El evangelio del domingo: El Buen Pastor, amor al Papa.

Hoy meditamos el Evangelio según San Juan 10, 1-10. Ha resucitado el buen pastor que dio la vida por sus ovejas, y se dignó a morir por su grey. Aleluya. Sobre el primado de Pedro –la roca– estará asentado, hasta el fin del mundo, el edificio de la Iglesia.

La figura de Pedro se agranda de modo inconmensurable, porque realmente el fundamento de la Iglesia es Cristo, y, desde ahora, en su lugar estará Pedro. De aquí que el nombre posterior que reciban sus sucesores será el de Vicario de Cristo, es decir, el que hace las veces de Cristo.

Debemos rezar mucho por el Papa, que lleva sobre sus hombros el grave peso de la Iglesia, y por sus intenciones. Quizá podemos hacerlo con las palabras de esta oración litúrgica: Que el Señor le guarde, y le dé vida, y le haga feliz en la tierra, y no le entregue en poder de sus enemigos.

Todos los días sube hacia Dios un clamor de la Iglesia entera rogando “con él y por él” en todas partes del mundo. No se celebra ninguna misa sin que se mencione su nombre y pidamos por su persona y por sus intenciones. El Señor verá también con mucho agrado que nos acordemos a lo largo del día de ofrecer oraciones, horas de trabajo o de estudio, y alguna mortificación por su Vicario aquí en la tierra.

El papa Francisco a propósito del Evangelio de hoy dijo: “Jesús dice que quien no entra en el corral de las ovejas por la puerta, no es el pastor. La única puerta para entrar en el Reino de Dios, para entrar en la Iglesia es Jesús mismo. Quien no entra en el corral de las ovejas por la puerta, sino por otra parte, es un ladrón o un asaltante. Es uno que quiere aprovecharse es uno que quiere treparse”.

También en las comunidades cristianas existen estos trepadores, ¿no?, que buscan lo suyo… y consciente o inconscientemente aparentan entrar pero son ladrones y asaltantes. ¿Por qué? Porque roban la gloria a Jesús, quieren la propia gloria y esto es lo que decía a los fariseos: «Ustedes se glorifican unos a otros…». Una religión un poco como negocio, ¿no? Yo te glorifico y tú me glorificas.

Pero estos no han entrado por la puerta verdadera. La puerta es Jesús y quien no entra por esta puerta se equivoca. Y ¿cómo sé que la puerta verdadera es Jesús? ¿Cómo sé que esa puerta es aquella de Jesús? Pero toma las Bienaventuranzas y haz aquello que dicen. Sé humilde, sé pobre, sé manso, sé justo…”

Jesús no solo es la puerta: es el camino, es la vía. Existen tantos senderos, quizás más convenientes para llegar, pero son engañosos, no son verdaderos: son falsos. El camino es solo Jesús. Pero alguno de ustedes dirá: «Padre, ¡usted es un fundamentalista!». No, simplemente Jesús ha dicho esto: «Yo soy la puerta, Yo soy el camino» para darnos la vida. Simplemente. Es una puerta bella, una puerta de amor, es una puerta que no nos engaña, no es falsa. Siempre dice la verdad. Pero con ternura, con amor. Pero nosotros siempre hemos hecho aquello que ha sido el origen del pecado original, ¿no? Tenemos ganas de tener la llave de interpretación de todo, la llave y el poder de tomar nuestro rumbo, cualquiera que sea, de encontrar nuestra puerta, cualquiera esa sea.

Esta es la tentación de buscar otras puertas u otras ventanas para entrar en el Reino de Dios. Solo se entra a través de aquella puerta que se llama Jesús. Solo se entra a través de aquella puerta que nos conduce por un camino que es un camino que se llama Jesús y nos conduce a la vida que se llama Jesús.

Pidamos la gracia de tocar siempre aquella puerta. A veces está cerrada: estamos tristes, estamos desconsolados, tenemos problemas en tocar, tocar aquella puerta. No vayan a buscar otras puertas que parecen más fáciles, más cómodas, más accesibles… Jesús no desilusiona jamás, Jesús no engaña, Jesús no es un ladrón, no es un asaltante”.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal)

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2 comentarios en “El evangelio del domingo: El Buen Pastor, amor al Papa.”

  1. “El pastor camina al frente de sus ovejas y ellas lo siguen porque conocen su voz. A otro no lo seguirán, más bien huirán de él porque desconocen la voz del extraño” Jn 10, 4-5

    Después de la muerte y resurrección de Jesús, la vida de sus discípulos no podía ser más la misma. Ellos ahora sabían que Jesús es el Señor, que es el Dios viviente y todopoderoso. Todas las cosas que él había dicho antes, sus promesas, sus enseñanzas, sus mandamientos… ahora encuentran mucho más sentido y valor. La luz de la resurrección de Cristo iluminaba todo el pasado que ellos habían vivido juntos y abría perspectivas muy bonitas y desafiantes para el futuro.

    Ciertamente fue muy reconfortante para los discípulos cuando ellos recordaron que Jesús había dicho “yo soy el Buen Pastor”. Ahora que ya había pasado todo (la pasión, la cruz, la muerte, la sepultura y su gloriosa resurrección), ellos podían entender mejor qué significaban aquellas palabras, antes tan enigmáticas: “El buen pastor da su vida por sus ovejas.” o “yo mismo doy mi vida, y la volveré a tomar.”

    En la época de Jesús, todos estaban acostumbrados con los pastores. Ellos sabían que muchos pastores trabajaban solamente por el dinero, y que jamás correrían peligro por sus ovejas. Sabían que muchos pastores eran incapaces de renunciar a alguna comodidad para salir a buscar una oveja que se había extraviado. Sabían también que hasta los mejores pastores cuidaban las ovejas por interés, para tener lana, para tener leche, para tener un día la carne, pues nadie hacia este trabajo solo por amor a las ovejas.

    Por todo esto, las palabras de Jesús cuando fueron dichas, antes de su misterio pascual, no tenían mucho sentido. Jesús les hablaba de un modo de ser pastor que ellos nunca habían visto antes y que en la realidad concreta sería un absurdo.

    No podían ni imaginar que un pastor pudiera dar la vida por sus ovejas, esto era simplemente un disparate, un hombre vale mucho más que estos animales. Así como, no les era concebible pensar en la posibilidad que un Dios pudiera aceptar ser torturado y ser muerto para salvar a los hombres.

    Por eso, yo me imagino la consolación y la fuerza que sintieron los apóstoles cuando empezaron a recordar las palabras de Jesús.

    También nosotros estamos invitados en este domingo a escuchar a Cristo resucitado que repite a cada uno: “Yo soy tu buen Pastor. Y estoy dispuesto a sufrir todo de nuevo por ti. Soy capaz de dar mi vida para que seas feliz. Nadie me obliga, pero con el amor que te tengo, no puedo cruzarme los brazos y dejarte. No quiero perder a ninguno de los que el Padre me dio.”

    Con todo, si de una parte esta nuestra relación con Jesús, buen Pastor, está marcada por su amor, de la otra parte exige de nosotros una actitud de plena confianza. Nuestra respuesta a este amor incondicional del Señor, tiene que ser de abandono, de entrega, de fe. “… sus ovejas lo siguen porque conocen su voz…” “…a otro no le seguirán…”

    La relación con Jesús es una relación exigente. No es, más exigente para nosotros de lo que fue para él. Pienso que lo que puede motivar nuestra confianza y abandono, es el haber experimentado su amor. Es solamente esto que nos puede dejar seguros de que él jamás nos hará mal, ni jamás se aprovechará de nosotros. Su fidelidad, manifestada en la cruz, va más allá de cualquier prueba en la vida.

    Entonces, una vez que decido ser su oveja, que acepto dejarme amar sin límites por él, debo empezar el proceso de entrega y de abandono.

    Será fundamental aprender a decir: amén, hágase.

    Descubriremos que hacer su voluntad, no nos destruye, y al contrario nos realiza en lo más profundo de nuestro ser. Pues su voluntad suprema es nuestro bien.

    Conoceremos su voz, a través de la Biblia, de la Iglesia y de los signos de los tiempos. Y no nos dejaremos aludir por un mundo enmascarado, lleno de promesas falsas, pero que quiere manipularnos y explotarnos.

    El Señor te bendiga y te guarde.

    El Señor muestre su rostro y tenga misericordia de ti.

    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la paz.

    Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

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  2. domingo 07 Mayo 2017
    Cuarto Domingo de Pascua

    Beato Pablo VI: “A cada uno llama por su nombre.”

    Libro de los Hechos de los Apóstoles 2,14.36-41.
    El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: “Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido.
    Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías”.
    Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: “Hermanos, ¿qué debemos hacer?”.
    Pedro les respondió: “Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo.
    Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar”.
    Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa.
    Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.

    Epístola I de San Pedro 2,20-25.
    En efecto, ¿qué gloria habría en soportar el castigo por una falta que se ha cometido? Pero si a pesar de hacer el bien, ustedes soportan el sufrimiento, esto sí es una gracia delante de Dios.
    A esto han sido llamados, porque también Cristo padeció por ustedes, y les dejó un ejemplo a fin de que sigan sus huellas.
    El no cometió pecado y nadie pudo encontrar una mentira en su boca.
    Cuando era insultado, no devolvía el insulto, y mientras padecía no profería amenazas; al contrario, confiaba su causa al que juzga rectamente.
    El llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, ustedes fueron curados.
    Porque antes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de ustedes.

    Evangelio según San Juan 10,1-10.
    Jesús dijo a los fariseos: “Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante.
    El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.
    El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su nombre y las hace salir.
    Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz.
    Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz”.
    Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
    Entonces Jesús prosiguió: “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas.
    Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado.
    Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento.
    El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.”

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    Beato Pablo VI, papa 1963-1978
    Mensaje para el día de las vocaciones l971
    “A cada uno llama por su nombre.”

    Cuando Jesús se presenta como el Buen Pastor se sitúa en una larga tradición bíblica familiar a sus discípulos y a los otros oyentes. El Dios de Israel, en efecto, se había manifestado siempre como el Buen Pastor de su pueblo. Había escuchado sus súplicas, los había liberado de la tierra de esclavitud, los había conducido por su bondad en la dura marcha por el desierto hacia la tierra prometida… Siglo tras siglo, el Señor seguía conduciendo al pueblo, más a aún, lo llevaba en brazos como el pastor lleva a los corderos. Lo había conducido después del castigo del exilio, llamándolo de nuevo y reuniendo a las ovejas perdidas para llevarlas a la tierra de sus antepasados.

    Por este motivo los que nos han precedido en la fe se dirigían a Dios filialmente como a su pastor: “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Me guía por el sendero justo por el honor de su nombre.” (Sal 22 ) Sabían que el Señor es un pastor bueno, paciente, a veces severo, pero siempre misericordioso con su pueblo y con todos los humanos…

    Cuando, en la plenitud del tiempo, vino Jesús encontró a su pueblo “como un rebaño sin pastor” (Mt 6,34) y le dio lástima. En él se cumplieron las profecías y se concluyó la espera. Con las mismas palabras de la tradición bíblica, Jesús se presenta como el Buen Pastor que conoce a sus ovejas, las llama a cada una por su nombre y da la vida por ellas. Y así “habrá un solo rebaño y un solo pastor.” (cf Jn 10, 11 ss; 16)

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