónde sé yo que habla de la humildad cuando dice simplemente: Yo soy el camino? El mismo te responde añadiendo: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón.” (Mt 11,29) Se presenta como ejemplo de humildad y de dulzura. Si tú lo imitas no caminarás en tinieblas sino que tendrás la luz de la vida. (Jn 8,12) ¿Cuál es la luz de la vida sino la verdad? Ella ilumina todo hombre que viene a este mundo (Jn 1,9); le muestra el camino verdadero…

    Yo veo el camino de la humildad. Deseo su fruto: la verdad. Pero ¿qué hacer cuando la ruta parece demasiado difícil para llegar a donde quiero llegar? Escuchad su respuesta: “Yo soy el camino, es decir, el viático que sostiene el esfuerzo de todo el camino”. A los que se descarrían y yerran el camino les grita: “Yo soy el camino”; a los que suben por el camino, pero desfallecen: “Yo soy la vida”. Más aún: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos…” (Lc 10,21)

    Escuchad a la misma verdad que dice a los que la buscan: “Venid a mí los que me deseáis, y saciaos de mis frutos.” (Eclo 24,19) y en otro lugar: “Venid a mí los que estáis cansado y agobiados que yo os aliviaré.” (Mt 11,28) Venid, dice. ¿A dónde? A mí, la verdad. ¿Por dónde? Por el camino de la humildad.

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  3. Ser justo

    Hoy meditamos el evangelio según San Juan 14, 1-12. La palabra del Señor es sincera y todas sus acciones son leales; Él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. Un aspecto de esta virtud atañe a las relaciones con el vecino, con el compañero, con el amigo, con el colega y, en general, con toda persona: regula estas relaciones de los hombres entre sí, dando a cada uno lo que le es debido.
    Otra faceta de la justicia se refiere a los deberes de la sociedad en relación a lo que a cada individuo le corresponde. Por último, existe otro plano de la justicia, que regula aquello que cada individuo concreto debe a la comunidad a la que pertenece, al todo del que forma parte. La práctica de la justicia nos lleva a un constante encuentro con Cristo. En último extremo, “hacerle justicia a un hombre es reconocer la presencia de Dios en él”.

    Por eso también, en el cristiano no puede haber verdadera justicia sino está informada por la caridad, porque quedaría a ras de tierra, empequeñecida. Cristo, en nuestras relaciones con el prójimo, quiere más de nosotros.

    A Él hemos de pedirle “que nos conceda un corazón bueno, capaz de compadecerse de las penas de las criaturas, capaz de comprender que, para remediar los tormentos que acompañan y no pocas veces angustian las almas en este mundo, el verdadero bálsamo es el amor, la caridad”.

    El papa Francisco a propósito del evangelio de hoy dijo: “Hoy me quiero centrar en la acción que el Espíritu Santo realiza en la guía de la Iglesia y de cada uno de nosotros a la Verdad. Jesús mismo dice a sus discípulos: el Espíritu Santo les guiará en toda la verdad”, siendo él mismo “el Espíritu de la Verdad”.

    Vivimos en una época en la que se es más bien escéptico con respecto a la verdad. Benedicto XVI ha hablado muchas veces de relativismo, es decir, la tendencia a creer que no hay nada definitivo, y a pensar que la verdad está dada por el consenso general o por lo que nosotros queremos. Surge la pregunta: ¿existe realmente “la” verdad? ¿Qué es “la” verdad? ¿Podemos conocerla? ¿Podemos encontrarla?

    Aquí me viene a la memoria la pregunta del procurador romano Poncio Pilato cuando Jesús le revela el sentido profundo de su misión: “¿Qué es la verdad?”. Pilato no llega a entender que “la” Verdad está frente a él, no es capaz de ver en Jesús el rostro de la verdad, que es el rostro de Dios. Y sin embargo, Jesús es esto: la Verdad, la cual, en la plenitud de los tiempos, “se hizo carne”, que vino entre nosotros para que la conociéramos. La verdad no se aferra como una cosa, la verdad se encuentra. No es una posesión, es un encuentro con una persona.

    El papa Francisco en la Audiencia General de pasado miércoles, dijo: “En nuestro itinerario de catequesis sobre la esperanza cristiana, hoy miramos a María, Madre de la esperanza.

    María ha vivido más de una noche en su camino de madre. Desde su primera aparición en la historia de los Evangelios, su figura se perfila como si fuera el personaje de un drama. No era un simple responder con un “sí” a la invitación del ángel: y sin embargo Ella, mujer todavía en plena juventud, responde con valor, no obstante nada supiese del destino que la esperaba.

    María en ese instante se nos presenta como una de las muchas madres de nuestro mundo, valientes hasta el extremo cuando se trata de acoger en su propio vientre la historia de un nuevo hombre que nace.

    La volveremos a encontrar en el primer día de la Iglesia, Ella, madre de esperanza, en medio de esa comunidad de discípulos tan frágiles: uno había renegado, muchos habían huído, todos habían tenido miedo (cf Hechos de los Apóstoles 1, 14). Pero Ella simplemente estaba allí, en el más normal de los modos, como si fuera una cosa completamente normal: en la primera Iglesia envuelta por la luz de la Resurrección, pero también de los temblores de los primeros pasos que debía dar en el mundo.

    Por esto todos nosotros la amamos como Madre. No somos huérfanos: tenemos una Madre en el cielo, que es la Santa Madre de Dios”.

    (Del libro Hablar con Dios, y http://es.catholic.net/).

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