En la boca de las ballenas

En tiempos de avances increíbles, los niños y jóvenes están más expuestos que nunca al peligro exterior, que sin embargo está cada vez más cerca, al alcance del teclado de un teléfono o de la computadora. La tan mentada “Ballena azul”, o juego suicida, no es más que una señal de alarma que debe alertar a las familias, porque exista o no, la necesidad de escaparse sí es una realidad.

Cincuenta años atrás, los niños apelábamos a otras salidas menos nocivas para huir de las cuestiones que nos atormentaban o de la soledad, hoy en día, internet les brinda un abanico inacabable de posibilidades de escape de algunas situaciones que les toca vivir, o para salir de su ocio, a veces demasiado extenso durante el día.
Juegos como el que está ahora en boca de todos, es uno de los tantos que niños y jóvenes encuentran en la web, con otros menús como pornografía. ¿Dónde están los padres mientras tanto? Si nos ubicamos en Paraguay, la respuesta está en la enorme cantidad de hogares desmembrados (padres separados, madres solteras que han viajado a otros países a trabajar, familias separadas porque uno de los padres o ambos buscaron mejores horizontes en otros países, etcétera). En estos casos, los hijos han quedado con la abuela anciana, con un hermano o hermano mayor e incluso con la empleada.Y al estar de cierta forma a la deriva, son dueños de su tiempo y de sus acciones… y de su soledad.

En otros casos, si bien viven en un hogar “bien” constituido, al trabajar los padres durante todo el día, los chicos quedan con la persona de servicio o solos durante largas horas del día, sin tareas específicas en qué ocuparse, por tanto, pasan horas ante la computadora o con el celular en la mano, navegando, chateando, buscando una diversión. ¿Cómo controlarlos estando nueve, diez horas fuera de la casa?, resulta difícil, pero no imposible.
Quizás la respuesta está en intentar volver a las cosas esenciales que años atrás eran un culto en las familias: el compartir la mesa, las charlas asiduas, acompañar las actividades de los hijos (asistir a sus reuniones de padres, acompañarlos a sus torneos, festivales y diversos eventos que a veces los papás y mamás no queremos valorar porque nos restan tiempo para nuestro trabajo o “importantes” actividades sociales o laborales). No dejemos que ellos se sientan solos o como una carga familiar.

En diferentes reuniones suelo escuchar sobre decenas de casos donde la maestra hace el rol de madre, pegando botones a las camisas de los chicos, peinando a las niñas o comprando de su bolsillo la merienda de chicos que asisten a costosos colegios privados, pero que van sin una galletita para comer en el recreo, porque sus madres dejan el cuidado de sus hijos en manos de sus niñeras y no se ocupan de sus necesidades diarias. En este grupo encontraremos tierra fértil para “ballenas” de todos los colores, porque los pequeños crecen con cosas materiales caras pero carentes de los cuidados mínimos y necesarios, en sus casas.

También he sabido de otras docentes que se encargaron de comprar el primer paquete de toallas higiénicas a adolescentes cuyas madres ni siquiera les habían hablado del tema, y hasta conversaron con sus alumnas y alumnos de los métodos para cuidarse de un embarazo precoz o de enfermedades de transmisión sexual, porque en sus hogares es tabú hablar de esas cosas. Si nuestros hijos no encuentran acompañamiento en sus casas para hablar sobre estos temas tan básicos, es lógico que se pierdan por los vericuetos de las malas compañías que encuentran en la red.

Los chicos de hoy crecen solitarios, decía una amiga sicóloga, y no le falta razón. Aunque tengan a disposición cien canales de televisión, una gran gama de actividades extracurriculares y amigos virtuales con quienes relacionarse, a una gran mayoría le falta el contacto humano con su familia, y eso los convierte en seres frágiles, que pueden caer fácilmente en las bocas de las ballenas de cualquier tipo.

Por Milia Gayoso-Manzur

 

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2 comentarios en “En la boca de las ballenas”

  1. Asignatura pendiente

    Uno de los temas de debate más comentados alrededor del mundo en los últimos días es la oleada de suicidios producidos a raíz del juego “La ballena azul”, un siniestro desafío que invita a niños y adolescentes a superar 50 pruebas (una por día) y que culmina con el jugador arrojándose desde un balcón o apuñalándose en múltiples ocasiones; situación que dejó al descubierto nuevamente que el Internet es un arma de doble filo contra el que se hace cada vez más difícil luchar.

    Internet es una fuente de información descontrolada y sin supervisar, lo que lo convierte en un peligro en manos equivocadas”
    Después de haber apreciado la vulnerabilidad de los jóvenes en situación de depresión ante este tipo de tendencias virtuales, queda claro que deberíamos de implementar una reforma educativa en donde las redes sociales y la navegación en general por las casi infinitas páginas sean abordadas como una materia en las escuelas y colegios por parte de psicólogos que se encarguen de orientar acerca del buen uso y de los riesgos que implican el involucrarse en esas plataformas multitudinarias.

    La nueva generación de chicos convive a diario con los celulares inteligentes, a lo que muchos padres no comprenden del todo o simplemente no poseen el tiempo suficiente como para poder monitorear la vida “tras las pantallas” de sus hijos; por lo que una intervención tercera pareciera ser una buena opción para combatir con las malicias digitales.

    A todo esto, es importante recalcar que la falta de afecto familiar, así como la audacia de este tipo de maquiavélica invención, nos invita a reflexionar en que los tiempos pasan y el mal se nos presenta de manera innovadora y engañosa constantemente; cobrándose la vida de quienes caen en la tentación de buscar saciar sus vacíos existenciales.

    “Trabajar y estudiar” sugieren miles de comentarios en las redes sociales para hacerle frente a esta clase de trampa mortífera; en términos psicológicos debemos entender que no todas las personas son iguales y que unos más que otros, son propensos ya sea por curiosidad, tristeza o disconformidad con su entorno, a adentrarse en los oscuros rituales del ciberespacio.

    Diferenciar y tratar a tiempo a un niño depresivo, así como la rápida identificación de los movimientos suicidas, puede ayudar a salvar miles de vidas. Las autoridades deberían de invertir más recursos en la capacitación de personal que pueda lidiar con los “problemas virtuales”, que son una amenaza silenciosa, pero real y a escala global.

    @carmiranda94

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  2. La ballena azul

    Por Emilio Agüero, Pastor

    Es un macabro juego de origen ruso en el que los incautos deben cumplir 50 desafíos, todos fríamente calculados, que los llevarán al suicidio. Se utiliza la figura de una ballena, ya que esta tiene la costumbre de “suicidarse” sin motivo aparente encallándose en la playa.

    De noviembre del 2015 a mayo del 2016 ya se cobró la vida de unos 130 adolescentes. En todo el mundo tiene comunidades cerradas en redes sociales, algunas de las cuales llegan a 15 mil miembros de habla hispana.

    El juego va dirigido especialmente a adolescentes, de entre 12 y 14 años, a quienes monitorean investigando sus redes sociales, si son vulnerables o no.

    Por ejemplo, si al mirar sus perfiles ven a chicos que tienen tendencias suicidas, viven en hogares carentes, están metidos en ocultismo, son dados al vicio, músicas “pesadas” con altos contenidos satánicos o de violencia, etc, apuntan a esos sectores para hacerles miembros y meterles en un juego que, dicen, ya no tiene retroceso una vez que se inicia, bajo amenazas, incluso, de atentar contra la vida de un ser querido.

    Cada desafío tiene como objetivo cauterizar la conciencia del que juega, hasta convencerlo de que la muerte no es nada, que es algo normal y que no debe sentir miedo, de este modo llega al punto o el desafío número 50, en que el joven finalmente se suicida.

    Algunos de esos desafíos son pararse por largos minutos en el borde de un precipicio (azotea, edificio, techo) sin arrojarse al vacío, o cortarse ciertas venas sin llegar, todavía, a quitarse la vida; paulatinamente los conducen al suicidio.

    “La falta de sentido de la vida hace que muchos quieran experimentar lo oculto”.
    La Ballena Azul es solo otra muestra más de una sociedad desatinada espiritualmente, con jóvenes sin identidad y carentes de trascendencia.

    Este juego nos muestra una sociedad sin Dios, sin contención familiar y sin un control serio de los padres hacia sus hijos. Tenemos que volvernos a Dios y reedificar nuestras familias para recuperar el sentido de la vida, de pertenencia y de trascendencia, es la única esperanza para los jóvenes.

    Muchos jóvenes han dicho que en alguna etapa del juego han sido inducidos por algo, que no saben explicar, a seguir con el juego y concretar el suicido. Este tipo de actividades, como hemos visto más arriba, solo encuentran cabida en familias sin valores espirituales sólidos o en jóvenes con carencias.

    Nuestra lucha es espiritual, es contra demonios y una fe firme en Cristo que nos protege. De esto nos advierte en apóstol Pablo en el libro de Efesios 6:10 “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.

    Tenemos que conocer a Dios y volvernos a Él. Es nuestra única esperanza.

    La falta de sentido de la vida hace que muchos quieran experimentar lo oculto. Dios da sentido a nuestras vidas. Hablemos a nuestros hijos de Cristo. Enseñémosles la Palabra de Dios. Mostrémosles un ejemplo consecuente de fe y oremos intensamente por ellos. Esa es la solución para que estas cosas no aniden en sus corazones.

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